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lunes, 6 de marzo de 2017

"Tintillo, se abre una puerta a nuevos consumidores"

El Tintillo es un nuevo vino de Bodega Santa Julia que salió al mercado hace apenas algunos meses, para ser más preciso, en diciembre de 2016. Por el momento, su destino de venta está focalizado para restaurantes y vinotecas. Más allá de un diseño de etiqueta y de un nombre que para algunos pueda resultar bastante particular, algo que llama más aún la atención es que, si bien se trata de un tinto, sobre su etiqueta, debajo del nombre, lo segundo que se lee es “Bébase Frío”.


Podría quedarme con la sugerencia de enfriar, beber y disfrutar, que de hecho fue lo que hice con la primera botella: gustó tanto entre los presentes que “voló” mucho más rápido de lo imaginado. Sin embargo, desde mi experiencia como consumidor, comunicador y vendedor de vinos, creo que el Tintillo puede ser la puerta de entrada a un nuevo estilo, sobre todo para un amplio espectro de consumidores masivos que hasta hoy pueden sentirse lejos de ser seducidos tanto por el nombre como por la sugerencia de beber frío. Más aún, su tipo de cierre screw-cap (tapa a rosca), a pesar de ser cada día más habitual y acorde sobre todo para vinos jóvenes, sigue siendo resistido por muchos.
Este corte cosecha 2016, en cuya contraetiqueta se aclara que fue elaborado con uvas de malbec y bonarda fermentadas en granos enteros, de alguna manera resume el proceso por el cual fue vinificado, técnicamente conocido como “maceración carbónica” (MC). La MC es una técnica que consiste en dejar que fermenten dentro del tanque los racimos enteros sin despalillar ni prensar previamente. De este modo, el peso de los racimos ubicados en la parte superior genera que las uvas que están debajo se rompan, liberando parte del mosto que comienza una fermentación alcohólica (FA). De esa fermentación se libera el dióxido de carbono (CO2) que desplaza el oxígeno que hay en el tanque y, en ausencia de este último, las levaduras pasan de una respiración aeróbica a una anaeróbica, lo cual propicia la atmósfera ideal para que cada grano inicie lo que se llama su propia fermentación intracelular.



Los vinos obtenidos a partir de este proceso suelen ser bien frutados y con menos contenido de taninos. En el caso del Tintillo, el proceso de MC duró cuatro días, y posteriormente se realizó el prensado y se completó la FA. En similar segmento de calidad, desde hace algunos años han llegado al mercado algunas etiquetas con este tipo de elaboración, pero siempre con partidas acotadas y, por ende, con vinos destinados a un pequeño nicho de consumidores, seguramente el de los más inquietos o el de los constantes buscadores de novedades. Este público los supieron reconocer como tintos livianos, refrescantes, de acidez vibrante, bebibles; quienes saben de lo que estoy hablando, sospecho que terminarán siendo pocos en proporción a la cantidad de consumidores a los que podría llegar a conquistar el Tintillo, en cuya primera partida nos entrega 30.000 botellas.
Todos sabemos la capacidad de producción de la bodega que puede multiplicar este número a la cantidad que sea demandada; pero no es sólo una cuestión de volúmenes y alcance logístico, porque a las cualidades que enumeré típicas de los “tintos de sed”, en el Tintillo se agregan las siguientes: paladar con volumen, redondez, suaves taninos y acidez moderada. Estos atributos lo ubican en un punto intermedio, que lo hace bien amigable, fácil de disfrutar y, sobre todo, de entender para una media importante de consumidores.


El Tintillo, además de un corte de cepas, es un blend de zonas. El malbec del Valle de Uco, fresco, aromático, de buena acidez y firmes taninos naturales, se combina con el bonarda de Santa Rosa, desierto al Este de Mendoza, zona más caliente, de un perfil algo más maduro, que aporta centro de boca y una sensación más golosa. Aunque en el resumen final del corte resulte un vino seco, fresco, de gran balance y frutuosidad, que imagino para beber dentro del año, esto no quiere decir que se vaya a “caer” rápidamente, porque se percibe con nitidez muy buena calidad de fruta. De cualquier modo, creo que dentro del año será cuando demuestre su máximo esplendor.
Charlando con Rubén Ruffo, enólogo responsable de Santa Julia, me comentó que desde los comienzos de la bodega solían hacer vinos de MC, pero siempre para mercados externos. Si bien tenían experiencia, hoy la uva utilizada para el Tintillo fue pensada originalmente para otro nivel de vino superior: de hecho, los rendimientos oscilan entre 100qq/ha en el malbec y 120 qq/ha para el bonarda. Ruffo aclaró que, al tener el malbec una piel bastante más fina que el bonarda, los procesos de MC hay que efectuarlos forzadamente por separado, para luego armar el blend, que en este caso es de 50 y 50.
Vuelvo al tema de la degustación. A pesar de que la ficha técnica de la bodega me recomienda beberlo —o, mejor dicho, sacarlo de la heladera— entre 11° y 12°, quise experimentar y probar cómo funcionaba en un espectro mucho más amplio, por ejemplo, entre 8° y 18°. El primer sorbo lo hice con el vino a 8° y me resultó placentero; eso sí, allí lo disfruté puramente por sed, con sensaciones similares a las de un blanco seco pero con volumen; a pesar del frío, su acidez nunca me molestó. A medida que la temperatura comenzó a subir, me pareció que entre 14° y 15° fue la ideal, cuando más sabroso me resultó. A partir de los 11/12° empecé a imaginarlo acompañando algún alimento, comida de picnic (tartas, sándwichs, picada), pizza a la piedra, vegetales grillados o salteados; sobre todo platos fríos. Entre los 16° y 18° me animo a acompañar hasta algún corte de carne magra (frío o caliente).

                                       

Son pocos los vinos que pueden adaptarse a semejante flexibilidad simplemente con variar la temperatura de servicio. Sabemos que muchos, si se escapan de los 17°, fácilmente tienden a sentirse alcohólicos, y que a bajas temperaturas suelen remarcar sus taninos y aplacar la intensidad aromática, aunque en el caso de los criados en roble la madera también tiende a sentirse en el primer plano cuando se los sirve fríos.
Otra nota de color es que, además de la prueba de las temperaturas, también lo degusté en un vaso de vidrio común. Me sorprendió que el vaso no opacara sus atributos, sabiendo que en la mayoría de los vinos de calidad siempre es notable lo que le suma un lindo copón. Vuelvo a pensar en el picnic, un escenario poco recomendable para los copones de cristal.
                               


Luego de la experiencia propia, y de haberla compartido junto a otros amigos con diversos niveles de interés y conocimiento, me animo a afirmar que por su estilo hasta puede llegar a gustarle a gente que inclusive nunca llegó a disfrutar plenamente de los tintos. Por todo lo detallado, se darán cuenta de que, al menos para mí, el Tintillo es un golazo. Remarco que, a mi favor, en ningún momento mencioné la cuestión del cambio climático que va sufriendo nuestra región: cada vez tenemos menos días del calendario para los tintos de invierno, pesados y corpulentos. 

La gente de la bodega también está muy conforme con la recepción que tuvo el vino en este primer trimestre de vida. Así me lo confirmó su “Brand Ambassador”, Nancy Johnson. Además de aplaudir a Rubén Ruffo, a Seba Zuccardi y al equipo de Santa Julia por el excelente resultado, creo que aquí también fue valioso el convencimiento que tuvieron aquellos pequeños productores al momento de elaborar sus primeros MC de calidad, y que poco a poco hicieron crecer ese nicho de seguidores. A partir de entonces comenzó a funcionar algo que me gusta destacar a nivel país, lo cual trasciende marcas, bodegas y profesionales. Lo importante es que se hagan cosas, se plasmen proyectos, ideas nuevas que sirvan de inspiración, para hacerlas crecer año a año, y —por qué no— para que otros las mejoren, las adapten, y así simultáneamente contagie a nuevos productores. Ahora hablamos de vinos, pero también pueden ser formas de comunicarlo o comercializarlo, obviamente siempre privilegiando qué es lo mejor para que crezca nuestra industria de manera genuina. La familia Zuccardi es un claro ejemplo de todo ello: trabajo, investigación, consistencia, comunicación. Esos resultados, que un nicho bastante especializado venimos observando en su alta gama, también se van reflejando en sus vinos masivos, como el Tintillo, una puerta nueva y grande para nuevos consumidores.

viernes, 13 de febrero de 2015

“Caladoc y Ancellota: las otras mimadas de Piedra Infinita”


Disfruto de manera especial cuando pruebo vinos elaborados de “otras cepas”, ya que me brindan la posibilidad de descubrir otros aromas, sabores y texturas; me permiten salir de lo que ya conozco, sumar a mi conocimiento y, sobre todo, me abren la cabeza a aceptar y disfrutar otros vinos.

Si hay una bodega que desde hace más de quince años se ocupó de hacer pruebas con otras variedades de uva, ésa es Familia Zuccardi. Comenzamos a tener conocimiento de ello cuando en el 2003 salió al mercado la línea Santa Julia Innovación y, no mucho más tarde, la “línea especial” Zuccardi Textual. La relación entre las dos etiquetas es que todos aquellos varietales que superaban las expectativas de calidad en la línea Innovación luego también se vinificarían bajo la Textual, en la segunda aspirando a obtener un vino ya más pretencioso, con crianza en barrica y, sobre todo, con la idea de demostrar todo el potencial que puede desarrollar la cepa.

Gracias a Innovación y Textual pudimos conocer, entre otras, las siguientes cepas: Agliánico, Albariño, Ekigaina, Zinfandel, Greco, Greco Blanc, Mourvedre, Fiano, Arinarnoa, Nero Davola, Pecorino, Verdejo, Touriga Nacional, Marselan, Carmenere, Caladoc y Ancellotta.

Sólo mencioné algunas variedades de las elaboradas que llegaron a nuestras góndolas. Vale aclarar que históricamente las plantadas fueron más de cuarenta. De acá en adelante el foco se lo pondré sólo a dos, el caladoc y el ancellota; a las que sigo desde hace varias añadas porque personalmente me gustan mucho.

Luego de hablar con Sebastián Zuccardi para informarme más sobre estas variedades, puedo decir que él también está muy conforme con la calidad que viene logrando. A continuación, algo de data que me brindó al respecto.




Si bien hoy a ambos varietales los encontramos en la línea Textual, su primera puerta de entrada fue, como en la mayoría, la línea Innovación, con uva proveniente en ese momento de Santa Rosa. Históricamente todas estas pruebas fueron hechas en esa zona del sudeste mendocino donde la bodega tiene gran extensión de viñedos (475 has) y cuya altura promedio es alrededor de los 620 msnm.

Cuando en el año 2007 se plantó en Altamira (Valle de Uco, 1.100 msnm), con la idea de que ése fuera el lugar para la construcción de la nueva bodega exclusiva para elaborar alta gama —para ser más precisos, en Piedra Infinita, dados los buenos resultados con ambas cepas en el Este—, se optó por plantar también una hectárea y media de cada una. Además de continuar mostrando todo lo que pueden entregar esas cepas como varietal en la línea Textual, la idea era utilizarlas también como componentes en los cortes. 



Un ejemplo es el Tito, “vinazo” que va por su segunda añada, y que Seba elaboró en homenaje a su abuelo. En el 2010, tiene un 7% de caladoc; en el 2011, un 13% de ancellotta, y en el 2012, un 10% de caladoc y un 12% de ancellotta. Este último aún no está a la venta, pero por lo visto ambas cepas aumentaron a un 22% su protagonismo en el corte, bastante más que en las añadas anteriores.

Si las comparamos entre sí, son variedades muy diferentes. El caladoc tiene características mucho más parecidas al malbec, debido a que es un cruzamiento entre grenache y malbec; de hecho, que se haya adaptado tan bien en las diversas zonas en la que fue plantada tiene relación directa con ello; y que sea un cruzamiento con grenache también provoca que sea una variedad altamente productiva, que de no ser conducida y controlada mediante rigurosos raleos, nos daría un vino pobre, con poca carga, muy lejos de los caldos intensos y con taninos jugosos que tenemos hoy.



En cambio, el ancellotta, que fue plantado originalmente en Santa Rosa, pensándola como una variedad en primer lugar para color, con el tiempo demostró que tenía muchos más atributos. Por eso también se convirtió en otra de las elegidas para Altamira, zona en donde por su clima y altura naturalmente su color ya tiene una profundidad especial; y que además se destaca por su acentuada acidez, mucho antociano y por ser bastante tánica. 
A pesar de que Seba fue cauteloso en afirmar que los vinos con este ancellota puedan tener mucha longevidad, según mi humilde opinión, yo creo que sí: la potencia en boca y la frescura son las claves, una combinación perfecta.

Ampliando sobre el momento de su cosecha, Seba cuenta que hay que ser muy cuidadoso con esta variedad, ya que es importante hacerlo en un momento justo. De pasarse, la fruta tiende a arrugarse y rápidamente perder esa atractiva acidez, atributo fundamental para que el vino cuando va a la boca, a pesar de su concentración natural y sus remarcados taninos, tienda a moverse con mejor soltura.
El rendimiento promedio de esas fincas es entre 8.000 y 10.000 kg por hectárea, pero si al caladoc no se lo controla puede llegar a producir 25.000 kg/ha.
Con respecto a las vinificaciones son muy simples, en hormigón (sin epoxi). Durante la crianza parte la continúa en hormigón y parte va a barrica de roble. Este año compraron barrica de 500 litros y fudres de 2.500 litros, que ya están instalados en la bodega de Piedra Infinita, cuyo final de obra está previsto para septiembre de este año.
Si bien Textual es una línea de la cual el público aún no tiene mucho conocimiento, lo cierto es que para los volúmenes que se manejan entre todas las etiquetas del porfolio terminan siendo partidas muy acotadas. Principalmente, son demandadas por el consumidor más curioso, el habitúe de locales más especializados como puede ser una vinoteca o club de vinos.



Según Seba, con sólo tres hectáreas plantadas entre las dos variedades alcanza, pero no pierde las ganas de seguir probando con otras variedades en diversas fincas. En San Pablo, a 1.400 msnm plantaron albariño y verdejo; en el 2015 ya cosecharán algo, pero estiman que en 2016 será la primera cosecha para la venta. En La Rivera, que es la finca al margen del Río Tunuyán en Vista Flores (980 msnm) también se plantó una variedad italiana muy antigua llamada teroldego.

Tuve la posibilidad de escuchar muchas veces a Sebastián Zuccardi. Cuando uno prueba sus vinos año a año, mediante verticales en algunos casos, o a través de las nuevas etiquetas, vemos en todos los casos que sus mensajes se condicen con sus vinos; el cambio de un año a otro siempre es gradual. 
En sus charlas Seba suele hacer hincapié en dos puntos: 

1) Reducir las prácticas que homogenicen al vino, y 2) Mencionar más por regiones y menos por cepa.

Con respecto al primer punto, aclara una serie de cuestiones:

Lugares diferentes: cuando se hacen vinificaciones sobre regiones más chicas, se puede observar las diferencias que hay entre una y otra microrregión; si esto no se hiciera así, y se elaboraran todas en la misma vinificación, lógicamente se perdería esta posibilidad de tener más variedad o diversos matices, aunque éstos sean sutiles.

La sobreextracción: no se realizan sangrados, una práctica muy habitual en otra época para lograr concentración; y las maceraciones tienden a ser más cortas; antes llegaban a los cuarenta días, hoy promedian los veinte.

Crianza en barrica: seguir usando madera, pero siempre en equilibrio y para integrar; para ello la tendencia es utilizar barricas ya usadas o de mayor capacidad; tal como mencionamos, la nueva bodega la equiparon con barricas de 500 litros y fudres de 2500 litros , es decir, menos relación madera/vino, menor impacto aromático de la primera sobre el producto; recordemos que la barrica de 225 litros es la utilizada en la mayoría de las bodegas que conocemos, la vedette desde hace veinte años, pero por lo visto últimamente para algunos productores ya no es tan así.

Evitar la sobremadurez: cosechar tarde aumenta el azúcar en la fruta; por ende, también el alcohol potencial; dulzor o alcohol por demás o en desequilibrio pueden terminar actuando como un maquillaje que nos impida percibir sutilezas o matices representativos de un lugar.

En cuanto al segundo punto, tal como mencionamos, a pesar de que Seba sigue probando en diversas zonas y con nuevas variedades, la idea es que ellas no resulten más que un “condimento para sus vinos”. Trabaja para elaborar vinos que sean fieles representantes de la región o microrregión de donde provienen, para poder denominarlos por su lugar de origen antes que por el nombre de las uvas que lo componen.

Imagino que ése es un camino que Sebastián Zuccardi comenzó sobre todo sabiendo que será muy largo, porque las metas u objetivos seguramente se les renovarán día a día. Mientras tanto, nosotros los consumidores, privilegiados también de ir recorriendo ese camino, que no es ni más ni menos que el crecimiento de nuestra vitivinicultura, no nos cerremos a mirar para atrás buscando siempre lo mismo; estemos atentos y disfrutemos de él. Hoy, por ejemplo, disfruté de dos cepas muy poco conocidas, con las cuales sigo abriendo mi cabeza a nuevos y mejores vinos.

*Gracias José Miranda de WineMDQ por las fotos 2 y 4




miércoles, 4 de diciembre de 2013

“DieZ años de Ozono: mucho más que una vertical”

Este año Vinoteca Ozono Drinks cumplió diez años de vida, y para festejarlo fue organizando en el transcurso del 2013 una serie de catas de grandes etiquetas de nuestro país, en las que en muchas oportunidades estuvieron presentes sus propios actores: los productores. Fui invitado a una de estas celebraciones: una cata vertical del vino Zuccardi Zeta (2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011) junto a Sebastián Zuccardi, responsable desde 2008 del equipo encargado de los alta gama de Bodega Familia Zuccardi. 


Cuando uno se encuentra ante catas de este tipo, donde cada vino tiene bastante para contar y todos juntos a su vez revelan una gran historia, es mucho más fácil entenderla si uno de sus protagonistas está presente para guiarte y ayudarte a interpretarla. Así fue como Seba trató de no olvidar detalles y responder a todas las preguntas e inquietudes que surgieron entre los invitados. Tal como comenté en una nota anterior, él suele ser muy claro cuando se trata de comunicar sus vinos y su trabajo.

La primera añada de Zuccardi Zeta que salió al mercado fue la 2002. En aquel entonces se ubicó como vino tope de gama en el porfolio de la bodega, por encima de la línea “Q” (reconocida por sus varietales de alta gama: Tempranillo, Merlot, Malbec y Cabernet Sauvignon). El Zeta trajo un concepto diferente ya que, en principio, sería un blend que, además de combinar diferentes cepas, también combinaría diversas regiones. 


Hoy, luego de degustar una década de vinos, me queda claro el destino que la familia pretendía para este ícono, y el camino que fue recorriendo durante estos años. A la mitad de ese camino, para el año 2008, el propio Sebastián, que hasta ese momento sólo se enfocaba en el área agronómica y en su original proyecto de Espumantes Alma 4, pasó a conducir su elaboración. A partir de entonces, ha habido un cambio notorio, que se viene acentuando hasta la actualidad. Sin embargo, “notorio” no quiere decir que sea radical, porque creo que, sin importar los años, la línea siempre ha aspirado a la elegancia y longevidad. Pese a que siempre fueron variando porcentajes, origen de sus componentes y crianza, nunca cayeron en modas tan comunes en aquellos años como el “estrés hídrico” o la sobremaduración, groseras sangrías o sobreextracción en la bodega. De hecho la mejor prueba está cuando probamos la 2003 y encontramos una fruta nítida, sutilmente alicorada y unos taninos un tanto presentes aún, signo de que conserva cuerda para seguir creciendo y entregando. Es un lujo descorchar un vino de diez años y encontrarlo así.


Una frase un tanto hecha dice que, a diferencia del viejo mundo, en nuestra geografía el clima garantiza cierta regularidad año a año. En varias oportunidades Seba resaltó que eso está lejos de ser así, y que eso queda demostrado al ver cómo evolucionan los vinos en el tiempo. Por ejemplo, el Zeta 2004, a pesar de que respeta la misma combinación de malbec de Maipú y tempranillo del antiguo viñedo de Santa Rosa, más allá de ser un año más joven que el 2003, actualmente no cuenta con el mismo futuro que aquel.

En el Zeta 2005 encuentro una acidez más presente y cierta soltura en boca. Se acerca más al estilo que yo prefiero; posiblemente esto tenga mucho que ver con que en esa añada el malbec con el que se combinó al tempranillo ya no es de Maipú sino de La Consulta, zona de mayor altura, más fría y con mayor amplitud térmica. 

El Zeta 2006, de un estilo bastante similar al anterior, me seduce aún más. Su fruta está intacta; acompañan ciertos terrosos y notas a cuero. Es complejo, y lo que más atrae es su energía y vivacidad. 

En el Zeta 2007 hay un pequeño cambio en la composición, ya que se disminuye el porcentaje de tempranillo para dejarle lugar a cabernet sauvignon de Gualtallary. A pesar de ser un año más joven, posee una evolución que lo aleja del potencial del 06, que hasta el momento fue claramente el que más me gustó. 

Tal como anticipé, en el 2008 Seba se hizo cargo de la vinificación y para esta añada no tuvo en cuenta al histórico tempranillo de Santa Rosa. La nueva combinación sería 73% malbec de La Consulta y 27% cabernet de Gualtallary; ambas zonas de altura y mucha expresión. Eso se nota cuando degustamos el vino: desborda de fruta, y su columna vertebral se apuntala más sobre la acidez y el nervio, a diferencia de aquel principiante 2003 en el que destacábamos sus firmes taninos por sobre otros atributos. 

El 2009 –no recuerdo por qué motivo– vuelve a contar con el tempranillo como componente. Además de mantener la frescura del anterior, posee algo más de volumen y agarre en boca; seguramente el “tempra” sea responsable de ese agarre.

Contrariamente, el 2010 se presenta más liviano en boca. Seba aclara que fue un año con rendimientos más altos. En sus aromas empiezo a identificar esas notas minerales que hoy me son tan familiares, y que suelo percibir fácilmente en los vinos de Altamira. La combinación vuelve a ser bivarietal de malbec y cabernet (me pareció escuchar que este dúo ya será definitivo).



Al igual que el anterior, el 2011 –que aún no salió al mercado– combina 85% de malbec con 15% de cabernet, siguiendo por la misma senda de las añadas anteriores, pero más claro o mejor definido hacia dónde pretende llegar. Una textura en boca que enamora, una acidez vibrante, el mineral como con un sello en la frente y todo el conjunto que me anuncia mucho potencial. Creo que del 2008 hasta acá se remó para llegar a este puerto; no fue casualidad. Hasta estimo que para este blend ya se encontró la combinación ideal, en la que el tempranillo ha perdido su lugar. 

Sobre una atractiva acidez que colabora a la expresión y al desplazamiento en su paso por boca, alguien se podría preguntar cómo estará el Zeta 2011 en el 2021, y si tendrá la vida del 2003. Estoy seguro de que sí. Es más, esa fruta fresca de hoy evolucionará más lentamente y –como bien dice Seba–, a diferencia de otro estilo de vinos que nacen con mucho de todo, éstos tienen menos cosas para caerse. Una definición tan clara y simple que voy a empezar a adoptarla.

Se ve que a Seba no le alcanzaba con mostrar las añadas del mercado, así que llevó muestra del futuro Zeta 2012 y posibles componentes del 2013. Inmediatamente me recuerdan las sensaciones que tuve cuando probé el 2011, pero en bruto: a pesar de estar todo más exacerbado me genera igual placer beberlos. Otro detalle es que en estos dos últimos el porcentaje de malbec volvió a aumentar (la proporción quedó en 90/10). Es un dato no menor que después de diez años de pruebas haya optado por dos zonas de altura, y el malbec casi como único protagonista. 

En conclusión, puedo dividir dos etapas dentro de la vida del Zeta, antes y después del 2008 (PRE y POST).

En la PRE el aporte de la crianza en roble (seguramente barricas nuevas) era considerable, y el vino necesitaba años para redondearse, pulir sus taninos y ponerse bien ameno; por ejemplo, hoy el 2003 y 2006 están hermosos, pero hubo que esperar más de siete años. Dudo de que un par de años atrás los hubiera disfrutado tanto como en esta oportunidad.

En la etapa POST, desde el 2008 hasta el 2011, los encuentro muy abordables, más disfrutables a mi gusto, porque ya no se sostienen sobre aquellos acentuados taninos. Los tostados aportados por la madera son mucho más suaves y las vinificaciones en hormigón son cada vez más consideradas, con variables como vinificar una pequeña parte (10/15%) con escobajos, lo que genera de manera natural estructura, mayor amplitud y complejidad en boca.

Me “revolotea” en la mente las características del Zuccardi Zeta 2011, y no puedo dejar de pensar en los Aluvional. Encuentro muchos puntos en común. Aunque estos últimos estén elaborados bajo otro concepto, como el de vinos de terroir, hay un hilo conductor que es inconfundible. Si bien no los tengo todos en frente para definir y transmitir las diferencias, seguramente no faltará oportunidad. Además confío que el tiempo será uno de los aliados fundamentales e indispensables; no hay manera de que sea de otra forma. Hoy lo más importante es que haya gente como Sebastián Zuccardi que ha comenzado a trabajar en ello con la profundidad y seriedad con la que él lo está haciendo.


Quiero cerrar esta nota volviendo al principio: el aniversario de Ozono. Hace algunos años, cuando comencé a relacionarme con Noelia y Martín, teníamos un vínculo comercial, pero con el tiempo nació y se afianzó cada vez más la amistad. Al igual que el porcentaje de malbec dentro del Zeta, descubrí que esa amistad es lo primordial para la base de nuestra relación y que un verdadero pilar se construye sobre el respeto y la honestidad. Todo el resto pasa a ser secundario, al menos es lo que creo haber aprendido en estos últimos años. Tal vez las relaciones humanas tengan algo parecido a estos blends que han crecido y mejorado con el tiempo, manteniendo siempre su identidad. 

¡Muchas Felicidades Ozono Drinks y que sean muchos años más!

sábado, 31 de agosto de 2013

“Seba a fondo”



En los últimos meses tuve el privilegio de encontrarme en tres oportunidades con Sebastián Zuccardi: un almuerzo en Tupungato Winelands, una degustación en Vinoteca Ozono Drinks y una visita “a fondo”, que duró prácticamente un día, a la finca que la familia posee en Altamira (Valle de Uco, Mendoza). Para coronar la visita Seba nos preparó una cata increíble, no sólo por la calidad de los vinos sino también por su valor instructivo. Este último encuentro fue parte del viaje enófilo anual que realice junto al Grupo FLT (Felices Los Tintos). Todos estos encuentros me dejaron un gran aprendizaje, que quiero compartir con ustedes.



Cuando Seba habla de la empresa siempre comienza contando la historia de su familia; de su abuelo Tito, reconocido en la provincia por desarrollar los “Sistemas para Riego”, y de su abuela Emma, quien con más de noventa años actualmente sigue asistiendo a la empresa en algunas tareas vinculadas al área de recursos humanos. Por lo visto él los siente sus raíces y no pierde oportunidad para mencionarlos y reconocer que fueron los cimientos fundamentales para todo lo que llegaría más tarde. En mi humilde opinión, considero que lo mucho que han logrado será relativamente poco comparado con lo que creo que va a venir, y no me refiero ni a cantidades ni a volumen, ni a nada que se pueda contar con números, sino a algo que se puede valorar cualitativamente.

La gran mayoría de los consumidores reconocen a Familia Zuccardi por sus vinos Santa Julia; quien se acerque a la góndola de cualquier cadena de supermercados, chinos o vinotecas los puede encontrar fácilmente. Aunque no sé con certeza si son líderes en esa franja de venta, es innegable que la marca es reconocida: siempre tuvieron presencia, imagen, llegada y buena comunicación. Desde entonces mucha gente los probó, algunos le siguieron sus pasos y otros no. Sin embargo, son “muchos” los consumidores que desconocen todo el crecimiento y desarrollo que tuvo esta empresa 100% familiar. En mi caso, por mi actividad tuve la suerte de hacer ese seguimiento, más que nada en la gama media/alta y alta. Si bien hoy no tengo degustado el portfolio completo, que actualmente suma más de cuarenta etiquetas en el mercado local, en todo lo que fui probando estos últimos años siempre hubo crecimiento en la calidad. 



En un principio la bodega sólo contaba con viñedos en Maipú (Sudeste de la Ciudad de Mendoza, 650 msnm) plantados en 1963 por el abuelo de Seba; más tarde se extendieron hacia el Este (Santa Rosa, Sudeste de la Provincia de Mendoza, 620 msnm), y con los años descubrieron la importancia de otros suelos de mayor altura, para aspirar a vinos con otro temple y calidad. Allí apuntaron a zonas más cercanas a la cordillera como Altamira (1.100 msnm), Gualtallary (1.150/1.350 msnm), Vista Flores (980 msnm) y La Consulta (1.080 msnm). Actualmente, según el segmento de precio, la cepa o el perfil de vino, sus etiquetas pueden nacer en cualquiera de las zonas mencionadas, o inclusive de la combinación de dos o más de ellas. 


Altamira fue la región elegida para la construcción de la nueva bodega, destinada únicamente para la elaboración de los vinos premium y súper premium. La elección no es casual, y las piletas de concreto sin recubrir que se encontrarán dentro de la misma tampoco, porque sus formas (circulares y troncocónicas) son el resultado de diversas vinificaciones durante cinco años en una pequeña bodega de ensayos ubicada en la original y actual bodega “madre” de Maipú, de donde salen todas las etiquetas de la empresa. Hace dos años tuve la oportunidad de conocer esa área dedicada exclusivamente a la investigación: entre otras cosas, recuerdo que en su interior había piletas de diversas formas y tamaños, con o sin revestimiento interior; muchas alternativas, y todas construidas únicamente para hacer pruebas con un mismo mosto, y poder determinar cuál de todas daba los mejores resultados en el vino final.




La finca de noventa hectáreas donde se ubicará la nueva bodega se llama Piedra Infinita. Está ubicada a 1.100 msnm, en una de las zonas más frías de Mendoza (en invierno las temperaturas mínimas pueden llegar a -13/-15°C bajo cero). Además esta región posee un suelo más que particular producto de que hace un millón ochocientos mil años allí se encontraba un delta del Río Tunuyán, que bajaba desde la cordillera. Sobre ese cono aluvional que el tiempo talló se encuentra Altamira: suelos que combinan roca erosionada cubierta de carbonato de calcio y arena limosa, cuya particularidad radica en que en pocos metros de diferencia se pueden encontrar las rocas a diferentes distancias del nivel del suelo, lo que incide directamente en el vigor de las plantas. Martín Di Stefano, el ingeniero agrónomo responsable de la finca, se encargó primero de explicarlo mediante un gráfico y luego de llevarnos a comprobarlo por nosotros mismos. 



La única manera para verlo es mediante pozos en los suelos, llamados “calicatas”. Estas excavaciones, que tienen aproximadamente 0,80 metros de ancho por un metro de largo y algo más de un metro y medio de profundidad, son utilizadas normalmente para inspeccionar el suelo y ver con qué debe encontrarse la raíz de cada planta. Creo que en ese momento la cantidad de calicatas en Piedra Infinita sumaban 250. 



Por lo visto el dato obtenido del suelo no alcanza, ya que lo cruzan con fotos aéreas para medir el vigor, y con un estudio de conductividad magnética que se realiza sobre la superficie, con el fin de generar mapas y lograr identificar diversos tipos de suelo: normalmente las menores conductividades corresponden a suelos más pedregosos o con menos retención de agua, lo que nos habla de suelos de textura más gruesa. Donde descubran alta conductividad será lo contrario. 



Todo esto se hace para atender de forma individual a cada planta, de manera que el vigor sea similar en todas, o bien –en caso que eso no sea posible– definir áreas específicas en los momentos de cada cosecha. Trabajo “a fondo” si los hay. Cuando se trata de excelencia no hay margen para el error: aquella planta que lo requiera será atendida especialmente, ya sea con abonos naturales, con podas específicas, o bien con un suministro especial del agua en el caso que sea necesario. Verdadera viticultura de precisión. Se ve que para Seba no existe otra manera de trabajar. Notarán el detalle de que, mientras nos hablaba de sus vinos, lo hizo desde lo más profundo, aquello que no está a la vista: la relación entre el suelo y la raíz.



Para que esas noventa hectáreas estuvieran en condiciones para el cultivo de la vid tuvieron que extraer cerca de mil camionadas de piedras, algunas –para que se imaginen– del tamaño de un “Fitito” (70/80 toneladas). 



Hoy están en plena construcción de la bodega, con todas las intenciones de tenerla en funcionamiento para la próxima vendimia. 


Contará con piletas y huevos de hormigón; entre ambos tendrán disponibles las siguientes capacidades: 2.000, 3.000, 5.000, 7.000 y 10.000 litros; las medidas son tantas para poder separar bien las fincas por tipo de suelos y materiales. Además contará con una sala con barricas, y toneles de 2.000 y 5.000 litros. Seba aclaró que, si bien estará pensada para que también la visite el turismo, se privilegiará que sea una bodega sencilla, funcional, y que su arquitectura no altere el paisaje de la zona, por lo que imagino que habrá mucha piedra en su estética.


Luego de hacer media docena de paradas en Piedra Infinita (Altamira) para observar todo lo que comenté, nos dirigimos a la casa que la familia tiene en la finca de Vista Flores. Más allá de la increíble picada, las empanadas al horno de barro y las carnes varias a las brasas, haré foco en lo que fue la cata y todos los conceptos que Seba nos pudo dejar.



Entre los vinos de alta gama de línea probamos los Zuccardi Q Malbec 2011 y Q Cabernet Sauvignon 2010. Este último particularmente me encantó: combina fruta de La Consulta y Gualtallary. Luego le llegó el turno a Tito 2010 y Tito 2011. El segundo, a diferencia del primero, tiene un 15% de Ancellota y creo que tendrá más “cuerda” en el tiempo que el actual; que –aclaro– también me gusta mucho. En esa tanda no faltó el Emma 2011. Estos dos últimos vinos son el homenaje que Seba les hizo a sus abuelos. Se trata de vinos muy diversos entre sí; con respecto a sus zonas, su composición varietal, y porque fueron elaborados bajos conceptos diferentes; pero ambos poseen mucho carácter y una personalidad tan definida que casi cualquier consumidor sabría identificarlos en una cata a ciegas. ¿No me creen? Hagan la prueba de beberlos juntos y con las botellas tapadas.



Seguimos con Zuccardi Z 2009 y Zuccardi Z 2010, en ambos casos blend de cepas y de regiones; por ejemplo en el 2009 mezcla La Consulta, Gualtallary y Santa Rosa. En el extremo contrario se encuentran los de la línea Aluvional, que les siguieron en turno, y con los que pretenden ser fieles y puros representantes del terroir. En los Aluvional La Consulta 2009 y Aluvional El Peral 2009 y 2010, a pesar de que son malbec, se pretende buscar la mejor expresión de la región; de hecho en la etiqueta no se menciona la composición, pero sí el origen de la fruta.



En suma, un interesante abanico de vinos de alta gama con diversos conceptos entre sí, pero el concepto no alcanza sino se trabaja desde la fruta. Desde la fruta no, desde el suelo, desde el “fondo”, desde lo que no se ve, y sin embargo es fundamental. Notarán que casi no se habló de barricas, pero sí se habló mucho de suelos. Pienso en aquellos primeros Zuccardi Q, en los que la madera jugaba un papel bastante protagónico, y a los que les venían bien algunos años de botellas para que estuvieran pulidos y redondos para beber. Está claro que esos vinos no tienen nada que ver con los actuales Zuccardi Q, con una fruta mucho más fresca, más jugosos, más fluidos en el paso por boca, con otros matices característicos, que efectivamente se pueden guardar para que crezcan en complejidad, pero al mismo tiempo están listos para ser disfrutados hoy: te hacen vibrar e inmediatamente te dan ganas de servirte otra copa.




La cata siguió a ciegas, con muestras de misma cepa y añada de diferentes regiones. La primera tanda fue de tres bonardas: Santa Rosa, Altamira y Gualtallary ¡Qué expresión Santa Rosa! Jamás lo hubiera imaginado; al menos con el bonarda no tiene nada que envidiarles a las más “lungas”. Claro que los resultados están a la vista en el Emma. Seba está convencido de seguir trabajando el bonarda ahí; aunque en el nuevo Emma 2012 tengo entendido que lo complementó con un 15% de Altamira, pequeñas dosis de frescura y “un cuarto de vuelta de rosca”. A ese me falta probarlo.



La segunda tanda fueron cuatro malbec: La Consulta, Vista Flores, Gualtallary y Altamira. En la Consulta fue donde encontré una fruta más golosa y los taninos más dulces. Vista Flores también tenía un atractivo dulzor pero mejor balanceado con la acidez. Altamira y Gualtallary, con atributos en común: minerales, buena acidez, taninos más marcados, algún que otro floral; puntos que me daban para pensar por momentos que se trataba de algo similar.
Pienso en los siete vinos y me pregunto: ¿hubo alguno mejor que otro? No. Todos estaban muy buenos. Seba sigue trabajando para que las particularidades de esas zonas estén cada vez más definidas. Evidentemente hoy ésa es la prioridad.




Además de tener en claro el camino que eligió recorrer, Seba sabe muy bien cómo comunicarlo: tiene capacidad de explicar algo complejo de una manera simple; o contrariamente, como está haciendo con sus vinos, buscar desde la simpleza de una planta bien cuidada algo que hable desde lo más profundo y complejo en la botella. En diferentes oportunidades lo escuché decir que es necesario obtener la mejor fruta que pueda ofrecer un terroir, aplicar dentro de la bodega la menor intervención, y así dejar lo más expuesta posible sus propias características. Hasta por momentos llega a hablar de “austeridad”. Está equivocado quien sospeche que su aspiración no es hacer un gran vino. Personalmente, supe interpretarlo desde la primera charla, porque es franco, y esa postura o posición tomada, la encuentro cuando degusto sus vinos; porque logran su carácter y profundidad sin abusar de la madera o explotar en aromas que parecen prefabricados. Y siempre tienen mucho para decir: toman su tiempo, no necesitan gritar ni exagerar, pero dan gusto, porque simplemente hablan claro como él, quien al igual que las raíces lucha para ir “a fondo” en un lugar donde pocos lo ven, y no hay piedra ni clima que lo detenga.

*Para ver más fotos hacé click el el Face del Blog Mr.Wines

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miércoles, 3 de octubre de 2012

“Mesa de Bonardas” (2° año)

Ya con intenciones de convertirla en un clásico de todos los años, me ocupé de convocar nuevamente a algunos amigos y colegas para probar una serie de varietales bonardas, de diversos estilos y rangos de precios. 



En total, dieciséis etiquetas, presentadas todas a ciegas y degustadas en cuatro tandas, tal como se indica a continuación:

1ª tanda: apertura con Inéditos

Inéditos Bonarda Pura 2011 (Passionate Wine)
– Inéditos Bonarda Pura 2012 (Passionate Wine)

Me interesaba mucho saber cómo había evolucionado el maceración carbónica 2011 de Matías Michelini, y de paso ver qué nos presentaba la nueva 2012.
Como primera parte de la prueba, el 2011 resultó espectacular. Fue una grata sorpresa comprobar que sus aromas crecieron en complejidad y que mantiene impecable su sabor y frescura natural. Si alguno lo imaginaba como vino del año, para “beberlo ya”, hoy le pongo “fichas” a que sus aromas pueden seguir creciendo en matices, sin perder la vivacidad que posee cuando recorre el paladar.
Segunda parte, mal. Cuando abrimos la nueva 2012, en nariz apareció una nota no del todo clara, algo que recordaba a medicinal, perturbaba sus aromas de nariz y directamente achataba los de la boca; evidentemente, una mala botella. Semanas después, tuve oportunidad de volver sobre una 2012 en una cata en Ozono Drinks y, a diferencia de la anterior, estaba muy bien.

2ª tanda: Los Alta Gama

Emma Bonarda 2010 de Familia Zuccardi
Gran Dante Bonarda 2009 de Dante Robino
Nieto Senetiner Bonarda Reserva 2007 Edición Limitada

Al revés que en la mayoría de las catas, en ésta preferí darle prioridad y poner la alta gama casi al comienzo, ya que iban a ser muchos vinos y temía que, si los dejaba para el final, pudiéramos perdernos de algo.
Si debo elegir uno entre los tres, me quedo con el Emma: distinto, fino, elegante, fresco y con muy buena nariz. Me recuerda a mermelada, florales; es súper equilibrado, y, si acaso tiene crianza en roble, no apuesta a dichos aromas para seducir.
Dentro del amplio espectro de consumidores, entiendo claramente que debe haber muchos que en este alto rango ($ 180 / $ 220) buscan más impacto, aromas de barrica y crianza. Pues bien, ellos se van a tener que inclinar por algunas de las otras dos opciones. En el caso del Gran Dante, con acentuados tostados aportados por su contacto con la barrica americana, una boca fácil de entender, y con posibilidad de crecimiento y de que se siga redondeando. En cambio, el Edición Limitada de Nieto se destaca por un bouquet bien terminado, pulido por el tiempo y sumamente bien ensamblado con la fruta madura. Resulta un vino complejo, a punto para beber y disfrutar hoy. De añada 2007 actualmente agotada, su precio puede ser algo complicado: por arriba de los $ 220, valor de la actual cosecha.


3ª tanda: Rango $ 50 a $ 69

Colonia Las Liebres 2011 de Bodega Altos Las Hormigas
Sur de los Andes Bonarda Argentina Clásico 2011
Dante Robino Bonarda 2010
Durigutti Bonarda 2008
Quara Reserva Bonarda 2010
Sin Fin Bonarda 2011 (muestra sin etiquetar)

Aquí hubo tres etiquetas que me gustaron: el Durigutti, por lo sabroso y equilibrado en boca; el Quara, por el carácter salteño con una madera que se acopla muy bien, herbáceos y especiados típicos (y en $ 55, una excelente RPC); y el Sin Fin, por lo moderno, inclinándose también hacia los especiados, con lindo volumen en boca y un acabado seco (una sorpresita, que me incita a querer conocer el resto de los vinos de la bodega).


4ª tanda: Rango $ 70 a $ 80

Val Costa Guala Bonarda 2011 de Val Costa Estate (San Juan)
Sur de los Andes Bonarda Argentina Reserva 2010
Serie A Bonarda 2010 de Familia Zuccardi
Trapiche Fond De Cave Reserva Bonarda 2010
Paz Bonarda 2009 de Finca Las Moras

Interesante esta última tanda, en la que me atrevo a decir que el nivel –pese a la diversidad de estilos– fue bueno, y más parejo.
Creo que el Serie A no fue favorecido por el marco: resultó un tanto ácido, lo que no es malo, pero tanto contraste con los pares no lo ayudó. A la brevedad le daré otra chance, bebiéndolo solo por botella.
El Fond De Cave mostró el estilo que caracteriza a la línea, pero sin perder el equilibrio; con la madera muy presente y bien ensamblada. Ideal para un menú más “power” o para los devotos del estilo. 
El Sur de los Andes Reseva volvió a hacer un papel tan bueno como en la cata de bonardas del año pasado (aquella vez había sido la añada 2008), con buen balance entre una boca que se inclina a ser ancha, y la fluidez o soltura que logra dentro de ella.
El Paz, proveniente de antiguos parrales del Valle de Tulum, con 15 meses de crianza en barrica, fue el que menos entusiasmo me generó, contrariamente a la opinión de los compañeros de mesa, que lo elogiaron y bastante. 
Dejo para el final al que creo fue mi preferido de esta tanda. Se llama Val Costa Guala, un sanjuanino cuya crianza combina roble francés y americano. Según me “chusmearon”, su elaboración es asesorada por Roberto de la Mota. Se trata de un vino elegante y expresivo, de un paladar muy ameno y equilibrado, de esos sabrosos que te invitan a seguir bebiendo y que poseen todos sus componentes en la justa medida.


Terminada la cata y observando que, a pesar de que fueron muchísimos los bonardas que faltaron, vuelvo a llevarme una buena impresión, con vinos que, para sus respectivos segmentos de precios, me dejaron satisfecho. Mentiría si dijera “todos”, pero un 75% los recomendaría o al menos, sin dudas, los volvería a comprar.

Y como digo siempre: ¡prueben bonardas! Denle muchas oportunidades a esta cepa, y no caigan en intentar compararla con el malbec o el cabernet. Acéptenla con el carácter frutal tal cual es, y busquen cuál puede ser su momento o compañía ideal, que seguro los habrá y muchos.

Gracias a quienes colaboraron en conseguir algunas de las muestras, especialmente a Francisco de la Logia Petit Verdot.

sábado, 5 de mayo de 2012

“Malamado, buenos compañeros y nueva versión”




No sé a ustedes, pero a mí me ocurre que cuando como una picada con diversos ingredientes (fiambres, chorizos secos, quesos, aceitunas, conservas en aceite o vinagre), no encuentro vino que comulgue de manera ideal con la totalidad de los sabores, altos en contenido graso, además de salados e inclusive algunas veces hasta picantes; esos sabores casi extremos que suelen distorsionar el gusto en los vinos tintos y esconder directamente el de los blancos.
En esta oportunidad quise disfrutar de mi picada a pleno y decidí acompañarla con el Malamado Extra Dry de la Bodega Familia Zuccardi: un vino fortificado y seco, compuesto por un corte de uvas blancas (Chardonnay, Viognier y Torrontés), elaborado mediante una vinificación tradicional, que fue encabezado con un aguardiente de 70° de alcohol (destilado de vino Viognier) y que luego reposó en barrica francesa.
El ataque seco, la potencia de su alcohol resultante (casi 20° Alc.), más la complejidad aromática que le otorga la crianza, son todos componentes que colaboran a arrastrar y combinar de manera única la diversidad de gustos que nos entrega una tabla como la detallada al comienzo.
Su color es dorado; sus aromas finos me recuerdan a frutos secos, vainilla (actualmente también puede notarse fruta algo madura de la evolución). En boca su ataque es seco aunque también posee cierta sensación grasa (untuosa), pero siempre fresco y sumamente equilibrado.
Creo que en nuestro mercado no hay productos nacionales de este estilo y calidad. Pese a que se encuentra en la góndola hace cerca de seis años, hay muchos consumidores que aún no lo descubrieron y se están perdiendo de disfrutarlo, ya que según me rumorearon es dudosa su continuidad en el mercado.
Pero si hay una bodega que por suerte apuesta, no se queda quieta y no mezquina en innovar, ésa es Familia Zuccardi. El año pasado, en mi visita a la misma, tuve la fortuna de poder probar un vino nuevo llamado Solería 2008, que también es un fortificado, pero 100% de uva Torrontés, con crianza en barrica de tres años y que cuenta con la particularidad de que las mismas estuvieron expuestas al sol. Saldrá a la venta este año, estimo que se denominará Solería Torrontés Licoroso y se ubicará en un segmento más arriba que el Extra Dry, alrededor de los $ 130/botella.
De ahora en más, especial doble atención al debut del Solería: un torrontés “fino” y de un estilo novedoso. Y para quienes aún no lo conocen, recomiendo probar el “solitario” Extra Dry antes de que se acabe.



La foto del Solería fue tomada del usuario @pilgrimwines  (Martin Vols) en Twitter

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