lunes, 30 de septiembre de 2019

"La foto de la película y algunos vinos como medida del tiempo"


Mis pibas eran bastante chicas, habíamos viajado al sur de vacaciones y entre tantas postales de aquel lindo paseo en familia recuerdo una, almorzando sobre Bahía Manzano con Nancy, sobre un jardín muy amplio rodeado de árboles en un pequeño restó donde nos había llevado mi amiga Lourdes, sommelier, quien en aquel momento trabajaba en Bariloche.
Obviamente no recuerdo qué pedimos para almorzar, ni siquiera de qué año o mes estamos hablando, pero sí me acuerdo del momento en que nos encontrábamos frente a la laguna al sol, mientras las niñas jugueteaban con un pequeño perro y se nos escurría rápidamente la primer botella de San Pedro de Yacochuya Torrontés, y digo primera porque hubo más pero tampoco puedo recordar de qué etiquetas se trataron. Es una foto que permanece, bien nítida, en mi mente.
Pero cuando empiezo a repasar ese álbum en mi marote, donde tengo guardadas un pilón de fotografías, y vaya a saber porque, especialmente, hay una parte importante donde el vino tiene cierto protagonismo.
Antes que alguien piense que lo voy a aburrir enumerando vinos de alta gama, de nombres poco conocidos o palabras raras, tengo también una de aquellas imágenes tomadas en Cemento junto a Juanse de los Ratones Paranoicos y mi amigo "el cabezón" Vázquez bebiendo Etchart Torrontés en vaso de plástico.
Los tres sentados en esas tarimas que se encontraban ni bien ingresabas al boliche de la calle Estados Unidos, sobre el costado izquierdo, en la previa de un show de Los Ratones.
No recuerdo el año tampoco, pero debería ser fines de los 80, principios de los 90, porque Juanse se movía con un coche bastante viejo y había aceptado rápidamente mi invitación.
Y si bien esa foto está entre las más rockeras, tengo ya casi en otro pilón un centenar de buenas capturas más, todas muy parecidas entre ellas, porque fueron siempre tomadas en el mismo escenario.
Rankean entre mis preferidas y son las que fueron tomadas en el fondo de la casa de mis viejos en San Martín, comiendo asado junto a toda mi familia bajo un árbol de laurel de más de 100 años, y en ellas no necesariamente el vino era demasiado top para que los encuentros resultaran especiales, e inclusive muchas veces me permití que el vino hasta salga sodeado, pero indudablemente se encuentran entre las fotos más bellas, porque mis sobrinos o mis hijas aparecen siempre retratados y en diversos momentos de sus vidas.
Imaginen que en las más viejitas lo veo a Fede sentado sobre su abuela (mi vieja) dándole un vaso de chocolatada con biscochuelo casero, y hoy, el mismo pibe, ahora grandote, me espera prendiendo la parrilla con disimulo y atento a qué voy a descorchar. Sospecho que en cualquier momento también le picará el bichito del vino.
Y puedo seguir enumerando fotos, vuelvo a las del mundo del vino, tengo una épica, dirían los pibes hoy. Estábamos por Mendoza de viaje enófilo con los muchachos del grupo FLT, habíamos ido a recorrer la Pirámide en Agrelo, y recuerdo el final de aquella visita maratónica, mientras bajaba el sol, todos sentados sobre el jardín que se encuentra previo a ingresar a la bodega sobre el costado derecho, el grupo entero rodeando a Vigil en una charla que no fue solo de vinos y que para mi fue la primera de tantas que luego nos regaló alguien tan importante para nosotros en este mundillo que amamos. No faltaban botellas en esa foto, como se imaginarán, sin exagerar creo que la cantidad duplicaba cómodamente el número de los presentes.
Pero cuando me nace escribir este relato en realidad no quería hablar de fotos, sino de películas. No fue hace mucho donde les compartía en una entrada del blog que cuando mi hija mayor Morena cumplió 15 años abrimos una botella de Colomé Reserva 2004 que había guardado por ser el año de su nacimiento, aquella experiencia me trajo nuevamente a la mente un montón de recuerdos, los cuales los compartí en esa oportunidad con una nota que la llame "Vidas paralelas", todos muy emotivos para mi, de hecho por parte de quienes la leyeron también recibí muy lindas palabras, ya que muchos me dijeron que se habían sentidos muy identificados al hacerlo.
Y ahí va la diferencia, porque el descorchar aquel Colomé 2004 mientras preparábamos la torta del cumple de More, no fue una foto la que me invadió, sino una película perfectamente resumida de todas las cosas por las que pasamos en esos quince años. Y precisamente fue también hace poco cuando el haber descorchado un Patrón Santiago Cabernet Sauvignon 1999, que nunca hubiera imaginado que volvería a probar, algo muy similar me volvió a ocurrir.
En realidad debo contar como nació todo para que se entienda mejor. Fue hace algo más de cuatro años en una nota que me hizo Diego Migliaro en su Blog Mi Lado V, donde yo le cuento cuál fue uno de los vinos que hizo que mi cabeza se me diera vuelta y empezará mi amor por esta tan noble bebida.

Recuerdo que le comenté con mucha precisión como había sido ese momento, y le cabe perfectamente esa etiqueta de foto que les hablaba al principio: Cafe Concert del Club del Vino de la calle Cabrera, selección especial presentada por su hacedor Manuel López López, vino con buena concentración y mucho potencial, notas que me recuerdan a jalea, especias, confituras, y mi paladar diciéndole por primera vez a mi cabeza que deje de pretender regular mi bolsillo, porque estaba empezando a descubrir y disfrutar de nuevos sabores y por nada del mundo se los quería perder.

Fue hace poco tiempo que recibo una llamada de Andrés Santamaría, quien en nombre del señor Manuel López López, quería agradecerme aquella mención que yo había hecho de su vino hacía algo más de cuatro años, y deseaba regalarme una botella de la misma añada que había disfrutado aquella noche que detallé en la nota de Mi Lado V.
Mientras escuchaba a Andrés debo confesar que casi me emocioné, por un lado el hermoso gesto de Manuel, y por el otro ver cuánto ha pasado en estos últimos 18 años, porque aquella cata del Club del Vino fue justamente en Octubre del 2001, y es ahí cuando la foto deja de ser foto para transformarse en película, obvio que en un resumen del resumen, una verdadera selección de cosas importantes, momentos claves, discutidas decisiones, pensamientos, sueños.
Recuerdo mi admiración por cuanto conocían sobre vino Pablo Cabello, Dereck Foster y Martin Cuccorese, ellos eran quienes moderaban aquellas presentaciones en el Club, escucharlos en cada presentación junto a los productores, estando siempre un poco a la vanguardia, "deschavando secretos", compartiendo anécdotas, admiraba su actividad y cuanto disfrutaba yo de todo ello.
Puedo decir que eran las dos horas que más esperaba durante toda la semana ya que en ese entonces mi actividad laboral nada tenía que ver con el mundo del vino, de hecho era poco el tiempo que me dejaba la misma para disfrutarlo a fondo como me gustaría, y los primeros años solo lograba encontrarlo en aquel caserón de la calle Cabrera, pero aprendí a que sea suficiente, me alcanzara, porque verdaderamente me llenaba.
Al final, por querer hablarles de la película, me estaba olvidando de la botella del cabernet 1999 que recibí hace poco en la Cueva, enviada por Manuel y que con mucha amabilidad me acerco Valeria, otra enamorada de la bodega. Algún romántico la hubiera guardado, creo que pasaron horas para que la descorchara, y coincidió una tarde en la Cueva, en la que vinieron una pareja de jóvenes de Uruguay que si bien no los conocía, supe que era el momento para descorcharla. Eran ambos amantes del vino, recuerdo el nombre del muchacho que se llamaba Federico y además era aficionado a elaborar panes caseros con masa madre. Hablamos de todo mientras abríamos esa joya, que si bien uno podría llegar a dudar de su estado por el tiempo, una intuición especial me llevaba a confiar que estaría de puta madre, y así fue; sedoso, vivo, impecable, ante los primeros sorbos nos miramos los cuatro alegres y ahí fue la segunda foto que me saque con el Patrón Santiago 1999, 18 años después y acompañados por esos chicos uruguayos.
Me olvidé de comentarles, el cuarto era "Pico de Luchi" otro "gomia" que me regaló el vino y por suerte esa tarde también estaba en la Cueva. Compartir con gente querida potencia todo.
Y mientras tanto, en el medio de ambas fotos, que tienen la mayoría de edad como diferencia, nace una nueva película que juro que nunca la hubiera imaginado.
Hoy, hablando de vinos frente a los cueveros, ahora mucho más del otro lado y casi sintiéndome como Pablo Cabello, cada vez con más pasión, al igual que las ganas de aprender y crecer. Sueños cumplidos? no sé.. porque ahora tengo muchos otros, y como tampoco sé qué película me espera, solo pienso en vivir una buena próxima foto.
Algunos vinos como medida del tiempo. Parece un disparate? Para mis películas al menos no lo son.

lunes, 23 de septiembre de 2019

"Riesling, vertical y el valor agregado del tiempo"



Hace algunos años, podríamos decir fines de los 90 principios del 2000, al menos la época en que yo comenzaba a dar mis primeros pasos como "amante del vino", recuerdo que los vinos blancos tenían bastante poco protagonismo entre la media de los consumidores.


Mucho menos aun estaba en los planes guardarlos y ver su evolución en el tiempo, como efectivamente podíamos hacer con algún tinto reserva, crianza o alta gama.


Cuando elegíamos comprar un blanco tenía que ver exclusivamente con alguna situación especial de verano o la clásica para acompañar un plato de carnes blancas, mariscos, sushi, pero tampoco era siempre. Y sin importar si fuera joven o de más alta gama, seguro la consigna principal era dejarlo esperar poco tiempo en la cava, por regla o temor a que sus aromas se apagaran, oxidaran, perdiera frescura o expresión en boca.

Pero gracias a que mucho han evolucionado nuestros vinos en los último diez años no paramos de llevarnos buenas sorpresas.

El ir cambiando nuestros hábitos de consumo, a la par que muchos productores se fueron adaptando, atendiendo a lo que esperan algunos consumidores, y reformulando así continuamente su búsquedas; viajar, compartir junto a sus colegas, inspirarse en lo que prueban del mundo, y continuamente volver a intentar.


Probar alimenta, nos expande los límites, nos permite imaginar quizás aquello que nunca hubiéramos pensado, me suma a mi como consumidor, mucho más a un elaborador, que esa inspiración la puede dejar reflejada dentro de una botella.

Conozco poco y nada sobre el riesling, no mucho más que saber que es una variedad blanca de clima frío, originaria del Rin (Alemania) que se da muy bien en reconocidas regiones de Francia como Alsacia y  Mosela (Alemania/Francia), y que generalmente se la vinifica como varietal.


En nuestro país son contados los exponentes con este varietal, además de algunos provenientes de Mendoza, recuerdo también en Patagonia, otros por el NOA, en éstos más utilizados en cortes, inclusive también se está dando muy bien pero en poca cantidad en una zona costera y bastante nueva para nosotros como es la de Chapadmalal, en la provincia de Buenos Aires.


Pero hace un par de meses fue el técnico de una reconocida bodega de Mendoza que me llamó con la buena noticia y me dijo: “Qué te parece Musu si hacemos la primera vertical de siete años de nuestro riesling?”.
Rápidamente me inundó una gran ansiedad por pasar esa experiencia de viajar en apenas algunos minutos al pasado a través de un vino, conducido por su hacedor y encima de una variedad poco familiar para nosotros.



Y si bien uno podría llegar a imaginar que características tienden a adquirir vinos que estuvieron durante algunos años guardados, el hecho de degustarlos todos a la par nos brinda un panorama mucho más amplio, además de lo que influye el clima en cada añada o el trabajo del productor en particular, podríamos hablar también sobre la tendencia en una región, consumidores, gustos.

El técnico amigo era Marcos Fernández, quien desde el 2014 es primer enólogo en bodega Doña Paula, un profesional que conozco desde algunos años antes cuando se desempeñaba en otras bodegas y con el que siempre tuve bastante comunicación.

El vino en cuestión sería el riesling de la línea Doña Paula Estate y seria en "la cueva" la primera vez que se haría la vertical completa de esa etiqueta.
Podríamos decir que "Doña Paula Estate" es una línea medianamente masiva, ya que entre los blend y varietales que la componen se elaboran 1,2 millones de litros al año en la que una de esas variedades es precisamente el riesling, del que hoy se elaboran apenas 12000 botellas, de las cuales solo el 25% queda en el mercado local, y que debido a la capacidad de viñedo hay un techo máximo de elaboración de 20000 botellas. Si bien tampoco son tantas, pero evidentemente está muy lejos de los más elegidos por el consumidor, y a pesar de ser una variedad de partida limitada, pero con precio muy competitivo acorde al de una línea de semejante producción.



Si bien la bodega se encuentra en Luján de Cuyo, más precisamente en la zona de Ugarteche, los riesling probamos son todos provenientes de la zona de Gualtallary, a pesar que hay plantado en Ugarteche algo de la variedad, pero fue el del Valle de Uco el que la bodega eligió para que saliera al mercado.


Las condiciones climáticas de Gualtallary dan un balance perfecto, comienza la cata explicando Marcos, porque en otras zonas frías del viejo mundo por ejemplo muchas veces para hacer que la variedad sea bien disfrutable hay que agregarle mosto concentrado o azúcar (chaptalizar) para balancear la acidez y que no resulte tan punzante. Pero en el caso de los nuestros, los días al ser más cálidos, logran un balance ideal entre la maduración y la buena acidez.
Agregando sobre los suelos en Gualtallary, aclara que son bastantes heterogéneos, algunas partes bien pedregosas y en el sector donde se encuentra la finca particularmente es con muy bajo contenido de carbonato de calcio.
Las añadas que probamos fueron 2012,13,14,15,16,17 y 18, esta última de reciente salida al mercado.
Arrancamos catando por los más jóvenes y lo positivo que resultó haber elegido ese orden ya que hubo un momento, promediando la degustación, donde se diferenciaban claramente la complejidad aromática ganada en las tres añadas más antiguas por sobre las más jóvenes.
Al ser una de las variedades blancas que tienen más taninos, son los mismos que favorecen a su capacidad de guarda, sensación de estructura en el paladar y bien balanceada con la acidez mencionada producto suelo y clima de la zona.
Cuando hablábamos de complejidad aromática tiene que ver que con el tiempo se acentúan los "típicos aromas empetrolados" recuerdos a diesel, kerosene; mientras que en los más jóvenes predominaban más las notas a flores blancas, con clara tendencia a las notas que recuerdan a miel a medida que empiezan a pasar los años.
Si bien los alcoholes habituales son entre 12,5 y 13°, nos adelantaba que en el 2019, al ser un poco más cálido, llegaron al 13,5.
Arrancamos la degustación probando la 2018, también un año con muy buena maduración y se mostró muy intenso en aromas, con un perfil más bien floral.
La 2017 también fue una añada seca y de calidad como la anterior, resultó uno de los vinos más elogiados por la mesa, amplitud en boca, sensación de volumen, el rendimiento naturalmente bajo en esa añada por lo visto también favoreció.
La 2016 también a pesar de tener rendimiento bajo, ya sabemos que fue un año especial, con un alcohol considerablemente más bajo 11,3°, aparecen más las notas cítricas, como cáscara de mandarina, y se destaca una buena persistencia en boca, sobre todo a lo largo, algo más herbal, más recuerdos cítricos como el pomelo blanco, y al ser menor su alcohol por ende se percibe una boca con menor volumen.
Recordemos que en ninguno de los vinos se hace la fermentación maloláctica, hasta aquí más similitud entre el 2017 y 18, mientras el 2016 es bastante diferente.


A partir de la 2015 el grado de complejidad aromática crece notablemente en el resto, los colores van más hacia el dorado, pero en todos los casos bien brillantes.
Como adelantábamos una 2015 que ganó en aromas, potencia, redondez, frutas blancas, algo meloso, la 2014 algo más maduro, aromas que vuelven a recordar a miel pero más espesa, más volumen, menor acidez y mayor sensación de redondez, con respecto a la 2013, que sabemos que fue un muy buen año, por lo seco y la sanidad, ya aparecen aquellas notas a frutos secos combinado con algo láctico, todo muy sutil, una paleta bien compleja.
La 2012 siguiendo la línea aromática y perfil del anterior, y dejando en este caso esa sensación que la botella no le seguirá sumando, aunque se encontraba entera y bien disfrutable, porque nos permitió completar una gran experiencia a través de siete años, con un vino casi entrada de gama, de un precio muy amigable y que generalmente cuando sale al mercado es pensado para beberse a corto plazo, pero evidentemente guardarlo bien le suma un importante valor agregado.
Esta experiencia, sumada a muchas que vengo teniendo en los últimos años, me hace pensar que guardar en condiciones ideales determinados blancos, sin ser precisamente de altísima gama, los años lo pueden acomplejar de manera muy interesante, lógicamente que ello sea posible, tiene que ver con una buena añada, fundamentalmente bien fresca, variedades con más taninos para la guarda como podría ser semillón, chardonnay, y un productor que lo elabore de una manera bien cuidada y más reductiva.


Mientras, esperamos una nueva versión del riesling que nos adelantó Marcos, pensado más en alta gama, porque fue cosechado más tarde, trabajado con lías y criado en barrica, así como un curador de blancos jóvenes seguiré probando y seleccionando para guardar, cada vez más convencido que son muchos de ellos los que pueden seguir sumando con el tiempo, todo cambia, ahora toca aprender a esperar blancos también.

viernes, 30 de agosto de 2019

"Premium Tasting: el mayor evento del vino argentino"




Hace algunas semanas atrás asistí a una nueva edición del Premium Tasting, evento realizado desde hace nueve años en la Ciudad de Mendoza, ideado y organizado por Nicolás Alemán, un joven licenciado en Comunicación y Marketing, que desde temprana edad construyó su carrera enfocada al mundo del vino desempeñándose en empresas como Bodega Zuccardi, Ernesto Catena y GoBar.

Pensado para promover el vino argentino, el Premium Tasting nace en el año 2011 para probar los vinos de nuestro país que resultan mejor puntuados por los críticos internacionales más reconocidos, mientras son presentados por sus productores.


El Premium Tasting es un evento que al seguirlo año tras años puedo decir que fue creciendo con el mismo ritmo de precisión como muchas veces me gusta decir que lo vienen haciendo nuestros vinos.

Cuando abordo algún tema relacionado al vino, suelo siempre comparar con algunos años hacia atrás y no paro de sorprenderme, por un lado el desempeño de los técnicos, sus búsquedas, investigación y ajustes constantes; y por el otro el de muchos consumidores, tratando de no perder pisada a todo lo nuevo, buscando o generando nuevas situaciones para probar, descubrir, capacitarse; esto último también demanda mucho tiempo si no es que uno trabaja específicamente de probar vinos todos los días de su vida, como puede ser el caso de un vinotequero, un bloguero del vino o un periodista especializado.

El Premium Tasting es como esa oportunidad para que en dos jornadas, tanto gente que se desempeña en la industria, como consumidores interesados en la actualidad de nuestros vinos, tengan un detallado resumen de los temas que nos rodean, digamos los de mayor interés; y además la posibilidad de probar un muestreo considerable de las etiquetas más importantes que se están elaborando en la actualidad.

La primera jornada se dividió en cinco seminarios que duraron aproximadamente 8 horas, y la segunda, la de la cata principal que se desarrolló en tres y donde se probaron 42 vinos agrupados en diversas tandas.

Las clínicas del primer día fueron pensadas para ir abordando diferentes temas, muy bien seleccionados por Nico ya que son aquellos que nos tocan de cerca; y que lógicamente como todo evoluciona, año tras años se van renovando o justamente ante la constante transformación van naciendo nuevos. 

Cada vez hablamos más sobre la importancia de como influyen los lugares sobre los vinos que bebemos y pueden mostrar claras diferencias al momento de degustarlos; precisamente a raíz de ello no faltó en una de las exposiciones el aporte del geofísico Guillermo Corona, autor del reciente libro "La Geografía del Vino", hablando sobre las características geológicas y geográficas de cada uno de los lugares a la par que productores de diversas provincias de nuestro país hacían sus respectivas presentaciones relacionándolas junto al aporte de Corona.


Quienes cada vez ganan más protagonismo entre los vinos que elegimos son los "pequeños productores", Nico los agrupó en dos tandas de siete productores cada una para que presenten sus vinos, relaten su historia, y tuvieran esa posibilidad de mostrarse ante una tan interesada audiencia; nunca mejor el nombre de esa clínica que se llamó "Pequeños productores, grandes historias"


Muy interesante en estas tandas es la gran diversidad que uno encuentra entre estas propuestas, producto de la originalidad en las miradas sobre los diversos lugares donde elaboran, productores que en algunos casos son generadores de vanguardia, muchas ideas o tendencias suelen nacer precisamente en este tipo de pequeños proyectos.



Hablando de pequeñas producciones y partidas limitadas, una de las charlas que más me aportó debido a que nada conocía fue "VIGNO, una mirada al Carignan", un pequeño grupo de elaboradores chilenos, más precisamente del Maule, que tratan de recuperar antiguas plantas de carignan en una delimitada zona de secano, persiguiendo antiguas prácticas de elaboración con el fin de lograr los sabores más puros de esta cepa que si bien no se la suele reconocer masivamente, ni regularmente entre las de mayor calidad enológica, en mi opinión fue sumamente atractivo el "profundo sabor" de la variedad potenciado lógicamente por el valor histórico aportado por la antigüedad de las viñas.


Poner en valor antiguos viñedos es una tendencia que estamos encontrando cada vez más también en nuestro país. Me pareció admirable como esta "Asociación de Vignateros de Carignan" en sus etiquetas priorizaran el nombre que los identifica, la variedad y la región por sobre la marca del vino o nombre del productor que lo elabora. Es fácil reconocerlos, porque la palabra "Vigno" es lo primero que uno puede leer cuando se enfrenta a alguna de ellas.


Precisamente otra de las tandas también tuvo que ver con la historia, pero con la que vienen construyendo nuestros vinos, y le tocó a Andrés Rosberg, el Presidente de la Asociación de la Sommellerie Internacional (ASI), quien bajo la temática "20 años no es nada", seleccionó y presentó vinos argentinos, todos con más de 20 años de guarda.


Fueron doce vinos en total comenzando con un Rutini Traminer 1999, y culminando con un Trapiche Fond de Cave 1971, que más allá que se encontraba vivo sin haber sido un vino pensado para la guarda, generó un momento muy emotivo en la sala, y en lo personal más aún ya que coincide con el año de mi nacimiento. No es la primera vez que me encuentro con vinos de los 70, y elaborados con una enología que nada tenía que ver con la de los últimos 20 años, e hicieron un buen papel. 


Será que habrá que tener más presentes algunas prácticas de aquella época? Mucho aprendimos y evolucionamos en estos últimos años, pero evidentemente es importante también no olvidar los orígenes.

La importancia de la historia sirve para ver de dónde y cómo venimos, el presente para no perder detalle sobre qué estamos haciendo hoy e ir previendo el futuro, empezar a familiarizarnos con nuevos temas.

Algunos, lejos de ser masivos, cercanos o estar bien visualizados hoy, sin embargo son fundamentales para el cuidado y el compromiso con el medio ambiente y de eso trató la charla que moderó la sommelier Valeria Mortara sobre el tema sustentabilidad donde fueron productores de diferentes regiones vitivinícolas del mundo como Chile, Argentina, Estados Unidos e Italia, que detallaron el manejo de la sustentabilidad en cada una de sus bodegas. Buena idea la de Nico al convocar y mostrar como el tema también es considerado en los diversos países, tan importante este punto que claramente nos debe involucrar a todos.

Hasta allí un resumen de la primera jornada, extensa, bien diversa, con muchos temas que nos quedaron a flor de piel, y que nos hacían entrar bien en calor para lo que sería la cata principal del día siguiente.

La misma se desarrolló repartida en nueve tandas donde se probaron un total de 42 vinos a ciegas, que ocupó aproximadamente 3 horas y convocó a 550 personas en el Salón del Hotel Intercontinental.

Imagino que al igual que yo habrán intentado hacer la cuenta para calcular la cantidad de botellas descorchadas o copas utilizadas en un servicio que fue impecable, a pesar de semejante magnitud. Creo que no les comenté, pero un porcentaje importante de los presentes no eran residentes de Mendoza, es decir público de los más diversos lugares (Buenos Aires, Salta, Chile, Brasil, Perú entre otros) que viajaron expresamente para asistir al Premium Tasting. 

El "gran tasting" fue conducido por la sommelier Valeria Mortara, vice-presidente de la Asociación Argentina de Sommelier y una gran profesional que queremos y conocemos bien por desempeñarse especialmente en alta gastronomía, Michael Schachner, periodista especializado en vinos reconocido por sus artículos en la publicación Wine Enthusiast, y el periodista chileno Patricio Tapia, también cercano a nosotros porque desde hace varios años lo seguimos a través de su Guía Descorchados Argentina, y además ya es la tercera vez que participa en el Premium Tasting Mendoza.


Siempre es muy positiva la combinación de diversos profesionales para este panel porque cada uno aporta su mirada en el momento de la cata y son ellos mismos los encargados de presentar los vinos e invitar a los representantes de cada uno al momento de ir descubriendo las muestras. No olvidemos que las catas son a ciegas y que se conocen los vinos una vez terminado cada flight.


Destacar también el buen nivel que están teniendo nuestros vinos, siempre lo hacemos, mencionar mis elegidos a ciegas no creo que en este momento aporte demasiado ya que hay una cuota importante de gusto personal y que tiene que ver con lo estilístico. De hecho en muchos casos mis compañeros de mesa elegían sus podios bastantes diferentes a los míos. 

Creo que lo importante es que cada uno de los flights los agrupaba una temática, previo a cada degustación Nico aclaraba sobre cuáles eran los puntos en común entre los vinos de cada tanda: suelos con más presencia de piedra, vinos de altura de diversas regiones, diferentes variedades en zonas clásicas, el malbec en Gualtallary, cabernet franc, el malbec combinado en cortes, zonas vitivinícolas históricas.
Y en una de ellas, ante la pregunta del conductor sobre si los vinos servidos podrían ser de Altamira o Gualtallary, más allá que entre tanta gente casi nadie quiso arriesgar, yo que bastante acostumbrado estoy a este tipo de prácticas, creí que eran de la primera de las mencionadas, y la realidad fue que la mayoría provenían de Gualta.

Es ahí uno se vuelve a replantear cuanto nos falta aprender y poder estar mas familiarizado con las características de cada lugar.

Pero como siempre digo, todos estamos aprendiendo, recorriendo un camino tan largo que nunca va a terminar porque en la medida que lo vamos transitando es como que el destino cada vez esta más lejos pero poco nos importa porque lo disfrutamos, y en ese camino desde hace nueve años tenemos una parada bien placentera y que es ya obligada, al menos para mi, fundamental para quienes amamos el vino, se llama Premium Tasting y queda en la ciudad de Mendoza.

(Las fotos que ilustran fueron aportadas por la organización del evento)

jueves, 27 de junio de 2019

" Vertical de La Primera Revancha con Roberto en la cueva"




Hace unos días en la cueva tuvimos el placer de recibir a Roberto de la Mota y nuevamente en el marco de una cata vertical.

En esta oportunidad lo que probamos fueron cinco añadas de La Primera Revancha Malbec: 2013, 2014, 2015, 2016 (actualmente a la venta) y 2017 que saldrá en pocas semanas al mercado.

Conocemos la trayectoria de Roberto y en cada oportunidad que tenemos la posibilidad de seguir una degustación guiada por él es increíble la capacidad que tiene para brindarnos toda su experiencia con generosidad, simpleza, compartiendo historias y lógicamente mucho conocimiento.

Recordemos que Revancha es el proyecto propio de Roberto junto a su hijo Rodrigo, con cuatro vinos por el momento en el porfolio, y La Primera Revancha es un malbec elaborado con fruta de Paraje Altamira.

El mismo siempre cuenta con un pequeño porcentaje de cabernet franc proveniente de la reconocida Finca Remota, también ubicada en Altamira. Cada año el aporte del mismo puede variar entre un 5 y 7% dentro de la composición en función de las características que tenga la cosecha. Utiliza esta variedad para compensar con la estructura, taninos, o las notas más piracínicas que suele aportar la misma.

Degustar los vinos con los datos que nos brinda Roberto, ir, volver, comparar, percibir esas sutiles diferencias, registrarlas y comprobar cómo se condice todo con la marcha climática de cada año, junto a sus continuos aportes, nos suma muchísimo.



Podríamos hablar de vinos con muy buena intensidad, tanto en nariz como en boca, de taninos firmes, frutales y con ciertos tonos herbales que aportan la pizca de franc y todo aquello que tiene que ver con la crianza en madera, distinguiéndose la elegancia y redondez hacia donde siempre apuntan los vinos de Roberto.

Mientras el 2013 se mostraba particularmente aún con muy buena concentración y una linda frescura, en el 2014 se percibía una fruta algo más madura y un paso no tan sostenido como el anterior. Me animo a decir no tan armado en boca. Mientras, a la añada 2015 le encontré también muy linda concentración a la par de muy buena fluidez, lo cual me hizo colocarlo entre mis preferidos junto al 2017 que está a punto de salir a la cancha y al que también le encuentro una gran firmeza en el paso por boca con respecto al 2016, donde a pesar del año más frío y algo lluvioso entregó en general vinos más livianos, el caso de éste a pesar de tender claramente hacia ello, se encuentra todo sumamente armónico y en equilibrio, lo cual me parece que es fundamental.


A las añadas más recientes les encuentro con más vuelo en boca, una fruta más nítida, definida; seguramente las jóvenes plantas también aportaran lo suyo a medida que con los años se van equilibrando.

Algo que no les comenté es que al evento lo abrimos con el Revancha Chenín 2017, hoy transitando un gran momento ya que el vino con esos dos años ganó complejidad, peso en boca, lo que me hace recordar a la buena evolución que también suelen tener los Mendel Semillón que elabora Rober, ambos sin ser vinos de alto precio, claramente una buena guarda les agrega un plus que vale la pena esperar.

Precisamente cerramos el evento con dos primicias, pero de bodega Mendel, el otro proyecto que conduce Roberto pero en sociedad con con la familia Sielecki.

Probamos el corte de la segunda añada del Rosadía 2019, el rosé de alta gama, de partida muy limitada, el cual considero finísimo y que en este año lo componen 50% pinot noir, 25% cabernet franc y 25% merlot; faltando menos para que vea el mercado también degustamos el nuevo Mendel Cabernet Franc 2017, también de Altamira y que posee un año de crianza del 100% en barrica, pero combinando tres tercios con diferentes cantidad de usos (1°, 2° y 3°uso) una práctica que suele aplicar Roberto en busca de mayor complejidad aromática.

Esta cepa que solía utilizar para cortes, pero que la excelente expresión y equilibrio logrado en este 2017 lo motivó a vinificarlo como varietal, tiene elegancia, moderados aromas especiados y mucho hacia adelante para seguir afinándose.

Otro caso de gran expresión en un 2017.

Ya en la vertical de Primera Revancha también había resultado uno de mis preferidos y recuerdo de todo lo que vengo tomando últimamente de otros productores también me viene sorprendiendo; evidentemente fue un año donde la fruta alcanzó muy buena maduración, temperaturas más elevadas que en el 2016, entre la brotación y la cosecha lluvias que superaron las medias anuales, y rendimientos naturales más acotados que en el 2018, algunos de las condiciones que impactaron favorablemente en la calidad de la fruta.

Vale comentar una sugerencia de Roberto que tiene que ver con que en esta instancia es favorable darle buena aireación a los vinos ya que puede que necesiten abrirse.

Más allá de la composición varietal en sí, los lugares de donde proviene la uva y el estilo del productor, son tres variables importantes que nos hacen pensar en el tipo de vino con que nos vamos a encontrar, estoy seguro que ir incorporando las características que van imprimiendo cada añada es el siguiente paso.

Hacer catas verticales, distinguir como influyen las diferentes marchas climáticas anuales en cada vino, como benefició en mayor o menor medida a su potencial de guarda, aromas, frescura o comportamiento general en boca.

Sólo necesitamos tiempo para más experiencias como ésta, y productores que además de trabajar con mucha seriedad en la elaboración, también tengan voluntad de compartirlas con consumidores interesados en aprender como nosotros, la única forma para entender es probando, y Roberto por quinta vez nos regaló a los cueveros esta oportunidad de seguir aprendiendo, pero a través de los años. 

lunes, 29 de abril de 2019

"Vidas paralelas"



¿Alguna vez guardaron algo pensándolo para disfrutar exactamente luego de 11 años? 
Recuerdo muy bien aquel instante, y más allá del espacio o el lugar en sí, esa sensación de ser consciente de la cantidad de tiempo que estaba faltando para que ese momento tan esperado llegara. Algo contradictorio ya que era muy esperado y al mismo tiempo resultaba lejano y sobre todo en el medio de eso estaba la incógnita de cuánto podía pasar.

Mi hija mayor apenas tenía algo más de tres años y yo soñaba con su cara cuando llegara ese día y le contara esta historia, de la cual apenas podía imaginar sólo su comienzo y que sería algo así como que su padre, un simple aficionado a los vinos, guardaría especialmente una botella de un vino con un año de cosecha que coincidiera con el de su nacimiento. Todo ello para descorchar el día en que ella apagara las velitas de la torta del festejo de su cumpleaños número 15.

Les aseguro que eso era lo único que tenía planeado para Marzo del 2019 cuando llegara el momento, porque el resto solo podrían ser apenas sueños y ninguno demasiado claro.

Hace unos días mientras me ocupaba de buscar, en aquel sótano de la calle Díaz Vélez donde conservo algunas etiquetas pensadas para larga guarda, esa botella de Colomé Gran Reserva 2004 para acompañar el sushi que había pedido mi quinceañera, lo primero y único que me salía era agradecer. 
Si bien el estado en que se encontraba el vino a esta altura ya podría ser solo una anécdota, al momento de descorcharlo y servirlo parecía no sólo que se había conservado de manera intacta sino que también aquel puñado de sueños se habían cumplido, y mucho mejor de lo que podría haber imaginado. 

La emoción me está llevando a compartirles algunas sensaciones, pero de las otras, las que se perciben en el corazón, esas que a medida que nos pasan los años nos empiezan a mover mucho más todavía que las que sentimos cuando acercamos la primera nariz sobre el fino cristal de la copa.

Comencé con intensiones de hablarles de un vino y no puedo hacerlo sin que la vida atraviese todo ello para desnudar algunos sentimientos propios. 

En esos momentos me pregunté también sobre la vida de ese vino, de las personas que en marzo del 2004, mientras junto a Nancy visitábamos al obstetra ansiosos por el momento más esperado de nuestras vidas, un técnico a más de 1400 km de distancia y a más de 2000 msnm recorría las antiguas fincas que tenía Bodega Colomé adquiridas no hacía mucho tiempo a la familia Davalos, para probar esos granos de uva, decidir con precisión el momento ideal de cosecha, imaginar la vida que podría llegar a tener ese vino, todo seguramente con la misma intensidad e incertidumbre y cálculos que junto a mi pareja vivíamos esos mismos días cuando entre otras cosas preparábamos el bolsito del bebé y tratábamos de que ningún detalle pudiera quedar librado al azar para el momento de tener que salir bien rápido al sanatorio para nuestra "primer cosecha".

Nunca elaboré vinos pero los productores suelen decir que cada uno de sus vinos es como un hijo y que si bien entre cada una de sus etiquetas, lógicamente suelen tener diferencias, siempre les cuesta mucho elegir solamente una a pesar de que para los consumidores los habrá con características que los diferencien y hagan de su preferencia. 

En cambio para el hacedor todos fueron importantes, siempre detrás de cada uno hay una historia, un sentimiento especial vivido. 

A quienes son papás, les suena familiar todo esto? Ahora entienden cómo me cuesta despegar el vino de la vida? Y si a eso le sumo que el vino en todos estos años pasó a ser mi estilo de vida? 

Porque a diferencia del 2004, cuando repartía mi actividad entre mi trabajo en una lavandería y un hobby que era tratar de entender sobre vinos, algo que cada día me enganchaba más. 

Hoy no pasa un instante en que deje de pensar en mi actividad 100% vino, la que me tiene enamorado, mientras además me permite vivir y quienes me conocen saben que es tal cual así.

Pero quiero seguir hablando del vino, porque seguramente es lo que esperan desde que arrancaron esta lectura.


El hecho de que el vino se haya conservado tan bien y se encontrara tan rico no creo que sea por casualidad ya que hay una seguidilla de variables que conducen los destinos, algunas muy finas, que pueden parecer poco relevantes, pero que en el conjunto son las que hacen la diferencia. Cuántas veces en la vida encontramos el resultado de algo que hicimos hace muchos años, y que quizás imaginamos que podrían ser intrascendentes, pero un día nos dimos cuenta que no?
Pucha! no lo puedo evitar, volví a no cumplir con lo prometido. Ahora sí! Cuánto habrá influenciado que este corte de 85% malbec y 15% de cabernet sauvignon y del cual se hicieron una partida muy limitada de apenas 3600 botellas provenga de antiguos parrales biodinámicos pre-filoxera que poseen entre 60 y 150 años a 2300msnm; uvas seleccionadas manualmente, fermentación lenta, 100% maloláctica y 24 meses de crianza en barrica francesa de 1er uso.

Cuantas cosas podría compartirles sobre mi hija, imposible de resumir en una ficha, su vida, sentimientos, deseos, y más sueños. ¿Cuánto tendrá Steve Galván, el técnico americano del Grupo Hess encargado en aquel entonces de las primeras vinificaciones de la bodega para contarnos? época en que aún ni siquiera estaba construida la bodega museo, y elaboraban provisoriamente en la pequeña y antigua bodega Colomé, y que precisamente fueron los buenos resultados de estas primeras vinificaciones que impulsaron a la construcción de la que conocemos actualmente. 
O Rande Johnson, el enólogo asesor que venía en momentos clave del año para decidir los cortes, además de colaborar en la investigación y conocimiento de lo que para ellos era una nueva región.


Sabrán que ese hijo que se cosechó en Abril del 2004 hoy es un señor vino? Que con elegancia y fineza acompañó un centenar de seleccionadas piezas de sushi? Los libros tranquilamente hubieran dicho que un potente blend salteño nunca podría haber sido el indicado, pero la frescura y fineza que adquirió ese tinto fue capaz de derrumbar cualquier teoría, la quinceañera sin saber, ni beber vino, pareció casi una experta en la elección de su menú; "vidas paralelas" que se juntan en un instante, momento único para mi familia y especialmente para mi, sólo me faltaría que los otros papás, Steve y Randle, supieran cuánto creció su hijo calchaquí y se sientan orgullosos por lo bien que los hizo quedar en un festejo especial de cumpleaños en la ciudad de Buenos Aires la noche del 26 de Marzo
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martes, 23 de abril de 2019

"Gaudeo, disfrutar y alegrarse"


Bodega Trivento presentó su nueva línea Gaudeo Single Vineyard que consiste en tres malbec, todos cosecha 2015 y provenientes de diversas regiones del Valle de Uco: Paraje Altamira(San Carlos), Gualtallary(Tupungato) y San Pablo(Tunuyán).


Sinceramente estaba esperando el lanzamiento de esta línea con mucha ansiedad ya que vengo siguiendo de cerca el trabajo que esta haciendo la bodega ya sea en alguna oportunidad en que los visité en Mendoza y varias otras a través de presentaciones en Buenos Aires.Más allá de todo ello, en lo personal, cada vez que descorcho un vino estoy siempre esperando que me diga cosas que le aporten una personalidad, que lo hagan único.
Esa característica puede tener que ver con la interpretación de cada hacedor, cuánto puede haber influenciado la marcha climática en ese año, o las características propias que imprimen el lugar de donde provienen sus uvas y es justamente por ahí que va la búsqueda del equipo de Trivento, que como bien aclaraba su enólogo Germán Di Césare al momento de presentar esta nueva linea - pretenden que la gente pueda conocer sobre estos lugares a través de Gaudeo.

Para ello su trabajo es tomar las decisiones correctas para que todo lo que hagan potencie al máximo la identidad de cada uno de ellos.En líneas generales, cuando se buscan vinos representativos del terroir, al menos en los casos que me toca conocer y que casualmente tienen que ver con los del Valle de Uco, creo que la diferencia está sobre todo en cómo los vinos se desarrollan en boca. 
Me pasó ahora con los Gaudeo, pero es lo que también percibí en otros proyectos que eligieron ir por este camino, el de vinos que quizás hayan tenido que resignar intensidad aromática y potencia para dejar translucir ciertas sutilezas que tienen que ver con sus orígenes.


Pensemos que si bien en el caso de las tres regiones mencionadas tienen cosas en común, porque las distancias, alturas y tipos de suelo, en varios puntos son cercanos, también hay algunas características que distinguen a cada uno de ellos y quedan reflejadas en los vinos cuando se busca que así sea, sobre las mismas trataré de contarles de la manera más clara luego de mi experiencia en la degustación.
Cuando pruebo el Gaudeo SV Paraje Altamira lo encuentro particularmente elegante en nariz, expresivo pero sutil, además de la fruta de Uco esperable quizás posee también algo floral. Cuando va a la boca encuentro cierta textura, como un entrelazado entre una rica fruta y "crujiente" acidez, sensaciones que cada vez distinguimos más en vinos de la zona y confío en que pueden gustar a un amplio espectro de consumidores, dejando en el recuerdo esa sensación de que el último sorbo siempre te invita a uno nuevo. La IG Paraje Altamira está en la parte sur de Valle de Uco, a 1070 metros de altura sobre el nivel del mar, donde prevalecen suelos pobres y con buen drenaje.

Gualtallary es la localidad más al norte de las tres, su suelo también es pobre, pedregoso, heterogéneo, calcáreo (con abundante carbonato) y a diferencia de Altamira tiene más arena sobre la superficie lo cual provoca refracción del sol y adelanta el momento de cosecha, según lo explicaba Geri. Curioso ya que si bien Altamira se encuentra a menor altura que Gualtallary (1300 msnm), en este último la cosecha se adelanta entre 10 y 15 días, algo que ya le escuche decir a varios productores - no te podes relajar porque te demoraste un día y la fruta se puede pasar fácilmente, la ventana óptima de cosecha es muy chica -  de hecho cuando el de Gualta va a la boca tiene una frutuosidad mucho más intensa, como que diera la sensación de tener más de volumen, es más directo, con cierta rusticidad o salvajismo ya reconocible. A ciegas, cuando nos empezamos a familiarizar con Gualta, creo que es el que más fácil se distingue y qué importante es que esto ocurra cada vez más seguido porque habla de una destacada personalidad.


Durante la degustación Geri quiso resumir a cada uno de los vinos con un concepto, por eso para el de Altamira utilizo la palabra "textura", para Gualta la palabra "jugoso" y en el de San Pablo la palabra fue "tensión". Claramente él también recomienda poner el foco en las sensaciones en boca.



San Pablo, comparado con las anteriores, es la que menos conocemos pero yo tengo el antecedente de que muchas veces me gustaron vinos provenientes de este lugar, que a diferencia de las otras zonas, tiene un promedio de temperaturas medias más bajas en general a lo largo de todo el año, el ciclo en las plantas tiende a comenzar bastante más tarde y por ende el momento de cosecha demora más en llegar; la planta tiene una maduración más lenta, concentrando más naturalmente, todo debido a tener una altura mayor (1480 msnm). Al servirlo ya a la vista se percibe con  mayor profundidad en su color, en nariz es donde siento como un "mar de fruta" más fresca que los anteriores y con destellos de hierbas silvestres, pero es en la boca donde encuentro que su paso amplio, plano y sostenido marca una nueva diferencia respecto a sus pares, pareciera que fluye con energía, y la palabra "tensión" que nos anticipaba Geri, encaja mejor que nunca para describirlo. 
San Pablo se encuentra cercano al río Las Tunas y tiene suelo aluvial con alta presencia de carbonatos.
En todos los casos la elaboración siempre fue con levaduras indígenas, y con respecto a la crianza la misma fue bastante similar para los tres vinos.Utilizaron fudres de 5000 litros, combinando de 1er y 2do uso, entre 14 y 16 meses en los primeros, y de 1er uso únicamente en el de San Pablo. Geri agrega que a iguales condiciones los vinos de San Pablo siempre necesitan más tiempo en botella para redondearse, ya que poseen gran contenido de ácido málico y concentración polifenólica.
Luego de probar, disfrutar y volver a probar los tres vinos para distinguir sus diferencias, los imagino que pueden tener una buena evolución en botella, 5, 10 años cómodamente y me nace una nueva pregunta: ¿Esas diferencias que destacábamos con los años se notarán más? ¿Ó menos?. Qué lindo ejercicio será repetirlo en el futuro! Claramente nos falta historia pero por suerte cada vez son más los que se están ocupando de construirla.
En esta cosecha se hicieron aproximadamente 2000 botellas de cada etiqueta que para una bodega de las dimensiones de Trivento es una cantidad muy baja pero lo importante va mucho más de fondo, y al menos para mi como consumidor, comerciante y comunicador, vinos así me ayudan a entender mejor cuál es el potencial de cada región.
Malbec del Valle de Uco hace una decena de años podíamos pensar que se trataba de un sólo tipo y hoy, gracias a la búsqueda, el trabajo, la investigación, comunicación de productores, técnicos , bodegas y el día a día, resulta y nos motiva a un continuo descubrimiento. Aprender, sorprenderse, "disfrutar", al igual que Geri que cuando comenzaba la charla e intentaba explicar el significado del nombre Gaudeo, proveniente del latín gaudere, que precisamente también significa "disfrutar, alegrarse", porque es lo que le pasa a él cada vez que le toca a ir a cada uno de esos lugares para hacer el seguimiento de las fincas, y justamente lo que me pasa también a mi cada vez que descorcho un vino y me sorprende porque cuenta con una personalidad que lo hace único y especial.

miércoles, 30 de enero de 2019

"Probando en anticipo los vinos de un amigo"


Si bien aún faltan tres meses para que salgan al mercado recientemente en la Cueva tuve la oportunidad de probar los nuevos vinos añada 2017 de la línea Rompecabezas de Finca Beth, el proyecto de mi amigo Enrique Sack que nació hace 8 años.

Dicho emprendimiento al principio fue puramente vitícola para la producción de uvas de alta calidad en Paraje Altamira pero, al poco tiempo, desarrolló dos marcas de vinos que me encantan. Hoy les contaré sobre una de ellas que se llama "Rompecabezas" y es la que cuenta con la conducción enológica del joven Felipe Stahlschmidt.

Una de las novedades es que en ésta cosecha se consolidaron algunas etiquetas en la línea, porque el blend de malbec con cabernet franc que debutó medio de casualidad la cosecha anterior se mantiene, mientras que al mismo tiempo ambos varietales también se podrán disfrutar por separado, y para completar se le suma un cuarto que es un debutante cabernet sauvignon.

Recordemos que el cabernet franc es la segunda vez que se hace, la primera fue en el 2013 y la partida fue tan limitada que pocos lo pudieron probar, en ésta 2017 habrá apenas más y contará con 700 botellas de cabernet franc, 850 de cabernet sauvignon, 1200 de malbec y 4000 del blend, éste último, de entre los presentes en la cata, fue de los más elogiados ya que se destacó por ser algo más contundente en boca.

Los vinos de Rompecabezas podríamos decir que son un contrapunto a 2Km, el otro proyecto de Quique, ya que suelen destacarse por ser vinos con buen volumen en boca, que con los años van ganando en redondés y elegancia, y donde la crianza en madera juega un papel importante en el perfil de los mismos.

Hoy, probando los cuatro vinos juntos, claramente hay un hilo conductor que no se escapa del estilo que nos tiene acostumbrado la línea año a año. Creo que el trabajo con la madera, al ser cada vez más afinado, permite que los cuatro vinos nos lleven a sensaciones bien diferentes, permitiendo expresar bien el varietal y dejando apreciar, por ejemplo en el corte, lo bien que se potencian ambas variedades, o en el caso del cabernet sauvignon las típicas notas especiadas que cuando va a la boca se destaca por su amplitud, amabilidad, frescura y las notas de crianza bien detrás de todo ello acompañando excelentemente integrada.

Al igual que muchos otros vinos del mercado, estos 2017 me mostraron gran potencial, buena madurez, una añada que sabemos que fue muy buena en calidad, aunque Quique suele comentar que mucho de ello en su caso fue potenciado por rendimientos muy bajos, producto de una helada temprana que hizo que perdiera naturalmente más del 50 % de la producción habitual. 

En definitiva, Finca Beth es un pequeño y hermoso proyecto que dentro de su estilo además de ser un fiel representante de Paraje Altamira va creciendo en calidad a paso sólido. No les conté pero Quique mucho antes de ser productor de uvas es un gran amante del vino y seguramente esa pasión y fanatismo fueron fundamentales para los resultados que venimos encontrando en relativamente corto plazo.

Elegir un lugar especial, rodearse de los profesionales indicados, trabajar con precisión sin dejar nada librado al azar, y escuchar siempre antes al corazón que a la cabeza, seguramente sean algunos de los secretos.

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