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lunes, 23 de septiembre de 2019

"Riesling, vertical y el valor agregado del tiempo"



Hace algunos años, podríamos decir fines de los 90 principios del 2000, al menos la época en que yo comenzaba a dar mis primeros pasos como "amante del vino", recuerdo que los vinos blancos tenían bastante poco protagonismo entre la media de los consumidores.


Mucho menos aun estaba en los planes guardarlos y ver su evolución en el tiempo, como efectivamente podíamos hacer con algún tinto reserva, crianza o alta gama.


Cuando elegíamos comprar un blanco tenía que ver exclusivamente con alguna situación especial de verano o la clásica para acompañar un plato de carnes blancas, mariscos, sushi, pero tampoco era siempre. Y sin importar si fuera joven o de más alta gama, seguro la consigna principal era dejarlo esperar poco tiempo en la cava, por regla o temor a que sus aromas se apagaran, oxidaran, perdiera frescura o expresión en boca.

Pero gracias a que mucho han evolucionado nuestros vinos en los último diez años no paramos de llevarnos buenas sorpresas.

El ir cambiando nuestros hábitos de consumo, a la par que muchos productores se fueron adaptando, atendiendo a lo que esperan algunos consumidores, y reformulando así continuamente su búsquedas; viajar, compartir junto a sus colegas, inspirarse en lo que prueban del mundo, y continuamente volver a intentar.


Probar alimenta, nos expande los límites, nos permite imaginar quizás aquello que nunca hubiéramos pensado, me suma a mi como consumidor, mucho más a un elaborador, que esa inspiración la puede dejar reflejada dentro de una botella.

Conozco poco y nada sobre el riesling, no mucho más que saber que es una variedad blanca de clima frío, originaria del Rin (Alemania) que se da muy bien en reconocidas regiones de Francia como Alsacia y  Mosela (Alemania/Francia), y que generalmente se la vinifica como varietal.


En nuestro país son contados los exponentes con este varietal, además de algunos provenientes de Mendoza, recuerdo también en Patagonia, otros por el NOA, en éstos más utilizados en cortes, inclusive también se está dando muy bien pero en poca cantidad en una zona costera y bastante nueva para nosotros como es la de Chapadmalal, en la provincia de Buenos Aires.


Pero hace un par de meses fue el técnico de una reconocida bodega de Mendoza que me llamó con la buena noticia y me dijo: “Qué te parece Musu si hacemos la primera vertical de siete años de nuestro riesling?”.
Rápidamente me inundó una gran ansiedad por pasar esa experiencia de viajar en apenas algunos minutos al pasado a través de un vino, conducido por su hacedor y encima de una variedad poco familiar para nosotros.



Y si bien uno podría llegar a imaginar que características tienden a adquirir vinos que estuvieron durante algunos años guardados, el hecho de degustarlos todos a la par nos brinda un panorama mucho más amplio, además de lo que influye el clima en cada añada o el trabajo del productor en particular, podríamos hablar también sobre la tendencia en una región, consumidores, gustos.

El técnico amigo era Marcos Fernández, quien desde el 2014 es primer enólogo en bodega Doña Paula, un profesional que conozco desde algunos años antes cuando se desempeñaba en otras bodegas y con el que siempre tuve bastante comunicación.

El vino en cuestión sería el riesling de la línea Doña Paula Estate y seria en "la cueva" la primera vez que se haría la vertical completa de esa etiqueta.
Podríamos decir que "Doña Paula Estate" es una línea medianamente masiva, ya que entre los blend y varietales que la componen se elaboran 1,2 millones de litros al año en la que una de esas variedades es precisamente el riesling, del que hoy se elaboran apenas 12000 botellas, de las cuales solo el 25% queda en el mercado local, y que debido a la capacidad de viñedo hay un techo máximo de elaboración de 20000 botellas. Si bien tampoco son tantas, pero evidentemente está muy lejos de los más elegidos por el consumidor, y a pesar de ser una variedad de partida limitada, pero con precio muy competitivo acorde al de una línea de semejante producción.



Si bien la bodega se encuentra en Luján de Cuyo, más precisamente en la zona de Ugarteche, los riesling probamos son todos provenientes de la zona de Gualtallary, a pesar que hay plantado en Ugarteche algo de la variedad, pero fue el del Valle de Uco el que la bodega eligió para que saliera al mercado.


Las condiciones climáticas de Gualtallary dan un balance perfecto, comienza la cata explicando Marcos, porque en otras zonas frías del viejo mundo por ejemplo muchas veces para hacer que la variedad sea bien disfrutable hay que agregarle mosto concentrado o azúcar (chaptalizar) para balancear la acidez y que no resulte tan punzante. Pero en el caso de los nuestros, los días al ser más cálidos, logran un balance ideal entre la maduración y la buena acidez.
Agregando sobre los suelos en Gualtallary, aclara que son bastantes heterogéneos, algunas partes bien pedregosas y en el sector donde se encuentra la finca particularmente es con muy bajo contenido de carbonato de calcio.
Las añadas que probamos fueron 2012,13,14,15,16,17 y 18, esta última de reciente salida al mercado.
Arrancamos catando por los más jóvenes y lo positivo que resultó haber elegido ese orden ya que hubo un momento, promediando la degustación, donde se diferenciaban claramente la complejidad aromática ganada en las tres añadas más antiguas por sobre las más jóvenes.
Al ser una de las variedades blancas que tienen más taninos, son los mismos que favorecen a su capacidad de guarda, sensación de estructura en el paladar y bien balanceada con la acidez mencionada producto suelo y clima de la zona.
Cuando hablábamos de complejidad aromática tiene que ver que con el tiempo se acentúan los "típicos aromas empetrolados" recuerdos a diesel, kerosene; mientras que en los más jóvenes predominaban más las notas a flores blancas, con clara tendencia a las notas que recuerdan a miel a medida que empiezan a pasar los años.
Si bien los alcoholes habituales son entre 12,5 y 13°, nos adelantaba que en el 2019, al ser un poco más cálido, llegaron al 13,5.
Arrancamos la degustación probando la 2018, también un año con muy buena maduración y se mostró muy intenso en aromas, con un perfil más bien floral.
La 2017 también fue una añada seca y de calidad como la anterior, resultó uno de los vinos más elogiados por la mesa, amplitud en boca, sensación de volumen, el rendimiento naturalmente bajo en esa añada por lo visto también favoreció.
La 2016 también a pesar de tener rendimiento bajo, ya sabemos que fue un año especial, con un alcohol considerablemente más bajo 11,3°, aparecen más las notas cítricas, como cáscara de mandarina, y se destaca una buena persistencia en boca, sobre todo a lo largo, algo más herbal, más recuerdos cítricos como el pomelo blanco, y al ser menor su alcohol por ende se percibe una boca con menor volumen.
Recordemos que en ninguno de los vinos se hace la fermentación maloláctica, hasta aquí más similitud entre el 2017 y 18, mientras el 2016 es bastante diferente.


A partir de la 2015 el grado de complejidad aromática crece notablemente en el resto, los colores van más hacia el dorado, pero en todos los casos bien brillantes.
Como adelantábamos una 2015 que ganó en aromas, potencia, redondez, frutas blancas, algo meloso, la 2014 algo más maduro, aromas que vuelven a recordar a miel pero más espesa, más volumen, menor acidez y mayor sensación de redondez, con respecto a la 2013, que sabemos que fue un muy buen año, por lo seco y la sanidad, ya aparecen aquellas notas a frutos secos combinado con algo láctico, todo muy sutil, una paleta bien compleja.
La 2012 siguiendo la línea aromática y perfil del anterior, y dejando en este caso esa sensación que la botella no le seguirá sumando, aunque se encontraba entera y bien disfrutable, porque nos permitió completar una gran experiencia a través de siete años, con un vino casi entrada de gama, de un precio muy amigable y que generalmente cuando sale al mercado es pensado para beberse a corto plazo, pero evidentemente guardarlo bien le suma un importante valor agregado.
Esta experiencia, sumada a muchas que vengo teniendo en los últimos años, me hace pensar que guardar en condiciones ideales determinados blancos, sin ser precisamente de altísima gama, los años lo pueden acomplejar de manera muy interesante, lógicamente que ello sea posible, tiene que ver con una buena añada, fundamentalmente bien fresca, variedades con más taninos para la guarda como podría ser semillón, chardonnay, y un productor que lo elabore de una manera bien cuidada y más reductiva.


Mientras, esperamos una nueva versión del riesling que nos adelantó Marcos, pensado más en alta gama, porque fue cosechado más tarde, trabajado con lías y criado en barrica, así como un curador de blancos jóvenes seguiré probando y seleccionando para guardar, cada vez más convencido que son muchos de ellos los que pueden seguir sumando con el tiempo, todo cambia, ahora toca aprender a esperar blancos también.

martes, 23 de abril de 2019

"Gaudeo, disfrutar y alegrarse"


Bodega Trivento presentó su nueva línea Gaudeo Single Vineyard que consiste en tres malbec, todos cosecha 2015 y provenientes de diversas regiones del Valle de Uco: Paraje Altamira(San Carlos), Gualtallary(Tupungato) y San Pablo(Tunuyán).


Sinceramente estaba esperando el lanzamiento de esta línea con mucha ansiedad ya que vengo siguiendo de cerca el trabajo que esta haciendo la bodega ya sea en alguna oportunidad en que los visité en Mendoza y varias otras a través de presentaciones en Buenos Aires.Más allá de todo ello, en lo personal, cada vez que descorcho un vino estoy siempre esperando que me diga cosas que le aporten una personalidad, que lo hagan único.
Esa característica puede tener que ver con la interpretación de cada hacedor, cuánto puede haber influenciado la marcha climática en ese año, o las características propias que imprimen el lugar de donde provienen sus uvas y es justamente por ahí que va la búsqueda del equipo de Trivento, que como bien aclaraba su enólogo Germán Di Césare al momento de presentar esta nueva linea - pretenden que la gente pueda conocer sobre estos lugares a través de Gaudeo.

Para ello su trabajo es tomar las decisiones correctas para que todo lo que hagan potencie al máximo la identidad de cada uno de ellos.En líneas generales, cuando se buscan vinos representativos del terroir, al menos en los casos que me toca conocer y que casualmente tienen que ver con los del Valle de Uco, creo que la diferencia está sobre todo en cómo los vinos se desarrollan en boca. 
Me pasó ahora con los Gaudeo, pero es lo que también percibí en otros proyectos que eligieron ir por este camino, el de vinos que quizás hayan tenido que resignar intensidad aromática y potencia para dejar translucir ciertas sutilezas que tienen que ver con sus orígenes.


Pensemos que si bien en el caso de las tres regiones mencionadas tienen cosas en común, porque las distancias, alturas y tipos de suelo, en varios puntos son cercanos, también hay algunas características que distinguen a cada uno de ellos y quedan reflejadas en los vinos cuando se busca que así sea, sobre las mismas trataré de contarles de la manera más clara luego de mi experiencia en la degustación.
Cuando pruebo el Gaudeo SV Paraje Altamira lo encuentro particularmente elegante en nariz, expresivo pero sutil, además de la fruta de Uco esperable quizás posee también algo floral. Cuando va a la boca encuentro cierta textura, como un entrelazado entre una rica fruta y "crujiente" acidez, sensaciones que cada vez distinguimos más en vinos de la zona y confío en que pueden gustar a un amplio espectro de consumidores, dejando en el recuerdo esa sensación de que el último sorbo siempre te invita a uno nuevo. La IG Paraje Altamira está en la parte sur de Valle de Uco, a 1070 metros de altura sobre el nivel del mar, donde prevalecen suelos pobres y con buen drenaje.

Gualtallary es la localidad más al norte de las tres, su suelo también es pobre, pedregoso, heterogéneo, calcáreo (con abundante carbonato) y a diferencia de Altamira tiene más arena sobre la superficie lo cual provoca refracción del sol y adelanta el momento de cosecha, según lo explicaba Geri. Curioso ya que si bien Altamira se encuentra a menor altura que Gualtallary (1300 msnm), en este último la cosecha se adelanta entre 10 y 15 días, algo que ya le escuche decir a varios productores - no te podes relajar porque te demoraste un día y la fruta se puede pasar fácilmente, la ventana óptima de cosecha es muy chica -  de hecho cuando el de Gualta va a la boca tiene una frutuosidad mucho más intensa, como que diera la sensación de tener más de volumen, es más directo, con cierta rusticidad o salvajismo ya reconocible. A ciegas, cuando nos empezamos a familiarizar con Gualta, creo que es el que más fácil se distingue y qué importante es que esto ocurra cada vez más seguido porque habla de una destacada personalidad.


Durante la degustación Geri quiso resumir a cada uno de los vinos con un concepto, por eso para el de Altamira utilizo la palabra "textura", para Gualta la palabra "jugoso" y en el de San Pablo la palabra fue "tensión". Claramente él también recomienda poner el foco en las sensaciones en boca.



San Pablo, comparado con las anteriores, es la que menos conocemos pero yo tengo el antecedente de que muchas veces me gustaron vinos provenientes de este lugar, que a diferencia de las otras zonas, tiene un promedio de temperaturas medias más bajas en general a lo largo de todo el año, el ciclo en las plantas tiende a comenzar bastante más tarde y por ende el momento de cosecha demora más en llegar; la planta tiene una maduración más lenta, concentrando más naturalmente, todo debido a tener una altura mayor (1480 msnm). Al servirlo ya a la vista se percibe con  mayor profundidad en su color, en nariz es donde siento como un "mar de fruta" más fresca que los anteriores y con destellos de hierbas silvestres, pero es en la boca donde encuentro que su paso amplio, plano y sostenido marca una nueva diferencia respecto a sus pares, pareciera que fluye con energía, y la palabra "tensión" que nos anticipaba Geri, encaja mejor que nunca para describirlo. 
San Pablo se encuentra cercano al río Las Tunas y tiene suelo aluvial con alta presencia de carbonatos.
En todos los casos la elaboración siempre fue con levaduras indígenas, y con respecto a la crianza la misma fue bastante similar para los tres vinos.Utilizaron fudres de 5000 litros, combinando de 1er y 2do uso, entre 14 y 16 meses en los primeros, y de 1er uso únicamente en el de San Pablo. Geri agrega que a iguales condiciones los vinos de San Pablo siempre necesitan más tiempo en botella para redondearse, ya que poseen gran contenido de ácido málico y concentración polifenólica.
Luego de probar, disfrutar y volver a probar los tres vinos para distinguir sus diferencias, los imagino que pueden tener una buena evolución en botella, 5, 10 años cómodamente y me nace una nueva pregunta: ¿Esas diferencias que destacábamos con los años se notarán más? ¿Ó menos?. Qué lindo ejercicio será repetirlo en el futuro! Claramente nos falta historia pero por suerte cada vez son más los que se están ocupando de construirla.
En esta cosecha se hicieron aproximadamente 2000 botellas de cada etiqueta que para una bodega de las dimensiones de Trivento es una cantidad muy baja pero lo importante va mucho más de fondo, y al menos para mi como consumidor, comerciante y comunicador, vinos así me ayudan a entender mejor cuál es el potencial de cada región.
Malbec del Valle de Uco hace una decena de años podíamos pensar que se trataba de un sólo tipo y hoy, gracias a la búsqueda, el trabajo, la investigación, comunicación de productores, técnicos , bodegas y el día a día, resulta y nos motiva a un continuo descubrimiento. Aprender, sorprenderse, "disfrutar", al igual que Geri que cuando comenzaba la charla e intentaba explicar el significado del nombre Gaudeo, proveniente del latín gaudere, que precisamente también significa "disfrutar, alegrarse", porque es lo que le pasa a él cada vez que le toca a ir a cada uno de esos lugares para hacer el seguimiento de las fincas, y justamente lo que me pasa también a mi cada vez que descorcho un vino y me sorprende porque cuenta con una personalidad que lo hace único y especial.

sábado, 19 de noviembre de 2016

#EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016 (1ª Parte)


Quienes somos fanáticos del vino solemos caracterizarnos por esa constante inquietud de conocer e interiorizarnos cada vez más acerca de lo que bebemos. Cuando compramos y probamos un vino, nos gusta imaginarnos cómo será su vida en el tiempo, si debemos seguir guardándolo o no, su potencial, entre otras cuestiones. Adelantarnos a lo nuevo y tener la posibilidad de probar en anticipo aquello que aún no salió nos lleva a imaginar lo que vendrá; a la vez que alimenta nuestras expectativas, también le suma experiencia a nuestro conocimiento. Para crecer como consumidores de vinos, las “horas de vuelo” que pasamos degustando son tan o más importantes que la teoría.
Por ello mismo, con las intenciones de ver qué nos ofrecerán los vinos de la cosecha 2016, hace algunas semanas realizamos #EnPrimeurEnMrWines, una mini-feria donde diferentes productores de nuestro país acercaron más de cuarenta muestras de vinos, de los cuales, excepto uno, ninguno estaba a la venta aún. Lógicamente, todos se encontraban en diferentes instancias de su elaboración o crianza: mientras algunos estaban ya casi listos, a buena parte le faltaba al menos un año

Fusionando mi rol de organizador del #EnPrimeurEnMrWines, y otro poco como uno de los más de ochenta degustadores que se acercaron durante el transcurso de todo un sábado a probar cada una de esas primicias, trataré de compartirles mi experiencia del evento junto a algunas conclusiones personales. En una segunda parte de la nota, estarán los resultados de una encuesta realizada con multiple choise, que respondieron el 35% de los participantes, y cuál fue el impacto en Twitter, la red social que utilizo para comunicar buena parte de mis actividades relacionadas al vino.
A pesar de que los productores suelen ser algo reacios a mostrar los productos sin terminar, fueron dieciocho los que aceptaron la propuesta. Al mismo tiempo, los consumidores que participaron de la degustación también eran conscientes de que se encontrarían con vinos que, en su mayoría, estarían –como suele decirse– “crudos”. Sin embargo, creo que las expectativas de los consumidores fueron superadas, porque hubo bastante, bueno y, sobre todo, bien variado.



Mi pedido original a los productores fue que, además de vinos del año, aprovecharan esta oportunidad si tenían algo nuevo o diferente para compartir. La respuesta fue excelente: no faltaron las zonas nuevas, las cepas no tradicionales, los vinos base para espumoso, blends poco habituales, jóvenes “a punto de salir a la cancha”, alta gama que verá la góndola no antes de los dos años, futuros componentes de etiquetas sin definir; hasta tuvimos la oportunidad de conocer un proyecto nuevo que aprovechó el evento para mostrarse en exclusiva.
Algunas impresiones propias
En líneas generales, todos los vinos me dejaron muy conforme con respecto a su calidad. La variedad que les detallé colaboró a que el evento sea sumamente entretenido en cuanto a diversidad.
Cada vez más productores apuestan a otras cepas: nebbiolo, garnacha, roussanne, marsanne, chenin. Lo más llamativo fue que, además, los concurrentes las estaban esperando de una manera especial. Cada vez se genera mayor expectativa ante lo nuevo o poco conocido.



Poco a poco más productores “le ponen fichas” al petit verdot como varietal. Casualmente –o no–, los tres que tuvimos oportunidad de probar fueron con muy buenos resultados. De cosechas anteriores ya conocidos, eran el de Gauchezco y el Natal de Alpamanta. Ahora se sumó uno de Calamaco, aún con destino incierto; por su carga, lo imagino componente de algún alta gama, aunque podría salir así “puro” tranquilamente; personalmente me gustó.
Cada vez más productores se entusiasman con la parte alta de San Pablo(1.450 msnm), aportando otros matices a lo que ya conocemos que nos entregan los vinos de las diferentes regiones del Valle de Uco  (Mendoza). Seba Zuccardi y Ariel Angelini, dos enamorados de esa zona, nos acercaron sus respectivos malbec: perfumados y sutiles en nariz, filosos en boca, y sumamente representativos del frío extremo del lugar, del cual ambos hacen hincapié en su potencial.
En un escenario de consumidores inquietos, los blancos siguen ganando protagonismo. Fueron muchos los enófilos que se acercaron al evento para probar primicias como Geisha de Jade, Revancha Chenin o el nuevo semillon de “Juanfa” Suarez. No fueron menores las ganas de probar las nuevas añadas de los ya conocidos Mendel Semillon, El Relator SB o el Bacán Reserva SB. Efectivamente, los buenos resultados a los que nos tienen acostumbrados sus añadas anteriores generaron expectativas extras en esta 2016. 

Otras de las sorpresas fue la base de chardonnay que presentó para un futuro espumante la gente de Tajungapul, de haber estado embotellada para la venta, nunca llegaría a convertirse en “burbuja”, ya que para la mayoría resultó una delicia tal como se encontraba; sutilezas, frescura, tensión, de menor ancho y más lineales en boca, mayor proyección o capacidad de guarda, fueron algunos de los atributos destacados en la mayoría de los mencionados.


Gualtallary participó con varios exponentes en el #EnPrimeurEnMrWines. Algunas de las vinificaciones fueron aportadas por el “Japo” Mauricio Vegetti; quien presentó, entre otros, diversos malbec, un “chardo” y un cabernet sauvignon, mientras destacaba que para él este año la zona fue de lo mejor, y sus muestras lo confirmaban. Del mismo lugar, también participó un Appellation Malbec de Las Hormigas, que claramente sigue profundizando cada vez más en la búsqueda del terroir. Es en la boca donde más habla el vino, y más allá de los aromas, lo expresa a través de sus texturas en el paso. En lo personal, vuelvo a confirmar a Gualtallary como una de esas zonas que tienen un extra para entregar y muchas veces marcar la diferencia. En este sentido, el productor no debe desaprovechar la oportunidad de dejarlo expuesto; el “Japo” y “Leo” Erazo, cada uno a su manera, evidentemente trabajan para ello.
Los blends siguen ofreciendo su atractivo. Los hubo en diferentes categorías, y supieron salirse de lo tradicional, además de gustar: co-fermentación syrah/ancellota de Los Toneles, por Pablo Bassin; y un Sy/CS/CF/PV también co-fermentado pero esta vez en barrica y por  Juan Ubaldini para El Equilibrista Wines, también anduvo muy bien.
Desde hace algunos años los vinos del Valle de Uco parecieran ser siempre los que se llevan más elogios. En una opinión personal, creo que algunos vinos de otras zonas cuando más los disfruto es cuanto más desnudos los encuentro. En este evento me ocurrió eso con los de la línea Natal de Alpamanta, con el bonarda de Agrelo que aportó Rogelio Rabino (Kaiken), con el malbec de Mayor Drummond, de Roberto de la Mota. Estos últimos tuvieron el plus de ser viejas viñas orgánicas, un valor agregado que se percibe, y está bueno dejarlo al descubierto para que se aprecie mejor.
Fue grato descubrir el potencial de nuevos lugares como Uspallata, donde el “Colo” Sejanovich sacó su primer malbec, con unos tonos aromáticos bastantes diferentes a cualquier par de altura mendocino. Seguramente hará mucho ruido cuando salga al mercado, porque lo hizo la tarde del evento. Si la primera añada es así, me imagino dentro de 10 años a esta nueva zona figurando entre las más mimadas. Además, me confirma lo bien recibidos que son los vinos cuando tienen un diferencial que los caracterice.
Resalto los fines educativos de algunas presentaciones. Entre ellas, las de los tres malbec de Gualtallary que nos acercó el “Gato” Martín Kaiser (Doña Paula). El “Gato” nos mostró las diferencias entre tres vinos vinificados bajo idéntico protocolo de elaboración, con uva de la misma zona, pero proveniente de diversos sectores del suelo con diferente composición (arenoso profundo, pedregoso c/calcáreo, pedregoso s/calcáreo). Resultó interesante apreciar esas diferencias, más en boca que en nariz, sobre todo a través de los diferentes tamaños de “granos de taninos” en cada uno de los casos.



Por su parte, el “Japo” también mostró la diferencia en un vino que proviene de una selección de parcela de Gualtallary, y uno que no, pero de la misma zona. Allí se ve claramente cómo un trabajo sobre un sector seleccionado y enfocado puede lograr resultados muchos más ambiciosos, y también se ratifica que los saltos cualitativos se deben gestar desde el trabajo en la viña.



Tampoco faltaron los vinos de bajo precio, que no dejaron de sorprendernos. Hago referencia a los
Impaciente de los hermanos Battilana, sobre todo al cabernet sauvignon; si yo no lo informaba, ninguno de los presentes hubiera imaginado que su costo sería inferior a $ 100 al público. Parecería que en este segmento sólo pueden competir los grandes con volumen; pues bien, acá hay uno que rompe la regla y sin necesidad de “maquillaje”.
“Edy” del Popolo (Susana Balbo Wines) fue quien acercó dos de los vinos más ambiciosos de la tarde. Ambos son blend que posiblemente necesitarán más tiempo en bodega antes de salir al mercado, pero ya dejan esa sensación de “lógica potencia”, integrada de tal manera que parecen “alfombrarte el paladar” cuando pasan por boca. Esta virtud de potencia, aunque dentro de un guante de seda, es algo que comienzo a percibir en algunas bodegas más frecuentemente: todo es producto del trabajo en viña y de las prácticas en la elaboración. Esto termina de confirmar que los alta gama nacen allí, y no como exclusivo producto de la crianza en barrica, como ocurría hace algunos años atrás.
El cabernet franc cada vez suma más seguidores. Fue una etiqueta debutante la encargada de cosechar más elogios; se trató de un proyecto nuevo llamado Tordos, un franc que proviene de los Valles Calchaquíes y se elaboró bajo la mirada de “Paco” Puga (ex Amalaya, actual El Porvenir). Tordos es un proyecto del cual ya conozco la mayoría de sus vinos y confío que les va a ir muy bien. A esto se suma que los fanáticos de la variedad van en crecimiento, y esto ya no es una moda. Además, el atractivo que sea proveniente de los Valles Calchaquíes le agrega un plus.



Viendo un poco la experiencia del #EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016, todo me asegura que de aquí en adelante siempre será crecimiento en todo aspecto; y lo digo más allá de la marcha climática o el escenario económico que pueda haber cada año. De hecho, sabemos que las condiciones estuvieron lejos de ser las ideales. Sin embargo, este pequeño muestreo nos indica que con trabajo, tiempo, más trabajo y experiencia, vamos a llevar al vino argentino al lugar que merece y tanto soñamos.




viernes, 18 de julio de 2014

“Zorzal y sus diversas interpretaciones del pinot”

Mi experiencia

Mis primeros contactos con el pinot noir se remontan a la época en que comencé a beber vino. Durante mucho tiempo tuve esa sensación mezclada entre no entenderlo y no disfrutarlo plenamente. Tal vez había algo que me impedía hacerlo, y me llevaba a que frente a una góndola, entre el resto de las tintas, quedara último en mi preferencia. Quizás podía tratarse de mi falta de madurez como consumidor, que en ese momento esperaba de un tinto algo bien diferente a la suavidad del pinot. Al mismo tiempo, tampoco me seducían aquellos exponentes que, a pesar de ser puro varietales de la cepa, podían confundirse fácilmente con cualquier otro “tinto con madera de moda”, y ahí la responsabilidad ya creo que pasaba a ser compartida. Además de mi falta de agudeza para comprender, también creo que estaba la de un productor más ocupado en elaborar un estilo de vino, que en intentar obtener lo mejor o lo más auténtico de cada cepa o lugar.

De aquel momento a la actualidad transcurrieron varios años, seguro más de diez. Gradualmente, sobre todo en estos últimos, comencé a encontrar cada vez más bodegas que logran interpretar la variedad para resaltar sus virtudes, sin forzarlas a ser lo que no pueden ser, y sin resignar cualidades: vivacidad, expresión, tipicidad, elegancia y hasta potencial en algunos casos. Todo esto coincide con que yo también comienzo a valorar mejor determinados atributos, a entenderlos, a disfrutarlos de otra manera, y a encontrarles el momento o la compañía ideal. Pareciera que el elaborador y el consumidor necesitamos años de aprendizaje y crecimiento –cada uno desde su lugar– para llegar hasta este punto donde ya muchos podemos percibir el comienzo de un camino, más auténtico, y lo que es mejor aún, también hasta dónde queremos llegar.

Si salgo al mercado y pienso actualmente en bodegas que vinifiquen pinot, el abanico se me empieza a achicar, y bastante. Es algo lógico: sabemos que no se trata de una uva fácil, tanto en su cultivo como en su elaboración; dado que su grano es pequeño y su delicada piel requiere una maduración lenta, y que dentro de la bodega los cuidados tampoco pueden ser menores. Seguramente hay regiones en nuestro país que por el clima más frío son mucho más propicias que otras para su adaptación y correcta maduración.


A pesar de todo esto, hay varias bodegas que lo están trabajando muy bien. Entre ellas, resalto a una que actualmente cuenta con cuatro pinot entre las diferentes líneas de su porfolio. Según mi humilde opinión, lo más importante es que todas, además de gustarme y considerarlas de alta calidad, entregan vinos con matices bastante diferentes entre sí. Hablo de Zorzal Wines, ubicada en Gualtallary (1350 msnm), Tupungato, Valle de Uco. Es una joven bodega de apenas seis años de vida, cuyos capitales mayoritarios son canadienses, pero que desde sus inicios está comandada por los hermanos Michelini: Juan Pablo, como enólogo permanente en la bodega; Matías, asesorando, y Gerardo, más enfocado en el área comercial.



Degustación
Luego de probar recientemente media docena de pinot de Zorzal, entre añadas actuales y otras más antiguas, me animo a compartir algunas impresiones. Comienzo por el que se encuentra en la base del porfolio, Zorzal Terroir Único Pinot Noir 2013 (TUPN) ($ 80). Encuentro en este pinot lo que muchas veces pretendo cuando pruebo un vino de esta cepa. Su moderada carga colorante me anticipa un poco lo que percibiré en nariz y en boca. Sus aromas de intensidad media y “virtuosamente simples” me recuerdan a una suave fruta roja ácida con leves tonos terrosos y herbales. Donde más disfruto de este vino es en boca: allí se muestra directo, seco, sumamente fresco, con taninos pulidos que dejan lugar a la acidez, que se ocupa de sostenerlo.


El que le sigue en la línea es el Zorzal Gran Terroir Pinot Noir 2013 (GTPN) ($ 110). Esta línea se caracteriza por tener una mayor crianza en madera; sin embargo, a pesar de ello, este aporte potencia los atributos del pinot sin taparlos, contribuyendo a una atractiva redondez y gran complejidad en los aromas de boca, que se inclinan más aún hacia los terrosos, sin resignar los típicos minerales que entrega la región. Le encuentro perspectivas de crecimiento, afinamiento y por ende elegancia. Para ser concreto, el TUPN lo bebería joven, mientras que el GTPN me animaría a guardarlo, y tener la posibilidad de testearlo con cierta periodicidad; su costo, que no es tan alto, me permitiría tranquilamente “stockearme” con alguna cajita.



Como tenía a mano añadas anteriores de estas dos líneas, aproveché también para probar el Zorzal Terroir Único Pinot Noir 2012 y el Zorzal Gran Reserva 2011 (anteriormente la línea GTPN se llamaba Gran Reserva; desconozco por qué motivo a la 2012 no la vi nunca por Buenos Aires).

Considero que de las antiguas a las nuevas todo fue crecimiento cualitativo. Teniendo en cuenta que se trata de vinos que suelen destacarse por su marcada acidez, en las más jóvenes la encontré mucho mejor ensamblada. Para explicarlo de otra manera, la acidez no se acentuaba sobre los costados de la lengua, sino que era pura frescura y vivacidad en la totalidad del líquido cuando se desplazaba por la cavidad bucal. Cuando le comenté a Juan Pablo Michelini mi observación sobre el crecimiento percibido en las respectivas 2013, me dijo que él estaba de acuerdo conmigo, y me aclaró que, si bien desde lo técnico no hay cambios en la elaboración, en las nuevas “jugaron” más con los diversos momentos de cosecha. Para él, esto hizo que los vinos ganaran en carácter.

La búsqueda

A pesar de ya tener en la cancha dos pinot y muy buenos, “Los Miche” por lo visto entienden que de la cepa pueden sacar mucho más y “diferente”. En este 2014 salen por primera vez a la venta el Zorzal Porfiado Pinot Noir 2010 ($ 590) y el Zorzal Eggo Filoso Pinot Noir 2013 ($ 265). El primero se crió el 30% durante tres años en barriles y el otro 70% sólo 10 meses. Ese blend, que además mezcla zonas de diferentes alturas y suelo, ya muestra, por su intenso color, un aspecto imponente cuando lo llevo al copón; segundos más tarde se condice con su gran potencia aromática en nariz y en boca. Es de esos vinos que desde el primer momento empiezan a decir y mucho: van a la boca y te la llenan, sus taninos son sumamente amables, es íntegro en el paso y posee gran persistencia en el final; la intensa fruta sostiene de manera genial a todo lo cedido por la crianza. No hay manera de que no le resulte bien amigable a todo perfil de degustador: iniciado o profesional, acá o en la China.


Muy opuesto a este último, se encuentra el Filoso: nacido de una mancha de caliche en un cuartel específico en un viñedo de Gualtallary, vinificado racimo entero en un huevo de cemento (sin revestimiento en su interior), que luego de separado el vino gota, vuelve al huevo durante seis meses más para continuar con su crianza. Contrariamente al Porfiado, se va hacia el otro extremo. Necesitó mucho tiempo más de aireación para recién empezar a expresarse: fue como si le hubiese costado largar lo que tenía para contar –y que no era mucho tampoco–, pero era tan puro, genuino, directo y tenso en el paso por boca que, desde otro lugar –el de consumidor curioso e inquieto que soy–, también me dejó muy satisfecho. Es algo que va más allá del disfrute en sí, o de la complejidad, o una puntuación. En este vino lo que más valoro es la búsqueda, la jugada en sí, poder coquetear con los extremos. Pero aclaro: dudo que sea para todo tipo de consumidor; o al menos quien tenga la posibilidad de descorchar alguno es importante que sepa de antemano el estilo de vino con el que se va a encontrar.

En lo personal, que una misma cepa me pueda llevar por tantos lados diferentes es grandioso. Si hoy fueron cuatro los lugares, no me quedan dudas de que mañana serán cinco, seis o más. Sin irme muy lejos, uno de mis vinos preferidos de PassionateWine, el proyecto personal de Matías Michelini, es el Montesco Punta Negra, casualmente también pinot, pero que no tiene nada que ver con los de Zorzal que mencioné hasta aquí. Su crianza en un antiguo tonel de 2.000 litros le aportó otros tonos terciarios, que lo emparentan con un estilo más Viejo Mundo, completamente diferente a las cuatro etiquetas detalladas antes.

Diversas interpretaciones

La misma cepa, región y bodega; mismos enólogos, pero con la inquietud y capacidad por elaborar vinos tan diversos entre sí. El denominador común entre todos es la personalidad, la energía y la vivacidad en el recorrido por boca. Las variables, por lo visto, son cada vez más, y dependen directamente de la mentalidad de estos productores en el momento de “volar” y crear. No hay dudas de que me garantizarán futuro y gran crecimiento en complejidad, sobre todo en el Porfiado, que, a pesar de encontrarse muy disfrutable hoy, está sumamente lejos de su techo. Para el Eggo Filoso también recomiendo paciencia, pero en la copa, ya que necesitó mucha aireación. Cada vez estoy más convencido de que la primera impresión no cuenta: para este último también es muy importante abrir la “cabecita” a esa fruta fresca que por sus tonos minerales pareciera salpicada de piedras. Vale resaltar que estos dos alta gama, sumamente especiales, de partidas tan limitadas, además de ser bastante difíciles de conseguir, tienen un valor elevado y quizá sean inalcanzables para muchos consumidores. Sin embargo, por suerte las interpretaciones de pinot noir en Zorzal son cada vez más, y en segmentos de precios mucho más amigables están el Terroir Único y el Gran Terroir, como ya les comenté al comienzo, buenos representantes y ambos muy recomendables también.




viernes, 2 de mayo de 2014

Daniel Pi expande su semerendo “garage”


Hace ya cinco años Daniel Pi eligió el garage de su casa en Chacras de Coria (Luján de Cuyo, Mendoza) para elaborar sus vinos Tres14 e Imperfecto. De Daniel la mayoría ya conocemos que desde hace más de una década es el responsable de los vinos de Bodega Trapiche. Algunos también sabemos que desde el 2011 es Director de Enología y Viticultura de Peñaflor, grupo que entre otras bodegas, además de Trapiche, incluye a El Esteco, Finca Las Moras y Suter; todas de reconocida presencia a nivel nacional y algunas de ellas también destacadas en el plano internacional. Estas bodegas no sólo son valoradas por su calidad sino también por sus grandes volúmenes de producción (solamente entre las mencionadas podemos hablar de 100 millones de litros anuales). Como ya sabemos bastante de la magnitud de estas empresas y de la consistencia de sus etiquetas, hoy me voy a detener a contarles algo sobre el otro proyecto de Daniel, el puramente personal.

Si lo comparamos con los anteriores, podemos decir que este es su proyecto “más  íntimo”, ya que hasta ahora se sabe muy poco de él. Se llama “Tres14 Vinos de Garage” y fue especialmente ideado y gestado por el propio Daniel para llevarlo adelante junto a sus jóvenes hijos Daniela y Gonzalo, o, como mejor dice él, para “compartir” con su familia. Recién salida a la venta la nueva añada 2011 de Imperfecto, la segunda hasta el momento, tuve la oportunidad de estar en una degustación en Buenos Aires organizada por mi amigo Víctor Honoré. Pese a encontrarse en plena época de vendimia, Daniel y su esposa se acercaron hasta nuestra ciudad en un viaje relámpago para regalarnos una cálida charla y una interesante cata.


Aunque el proyecto ya lleva tres añadas entregando muy buenos vinos, estimo que hay muchos consumidores que aún lo desconocen. Seguramente sepan de él los enófilos inquietos que transiten las redes sociales o los habitués a degustaciones o a locales especializados, pero lo cierto es que no son vinos fáciles de conseguir. Al menos yo conozco muy pocas vinotecas de nuestra ciudad que los tengan entre sus etiquetas. Mucho menos probable aún es encontrar una mención o un destacado en alguna publicación de las masivas; tampoco recuerdo ninguna entrevista relacionada: sólo me viene a la memoria la de Guía Descorchados 2013 (Argentina) del periodista chileno Patricio Tapia, en la que el Tres14 Malbec 2010 fue elegido como “Malbec Revelación del Año”, y la posterior presentación en Buenos Aires, en la que entre otros enólogos también participó Daniel, a la cual tuve la suerte de asistir (ver, este mismo blog, la nota relacionada).

Al pensar en las tres añadas (2009, 2010 y 2011) del Tres14 Malbec, puedo identificar que siempre mantuvo un estilo: directo, fresco y frutal, fragante en aromas, con taninos muy amables en boca, que lo dejan correr y correr; sumamente placentero, en el mejor sentido de la palabra (a alguien le escuché decir “es un juguito”); comparable a un plato clásico, de elaboración simple, casera, pero con una materia prima única por su calidad; frescura, sabor, colores, textura; ese punto en el que lo simple y atractivo se entrelazan para sumar de una manera especial. Desde el 2009 hasta el 2011, en esta línea Daniel utilizó fruta de antiguos viñedos de la zona de Lunlunta (Maipú, Mendoza), y precisamente para esta 2011 también comenzó a combinar vinificaciones en huevos de concreto con algo de crianza en madera; eso sí, esta última de varios usos, y más con la idea de redondear o pulir el vino que con la de aportar taninos o aromas  a madera. 


Cuando me detengo en el Imperfecto 2011 (97% Malbec / 3% Cabernet Franc) y trato de describirlo, encuentro un concepto que, aun siendo diferente al del Tres14, también logra conquistarme rápidamente como consumidor. Su fruta proviene de otra región de más altura, como es Gualtallary (Tupungato, Mendoza), de suelos más pedregosos y clima más frío, que entrega vinos con mayor estructura, mayor acidez natural y con taninos más marcados; en algún punto, hasta de un perfil un tanto salvaje. Cuando va a la boca le encuentro cierto agarre, esa controlada sensación de sequedad que necesita asociarse a algún alimento en preferencia graso. Todo esto me indica que tiene la fuerza necesaria para seguir creciendo algunos años más y que, al mismo tiempo, también ganará en elegancia. Esa diferencia con respecto al Tres14 no pasa sólo por el terroir de donde es originaria la fruta, sino también por la vinificación y crianza; ya que el Imperfecto estuvo durante 24 meses en barricas de roble francés de tonelería de la borgoña tostado medio fuerte y, a pesar de ello, el roble en ningún momento tapa la fruta; es más: me animo a decir que en ese sentido, con respecto a la añada anterior, lo encuentro más armónico y amalgamado. El secreto de seguro tiene que ver con una fruta nacida con la capacidad necesaria para que el roble se asocie perfectamente sin opacarla. Mismo enólogo, perfiles de vinos muy diversos, precisamente para ocupar momentos o situaciones diferentes de consumo.


Volviendo al Tres14, en la degustación Daniel Pi nos comentó que a partir de la añada 2012 será elaborado con fruta de Vista Flores (Tunuyán), más precisamente de la parte más baja, que es donde se encuentran las fincas más antiguas, algunas de alrededor de 80 años. Esto imagino que tiene que ver con que la producción año a año fue aumentando y con que en cercanías a esas fincas se comenzará la construcción de la bodega, en un principio con capacidad para 15000 litros. El garage, por lo visto, comenzó a quedarle chico. Al parecer, el interés por sus vinos en el exterior forzó a que la producción en los últimos años se fuera incrementando de la siguiente manera: 2011 (10 barricas de cada uno), 2012 (15 barricas de cada uno) y 2013 (17 barricas de cada uno). Haciendo referencia a las características que imprime esta nueva región, Daniel aclaró que los 2012 lograron mayor expresión en boca y ciertos tonos salobres, a los que considera muy atractivos.


Con respecto al porfolio, que por el momento es bastante reducido ya que cuenta solamente con las dos etiquetas mencionadas, Daniel, además de brindarnos una charla riquísima en contenido (es muy claro y dedicado en el momento de compartir sus conocimientos y experiencias), nos sorprendió con dos muestras sin etiquetar de partidas pequeñas, desde luego desconocidas por mí. No se animó a confirmar que alguna vez salgan a la venta, ya que apenas son 700 botellas de cada una. La primera fue un Imperfecto, cosecha 2011, que combina 85% Cabernet Sauvignon, 10% de Malbec y 5% de Cabernet Franc; un vino en el que precisamente la nariz no me detuvo demasiado, pero que en boca me entregó lo que esperaba conociendo a “sus hermanos 2011”. Al degustarlo pude percibir cierta firmeza, esqueleto, nervio; todos atributos que me anuncian crecimiento (no hablo de gran volumen, potencia, ni concentración). Sobre sus aromas frescos frutales y al mismo tiempo maduros, resaltan tonos minerales y especiados como la pimienta negra. 


La segunda y última sorpresa de la noche fue el Semerendo 2011. Al igual que el anterior, su fruta proviene de Gualtallary. Su particularidad es que surge de un malbec que nace de una mancha en los suelos, discriminada en el viñedo, y que se vinificó por separado. La característica del suelo limoso calcáreo con elevado contenido de calcio activo se ve reflejada en un vino con taninos vivos, que producen en la boca esa sensación que recuerda a tiza o talco. Es un malbec muy diferente, con una compleja paleta aromática sumamente interesante. No me canso de saborearlo. Aunque cuesta ponerle etiquetas con descriptores definidos, quiero destacarlo porque su personalidad es única. Sin conocer más detalles, lo imagino superior en calidad respecto de los anteriores.

Los vinos de Daniel son personales, francos, genuinos. No me recuerdan a ninguno de los alta gama de cualquiera de las bodegas donde se desempeña. Esto no quiere decir que sean mejores ni peores. A título personal, mi paladar me pide cada vez más vinos así, simplemente diferentes, que, al escaparse de modelos o formatos de estilos en algunos casos algo desgastados, logran un encanto especial. Confío en que, a pesar del crecimiento en volumen, los futuros 2012 no perderán ese encanto, por lo que estaré muy atento al destino del Imperfecto Cabernet Sauvignon y, sobre todo, del Semerendo: no olviden esa palabra, sinónimo de “importante”, “grande”, nada habitual por estos pagos pero sí muy común en el léxico del oeste argentino o en algunos países latinoamericanos. Semerendo resulta el calificativo ideal para lo que me entregó esa botella, y por qué no también para etiquetar con ella a Daniel Pi, indiscutible grande como profesional y –al menos por lo poco que pude conocerlo – también como persona.

viernes, 4 de octubre de 2013

“Nuevas historias en Passionate Wine”




Hace algunas semanas Matías Michelini llegó expresamente a Buenos Aires para presentar, en una serie de degustaciones, algunas nuevas etiquetas y añadas de Passionate Wine. Tuve la suerte de estar presente en uno de esos encuentros, el que se realizo en Ozono Drinks especialmente para miembros del grupo FLT.



A continuación, la lista de vinos degustados; luego, un breve comentario sobre cada uno de ellos, algunas conclusiones generales y una reflexión personal.

Inéditos Semillón Hulk 2013
Montesco Verdes Cobardes 2013
Montesco “Agua de Roca” Sauvignon Blanc 2013
Montesco Punta Negra Pinot Noir 2012
Esperando a los Bárbaros Malbec 2012
Diverso Syrah 2012
Diverso Merlot 2012
Eterno Retorno 2012
SuperUco 2011
MalBon 2011

Lo primero que tengo para decir del Hulk 2013 es que me resultó tan simple y fácil de beber como su primera edición, aunque a ese 2012 lo recuerdo con más fuerza en boca, y aquella virtud me daba cierta sensación de longevidad, mientras que a este 2013 no lo siento tan así. Creo que lo mejor será disfrutarlo sin pensar demasiado, aunque me sigue intrigando la evolución que pueda tener en botella; será cuestión de tiempo y volver sobre él.


De todas las novedades, uno de los que más dará que hablar es el Verdes Cobardes. Se trata del primer año de este corte que combina 43% de Sauvignon Blanc, 35% de Semillón, 12 % de Viognier y 10% de Chardonnay. Lo considero un acierto en todo sentido: es fresco, posee complejidad, es equilibrado y muy agradable de beber; es ideal para quienes aún nunca probaron un blanco de Passionate. Sin ser tan extremo como quizás sí lo son el Agua de Roca, el Torrontés Brutal o el Hulk, el Verdes Cobardes no disimula el sello Michelini y todo el carácter “tupungatino”. Su precio sugerido de 75 pesos por botella lo hace muy competitivo. En cuanto los consumidores empiecen a descubrirlo, estoy seguro de que las 3.000 botellas volarán rápido.

Recién mencioné al Agua de Roca, y en este 2013 percibo cierta elegancia que empieza a asomar y que creo que no tuvieron añadas anteriores; Matías lo relaciona con el clima frío del final de cosecha y una maduración más lenta que la habitual. Como todavía lleva poco tiempo de botella, sus aromas aún no están desarrollados a pleno, pero su carácter en boca –de igual manera que en las añadas anteriores– es inconfundible. Considero este atributo como algo valioso: un seguidor a ciegas probablemente sospeche de qué vino se trata. En esta nueva versión, además de diferentes momentos de cosecha, también combina diversos tipo de vinificaciones: como por ejemplo maceración carbónica, fermentaciones/maceraciones varias, con y sin escobajo. Podemos decir que también es como un blend de elaboraciones. En definitiva, sumar más variables en busca de mayor complejidad, un trabajo que se percibe al degustarlo con sutiles matices. Ese valor agregado marca la diferencia.



Al Punta Negra, este pinot noir que su versión 2011 me había encantado, hoy lo encuentro con una vuelta de rosca e igual de interesante, con casi nula presencia de aromas a la madera del tonel, pero otros muy sutiles que recuerdan a frutas ácidas y frescas (frambuesas). En su largo paso por boca mantiene esa “finura y tensión” en el recorrido. Pienso que es un estilo de pinot bastante lejano a los que estamos acostumbrados por estos pagos; algunos de los presentes hicieron saber que les recordaba al estilo de los de Borgoña. Según Matías, a diferencia del 2011, hubo un momento de cosecha intencionalmente más temprano, y un tonel que al ir por un segundo uso cedió mucho menos aromas que en la primera versión.

No faltó la que será “figurita difícil”: Esperando a los Bárbaros, un malbec de Casablanca (Chile), que imagino casi imposible que lo tengamos por nuestro país. Su elaboración fue en tinajas de barro, similares a las ánforas utilizadas por los romanos hace miles de años. Otro atajo de Matías para escapar de la estandarización volviendo a los orígenes más lejanos. Un tinto directo, que avasalla con su fruta fresca; en boca, afilado y cada vez menos impetuoso. Esta fue la tercera oportunidad que lo pruebo en el último año, y cada vez lo comprendo y me gusta un poco más.



Le llegó el turno a una nueva línea que se llamará Diverso –por ahora hay un merlot de El Peral y un Syrah de Gualtallary–. Esta línea es especial por varios motivos. En primer lugar, reunirá a toda la familia (esposa e hijos) en el proceso total de producción. Además, en ambos casos los viñedos son ecológicos, su elaboración es enteramente en huevo de concreto, con levaduras indígenas y con la menor intervención posible. Voy a hablar del syrah, ya que es de los vinos más interesantes que bebí en el último tiempo. Combina una fruta que, sin dejar de ser fresca, está en un hermoso punto de maduración, con tonos minerales; su comportamiento en boca posee cierto costado salvaje, pero principalmente creo que lo que posee es un alma especial, que al menos a mí me enamoró. Un vino que es diferente; seguramente ello se deba a una auténtica expresión del terroir de esa pequeña finca pegadita a la Casa de comidas Tupungato Divino en Gualtallary.



Otra de las “sorpresas grosas” de la noche fue el Eterno Retorno, un bonarda 2012 que fermentó y lleva más de un año en barrica nueva. Al degustarlo, su fruta tiene todo lo necesario –y más– para sostener la fuerte presencia del roble. Hasta el momento nunca había imaginado un bonarda con tanta presencia de madera y tan bien ensamblada. Según Michelini, el secreto para que esa materia prima sea tan especial está en el equilibrio y el rendimiento natural del parral de más de cuarenta años de donde proviene la uva. Otra aclaración, es el mismo bonarda que se utiliza en la composición del MalBon, de donde previamente se separó una barrica para el Eterno Retorno. Bajo el mismo concepto, acompañando al mencionado bonarda, habrá también un varietal malbec, el otro componente del MalBon. Desconozco si saldrá con el mismo nombre, pero entiendo que su precio se ubicará por debajo del mencionado tope de gama.



Otro lujo fue probar el nuevo MalBon 2011. Para quienes tienen presente aún el 2010, éste también les tapizará el interior de la boca con todos los atributos que uno le pide a un vino de alta gama, aunque a este nuevo lo encuentro más fresco en su paso, con una concentración y una soltura muy bien asociadas. Opino que el sutil cambio es positivo. También será menor la cantidad de botellas disponibles para el mercado interno y su precio aumentó considerablemente, creo que el 2011 estará $ 500.

Si bien hasta ese momento a la cata no le faltaba nada, porque hubo novedades, diversidad y sobre todo mucha calidad, Michelini siguió sorprendiéndonos, esta vez con el SuperUco 2010, ese blend de Malbec con Cabernet Franc, perteneciente al proyecto Michelini Bros, que lleva en sociedad junto a sus tres hermanos. Del mismo podrán disfrutar quienes se encuentren entre las únicas cien membrecías disponibles, yo ya me aseguré la mía. Próximamente habrá SuperUco Vistaflores y SuperUco Altamira. Vinos modernos, de buena concentración, ante todo frescos y con todas las intenciones de ser fieles representantes de los mencionados terroir.



A pesar de la diversidad en los vinos, encuentro ciertos denominadores comunes que de a poco quedan cada vez más resaltados. El primero de ellos tiene que ver con aquellos vinificados en los huevos de concreto, que poseen una textura especial en boca, aportan mayor amplitud, la llenan pero con unos taninos diferentes a los que aporta la madera. Aunque me cuesta definirlo claramente ahora, estimo que en poco tiempo sabremos identificarlos o reconocerlos a ciegas.


Otro punto para destacar es la tensión o vivacidad que muchos de sus vinos poseen en el paso por boca. Hoy es uno de los atributos que más me gusta encontrar cuando los bebo.
No importa si es tinto, blanco o rosado, pero siempre estoy esperando esa vibración, esa energía sobre mis papilas, mucho antes que el batallón exagerado de aromas. Así lo vivo yo, por eso muchas veces logra dejarme más satisfecho un vino “franco, equilibrado y sencillo” que uno “power que puede superar cómodo los 90 puntos”. Esta postura personal puede dar para una larga discusión, pero actualmente como consumidor de vinos disfruto de ello; hace dos años era diferente, hace cinco ni hubiera pensado en ello, hace diez no quiero ni recordar cómo era mi gusto. Tampoco creo en lo atractivo si no hay evolución, crecimiento, por eso seguramente dentro de dos años esta postura personal vuelva a cambiar, tal vez no de modo radical, pero variará seguramente algo, o al menos eso espero.



Si al comienzo hablé de “nuevas etiquetas” de Passionate, vale aclarar que en realidad se trata de algo más que excede a la palabra “etiquetas”. Disfruto de cada vino como una nueva pequeña historia, a su vez “porcioncita” de una gran historia que es Passionate Wine, de la que no quiero perderme nada, donde todo tiene relación con todo, y siempre hay algo que me va a sorprender. Por un lado, conocer tanto algo es importante siempre y cuando uno le siga brindando tiempo y atención, y, sobre todo, mantenga intacta la capacidad de sorprenderse a cada momento. A veces, la ansiedad nos lleva a, por ejemplo en el marco de una cata a ciegas, agarrar una botella y en tres minutos intentar entender algo. Pues bien, en ese contexto el Malbon o el futuro Eterno Retorno posiblemente respondan rápido, pero hay doce vinos más, doce “capítulos” más, que también tienen cosas para decir, y que requieren su tiempo y atención. Al igual que una buena película, una lectura atrapante, una charla, una sabrosa comida, un momento de reflexión o un silencio, siempre se van a disfrutar mucho mejor cuando uno les brinde el tiempo necesario y la atención especial.

La misma degustación según mi amigo Ariel Kulas AQUI

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