sábado, 25 de junio de 2022

"Mendoza, con una visita al año no alcanza"

No quise hacer la cuenta exacta, pero hacía bastante más de dos años que no visitaba Mendoza (MDZ); resulta muy poco común para alguien que acostumbraba ir y con bastante frecuencia, pero ¡bueh! viajar fue una de las tantas cosas que nos arrebató la pandemia.

A pesar de ello, nunca dejé de estar conectado, al tanto de nuevos vinos, productores o nuevas regiones, aunque como siempre digo, no hay nada que se compare a conocer lugares, o las historias "in situ"; ello colabora siempre a comprender todo mucho mejor; algo así como se nos completa la película que comienza al momento de cada descorche, mientras nuestro conocimiento alrededor del vino también se nos va nutriendo.

Pero estoy aquí para contarles sobre el viaje que pude realizar recientemente junto a Nancy mi compañera. 

Compartiré mi experiencia de manera resumida, resaltando aquellos puntos que consideré más les pueda interesar. Porque en cada visita siempre es mucho lo que nos queda, y no exagero si digo que se podría armar una nota sobre cada experiencia, lo cual entre mi falta de tiempo y frágil memoria, me impiden concretar.

Este año hice algo diferente a cuando realizamos el Mr. Wines Tour, donde siempre solíamos parar en la ciudad de Mendoza y desde ahí ir a las diferentes zonas; como en este 2022 el que iba a conducir el vehículo que nos trasladara era yo, y no Willy el histórico chofer de la combi de nuestros viajes cueveros, decidí alojarme tres días en Valle de Uco (VDU), y tres en la Ciudad de Mendoza (MDZ). 

Hospedarse en el Valle de Uco suele ser algo más costoso, pero me pareció necesario hacerlo. Allí repartí mis estadías entre dos lugares, un hotel que se llama Fuente Mayor, que está estratégicamente ubicado sobre la ruta 92 en Vista Flores (Tunuyán); el cual considero con buena ubicación porque de alguna manera si uno deseara ir al sur o al norte del VDU las distancias serían un tanto similares.

Y también, gracias a la amabilidad de la gente de Bodega Atamisque, tuve la suerte de hospedarme la primera noche en uno de sus lodges.

Los mismos están ubicados en Tupuganto, más precisamente en San José, sobre la ruta 86, a pocos kilómetros de la bodega, dentro de la misma finca frente a la montaña.

Lógicamente por el confort y ubicación que ofrecen se encuentran en otro nivel de precios, pero amanecer en la inmensidad de semejante paisaje, con vista a la cordillera, y rodeado de viñedos y frutales varios les aseguro es único.



Justamente en Atamisque comencé mi recorrido, era la primera vez que visitaba la bodega, y que charlaba con su enólogo Phillippe Caraguel; un papelón por parte mía, gustándome los vinos, haber tardado tanto tiempo para visitarlos.
Phillippe me llevo a recorrer viñedos, bodega, me presentó su equipo técnico, probamos vinos del año y unos tope de gama recién salidos a la cancha que en breve les ampliaré.

Algo que me llamó la atención fue las extensiones de la propiedad donde se encuentra Atamisque, son alrededor de 750 hectáreas, de las mismas están plantadas aproximadamente 250. Además de otras fincas entre las que también hay manzanos, nogales, el restaurante que se encuentra sobre la ruta, y los lodges que les mencioné, hay dos lagunas entre espacios salvajes y una cancha de golf de 9 hoyos, y lugares de sobra para capturar todas las postales que se puedan imaginar.

Volviendo a la cata, me propuso un lindo resumen de su portfolio, confirmando la solidez que nos tiene acostumbrado la bodega año tras año; a través de su linea Serbal como entrada de gama realmente imbatible, pasando por algunos representantes de la linea Catalpa y Atamisque, y culminando con los exclusivos y recién salidos Clos Abanicos, que por el momento son cuatros vinos; los mismos nacieron a partir de una selección de suelos, luego de estudios realizados junto al geólogo Guillermo Corona.


Probé el cabernet franc y el assemblage, claramente apuntados para jugar en otras ligas, buscando representar el mejor material seleccionado de los abanicos aluvionales descubiertos, combinados con una crianza de entre 12 y 18 meses en barrica francesa de primer uso.
Para completar semejante visita, tuve oportunidad de charlar largo rato y compartir opinión junto a Jean Ettiene, él francés dueño, y quien esta al frente de la bodega, porque fueron sus suegros John Du Monceau y su esposa Chanta los fundadores, quienes hoy al ser personas mayores no visitan tanto la bodega. Para cerrar también poseen un restaurante al que no tuve oportunidad de ir aún, pero tengo entendido que es recomendable, y hay atención al turismo en la bodega si la desean visitar.

Hace largo rato que escuchamos hablar de La Carrera, y a pesar que hay por el momento muy pocos vinos que salen del lugar, las características del mismo, su clima frio, suelos con mayor materia orgánica del promedio que hay en MDZ, en el marco de un paisaje único, imprimen en esos pocos vinos un carácter especial, además de que quienes la visitan suelen destacar lo lindo que es.
Y fue el amigo Federico Isgró de Bira Wines, que me levantó por Atamisque y desde allí nomas, tomamos la ruta 89 para subir por un camino consolidado de unos 30 km hasta llegar a la belleza de este lugar a casi 2000 msnm, vale aclarar que la parte productiva hoy se encuentra entre los 1400/1700 msnm aproximadamente.

Obviamente Fede en la camioneta llevaba algunos vinos de Bira para acompañar el almuerzo que luego les contaré; y me mostró un proyecto en un inicio inmobiliario, aunque también productivo, que está iniciando junto a amigos y a su socio en Bira.


El mismo comprende un lote de 3 hectáreas que se dividirá en 20 fincas y una bodeguita que prestará servicios a los propietarios que adquieran cada uno de ellas. Justamente pegado a esa propiedad, se encuentra Estancia Atamisque ya funcionando con un club de vinos, socios, fincas, una estancia con servicio de alojamiento, y algunas propiedades privadas completando el paisaje.
Hay personalidades muy reconocidas del mundo del vino que ya eligieron este lugar, para su casa de fin de semana y de paso ir viviendo el potencial de esta nueva región, que por sus características es ideal para variedades de ciclo corto más que por el frio por las heladas tempranas, que bastante poco tiene para mostrarnos por el momento, pero que aparentemente es mucho lo que promete.
La picadita que compartimos con Fede, la acompañamos con Brunetto, Bin Otto y Tano, los vinos de más alta gama de Bira; saben que me gusta y empujo Bira desde antes que salieran al mercado, ¿qué tengo para agregar?
Destacar la claridad que tuvieron junto a su socio Santiago Bernasconi para armar este proyecto; el estilo que buscaron para sus vinos, las variedades que eligieron, y sobre todo cómo se supieron diferenciar dentro de un mar de vinos y se hicieron rápidamente un lugar que no discrimina consumidores, porque lo disfrutan tanto los de paladar más especializado como los más nuevitos. Para ir cerrando, la novedad más reciente es la renovación en las etiquetas, no estaban nada mal las anteriores, pero éstas es como que se destacan en elegancia y a su vez se diferencian mejor entre ellas.



Antes de continuar con el recorrido de bodegas, aprovechando que estoy en La Carrera, quiero sugerirles algo que alguna vez cuando vayan a MDZ deben hacer, y que es ir desde el Valle de Uco a Luján de Cuyo por la ruta 89. Esa ruta que les comenté al principio que tomamos con Fede continuarla hasta Potrerillos, bastantes kilómetros de camino consolidado, quizás 50, pero les aseguro que es para disfrutar a pleno por su multiplicidad de paisajes, entre cumbre nevadas, cultivos varios y pampa con ganado; todo ese contraste de paisajes, en el marco imponente del Volcán Tupungato y Cerro El Plata, para hacer un verdadero safari fotográfico y hasta para recorrerlo con tiempo como para detenerse a tomar unos mates promediando el camino.



Precisamente por ese camino volvimos a MDZ para la segunda parte de nuestra viaje, porque de Potrerillos bajamos por el Camino del Perilago, Villa de Cacheuta, Las Compuertas; todos sitios con muchos miradores. Seguimos por Chacras de Coria con rumbo a Mendoza Ciudad. El tiempo total que tardamos desde VDU hasta MDZ fue de aproximadamente 3 horas y media.

Ese primer día ya estaba casi terminando, aproveche para cruzarme en un punto intermedio con Cristian Moor de Bodega Corazón del Sol (CDS), el motivo además de saludarnos era probar juntos una botella del Corazón Cuevero 2020, vino que se seleccionó como vino de la cueva, y que llegará a nuestra casa más a fin de año.



Algunos ya saben, se trata de un malbec que mezcla buena parte de fruta de Paraje Altamira con algo de Los Chacayes, fermentado y criado en barrica; muy al estilo que nos tiene acostumbrado CDS, fruta con buena madurez, frescura, crianza que redondea y aporta mucha amabilidad y persistencia en el paso por boca; el vino ya se encuentra fraccionado desde hace varios meses, la botella seguirá aportando lo suyo, ansioso para que "los cueve" lo puedan empezar a disfrutar.

Paso a comentarles el segundo día en el Valle de Uco, que arrancó en Los Chacayes, m5as precisamente dentro de The Vines, donde fuimos a conocer Solocontigo Wines la bodega donde la enología la lleva adelante Pablo Marino.
Pablo es un técnico que sigo mucho sobre todo porque disfruto de su continua búsqueda. Comenzando por la bodega que es hermosa, ya que es literal la casa de los dueños que son de Canadá y se alojan allí muy poquitos días al año. Fanáticos del arte, las pinturas y obviamente con muy buen gusto para la diseño.
Además de probar varios vinos de pileta, catamos vinos de linea en el living, mismo lugar donde se reciben a las visitas, por lo tanto atención, esta bodega recibe turismo y no hay que dejar de visitarla.


Vuelvo a los vinos, entre las muestras de tanque destaco un nuevo Develado que va a a salir corte de syrah/monastrell 22, y un CS/CF también 22 que continua corriendo lenta y favorablemente los limites.
Entre los vinos regulares probé el Neelands Corte Chacayes, y algunas nuevas añadas de Casa de las Musas, pero creo que más importante que los vinos que les puedo mencionar, es la evolución constante en la bodega que vengo encontrando en los últimos años.
Vinos en diversos segmentos de precios, y que sin importar en qué rango se ubiquen, siempre tratan de tener personalidad, identidad del lugar y capacidad para caer con mucha amabilidad al paladar.

Cambiamos de bodega y de zona, pero no de enólogo, porque seguí a Pablito tras su camioneta, y desde Los Chacayes, me llevó a El Peral en Tupungato, porque allí está armando su bodega familiar junto a su compañera Amparo March.
Otra zona mucho menos renombrada, con bastantes viñas viejas que a esta pareja de jóvenes suelen cautivar, y una bodeguita que si bien quedan detalles para terminar pinta muy linda, sobre todo porque posee esa esencia especial y que es la que tiene que ver con las personas que la hacen.



Luego de probar muchas muestras de tanque, entre los cuales destaco un pinot noir de San José, nos sentamos a probar vinos terminados de Soberanía, porque así se llama la bodega.
Descubrí un bonarda con la etiqueta Oid Mortal linea de Parcelas Selectas que me encantó, de esos vinos bien directos, de perfil fresco, con dejo a hierbas y que tienden a afinarse en boca, Amparo me comentó que se encontraba a punto de agotarse, suerte que estaba con vehículo y me pude traer unas cajitas para la cueva.
Ella también es la encargada de recibir visitas, hay que contactarla, coordinar y se puede armar degus con diferentes propuestas de quesos y fiambres.
Estaba asomando el medio día y teníamos reserva para almorzar en La Cantina, el restó que está pegado a la bodeguita de Michelini i Mufatto (MiM), también en El Peral. El mismo lo lleva adelante Lorena Mufatto la hermana de Andrea y la chef es una joven tupungatina que se llama Mariella Cavallaro; hice una reserva porque tenía muy buenas referencias, y por suerte cumplió con las expectativas; menú por pasos, acompañado por buena parte de los vinos de la bodega, comimos al sol en un jardín, y fuimos atendidos con mucha amabilidad por un equipo de jóvenes camareros.
No sé como será almorzar en el interior del lugar, pero para nosotros en el jardín la experiencia fue de diez. Los vinos de MiM tienen que ver mucho con mi gusto, y todo estuvo a la altura.
Terminaba el segundo día en Uco, muy cerquita me quedaba la bodega de Los Desquiciados en Tupungato; sabemos que "el Gonza" Tagmanini y "el Tincho" Cesto tuvieron que agrandarse y acomodaron ahí sobre la RP86, a esa altura también conocida como Boulevard Correa, una antigua bodega que algunos seguramente la conocieron porque antes allí estaba Passionatte Wines de Matias Michelini.
Si bien los chicos no pudieron estar para recibirme, su encargado Hugo Velarde lo hizo; recorrimos piletas, barricas, muchos vinos de este año y de diversos zonas. Gran trabajo también están haciendo los "Desqui", que vienen creciendo en todo sentido, calidad y volumen. A Hugo creo que muchos cueveros los conocen por su vino Isman, del que probé por separado los componentes del mismo, y además un nuevo malbec con algo de crianza en barrica, que Hugo ya casi tiene para salir a la cancha.

De los vinos de los Desqui me sorprendió un malbec y un bonarda, ambos orgánicos, bien jugosos, frescos, riquísimos que desconozco por el momento su destino.

Nos agarró la tarde en Tupungato, y aún teníamos que llegar hasta el hotel que nos hospedaríamos en Vista Flores, hicimos casi todo el camino de noche, la verdad que de haber sabido lo mal señalizada que estaba la ruta, y sin iluminación, la hubiera evitado.
Les aseguro que si no fuera por el Waze nunca hubiera podido llegar, al menos para mi que no soy de la zona hubiera resultado muy complicado. Y atención que con el Waze muchas veces tampoco alcanza, porque hay zonas con cero señal, con lo cual sugiero apoyarse con el Google Maps, cargando mapas con destinos en el momento que uno posee internet, y guardarlo para el momento que se quede sin.

Justito antes de llegar al hotel, me detuve en Pájaros Pintados, una vinoteca con bar de vinos ubicada en Las Pérgolas de Vista Flores, que es un centro gastronómico fácilmente de identificar por las botellas gigantes que se encuentran sobre la ruta. El dueño de la vinoteca se llama Juan Asqueta, un joven uruguayo, que además de haber estudiado sommelerie en Buenos Aires, es cuevero.
No podía dejar de visitar su cómodo espacio, enfocado especialmente en bodegas y vinos poco masivos, y que en breve se ampliará con una propuesta de tapas y coctelería clásica, todo llevado adelante con esa pasión que lo identifica como buen cuevero.

Las Pérgolas se encuentran sobre la intersección de R92 y R94, es un área donde hay diversos comercios, uno de ellos es un restó donde nos acercamos una noche a cenar y nos pareció para recomendar la cocina y la atención, se llama Esencia Pasión, pertenece a la chef Graciela Hisa, aparentemente muy reconocida en MDZ por su catering y por dar servicio de gastronomía en reconocidas bodegas; el lugar no se destaca precisamente por la selección de vinos, pero la cocina nos pareció muy buena, a precios lógicos y me parece bien recomendar.

Llegó el domingo, el día que me despediría del VDU, que arranqué ese viaje tempranito, como les conté anteriormente, para ir hasta el Hotel NH, donde me hospedaría en MDZ ciudad, pero antes el marco imponente del camino de La Carrera.

En realidad antes de llegar al hotel, nos detuvimos en Chacras de Coria porque Mariana Onofri y su compañero Adán nos habían invitado a almorzar a su casa. Mientras Adán iba sacando cortes ricos de la parrilla, Marian nos llevaba a pasear por las añadas más recientes de su portfolio; en algunos casos degustando dos añadas de la misma etiqueta; las novedades, el naranjo mezcla de roussanne y pedro ximénez, se llama Alma Gemela Amber Wine y justamente hace poquitos días se presentó en Buenos Aires; y el monastrell nuevo de Lavalle para la línea Alma Gemela, que reemplazará al anterior corte monastrell/bonarda; creo que el cambio es positivo, hoy los tintos de esa línea se repartirían entre Garnacha (Maceración Carbónica), el nuevo Monastrell, el Carignan y el Teroldego, se los ordené de menor a mayor intensidad, todos bien interesantes.


Pensábamos que nuestro domingo terminaría ahí, pero cuando uno se relaciona con gente tan manija del vino, nunca sabe que puede pintar; después de varios ida y vuelta de WhatsApp con el Luquitas Richardi de Casa Tano, que conste que no lo quise jorobar un domingo a la noche pero la pasión de este pibe por mostrar qué tiene criándose dentro de su bodega fue más fuerte.


No conocía Casa Tano, pero de entrada me sentí muy cercano a esta bodeguita urbana ubicada en Godoy Cruz; esa antigua casa de seguramente más de 80 años, su historia de inmigrantes, y la garra con la que la llevan adelante el Luquitas y los pibes de su equipo. Probamos bastante muestras, me gusto todo, destaco un sangiovese bastante particular, un chardo de Altamira con velo, la nueva añada del Inéditos Syrah, ese maceración carbónica que el año pasado nos gustó tanto y se agotó tan rápido. Me despido de Luquitas, y nos vamos a refrescar un poco con birra a Chachingo en la calle Aristides.


Arrancamos el lunes tempranito en Bodega Krontiras, allí nos esperaba su enóloga Maricruz Antolín; nunca había visitado la bodega, pero sí había tenido oportunidad de hablar muchas veces con ella, porque sus vinos cada día me copan más.



La visita también consistió en probar muchas muestras de vinos que se están criando; coincidió que el recorrido lo hicimos junto a Panos Zoumboulis, consultor griego de la bodega desde sus comienzos, un señor muy agradable, que aunque el idioma no nos ayudaba pudimos intercambiar apreciaciones. Probamos bastante, se confirma claramente esa búsqueda de vinos que expresen el terroir y la tipicidad varietal, con la mayor transparencia posible, vinos que no necesitan exuberancia para sorprender, sino todo lo contrario.
Destaco los vinos de la linea Natural, sus nuevas añadas del malbec y el agliánico ya conocidos, al cual aparentemente se le sumará un tempranillo que también pinta muy bien, y entre medio de ellos nos dimos el gustito de probar algunas variedades griegas como moscofilero y assyrtico; nos despedimos de la bodega con un pet nat bien turbio (85% agliánico/15% malbec); Maricruz otra joven que no para de buscar, innovar y que sugiero seguir bien de cerca.
Si bien siempre da para quedarse en todos lados un rato más, tengan en cuenta que es importante llegar al horario pactado cuando hay reservas; recuerden siempre que suele haber mucha demanda de turismo en todos los lugares y no está bueno llegar tarde a ninguna visita, porque puede retrasar al resto.
Por eso llegamos bien puntual para almorzar en Bodega Piatelli, casualmente en la bodega se desempeña Vale Antolin, hermana de Maricruz, pero no la vi. Como justo coincidió con la semana del 25 de Mayo, en el restaurant de la bodega había un menú patrio especial; no detallaré, pero comimos muy bien, tanto en calidad como en cantidad, y a precio muy razonable, con una vista hermosa y muy bien atendidos por la gente de turismo. Antes de retirarme, me crucé con Ale Nesman, jefe de enología de Piatelli MDZ y Piatelli Cafayate, siempre un placer cruzar palabras con Ale.
El día terminaría visitando a un amigo, pero previo a eso nuevamente pintó mensaje de WhatsApp y un visita como quien diría "fuera de programa", y a alguien que tiene bastante historia para contar alrededor del vino, pero que yo conocí en persona recién ahora.
Se llama Juan Carlos Ubriaco, un productor de Chacras de Coria, que lo recuerdo de aquella vieja época del Club del Vino, fines de los 90, con su vino Araoz y Vieytes; y hoy me reencuentro con su Araoz Malbec, con uva de su propia finca, que muestra al desnudo esta zona tan especial de Luján de Cuyo. Pero la gran sorpresa fue al llegar a lo de Juan, porque fue como trasladarnos en el tiempo, la propiedad donde se encuentra su casa, una antigua bodega familiar, la finca del malbec y hasta una cantina con vista a los viñedos donde su hija Antonella recibe grupos y hace eventos. Una verdadera sorpresa el lugar.




Juan es de esas personas que tienen mucho para compartir, el tiempo fue acotado pero lo suficiente para pasarla de diez, donde además de alcanzar para una hermosa charla y conocernos mejor, de su cava despolvó un malbec propio 2003 que se encontraba tremendo, nos despedimos porque nos esperaba otro compromiso que era visitar a un amigo, que muchos de ustedes conocen como Sergio Amichu.


Creo que junto con la de Mariana, ir a cenar con Sergio Casé y su familia era mucho más plan de amigos que de vinos.
Mientras compartíamos una picadita con unos vinos que Sergio trajo de su reciente viaje a Europa, hice mí reclamo a la familia acerca de cuándo saldrá la nueva añada del Uccelino Barbera. La respuesta fue que viene atrasado por la falta de aquella botella borgoña tan simpática, y para calmarme me anticiparon que en este 2022 cosecharon una variedad de uva italiana que se llama Raboso Veronés, y que le encanta como pinta su elaboración. No me quiso anticipar mucho más, pero sospecho que se viene algo lindo. Con mi familia queremos mucho a la familia del Amichu, tendrá que ver que estos años de alguna manera recorrimos y crecimos juntos.
Arrancábamos el último día de visitas, dejábamos el hotel del centro, para pasar nuestra última noche en un lugar muy especial que sobre el final les detallaré.
Volvimos a la zona de Lunlunta, ahí a apenas unos kilómetros pasando Krontiras se encuentra La Heroica, que es la finca mimada de la familia Brennan de Amansado Wines.
Ahí nos recibió Santi Brennan y el enólogo Pepe Miano, La Heroica es un viñedo enteramente pensado en terrazas. A Pepe le gusta decir que es un “Laboratorio Vitivinícola “ ya que la finca le da la posibilidad de explorar distintos suelos, alturas y exposiciones.
Está ubicado en las cerrilladas de Barrancas-Lunlunta-Carrizal y alcanza alturas de 1000 msnm. Estamos hablando de un registro de suelo completamente distinto al área circundante, ya que no se trata de los típicos materiales finos depositados por el río Mendoza, sino de piedras y claustros de la cordillera frontal y central con calcáreo adherido.
Las expresiones de todo esto combinado con los aromas de la flora nativa que rodea el viñedo genera una expresión única en los vinos que salen de este sitio.
Caminar el sitio y tener la posibilidad de probar el primer vino que salió de ahí, me da para pensar que estamos frente a un lugar muy especial. La cata con los muchachos se completó probando añadas actuales y próximas a salir de algunos de sus etiquetas, lo más nuevo siempre mejor, me gusta definirlo con la palabra ajuste, fineza, algo que suelo encontrar año tras año en las bodegas que se ocupan de mejorar.
Llegaba la hora del almuerzo, y si bien la idea del viaje no era visitar bodegas que ya conocía, fuimos a Riccitelli Bistró a almorzar, teníamos mucha referencia de su cocina, basada en vegetales y hierbas de la propia huerta, con el diseño y la conducción de su chef Juan Ventureyra. De más está decir que los vinos de Mati, el espacio, el servicio hicieron una experiencia completa, mi compañera no conocía la bodega así que dimos una vueltita junto a Vero, la hermana de Matías, ella se encarga de atención al turismo.

Con respecto a la bodega la encontré más ordenada que nunca, y eso tiene que ver que debido al crecimiento de producción, producto de la gran demanda, Matías armó una segunda bodega para sus vinos de mayor volumen. Por eso hoy en la bodega se concentran los vinos de más alta gama y los de elaboraciones más acotadas y enfocadas.
Y ahora sí, ya completando el viaje fuimos a Anaia Wines, la joven bodega que construyeron en Agrelo Patricia Serizola y su compañero Osvaldo. Conocía los vinos desde su nacimiento, y en estos pocos años, vengo observando el crecimiento y las intenciones de mejorar ante todo desde la calidad.
Pero antes de continuar con los vinos, quisiera resaltar la construcción, el diseño, la ambientación, tanto de la bodega, como de la casa familiar que se encuentra ahí nomás apenas separada por un lago que además funciona como reserva.
En esta última nos hospedamos para cerrar nuestro viaje, normalmente la utilizan para recibir amigos, pero esta preparada para encuentros corporativos, o para que se hospeden en caso de alguien que desee contratar para un evento, les aseguro que es todo tan lindo que enamora.
En Anaia hay equipo para recibir turismo, en la bodega hay un espacio para cata, y es un living también con una barra y vista alucinante, y donde la degustación se puede acompañar con un tapeo bien gourmet.
Volviendo a los vinos, conducidos por su enólogo Gonzalo Serrano Alou, hicimos un gran recorrido por vinos del año en la bodega, sauvignon blanc, viognier, el cofermentado de malbec/cabernet sauvignon, algunos para destacar; en la sala de barricas probamos bases de alta gama, entre ellos sorprendió un syrah.
Al volver a la sala de cata la sorpresa la dio un pinot noir de una partida muy acotada que no saldrá a la venta estimo, pero empieza a hablar del potencial que pueden alcanzar con la variedad. Haciendo un poco de memoria creo que también por ahí hubo un merlot que me gustó.
Cerramos el viaje con un asadito en la casa, junto a todo el equipo de la bodega, allí estaba también Pao Belleza y luego de probar el Blanco de Agrelo próximo a salir, disfrutamos en primicia del Oblivion, la etiqueta que llegará para ubicarse en el tope de gama. Es producto de "la mejor barrica y la mejor uva, que en ese año fue cabernet sauvignon", me aclara Patricia, muy contenta con el resultado.
En ese brindis final con los amigos de Anaia, cerrando cinco días de visitas, escuchando muchas historias, encontrando vinos que se relacionan con ellas, compartir apreciaciones, aprender; poder compartir todo junto a Nancy, mi compañera, quien en el largo camino de vuelta, porque fueron casi 11 horas hasta Buenos Aires, me reconoció que se necesitan al menos 2 o 3 viajes de éstos al año, teniendo en cuenta cuántos productores hay en nuestra querida Mendoza.
De paso aprovecho para disculparme de aquellos que no pude visitar.

miércoles, 23 de junio de 2021

"Un lugar, dos amores"

La primera vez que lo vi a Andrés "el vasco" Biscaisaque, fue en el 2015 en "la cueva"; había venido a traerme un par de vinos para probar, eran sus dos primeras elaboraciones, una de ellas me había gustado mucho; recuerdo que ese vino se llamaba Alfil, la añada era 2014 y en el frente de la etiqueta declaraba algo muy particular "Elaborado en Burzaco, Buenos Aires".

Me quedo muy grabada aquella etiqueta, y del vasco el recuerdo de un tipo de hablar muy pausado, que se declaraba enamorado de la montaña, y que esto del vino le había pintado medio como espontaneo, quizás en ese momento mal pensé que había sido de casualidad.

Él no venía a traerme vino para vender, simplemente quería compartirlo, escuchar mi opinión, tampoco en realidad sé porque se había molestado en venir hasta la cueva; pero qué bueno que eso haya ocurrido, porque me había caído muy bien, sin saber si algún día el mundo del vino nos iba a volver a cruzar.

El tiempo fue pasando, tuvimos algunas pocas oportunidades de juntarnos a charlar, y a partir de la vendimia 2018 retomó con sus elaboraciones año a año; las cuales no solamente fueron creciendo lentamente en volumen, sino también se sumó alguna etiqueta.

Hace pocas semanas, en un viaje relámpago a Buenos Aires, vuelvo a recibirlo en la cueva; llegó con una caja bajo su brazo, mayoritariamente vinos 2020 para probar en primicia, y lo más importante con tiempo para quedarse a charlar.

Sabía que tenía mucho para contarme, hoy con una bodega casi terminada en Barreal; dos etiquetas, Alfil y Los Dragones, circulando lentamente por pocas vinotecas; y algunas próximas ya en botella y con muchas ganas de empezar a mostrarse.

Consultando sobre su historia, me contó que a los veintiún años cursaba la carrera de comercio exterior, y si bien ya tenía un empleo relacionado, ya sabía que no era el ámbito de trabajo que deseaba para el resto de su vida.
Hasta allí su hobby había sido escalar montañas, tomar cursos, viajar; llegó el momento de decidirse en hacerlo con más profesionalismo, en un principio empezando a vender equipos de montaña, más tarde armó un muro de escaladas y empezó a trabajar de lleno en ello.

Descubrir ese mundo, la montaña, la aventura en ese nivel le dio mucha motivación sobre todo para transmitir su experiencia y trabajar como instructor; con intenciones de abrir puertas a más gente, armó un Club en Buenos Aires, y sus viajes a la cordillera cada vez se hacían con más frecuencia.

Hace como 20 años, entre uno de esos tantos viajes que lo llevo por el mundo (Nepal, Bolivia, Chile, Perú, Ushuaia), llegó a Calingasta, San Juan, para escalar la cara sur del Cerro Mercedario. Fue allí, me confiesa, que se enamoró del lugar con el que tuvo una conexión instantánea y mucho más allá del paisaje. 
Con un compañero de expedición vuelven en el 2013 a escalar a Barreal, en donde ya conocían a la familia Bugallo, y con quienes con los años se hicieron cada vez más amigos; ahí ya estaba Francisco "Pancho" Bugallo con el proyecto Cara Sur; y al observar que al vasco y su amigo les copaba mucho el vino, los invita a hacer vendimia en el 2014. 


Terminada ésta lo convence para que se lleve uva en un tanque de plástico a Buenos Aires; imaginen que por motivos obvios el viaje era preferible hacerlo de noche, y aprovecharon el mismo para hacer una maceración en frio con bidones de hielo bien desinfectados que llevaba en su interior. 

Así es como el vasco, con casi nada de experiencia, se encuentra una mañana en Burzaco, elaborando su primer vino; a falta de los recipientes clásicos, se encargó de juntar damajuanas de 25 litros para iniciar aquella vinificación; guiado constantemente por las llamadas de Pancho y la información que podía recoger en internet. Ese vino llevo impreso en su etiqueta "Elaborado en Burzaco", era el que les dije que me había encantado, cargaba una historia especial, claramente imposible de volver a repetir.

A las vendimias siguientes volvió siempre a ayudar a Cara Sur, la pasión por el vino crecía empezando a ponerse a la par de la de la montaña, me resalta que también aprendió mucho junto a Pancho y Seba Zuccardi; Cara Sur es el proyecto de Pancho, Seba y sus respectivas compañeras; reconoce que todos siempre fueron muy generosos con él, compartiendo sus experiencias y conocimientos.

En el 2018, empezó a considerar mucho más fuerte en hacer sus propios vinos, para ese entonces ya había decidido ir a vivir a Barreal, y su casa de Buenos Aires se transformó en un club social, la cual hoy está a cargo de toda aquella gente que él mismo ha formado.

Y en medio de esta charla surge cuánta relación existe entre estos dos mundos que eligió el vasco; ese costado de arte, aventura, dedicación, cuidados estrictos, que requiere el andinismo, por ejemplo al momento de organizar una expedición; comparado con todos los del vino, los cuales son bien familiares para nosotros. Sabemos de la importancia de cada detalle durante un año en la finca, y luego adentro de la bodega. Soy un convencido que esos vinos que conmueven, nada sale al azar, es el resultado de una infinidad de variables, empezando por los lugares, el clima y sobre todo el cuidado y respeto de las personas.



Sumado a todo lo anterior, se denotó ese gusto del vasco por comunicar, cualquiera de las dos actividades; lo disfruta me dice, y para hacerlo mejor con el vino, en medio de todo lo que cuento, además se ocupó de cursar la carrera de sommelier en la EAS de Mendoza.
En un principio su idea original era una bodeguita en un terreno pequeño, pero sus dos hermanos lo incentivaron a hacer algo más grande, compraron una finca de 5 hectáreas "peladas", era pura piedra recuerda, en el centro de Barreal.

Entre los tres y con la ayuda de unos créditos provinciales, hoy están terminando la bodega que tendrá una capacidad aproximada de 70000 litros. De la totalidad del terreno, 3 has serán plantadas, el resto lo ocupa el edificio, y corredores biológicos; el objetivo de estos últimos es salir del típico mono cultivo, para tener un sistema más sano y equilibrado en toda la finca; me aclara, con la biodiversidad de especies, logras suelos más vivos, riqueza natural.
Recién en este 2021 pudo elaborar dentro de la nueva bodega, en el 2018 la había hecho en Cara Sur, en el 2019 en unos huevos de hormigón en su casa, y en el 2020 caso similar, pero en la finca nueva. Lo traslado a cantidades en el 2014 habían sido apenas 400 botellas, en el 2018 600, en el 2019 5000 entre las dos etiquetas, y 2020 12000 entre las etiquetas que les mencionaré sobre el final de la nota.

Entre las novedades 2020 habrá una línea nueva que se llamará Maida, y la formarán un blanco y un tinto, será una línea de entrada, ubicándose por debajo de Alfil.


Todos los nombres que utilice el vasco para sus vinos siempre serán cerros que haya escalado; a Alfil, y Los Dragones, ahora se le suma Maida.

Él me contó la historia de cada una de esas escaladas, los motivos de los nombres, y todo tiene un porque; perdonen si lo paso por alto, pero con los testimonios que tiene, creo que se podría hacer una nota nueva con sus experiencias al respecto.


Maida Tinto 2020 es un corte de un antiguo parral de bonarda y un joven espaldero de malbec, aún se está por definir el compañero blanco. Por allí probamos un torrontés mendocino, despalillado y fermentado con algo de pieles, crianza en huevo con un poco de velo, 3/4 meses en barricas nuevas de 500 litros y sin filtrar, que me encantó. Atención, torrontés mendocino es la variedad, la mayoría de los torro que están en nuestro mercado son riojanos, se caracterizan por ser bien aromáticos estos últimos; el destino de este blanco particular probablemente salga como Dragones.

También probamos el nuevo Alfil 2020, criado en huevo de concreto, bonarda cofermentado con 5% de torrontés, le encontré más nervio e intensidad creo que añadas anteriores, el vasco opina que es un vino que todavía le falta botella y coincido, también es la cosecha que más me gustó al momento.

La novedad es el Alfil Claret 2020, una combinación inversa al del tinto; 95% torrontés, el resto bonarda junto a un "chorrito" de criolla, cofermentado con pieles, 6 meses en huevo de hormigón y 3 en barrica francesas usadas. Una frutita muy fresca, tirando a roja a la par de algo floral; un vino que me dejó pensando, y me gustaría volver a probar.

Otra buena noticia es que en el 2020 Los Dragones será un Syrah, proveniente de una finca que está en el extremo norte del Valle de Calingasta, sobre la cuenca del Río Castaño, un lugar que se llama Puchuzun, zona bien pedregosa a 1650 msnm. El vasco se enamoró de esa uva cuando la vio, por ello decidió elaborarla; cosecha temprana, crianza en huevo de hormigón con un pequeño porcentaje de racimo entero; gran intensidad aromática con ciertos tonos minerales, suavidad, frescura y longitud en el paso por boca. Vinos del extremo norte al sur del Valle, el vasco está decidido a hacer.

Y el sexto vino de la caja, era un Alfil 2018, el vasco trajo una de las últimas botellas que le quedaban en su cava, para comprobar la buena evolución que estaba llevando, igualmente considero que las añadas más recientes contarán con algo más de potencial.

Adivinar que estaba cocinando su madre cuando llegaba a su casa después del colegio, era algo que le apasionaba al vasco de pibe, descubrir qué rico plato lo esperaría a través de aquellos aromas que lo recibían; casi como sin querer desde chico desarrollando su olfato, al que hoy considera su principal herramienta de laburo; afirma que es un autodidacta, que aprendió de la experiencia, y de probar continuamente ante la toma de cada decisión; entre medio de esos recuerdos, no faltó también el de su padre quien además de ser un gran bebedor de vinos, acostumbraba a añejarlos, vivía todo un culto alrededor de ello; seguramente sus decisiones no fueron de casualidad, porque todo mucho tuvo que ver con este nuevo camino que eligió, sin nunca descuidar su primer amor, el de la montaña.

domingo, 30 de mayo de 2021

"Mi estrella, mi camino"

 


¿Esta noche te esperamos y trae tu vino para probar? eso le dijimos a Noelia Juri cuando la conocimos en Mayo del 2017 el día que visitamos Zorzal Wines, en el marco de un #MrWinesTour. La jornada terminaba en una degustación y asado con Matias Michelini en la bodega del Mono, y ahí aprovechamos en reencontrarnos con "la Noe" para probar su primer vino.

Ya caída la noche en Tupungato, en la previa del encuentro con Mati, todavía recuerdo el tremendo frío que hacía, las pocas palabras de Noe y un Merlot 2016 que era recibido con muchos elogios por los cueveros, a la par del típico - aún le falta un poco de botella - , continuó - y ahora también queremos probar el bonarda!. Todo mientras yo le recordaba reiterada veces a Noelia que ni bien tenga sus vinos listos para salir me avisé primero, así de manija saben que me pongo cuando algo me entusiasma. 

Creo que es una chica bastante callada, así como de perfil muy bajo, al menos eso demostraba; la sentí como medio en contraposición a su vino que ya nos había dicho bastante, aclaro que bastante no necesariamente significa cantidad, en este caso me refería más a esas sutilezas con las que nos gusta encontrarnos. 

Recién cuando le propuse cruzarnos en algunas charlas para escribir esta nota, logré conocerla, escucharla mucho; comenzando por su historia, desde muchos antes de llegar a Zorzal hasta los varietales Najmay (malbec - bonarda - merlot) que estamos disfrutando hoy.

Nació en Tupungato hace 30 años, y salió de su lugar únicamente cuando se fue a la Ciudad de Mendoza para estudiar en la Universidad Tecnológica. 
Su contacto con la viña fue desde muy pequeña, gracias a una finca que compró y plantó su abuelo en el año 1974, al principio un parral de bonarda, y mas tarde(1992) su padre también sumó malbec y merlot; actualmente la lleva adelante su hermano Nicolás(25), "el viticultor de la familia" así le gusta llamarlo ella.




Vuelvo a cuando Noe era piba, la viña era casi como su patio de juegos; vivir la vendimia en familia, y siempre esa incertidumbre de en que botella terminaría la uva que producían para vender a grandes bodegas; la magia de su transformación en vino, y cuantos motivos mas para que terminada la secundaria eligiera sin lugar a dudas la carrera de enología para su futuro, no barajaba ninguna otra opción.

En el 2008 comenzó la Licenciatura en Enología que le llevo algo más de cuatro años, hasta que en el 2013 regresa a Tupungato para completar su carrera con una pasantía en bodega; le llevo varios meses conseguirla, hasta que le presentan a los hermanos Michelini y rápidamente se pusieron de acuerdo para concretarla en Zorzal, donde terminada renueva contrato sólo por algunos meses más; recuerda de aquella época, aprender también mucho junto a Cristian Morelli, encargado de la bodega por esos años, y otro joven productor muy cercano a los cueveros.

El 2014 la encuentra haciendo vendimia en Finca Sophenia, una bodega vecina, que en aquella época en la conducción se encontraba German Masera; el trabajo de Noe allí fue 100% laboratorio; lo positivo de la experiencia, conocer otra área y que sirva para darse cuenta que la actividad que verdaderamente disfrutaba tenía más que ver con la libertad de caminar la finca y seguir luego con el trabajo duro de elaboración en bodega. 

Ese año también tuvo oportunidad de hacer vendimia y elaboración pero en Sonoma(EEUU), experiencia completamente diferente a las anteriores; bodega enorme, vinos más de manual y cumplir estrictos protocolos; nada más lejos de aquella primera experiencia junto a los Miche; precisamente reconocidos por una enología más sensitiva, ahí donde los procedimientos se toman por degustación, donde la sensibilidad y la intuición toman decisiones, y donde Noe se siente claramente más a gusto; es por ello es que en el 2015 vuelve a Zorzal ocupando diversos puestos en la bodega hasta la actualidad.

En el 2016 le nace esa necesidad de empezar a desarrollar algo alrededor de los viñedos de la familia, aplicar todo aquello que aprendió en Zorzal, valorizar el trabajo de su abuelo y sobre todo el de su padre, que lamentablemente desde el 2013 ya no está; y con la idea que su proyecto personal, sea además el medio para seguir uniendo a la familia, su madre y Nico desde la finca, su hermana Pamela(32) empezando a meter un pie más en lo comercial, y hasta su prima aportando desde el diseño e impresión de las etiquetas.
Precisamente decide a su marca llamarla Najmay, que significa "mi estrella" en árabe, lo eligió precisamente para homenajear a su padre, por su descendencia y porque así lo siente cada día, una estrella que siempre esta a su lado.




En buena parte de la charla "la Noe" menciona a "los Miche"; así como en un agradecimiento continuo, dice que son muy generosos, y que fueron fundamentales para decidir el camino que eligió, sobre todo Juan Pablo Michelini, lo llama su "Gran Maestro". No solamente porque aprendió mucho junto a él, sino porque la apoyó siempre mucho para no ponerle techo a su carrera. Desde el 2016 está como encargada en la bodega, y sus opiniones cuando evalúan vinos para tomar decisiones son muy tenidas en cuenta, y a ella la hace muy feliz. 

Ahí no dudé en llamarlo a Juanpi Michelini para que me cuente más sobre su "gran compañera", porque así la presento mientras me decía - La Noe es una mujer con una sensibilidad increíble, que a ayudado a crecer en calidad, definición, y pureza a los vinos de Zorzal; en ella pongo toda mi confianza, porque con el correr de los años, colaboró a elevar el nivel de nuestros vinos. También destacó la calidad de sus vinos de familia(Najmay); y por allí la remató con algo que desconocía, un semillón en el que enteramente está trabajando Noe para Zorzal, que dará que hablar me dijo, y que no me animo a spoilear más, porque creo que será de partida muy limitada.

Vuelvo a los vinos, aquella primer vendimia fue vinificada en La Milonguita, y éstas más recientes en La Cantina(Tupungato); ambos espacios conducidos en sus respectivos momentos por Andrea Mufatto y Gera Michelini, con quienes Noe también se encuentra muy agradecida; y creo que es una buena oportunidad para contarles que "Cantina MIM" es el espacio pegado a la bodega, para recibir turismo, donde se puede visitar para comer y degustar vinos. 

Me olvidaba, la finca familiar está ubicada en Cordón del Plata, bien cercano a Gualtallary pero más al sur; posee aproximadamente 23 hectáreas, de las cuales 14 están ocupadas con viñedos, pero calculen que si ella vinifica entre todas las variedades no mucho más que 1500 botellas, representa un porcentaje muy pequeño sobre el total.

Camina mucho la finca para elegir aquellos sectores o hileras especiales, esas que posean mayor equilibrio serán las destinadas para sus vinos; pero en este 2021 la búsqueda la enfocó más aún, poniendo mayor atención a los suelos; porque fueron dos malbec de diferente edad y diversos suelos que decidió micro vinificar por separado para mostrar sus particularidades; el más antiguo, proveniente de suelo más arcilloso, otorgando fruta con un grano más grande; el de más al este, con un suelo más arenoso, no sólo los granos, sino también los racimos se muestran más pequeños; hoy ambos criándose en barrica, y a pesar de ser vecinos cercanos, poseen claras diferencias cuando se degustan .

Por diversos motivos no vinificó todos los años. Aquellos dos debutantes que mencioné al principio fueron 2016. Hoy están en la cancha Bonarda 18, Malbec 18 y Merlot 19; en el 18 no hizo merlot porque se había pasado el punto de madures que ella consideraba ideal.
Por falta de tiempo en el 2017 no elaboró y por pandemia en el 20 tampoco. 2019 sobre todo para suerte nuestra habrá de los tres varietales, y como comenté en el 21 probablemente las dos versiones de malbec solitas.

Preguntándole  sobre la elaboración y crianza me cuenta - tanque de PVC para la vinificación, crianza siempre 100% en barrica de varios usos(4to/5to), confirma - me gusta como redondea y afina los vinos -
Pero el arte me doy cuenta que pasa por como combina entre vino despalillado, racimo pisado y racimo entero; dependiendo de la variedad, la añada, la madures de la uva y de la del raquis; en función de todo ello va variando los porcentajes de cada componente y de los tiempos de maceración, obviamente tomando decisiones por degustación, nada de receta como ya dijimos.




Tengo el vago recuerdo de aquellos vinos 2016, y obviamente bien presentes los varietales actuales, considero que hubo un claro crecimiento en calidad; los nuevos están mejor terminados, los siento algo más profundos. La Noe hace vinos de perfil fresco, donde la fruta se muestra con gran nitidez, vinos que recorren la boca a lo largo, que son vibrantes, y que en el fondo aspiran a fineza y elegancia. 

Una vez mas encontramos conviviendo el proyecto hiper pequeño, con los grandes sueños; ahí donde las personas, los lugares, las historias, se mezclan para darnos vinos únicos; donde nada se puede hacer sin generosidad, trabajo y humildad; donde siempre son necesarios motivos que inspiran, amigos, familia; donde no se fuerza nada, para que salgan así, como de manera natural; donde siempre hay estrella para seguir, aunque los caminos se hagan mas largos, Noe tiene la suya que no deja de acompañarla y hoy a través de sus vinos tuvimos la suerte de conocer.

domingo, 23 de agosto de 2020

"Descubrir y seguir cada jugada"



Dicen que hay personas que se encargan de ver los partidos de fútbol en las categorías inferiores de los clubes para descubrir a los jugadores que tienen un talento especial, y entonces contratarlos tempranamente porque ven en ellos una condición que los destaca, un futuro.

Salvando las distancias, en este camino de vinotequero, en el que trato de especializarme en jóvenes y pequeños proyectos, uno también va adquiriendo esa habilidad para después de un encuentro, charla o degustación, entender hacia donde está eligiendo ir cada productor que uno tiene en frente.

Pero, a diferencia del fútbol donde además de actitud debe haber una cuota natural de habilidad en el joven jugador, creo que en el vino a este último atributo prefiero reemplazarlo por la palabra sensibilidad, o ambición por entender, por profundizar.

Cada vez que menciono la palabra sensibilidad, saben que no me refiero al momento de catar, sino a esa capacidad para poder sentir o entender con claridad hacia donde se pretende ir. Estar convencido de tal o cual búsqueda, no dejarse llevar por "modas" pero si por lo que uno siente y, sobre todo, por lo que lo hace feliz.

No hace tanto que conozco a Pablo Marino, en realidad nos habíamos cruzado hace algunos años cuando se estaba armando Casa Petrini y Pablo acompañaba en esa tarea a Ariel Angelini, pero nada sabía yo en aquel momento de su carrera.

Hasta que no hace más de tres años, cuando tuve oportunidad de probar sus primeras elaboraciones, estas me motivaron para conocerlo más, invitarlo a la cueva y precisamente confirmar cuánto esas charlas tenían que ver con los vinos que íbamos degustando, reconocer aquella sensibilidad o sana ambición que les mencionaba.

Ahí es el momento en que uno percibe que todo se condice. Creo que esa es la palabra exacta.

Uno logra sentirse como aquel buscador de promesas futbolísticas, pero en este caso no fue una gambeta que lo enamoró, sino esa capacidad para intentar interpretar un terroir y de la manera más franca; y digo intentar porque apenas es su comienzo y nada se construye con apenas unas vendimias, eso ya lo sabemos todos.

Fue Oid Mortal Malbec aquel primer vino que me abrió la puerta a probar otro proyecto donde también participa Pablo que se llama "Somos Berracos". Empecé a seguir más de cerca su carrera que, en la actualidad, se distribuye entre los dos que mencioné, su bodega familiar que se llama "Anchayuyo" y la bodega en donde se desarrolla como su primer enólogo que es "SoloContigo Wines", esta última ubicada en pleno corazón de Los Chacayes, dentro de "The Vines".
Si bien podría hablar sobre la actualidad de los vinos de cada una de esas marcas, no quiero dejar de repasar la carrera de Pablo, que pese a su juventud, desde pequeño siempre estuvo muy relacionado al mundo de las bodegas y de la finca a través de su familia.

Su padre es enólogo, los abuelos paternos han sido encargados de fincas en la "Zona Este" cuando él era pequeño, aunque más tarde se mudaron a Valle de Uco, más precisamente a Tupungato. De esa misma zona son sus abuelos maternos, quienes también en alguna época habían tenido viñedos, es decir, sus raíces son innegables desde ambas partes.

Y el hecho de conocer las bodegas desde chico, cuando acompañaba a su padre, siempre lo tuvo viviendo con la intriga de conocer con más detalle todo lo que acompañaba aquella transformación del mosto en vino; y fue por ello que cuando terminó el secundario, donde estaba entre estudiar enología o música, decidió empezar por la primera para entender más a fondo de qué se trataba. Continuó con la música pero más como un hobbie.

Después de tomar la decisión en el 2005 comienza la carrera en la UTN, hace la técnicatura, y sus primeras pasantías en el año 2008 las realiza junto a su padre en la bodega Estancia Mendoza en Tupungato.

Aquella primera vendimia la recuerda por haber sido intensa, pesada, aunque a pesar de ello lo incentivó a seguir estudiando. Continuó con la licenciatura, a la par que en el 2009 ingresaba a la bodega Jean Bousquet, de donde conserva muy lindos recuerdos - “la bodega era nueva, eramos pocos y aprendí mucho, siempre trabajando con libertad, ideal para curtirnos y poder aplicar toda esa teoría que habíamos visto en la facultad”.

En el 2010, mientras rendía las últimas materias y le daba una mano a su viejo, logró viajar a Napa Valley para trabajar en una bodega a la que había enviado su CV.

Aquella vendimia en Napa le abrió mucho la cabeza, recuerda, ya que a pesar de haberlo tenido tanto tiempo fuera de su casa, lejos de su familia y amigos, el estar cuatro meses abocado 100%, junto a varios profesionales, a la elaboración, siguiendo de cerca centenares de micro vinificaciones con diferentes protocolos, todo en una bodega que elaboraba para terceros, lo hizo enamorar aún más del vino.

Haber elaborado cantidad, pero a volúmenes tan pequeños, le despertó la idea que ni bien regresara a la Argentina podría encarar su primera pequeña vendimia, y así se concreta en el 2011, junto a su compañera Amparo March y en el garage de la casa de su padre.

Durante el día vendimiaban para su nuevo emprendimiento, mientras que a la noche trabajaban en la bodega Masi Tupungato.

Destaca que allí conoció otras tecnologías, empezó a entender de qué se trataba lo orgánico y conocer variedades no tradicionales como rondinella, corvina o ancellota.

A la par de esos trabajos, ahí por el 2012, nacía Anchayuyo, vendimia en casa, pero con algo más de producción; mientras comenzaba con el armado de los viñedos en Casa Petrini.

En paralelo a su desempeño en Petrini, continuaba creciendo Anchayuyo, no solamente llegando a las 25000 botellas y con la necesidad de vinificar en una bodega de terceros, sino también en cantidad de etiquetas, cinco en aquel momento.

Junto a una pareja de amigos en el 2016 nace "Somos Berracos" y en el 2017 "Oid Mortal", solamente junto a Amparo. Para diciembre del 2017 se desvincula de Casa Petrini.

Es a fines de la vendimia 2018 que se suma al equipo de trabajo SoloContigo, en esa época asesorada por Juampi Michelini.

Conozco esa bella bodega de Los Chacayes desde sus comienzos, pero es en estos últimos años, gracias a la llegada de un nuevo equipo técnico, sus vinos me empiezan a cautivar cada día más.

Luego volveré sobre SoloContigo y algunos vinos. Comenzaré contando un poco sobre cada uno de sus proyectos personales y qué identifica a cada uno de ellos.

El primero que mencionamos fue Anchachuyo, varietales que muestran identidad del lugar, sobre todo de zonas de Tupungato y de las que no se hablan mucho, como La Arboleda, Villa Bastías, El Zampal o Cordon del Plata; resumiendo, viñedos antiguos, de Tupungato en general y de baja producción.

El Anchayuyo Cabernet Sauvignon 2019 me parece un imbatible de relación precio/calidad, expresivo, de entrada amigable, sabroso y en un segmento de precio súper amigo, hoy apenas llegando a los $400 la botella, recomendable para aquellas personas que no se le animan al cabernet porque dicen que es "muy fuerte".

Mostrar únicamente un viñedo, de eso se trata "Somos Berracos", además de Amparo es el proyecto que comparte junto a Martin Gabrieli y Liza Videla, y es elaborado con la fruta que proviene de una finca centenaria en Villa Bastías; viñedo bajo, con muy poca producción y variedades como malbec, bonarda, sangiovese y semillón.

Y si bien hay un blend que combina todas las tintas plantadas, es el blanco el que siempre me gustó destacar; una vino más de boca, directo, sutil, seco, fresco; haber sido fermentado con pieles y criado con finas borras durante seis meses le aportó cierto volumen en boca, y sus aromas se comparten entre algo meloso, suave frutal y el típico mineral; estará llegando en breve a las vinotecas el Somos Berracos Semillón 2019, a estar atentos.

Oid Mortal es básicamente con uva proveniente de El Peral, y como les comentaba al principio el que comparte junto a su compañera Ampi, así la llama él, desde que se conocieron cuando eran adolescentes, y se pusieron de novios en el 2006; a pesar de la diferencia de edad entre ambos, porque Pablo es tres años mayor, cursaron la misma carrera, se casaron hace 5 años, y tienen una niña que se llama Nina.

Si bien hay varios varietales y buenos como un pinot noir y un merlot en la línea, y que suelen tener mucha aceptación entre quienes lo prueben, en lo personal me encanta lo que logra con el malbec; esa sensación de jugosidad, frescura, pureza, es ahí cuando meto el termino "vino desnudo", que algunos suelen criticar y para mi es uno de los más bellos atributos.

Pablo considera que forman un buen equipo; él algo más volador, soñador, y ella quien le ayuda a que esos sueños se vayan concretando, y encargándose más de la parte administrativa; obviamente a la hora de armar cortes y tomar decisiones sobre los vinos, siempre lo hacen juntos; dos o tres veces por semana suelen probar sus elaboraciones, y si bien comparten bastante el gusto del vino, considera que tienen diferentes puntos de vista al momento de tomar una decisión y buscarle el punto final.

También valorizan viñedos viejos, que si bien en su mayoría son de El Peral, no quita que pueda haber algo de Gualtallary o San José, dos regiones que también los entusiasman mucho; si bien hasta ahora Oid Mortal nos mostró siempre vinos jóvenes me adelanta que están trabajando en líneas de alta gama.

Quizás alguno ya había tenido oportunidad de conocer los proyectos de Pablo que mencionamos a través del grupo de "Los Productores Amigos" donde él es miembro desde su comienzo. Me destaca Pablo lo mucho que les aportó el grupo porque les ayudó, a través de ferias o diversos eventos, a llegar a nuevo público, cosa que de intentar hacerlo solos les hubiera sido casi imposible.

Además destaca la buena camaradería que se vive entre todos los pequeños productores que lo integran, y que el hecho de estar en constante contacto, pudiendo mostrar sus elaboraciones y compartiendo opiniones, es mucho lo que les aporta para seguir mejorando y creciendo.

Vuelvo a las bodegas. La cuarta sería SoloContigo, el único proyecto fuera de Tupungato, porque es 100% finca propia de Los Chacayes.

Además de trabajar en la búsqueda del malbec más puro de la región, así me dice Pablo, la bodega cuenta con algunas variedades mediterráneas plantadas que están dando muy buenos resultados.

Todo lo nuevo que tuve oportunidad de probar me resultó genial; de tener que destacar uno, hoy les recomiendo el Develado Syrah-Garnacha 2019, esta línea que se la reconoce por co-fermentar en tanque de acero; en este caso al ser dos variedades con diferentes puntos de madurez, colaboran a que el vino tengo algo más de profundidad y complejidad en boca; el racimo entero durante la fermentación, a los especiados de la variedad le suma un toque herbáceo, pero todo sutil, moderado, integrado; este corte se lo puedo recomendar a un abanico grande de consumidores y a pesar de ser variedades no tradicionales, igualmente les caerá muy cómodo.
Hay una renovación importante en el portfolio de la bodega, en lo personal estaré atento a cada nueva etiqueta que vaya apareciendo.

Vuelvo a Pablo y Ampi, con una noticia creo que tan linda como cuando nació Nina porque están armando su propia bodeguita, que estará ubicada en El Peral, pensada exclusivamente para hacer micro vinificaciones, con una capacidad máxima de 20000 botellas.

Cada vez que escuché hablar a los chicos sobre Tupungato pude percibir que uno de sus sueños era poder embotellar de la manera más pura posible, cada uno de esos lugares que mencionábamos al principio, en algunos casos con antiguas fincas, y con mucha historia para rescatar; hablaban de viñedos de 50/60 años en El Zampal, o de 30/40 en El Peral y Cordón del Plata entre otros; para ello pensaron en una bodega con vasijas más pequeñas y no solo vinificar parcelas. Si lo amerita, es también tener la posibilidad de elaborar por separado pequeñas partes dentro de las mismas; para ello las vasijas proyectadas para la bodeguita se reparten entre 3/4 piletas de 2000/3000 litros, tanques de acero entre 500/2500 litros, y aproximadamente 10 barricas de 225 y 15 de 500l.

Y aquí vemos como van naciendo y afirmándose cada proyecto con una clara identidad propia; seguramente un cazador de talentos en el fútbol sienta que su trabajo es exitoso una vez concretados resultados, fama o buenos contratos.

Pero yo me siento mucho más afortunado que éstos buscadores de futuros cracks porque ya gané en el momento que empecé a caminar y a seguir bien de cerca cada una de las etiquetas de Pablo, aunque sea jugando para diferentes equipos, y el hecho de ver con claridad las jugadas que está haciendo y las que están por venir es lo que más me llena, y lo digo como ferviente hincha del vino, mucho antes que vinotequero.

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