miércoles, 23 de junio de 2021

"Un lugar, dos amores"

La primera vez que lo vi a Andrés "el vasco" Biscaisaque, fue en el 2015 en "la cueva"; había venido a traerme un par de vinos para probar, eran sus dos primeras elaboraciones, una de ellas me había gustado mucho; recuerdo que ese vino se llamaba Alfil, la añada era 2014 y en el frente de la etiqueta declaraba algo muy particular "Elaborado en Burzaco, Buenos Aires".

Me quedo muy grabada aquella etiqueta, y del vasco el recuerdo de un tipo de hablar muy pausado, que se declaraba enamorado de la montaña, y que esto del vino le había pintado medio como espontaneo, quizás en ese momento mal pensé que había sido de casualidad.

Él no venía a traerme vino para vender, simplemente quería compartirlo, escuchar mi opinión, tampoco en realidad sé porque se había molestado en venir hasta la cueva; pero qué bueno que eso haya ocurrido, porque me había caído muy bien, sin saber si algún día el mundo del vino nos iba a volver a cruzar.

El tiempo fue pasando, tuvimos algunas pocas oportunidades de juntarnos a charlar, y a partir de la vendimia 2018 retomó con sus elaboraciones año a año; las cuales no solamente fueron creciendo lentamente en volumen, sino también se sumó alguna etiqueta.

Hace pocas semanas, en un viaje relámpago a Buenos Aires, vuelvo a recibirlo en la cueva; llegó con una caja bajo su brazo, mayoritariamente vinos 2020 para probar en primicia, y lo más importante con tiempo para quedarse a charlar.

Sabía que tenía mucho para contarme, hoy con una bodega casi terminada en Barreal; dos etiquetas, Alfil y Los Dragones, circulando lentamente por pocas vinotecas; y algunas próximas ya en botella y con muchas ganas de empezar a mostrarse.

Consultando sobre su historia, me contó que a los veintiún años cursaba la carrera de comercio exterior, y si bien ya tenía un empleo relacionado, ya sabía que no era el ámbito de trabajo que deseaba para el resto de su vida.
Hasta allí su hobby había sido escalar montañas, tomar cursos, viajar; llegó el momento de decidirse en hacerlo con más profesionalismo, en un principio empezando a vender equipos de montaña, más tarde armó un muro de escaladas y empezó a trabajar de lleno en ello.

Descubrir ese mundo, la montaña, la aventura en ese nivel le dio mucha motivación sobre todo para transmitir su experiencia y trabajar como instructor; con intenciones de abrir puertas a más gente, armó un Club en Buenos Aires, y sus viajes a la cordillera cada vez se hacían con más frecuencia.

Hace como 20 años, entre uno de esos tantos viajes que lo llevo por el mundo (Nepal, Bolivia, Chile, Perú, Ushuaia), llegó a Calingasta, San Juan, para escalar la cara sur del Cerro Mercedario. Fue allí, me confiesa, que se enamoró del lugar con el que tuvo una conexión instantánea y mucho más allá del paisaje. 
Con un compañero de expedición vuelven en el 2013 a escalar a Barreal, en donde ya conocían a la familia Bugallo, y con quienes con los años se hicieron cada vez más amigos; ahí ya estaba Francisco "Pancho" Bugallo con el proyecto Cara Sur; y al observar que al vasco y su amigo les copaba mucho el vino, los invita a hacer vendimia en el 2014. 


Terminada ésta lo convence para que se lleve uva en un tanque de plástico a Buenos Aires; imaginen que por motivos obvios el viaje era preferible hacerlo de noche, y aprovecharon el mismo para hacer una maceración en frio con bidones de hielo bien desinfectados que llevaba en su interior. 

Así es como el vasco, con casi nada de experiencia, se encuentra una mañana en Burzaco, elaborando su primer vino; a falta de los recipientes clásicos, se encargó de juntar damajuanas de 25 litros para iniciar aquella vinificación; guiado constantemente por las llamadas de Pancho y la información que podía recoger en internet. Ese vino llevo impreso en su etiqueta "Elaborado en Burzaco", era el que les dije que me había encantado, cargaba una historia especial, claramente imposible de volver a repetir.

A las vendimias siguientes volvió siempre a ayudar a Cara Sur, la pasión por el vino crecía empezando a ponerse a la par de la de la montaña, me resalta que también aprendió mucho junto a Pancho y Seba Zuccardi; Cara Sur es el proyecto de Pancho, Seba y sus respectivas compañeras; reconoce que todos siempre fueron muy generosos con él, compartiendo sus experiencias y conocimientos.

En el 2018, empezó a considerar mucho más fuerte en hacer sus propios vinos, para ese entonces ya había decidido ir a vivir a Barreal, y su casa de Buenos Aires se transformó en un club social, la cual hoy está a cargo de toda aquella gente que él mismo ha formado.

Y en medio de esta charla surge cuánta relación existe entre estos dos mundos que eligió el vasco; ese costado de arte, aventura, dedicación, cuidados estrictos, que requiere el andinismo, por ejemplo al momento de organizar una expedición; comparado con todos los del vino, los cuales son bien familiares para nosotros. Sabemos de la importancia de cada detalle durante un año en la finca, y luego adentro de la bodega. Soy un convencido que esos vinos que conmueven, nada sale al azar, es el resultado de una infinidad de variables, empezando por los lugares, el clima y sobre todo el cuidado y respeto de las personas.



Sumado a todo lo anterior, se denotó ese gusto del vasco por comunicar, cualquiera de las dos actividades; lo disfruta me dice, y para hacerlo mejor con el vino, en medio de todo lo que cuento, además se ocupó de cursar la carrera de sommelier en la EAS de Mendoza.
En un principio su idea original era una bodeguita en un terreno pequeño, pero sus dos hermanos lo incentivaron a hacer algo más grande, compraron una finca de 5 hectáreas "peladas", era pura piedra recuerda, en el centro de Barreal.

Entre los tres y con la ayuda de unos créditos provinciales, hoy están terminando la bodega que tendrá una capacidad aproximada de 70000 litros. De la totalidad del terreno, 3 has serán plantadas, el resto lo ocupa el edificio, y corredores biológicos; el objetivo de estos últimos es salir del típico mono cultivo, para tener un sistema más sano y equilibrado en toda la finca; me aclara, con la biodiversidad de especies, logras suelos más vivos, riqueza natural.
Recién en este 2021 pudo elaborar dentro de la nueva bodega, en el 2018 la había hecho en Cara Sur, en el 2019 en unos huevos de hormigón en su casa, y en el 2020 caso similar, pero en la finca nueva. Lo traslado a cantidades en el 2014 habían sido apenas 400 botellas, en el 2018 600, en el 2019 5000 entre las dos etiquetas, y 2020 12000 entre las etiquetas que les mencionaré sobre el final de la nota.

Entre las novedades 2020 habrá una línea nueva que se llamará Maida, y la formarán un blanco y un tinto, será una línea de entrada, ubicándose por debajo de Alfil.


Todos los nombres que utilice el vasco para sus vinos siempre serán cerros que haya escalado; a Alfil, y Los Dragones, ahora se le suma Maida.

Él me contó la historia de cada una de esas escaladas, los motivos de los nombres, y todo tiene un porque; perdonen si lo paso por alto, pero con los testimonios que tiene, creo que se podría hacer una nota nueva con sus experiencias al respecto.


Maida Tinto 2020 es un corte de un antiguo parral de bonarda y un joven espaldero de malbec, aún se está por definir el compañero blanco. Por allí probamos un torrontés mendocino, despalillado y fermentado con algo de pieles, crianza en huevo con un poco de velo, 3/4 meses en barricas nuevas de 500 litros y sin filtrar, que me encantó. Atención, torrontés mendocino es la variedad, la mayoría de los torro que están en nuestro mercado son riojanos, se caracterizan por ser bien aromáticos estos últimos; el destino de este blanco particular probablemente salga como Dragones.

También probamos el nuevo Alfil 2020, criado en huevo de concreto, bonarda cofermentado con 5% de torrontés, le encontré más nervio e intensidad creo que añadas anteriores, el vasco opina que es un vino que todavía le falta botella y coincido, también es la cosecha que más me gustó al momento.

La novedad es el Alfil Claret 2020, una combinación inversa al del tinto; 95% torrontés, el resto bonarda junto a un "chorrito" de criolla, cofermentado con pieles, 6 meses en huevo de hormigón y 3 en barrica francesas usadas. Una frutita muy fresca, tirando a roja a la par de algo floral; un vino que me dejó pensando, y me gustaría volver a probar.

Otra buena noticia es que en el 2020 Los Dragones será un Syrah, proveniente de una finca que está en el extremo norte del Valle de Calingasta, sobre la cuenca del Río Castaño, un lugar que se llama Puchuzun, zona bien pedregosa a 1650 msnm. El vasco se enamoró de esa uva cuando la vio, por ello decidió elaborarla; cosecha temprana, crianza en huevo de hormigón con un pequeño porcentaje de racimo entero; gran intensidad aromática con ciertos tonos minerales, suavidad, frescura y longitud en el paso por boca. Vinos del extremo norte al sur del Valle, el vasco está decidido a hacer.

Y el sexto vino de la caja, era un Alfil 2018, el vasco trajo una de las últimas botellas que le quedaban en su cava, para comprobar la buena evolución que estaba llevando, igualmente considero que las añadas más recientes contarán con algo más de potencial.

Adivinar que estaba cocinando su madre cuando llegaba a su casa después del colegio, era algo que le apasionaba al vasco de pibe, descubrir qué rico plato lo esperaría a través de aquellos aromas que lo recibían; casi como sin querer desde chico desarrollando su olfato, al que hoy considera su principal herramienta de laburo; afirma que es un autodidacta, que aprendió de la experiencia, y de probar continuamente ante la toma de cada decisión; entre medio de esos recuerdos, no faltó también el de su padre quien además de ser un gran bebedor de vinos, acostumbraba a añejarlos, vivía todo un culto alrededor de ello; seguramente sus decisiones no fueron de casualidad, porque todo mucho tuvo que ver con este nuevo camino que eligió, sin nunca descuidar su primer amor, el de la montaña.

domingo, 30 de mayo de 2021

"Mi estrella, mi camino"

 


¿Esta noche te esperamos y trae tu vino para probar? eso le dijimos a Noelia Juri cuando la conocimos en Mayo del 2017 el día que visitamos Zorzal Wines, en el marco de un #MrWinesTour. La jornada terminaba en una degustación y asado con Matias Michelini en la bodega del Mono, y ahí aprovechamos en reencontrarnos con "la Noe" para probar su primer vino.

Ya caída la noche en Tupungato, en la previa del encuentro con Mati, todavía recuerdo el tremendo frío que hacía, las pocas palabras de Noe y un Merlot 2016 que era recibido con muchos elogios por los cueveros, a la par del típico - aún le falta un poco de botella - , continuó - y ahora también queremos probar el bonarda!. Todo mientras yo le recordaba reiterada veces a Noelia que ni bien tenga sus vinos listos para salir me avisé primero, así de manija saben que me pongo cuando algo me entusiasma. 

Creo que es una chica bastante callada, así como de perfil muy bajo, al menos eso demostraba; la sentí como medio en contraposición a su vino que ya nos había dicho bastante, aclaro que bastante no necesariamente significa cantidad, en este caso me refería más a esas sutilezas con las que nos gusta encontrarnos. 

Recién cuando le propuse cruzarnos en algunas charlas para escribir esta nota, logré conocerla, escucharla mucho; comenzando por su historia, desde muchos antes de llegar a Zorzal hasta los varietales Najmay (malbec - bonarda - merlot) que estamos disfrutando hoy.

Nació en Tupungato hace 30 años, y salió de su lugar únicamente cuando se fue a la Ciudad de Mendoza para estudiar en la Universidad Tecnológica. 
Su contacto con la viña fue desde muy pequeña, gracias a una finca que compró y plantó su abuelo en el año 1974, al principio un parral de bonarda, y mas tarde(1992) su padre también sumó malbec y merlot; actualmente la lleva adelante su hermano Nicolás(25), "el viticultor de la familia" así le gusta llamarlo ella.




Vuelvo a cuando Noe era piba, la viña era casi como su patio de juegos; vivir la vendimia en familia, y siempre esa incertidumbre de en que botella terminaría la uva que producían para vender a grandes bodegas; la magia de su transformación en vino, y cuantos motivos mas para que terminada la secundaria eligiera sin lugar a dudas la carrera de enología para su futuro, no barajaba ninguna otra opción.

En el 2008 comenzó la Licenciatura en Enología que le llevo algo más de cuatro años, hasta que en el 2013 regresa a Tupungato para completar su carrera con una pasantía en bodega; le llevo varios meses conseguirla, hasta que le presentan a los hermanos Michelini y rápidamente se pusieron de acuerdo para concretarla en Zorzal, donde terminada renueva contrato sólo por algunos meses más; recuerda de aquella época, aprender también mucho junto a Cristian Morelli, encargado de la bodega por esos años, y otro joven productor muy cercano a los cueveros.

El 2014 la encuentra haciendo vendimia en Finca Sophenia, una bodega vecina, que en aquella época en la conducción se encontraba German Masera; el trabajo de Noe allí fue 100% laboratorio; lo positivo de la experiencia, conocer otra área y que sirva para darse cuenta que la actividad que verdaderamente disfrutaba tenía más que ver con la libertad de caminar la finca y seguir luego con el trabajo duro de elaboración en bodega. 

Ese año también tuvo oportunidad de hacer vendimia y elaboración pero en Sonoma(EEUU), experiencia completamente diferente a las anteriores; bodega enorme, vinos más de manual y cumplir estrictos protocolos; nada más lejos de aquella primera experiencia junto a los Miche; precisamente reconocidos por una enología más sensitiva, ahí donde los procedimientos se toman por degustación, donde la sensibilidad y la intuición toman decisiones, y donde Noe se siente claramente más a gusto; es por ello es que en el 2015 vuelve a Zorzal ocupando diversos puestos en la bodega hasta la actualidad.

En el 2016 le nace esa necesidad de empezar a desarrollar algo alrededor de los viñedos de la familia, aplicar todo aquello que aprendió en Zorzal, valorizar el trabajo de su abuelo y sobre todo el de su padre, que lamentablemente desde el 2013 ya no está; y con la idea que su proyecto personal, sea además el medio para seguir uniendo a la familia, su madre y Nico desde la finca, su hermana Pamela(32) empezando a meter un pie más en lo comercial, y hasta su prima aportando desde el diseño e impresión de las etiquetas.
Precisamente decide a su marca llamarla Najmay, que significa "mi estrella" en árabe, lo eligió precisamente para homenajear a su padre, por su descendencia y porque así lo siente cada día, una estrella que siempre esta a su lado.




En buena parte de la charla "la Noe" menciona a "los Miche"; así como en un agradecimiento continuo, dice que son muy generosos, y que fueron fundamentales para decidir el camino que eligió, sobre todo Juan Pablo Michelini, lo llama su "Gran Maestro". No solamente porque aprendió mucho junto a él, sino porque la apoyó siempre mucho para no ponerle techo a su carrera. Desde el 2016 está como encargada en la bodega, y sus opiniones cuando evalúan vinos para tomar decisiones son muy tenidas en cuenta, y a ella la hace muy feliz. 

Ahí no dudé en llamarlo a Juanpi Michelini para que me cuente más sobre su "gran compañera", porque así la presento mientras me decía - La Noe es una mujer con una sensibilidad increíble, que a ayudado a crecer en calidad, definición, y pureza a los vinos de Zorzal; en ella pongo toda mi confianza, porque con el correr de los años, colaboró a elevar el nivel de nuestros vinos. También destacó la calidad de sus vinos de familia(Najmay); y por allí la remató con algo que desconocía, un semillón en el que enteramente está trabajando Noe para Zorzal, que dará que hablar me dijo, y que no me animo a spoilear más, porque creo que será de partida muy limitada.

Vuelvo a los vinos, aquella primer vendimia fue vinificada en La Milonguita, y éstas más recientes en La Cantina(Tupungato); ambos espacios conducidos en sus respectivos momentos por Andrea Mufatto y Gera Michelini, con quienes Noe también se encuentra muy agradecida; y creo que es una buena oportunidad para contarles que "Cantina MIM" es el espacio pegado a la bodega, para recibir turismo, donde se puede visitar para comer y degustar vinos. 

Me olvidaba, la finca familiar está ubicada en Cordón del Plata, bien cercano a Gualtallary pero más al sur; posee aproximadamente 23 hectáreas, de las cuales 14 están ocupadas con viñedos, pero calculen que si ella vinifica entre todas las variedades no mucho más que 1500 botellas, representa un porcentaje muy pequeño sobre el total.

Camina mucho la finca para elegir aquellos sectores o hileras especiales, esas que posean mayor equilibrio serán las destinadas para sus vinos; pero en este 2021 la búsqueda la enfocó más aún, poniendo mayor atención a los suelos; porque fueron dos malbec de diferente edad y diversos suelos que decidió micro vinificar por separado para mostrar sus particularidades; el más antiguo, proveniente de suelo más arcilloso, otorgando fruta con un grano más grande; el de más al este, con un suelo más arenoso, no sólo los granos, sino también los racimos se muestran más pequeños; hoy ambos criándose en barrica, y a pesar de ser vecinos cercanos, poseen claras diferencias cuando se degustan .

Por diversos motivos no vinificó todos los años. Aquellos dos debutantes que mencioné al principio fueron 2016. Hoy están en la cancha Bonarda 18, Malbec 18 y Merlot 19; en el 18 no hizo merlot porque se había pasado el punto de madures que ella consideraba ideal.
Por falta de tiempo en el 2017 no elaboró y por pandemia en el 20 tampoco. 2019 sobre todo para suerte nuestra habrá de los tres varietales, y como comenté en el 21 probablemente las dos versiones de malbec solitas.

Preguntándole  sobre la elaboración y crianza me cuenta - tanque de PVC para la vinificación, crianza siempre 100% en barrica de varios usos(4to/5to), confirma - me gusta como redondea y afina los vinos -
Pero el arte me doy cuenta que pasa por como combina entre vino despalillado, racimo pisado y racimo entero; dependiendo de la variedad, la añada, la madures de la uva y de la del raquis; en función de todo ello va variando los porcentajes de cada componente y de los tiempos de maceración, obviamente tomando decisiones por degustación, nada de receta como ya dijimos.




Tengo el vago recuerdo de aquellos vinos 2016, y obviamente bien presentes los varietales actuales, considero que hubo un claro crecimiento en calidad; los nuevos están mejor terminados, los siento algo más profundos. La Noe hace vinos de perfil fresco, donde la fruta se muestra con gran nitidez, vinos que recorren la boca a lo largo, que son vibrantes, y que en el fondo aspiran a fineza y elegancia. 

Una vez mas encontramos conviviendo el proyecto hiper pequeño, con los grandes sueños; ahí donde las personas, los lugares, las historias, se mezclan para darnos vinos únicos; donde nada se puede hacer sin generosidad, trabajo y humildad; donde siempre son necesarios motivos que inspiran, amigos, familia; donde no se fuerza nada, para que salgan así, como de manera natural; donde siempre hay estrella para seguir, aunque los caminos se hagan mas largos, Noe tiene la suya que no deja de acompañarla y hoy a través de sus vinos tuvimos la suerte de conocer.

domingo, 23 de agosto de 2020

"Descubrir y seguir cada jugada"



Dicen que hay personas que se encargan de ver los partidos de fútbol en las categorías inferiores de los clubes para descubrir a los jugadores que tienen un talento especial, y entonces contratarlos tempranamente porque ven en ellos una condición que los destaca, un futuro.

Salvando las distancias, en este camino de vinotequero, en el que trato de especializarme en jóvenes y pequeños proyectos, uno también va adquiriendo esa habilidad para después de un encuentro, charla o degustación, entender hacia donde está eligiendo ir cada productor que uno tiene en frente.

Pero, a diferencia del fútbol donde además de actitud debe haber una cuota natural de habilidad en el joven jugador, creo que en el vino a este último atributo prefiero reemplazarlo por la palabra sensibilidad, o ambición por entender, por profundizar.

Cada vez que menciono la palabra sensibilidad, saben que no me refiero al momento de catar, sino a esa capacidad para poder sentir o entender con claridad hacia donde se pretende ir. Estar convencido de tal o cual búsqueda, no dejarse llevar por "modas" pero si por lo que uno siente y, sobre todo, por lo que lo hace feliz.

No hace tanto que conozco a Pablo Marino, en realidad nos habíamos cruzado hace algunos años cuando se estaba armando Casa Petrini y Pablo acompañaba en esa tarea a Ariel Angelini, pero nada sabía yo en aquel momento de su carrera.

Hasta que no hace más de tres años, cuando tuve oportunidad de probar sus primeras elaboraciones, estas me motivaron para conocerlo más, invitarlo a la cueva y precisamente confirmar cuánto esas charlas tenían que ver con los vinos que íbamos degustando, reconocer aquella sensibilidad o sana ambición que les mencionaba.

Ahí es el momento en que uno percibe que todo se condice. Creo que esa es la palabra exacta.

Uno logra sentirse como aquel buscador de promesas futbolísticas, pero en este caso no fue una gambeta que lo enamoró, sino esa capacidad para intentar interpretar un terroir y de la manera más franca; y digo intentar porque apenas es su comienzo y nada se construye con apenas unas vendimias, eso ya lo sabemos todos.

Fue Oid Mortal Malbec aquel primer vino que me abrió la puerta a probar otro proyecto donde también participa Pablo que se llama "Somos Berracos". Empecé a seguir más de cerca su carrera que, en la actualidad, se distribuye entre los dos que mencioné, su bodega familiar que se llama "Anchayuyo" y la bodega en donde se desarrolla como su primer enólogo que es "SoloContigo Wines", esta última ubicada en pleno corazón de Los Chacayes, dentro de "The Vines".
Si bien podría hablar sobre la actualidad de los vinos de cada una de esas marcas, no quiero dejar de repasar la carrera de Pablo, que pese a su juventud, desde pequeño siempre estuvo muy relacionado al mundo de las bodegas y de la finca a través de su familia.

Su padre es enólogo, los abuelos paternos han sido encargados de fincas en la "Zona Este" cuando él era pequeño, aunque más tarde se mudaron a Valle de Uco, más precisamente a Tupungato. De esa misma zona son sus abuelos maternos, quienes también en alguna época habían tenido viñedos, es decir, sus raíces son innegables desde ambas partes.

Y el hecho de conocer las bodegas desde chico, cuando acompañaba a su padre, siempre lo tuvo viviendo con la intriga de conocer con más detalle todo lo que acompañaba aquella transformación del mosto en vino; y fue por ello que cuando terminó el secundario, donde estaba entre estudiar enología o música, decidió empezar por la primera para entender más a fondo de qué se trataba. Continuó con la música pero más como un hobbie.

Después de tomar la decisión en el 2005 comienza la carrera en la UTN, hace la técnicatura, y sus primeras pasantías en el año 2008 las realiza junto a su padre en la bodega Estancia Mendoza en Tupungato.

Aquella primera vendimia la recuerda por haber sido intensa, pesada, aunque a pesar de ello lo incentivó a seguir estudiando. Continuó con la licenciatura, a la par que en el 2009 ingresaba a la bodega Jean Bousquet, de donde conserva muy lindos recuerdos - “la bodega era nueva, eramos pocos y aprendí mucho, siempre trabajando con libertad, ideal para curtirnos y poder aplicar toda esa teoría que habíamos visto en la facultad”.

En el 2010, mientras rendía las últimas materias y le daba una mano a su viejo, logró viajar a Napa Valley para trabajar en una bodega a la que había enviado su CV.

Aquella vendimia en Napa le abrió mucho la cabeza, recuerda, ya que a pesar de haberlo tenido tanto tiempo fuera de su casa, lejos de su familia y amigos, el estar cuatro meses abocado 100%, junto a varios profesionales, a la elaboración, siguiendo de cerca centenares de micro vinificaciones con diferentes protocolos, todo en una bodega que elaboraba para terceros, lo hizo enamorar aún más del vino.

Haber elaborado cantidad, pero a volúmenes tan pequeños, le despertó la idea que ni bien regresara a la Argentina podría encarar su primera pequeña vendimia, y así se concreta en el 2011, junto a su compañera Amparo March y en el garage de la casa de su padre.

Durante el día vendimiaban para su nuevo emprendimiento, mientras que a la noche trabajaban en la bodega Masi Tupungato.

Destaca que allí conoció otras tecnologías, empezó a entender de qué se trataba lo orgánico y conocer variedades no tradicionales como rondinella, corvina o ancellota.

A la par de esos trabajos, ahí por el 2012, nacía Anchayuyo, vendimia en casa, pero con algo más de producción; mientras comenzaba con el armado de los viñedos en Casa Petrini.

En paralelo a su desempeño en Petrini, continuaba creciendo Anchayuyo, no solamente llegando a las 25000 botellas y con la necesidad de vinificar en una bodega de terceros, sino también en cantidad de etiquetas, cinco en aquel momento.

Junto a una pareja de amigos en el 2016 nace "Somos Berracos" y en el 2017 "Oid Mortal", solamente junto a Amparo. Para diciembre del 2017 se desvincula de Casa Petrini.

Es a fines de la vendimia 2018 que se suma al equipo de trabajo SoloContigo, en esa época asesorada por Juampi Michelini.

Conozco esa bella bodega de Los Chacayes desde sus comienzos, pero es en estos últimos años, gracias a la llegada de un nuevo equipo técnico, sus vinos me empiezan a cautivar cada día más.

Luego volveré sobre SoloContigo y algunos vinos. Comenzaré contando un poco sobre cada uno de sus proyectos personales y qué identifica a cada uno de ellos.

El primero que mencionamos fue Anchachuyo, varietales que muestran identidad del lugar, sobre todo de zonas de Tupungato y de las que no se hablan mucho, como La Arboleda, Villa Bastías, El Zampal o Cordon del Plata; resumiendo, viñedos antiguos, de Tupungato en general y de baja producción.

El Anchayuyo Cabernet Sauvignon 2019 me parece un imbatible de relación precio/calidad, expresivo, de entrada amigable, sabroso y en un segmento de precio súper amigo, hoy apenas llegando a los $400 la botella, recomendable para aquellas personas que no se le animan al cabernet porque dicen que es "muy fuerte".

Mostrar únicamente un viñedo, de eso se trata "Somos Berracos", además de Amparo es el proyecto que comparte junto a Martin Gabrieli y Liza Videla, y es elaborado con la fruta que proviene de una finca centenaria en Villa Bastías; viñedo bajo, con muy poca producción y variedades como malbec, bonarda, sangiovese y semillón.

Y si bien hay un blend que combina todas las tintas plantadas, es el blanco el que siempre me gustó destacar; una vino más de boca, directo, sutil, seco, fresco; haber sido fermentado con pieles y criado con finas borras durante seis meses le aportó cierto volumen en boca, y sus aromas se comparten entre algo meloso, suave frutal y el típico mineral; estará llegando en breve a las vinotecas el Somos Berracos Semillón 2019, a estar atentos.

Oid Mortal es básicamente con uva proveniente de El Peral, y como les comentaba al principio el que comparte junto a su compañera Ampi, así la llama él, desde que se conocieron cuando eran adolescentes, y se pusieron de novios en el 2006; a pesar de la diferencia de edad entre ambos, porque Pablo es tres años mayor, cursaron la misma carrera, se casaron hace 5 años, y tienen una niña que se llama Nina.

Si bien hay varios varietales y buenos como un pinot noir y un merlot en la línea, y que suelen tener mucha aceptación entre quienes lo prueben, en lo personal me encanta lo que logra con el malbec; esa sensación de jugosidad, frescura, pureza, es ahí cuando meto el termino "vino desnudo", que algunos suelen criticar y para mi es uno de los más bellos atributos.

Pablo considera que forman un buen equipo; él algo más volador, soñador, y ella quien le ayuda a que esos sueños se vayan concretando, y encargándose más de la parte administrativa; obviamente a la hora de armar cortes y tomar decisiones sobre los vinos, siempre lo hacen juntos; dos o tres veces por semana suelen probar sus elaboraciones, y si bien comparten bastante el gusto del vino, considera que tienen diferentes puntos de vista al momento de tomar una decisión y buscarle el punto final.

También valorizan viñedos viejos, que si bien en su mayoría son de El Peral, no quita que pueda haber algo de Gualtallary o San José, dos regiones que también los entusiasman mucho; si bien hasta ahora Oid Mortal nos mostró siempre vinos jóvenes me adelanta que están trabajando en líneas de alta gama.

Quizás alguno ya había tenido oportunidad de conocer los proyectos de Pablo que mencionamos a través del grupo de "Los Productores Amigos" donde él es miembro desde su comienzo. Me destaca Pablo lo mucho que les aportó el grupo porque les ayudó, a través de ferias o diversos eventos, a llegar a nuevo público, cosa que de intentar hacerlo solos les hubiera sido casi imposible.

Además destaca la buena camaradería que se vive entre todos los pequeños productores que lo integran, y que el hecho de estar en constante contacto, pudiendo mostrar sus elaboraciones y compartiendo opiniones, es mucho lo que les aporta para seguir mejorando y creciendo.

Vuelvo a las bodegas. La cuarta sería SoloContigo, el único proyecto fuera de Tupungato, porque es 100% finca propia de Los Chacayes.

Además de trabajar en la búsqueda del malbec más puro de la región, así me dice Pablo, la bodega cuenta con algunas variedades mediterráneas plantadas que están dando muy buenos resultados.

Todo lo nuevo que tuve oportunidad de probar me resultó genial; de tener que destacar uno, hoy les recomiendo el Develado Syrah-Garnacha 2019, esta línea que se la reconoce por co-fermentar en tanque de acero; en este caso al ser dos variedades con diferentes puntos de madurez, colaboran a que el vino tengo algo más de profundidad y complejidad en boca; el racimo entero durante la fermentación, a los especiados de la variedad le suma un toque herbáceo, pero todo sutil, moderado, integrado; este corte se lo puedo recomendar a un abanico grande de consumidores y a pesar de ser variedades no tradicionales, igualmente les caerá muy cómodo.
Hay una renovación importante en el portfolio de la bodega, en lo personal estaré atento a cada nueva etiqueta que vaya apareciendo.

Vuelvo a Pablo y Ampi, con una noticia creo que tan linda como cuando nació Nina porque están armando su propia bodeguita, que estará ubicada en El Peral, pensada exclusivamente para hacer micro vinificaciones, con una capacidad máxima de 20000 botellas.

Cada vez que escuché hablar a los chicos sobre Tupungato pude percibir que uno de sus sueños era poder embotellar de la manera más pura posible, cada uno de esos lugares que mencionábamos al principio, en algunos casos con antiguas fincas, y con mucha historia para rescatar; hablaban de viñedos de 50/60 años en El Zampal, o de 30/40 en El Peral y Cordón del Plata entre otros; para ello pensaron en una bodega con vasijas más pequeñas y no solo vinificar parcelas. Si lo amerita, es también tener la posibilidad de elaborar por separado pequeñas partes dentro de las mismas; para ello las vasijas proyectadas para la bodeguita se reparten entre 3/4 piletas de 2000/3000 litros, tanques de acero entre 500/2500 litros, y aproximadamente 10 barricas de 225 y 15 de 500l.

Y aquí vemos como van naciendo y afirmándose cada proyecto con una clara identidad propia; seguramente un cazador de talentos en el fútbol sienta que su trabajo es exitoso una vez concretados resultados, fama o buenos contratos.

Pero yo me siento mucho más afortunado que éstos buscadores de futuros cracks porque ya gané en el momento que empecé a caminar y a seguir bien de cerca cada una de las etiquetas de Pablo, aunque sea jugando para diferentes equipos, y el hecho de ver con claridad las jugadas que está haciendo y las que están por venir es lo que más me llena, y lo digo como ferviente hincha del vino, mucho antes que vinotequero.

miércoles, 18 de marzo de 2020

“El lugar lo hacen las personas"(el otro terroir)



Hace justo quince años, mientras tenía a una de mis niñas bien chiquita y la otra en la panza de mi señora, embalábamos en su totalidad el departamento donde vivíamos en Caballito con la idea de irnos a vivir a Florentino Ameghino; un pueblo de no más de 12000 habitantes ubicado a 420 km de la Ciudad de Buenos Aires.

La búsqueda de mayor calidad de vida era el motivo, sobre todo para que las niñas tuvieran una infancia más al aire libre, lejos de los miedos constantes de la gran ciudad, más tranquilidad para todos en definitiva.

Si bien en ese momento mi berretín por el vino ya se había despertado, era consciente que en pos de la paz y tranquilidad, estaba resignando todo aquello que me regalaba a diario el mundo del vino. Además, estaba seguro que sería imposible, en el año 2005, pretender vivir de comercializar vinos de marcas que eran nada conocidas, en un lugar con muy pocos habitantes y siendo yo un recién llegado.

Seguramente por la necesidad económica lógica de vivir, hubiera aprendido sobre otra actividad, animándome a confirmar que nunca hubiera desarrollado nada de lo que hice en Buenos Aires durante los últimos 15 años.

Por un motivo ajeno a mi pareja y a mi, ese destino nunca se cumplió, nos llevo bastante tiempo desarmar aquellas, cajas que realmente eran muchas, mientras algunos sueños se empezaban a derrumbar. Que sea como Dios quiera pensamos y aquí seguimos. En la ciudad de la furia.

En lo personal, como ustedes ya saben, desde hace largo rato haciéndome un pequeño lugar y un camino a través del vino.

Arranco un poco con mi historia, cuando en realidad lo que pretendo es hacer una intro para contar la de otros, probablemente la que en el 2005 me hubiera gustado empezar a mi, pero como dije creo que no hubiera sido posible.

Pero hay gente que sí la está haciendo, y seguramente haya muchos; hoy les quiero contar sobre dos de ellos, a los cuales ya conozco bastante pero quiero que ustedes también los conozcan, ya que pueden llegar a ser inspiración para otros que se encuentren en escenarios parecidos.

Al oeste de la provincia de Buenos Aires, cercano al Partido de General Villegas, se encuentra la ciudad de América, justamente no está tan lejos de Ameghino porque casualmente se encuentran a apenas 100kms de distancia entre sí, y en ambos casos la cantidad de habitantes no es tan lejana, porque la primera debe contar con no mucho más de 14000.


Y fue más o menos para la misma época en que con Nancy teníamos planeado emigrar, que Javier armaba su primer comercio, una despensa polirubro, de esas que hasta maxikiosco tienen, ubicada en el centro de la ciudad de América, y si bien el local no era tan grande, en la misma siempre tuvo vinos, los que el espacio acotado le permitió. Vale destacar que le interesaba mucho tenerlos y ofrecerlos a sus clientes.
Pero fue exactamente hace tres años que Javier hizo un cambio importante en su negocio ya que observaba que mientras alguien se detenía para elegir un vino en la despensa, el comentario o broma de algún vecino presente lo retraía a no comprar y fue ahí cuando pensó que era necesario tener un espacio donde el cliente que llegara con intensiones de llevarse alguna "botellita" pudiera relajarse y disfrutar de ese momento tan especial como es la elección.

El espacio elegido para ello fue un depósito pegado a la despensa, que gracias a la ayuda de seres queridos en poco tiempo se transformó en el nuevo "Wine Shop", o "la covacha" como le gusta llamarlo a él. Conservó el antiguo piso de pinotea, el escritorio del abuelo, y no hay día en que no piensa en detalle para mejorarlo, temperatura ambiente, luces y música que no puede faltar me aclara.

Un amigo cercano a la covacha lo contacta con algunos productores que no conocía hasta el momento, y un panorama que se empieza a despejar cada día más, notaba esa sensación de que la cosa puede ir por otro lado, al abrir el espacio para nuevos y pequeños productores; mientras la covacha empezaba a ser testigo de como aquellos "compradores de vinos" se iban transformando cada vez más interesados en informarse, aprender, conocer con más profundidad que es lo que van a descorchar antes de hacerlo.


 

“Poder traer otros vinos a mi ciudad y el momento en que la gente descubre la vinoteca al final de la despensa, son las dos cosas que más me llenan de alegría” dice.

Me aclara que además de tener una enorme variedad de etiquetas de vinos, más de 550 seguro, y donde la mayoría son poco masivas, tiene un rincón para fina cristalería, habanos y buena selección de destilados.

Javier se muestra muy agradecido con los clientes, amigos, seres queridos que estuvieron siempre cerca de él, y le ayudaron a llegar hoy a tener el negocio que soñaba, para poder trabajar día tras día en lo que más le gusta.


A pesar de todo ello, creo que él aún no sabe que lo mejor está por venir, porque junto a la vinoteca en un espacio de 42m2 , el cual antiguamente utilizaba como deposito, esta armando una sala de cata.

Agrandar el espacio para arrimar más gente al vino, público que quizás nunca se hubiera acercado sino fuera por cada una de las nuevas iniciativas de Javier. Imaginen si continuaba con la despensa original? Cuánta gente habría perdido la posibilidad de conocer nuevos vinos y de aprender más sobre ellos?

En los vinos solemos hablar de terroir, que las personas forman parte importante y decisiva en el mismo. Entonces, ¿por qué en nuestro terreno de las vinotecas a veces las personas no aprovechan para sumarle la impronta que lo pueden hacer especial?


Recién les presenté un caso, pero ahora quisiera contarles sobre otro, y es en la ciudad de Olavarría, lugar mucho más grande que el anterior, porque la cantidad de habitantes supera los 110000, pero al mismo tiempo también bastante alejado de Buenos Aires y sobre todo de su realidad. Esta última, para muchos, pareciera que fuera única, y me lo hacen sentir cada vez que me repiten la frase "Dios atiende en Buenos Aires".
Pero de vuelta, sin embargo, creo que son las personas que pueden cambiar ésto, al menos un poco, lo que si estoy seguro que no debería decirse nada si al menos no se hace el intento.


Obvio que se necesita tiempo, pero sobre todo trabajo, imaginación, ganas y más trabajo. No digo que sea fácil, así como tampoco es fácil cuando un productor se va a hacer un vino a mas de 2000 metros de altura para lograr algo con una personalidad especial, que si fuera por comodidad o seguridad nunca asumiría tanto riesgo, paciencia, o la gran inversión que ello requiere, innumerable cantidad de horas de camioneta seguramente tendrá que meterle hasta que llegue su primera buena cosecha.


Y si bien tiene todo tanto que ver para mi, vuelvo al plano original, que son estas "vinotecas especiales", que precisamente existen porque hay personas que se ocupan de hacerlas especiales.



Hablando de infinidad de horas, “muy difícil fue el arranque” - son las primeras palabras que salen de Luciano Starface el creador del "Club del Corcho" de Olavarria, a quien a partir de ahora lo empiezo a llamar "el corcho" aunque sus seguidores más fieles le digan "el pela"



Sigue: “partiendo de un alquiler muy caro, la intención de vender vinos nada conocidos para la mayoría de los consumidores y yo que al tener otra actividad era muy poco el tiempo que le podía dedicar; transcurrieron dos años y medio, que a pesar de hacer diversos eventos y en algunos casos tuvimos hasta visitas de lujo, no solamente no estaba claro el destino, sino que la venta de vinos seguía sin levantar. Tuvimos que parar la pelota, analizar la situación y replantearnos las cosas”.

Y continúa “si bien para mi socio de aquel momento la solución o alternativa era volcarse a las marcas comerciales, yo no estaba dispuesto a eso; estaba convencido que lo que faltaba era otra cosa, y una se llamaba comunicación, y que esa era la primera llave”, me afirma con seguridad.



Aumentó considerablemente la frecuencia de las degustaciones, dándole más protagonismo al vino, pero siempre comunicándolo desde bien abajo, mejor dicho en el mismo nivel donde la gente se sintiera cómoda, jamás desde arriba. Otro punto importante fue ver como acercar al productor más a la gente, si en una presentación no pudiera estar presente el mismo, buscar la forma de tenerlo cerca, así sea con una llamada telefónica, videollamada o audio de Whatsapp.


El proceso de trabajo terminó triunfando pero después de por lo menos cuatro años. Logró que aquella "chispita" que en un principio prendió en una decena de personas, poco a poco se fuera multiplicando, porque la gente a la vez también fue cambiando, involucrándose mucho más, sintiéndose parte y con el boca en boca acercando a nuevos amigos al Club del Corcho (CdC).


Vuelvo a comparar con la elaboración de vinos porque los hay muy buenos y de todo tipo pero cuando encontramos alguno que se destaca, y uno se empieza a interiorizar con el hacedor, empieza a comprender el porque de las diferencias. En el caso anterior las personas interpretando al lugar, en el nuestro, el de las vinotecas, construyéndolo cada uno a su manera. Digo esto porque también existen aquellos que se quedan sobre la comodidad de un mostrador, una vidriera iluminada, o una contundente promoción. Es decir que nunca intentaron construir nada, mucho menos tratar de diferenciarse.

Quería conocer más sobre el CdC y primero le consulte a Luis Scipioni, un "corchense" de la primera hora, de esa manera les gusta que los llamen a los seguidores del Club.

“El Club del Corcho para Olavarría es una propuesta muy distinta, aquí no hay el movimiento de otras ciudades más grandes. Uno estaba acostumbrado a las vinotecas más clásicas, en donde se encontraban marcas comerciales y en donde el dialogo con el vendedor solía ser bastante acotado. Pero con "el pela", haciendo referencia a Luciano, apareció una propuesta distinta; con vinos no convencionales, de proyectos más chicos, y siempre con la posibilidad de conocer o al menos escuchar a los enólogos o hacedores que están detrás de cada uno de ellos”
Conocer a esas personas te contagian pasión, probar nuevos y distintos vinos te cuestiona constantemente lo que uno toma, te mueve la vara, te corre los limites, el CdC le ha dado otra dinámica a aquellos que nos gusta mucho el vino y ha cambiado un poco la forma en que nos entendemos con esta bebida.


Fue Mónica, otra corchense, la que se expreso sobre quizás una cara más social del Club: “El CdC es un gran hallazgo en mi vida, un lugar donde la paso genial, al que espero cada semana saber cual será la próxima degustación para poder anotarme”. Y confiesa que “muchas veces nos corremos carrera para ver quién se anota primero, porque lógicamente las degustaciones tienen un cupo limitado”.



Continúa diciendo “somos desconocidos que nos hicimos amigos a través de una copa de vino, es un lugar de disfrute ante todo, mientras vamos aprendiendo de a poco sobre vinos, y en donde me hice amigos que no hubiera pensado hacerlos fuera de ese lugar. Compartimos viajes y momentos únicos, para mi es muy importante porque el club tiene una energía muy especial”.

De una de esas charlas resaltó lo siguiente "en el CdC se genera una situación muy copada para compartir y opinar sobre el vino sin ser un experto", es un buen punto éste, para que nueva gente se vaya sumando sin temor por poco conocer.


Si hubiera visto yo con anterioridad el trabajo que realizan emprendedores como Javi o Luciano en sus respectivos sitios, me hubiera inspirado a que me animara a encarar mi sueño relacionado al vino pero en Ameghino. Es cierto que aquello ya pasó hace rato para mi, pero lo más importante hoy es que estas experiencias puedan sumar a aquellos que necesitan dar ese paso y que no saben exactamente como hacerlo.


"El lugar lo hacen las personas" era el título de la nota, estoy seguro que la mayoría esperaba leer sobre algo que no fue, pero esto no es menos importante, precisamente se necesitan de muchos lugares como estos para vender aquellos "vinos especiales, diferentes o de terroir" con los que los enganché en el titulo.
Si dejamos, como dicen algunos, que Dios atienda sólo en Buenos Aires es  responsabilidad nuestra que pueda atender en todos lados.


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