miércoles, 12 de febrero de 2020

"Livverá, intuición y evolución"

“Vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo”, esas palabras me repitió en más de una oportunidad Germán Masera cada vez que intercambiamos audios de Whatsapp para consultarle sobre su proyecto personal Escala Humana Wines (EHW), el cual desde sus primeras etiquetas, bajo la marca Livverá, seguí siempre bastante de cerca.

Charlamos de sus comienzos, de algunos momentos que marcaron su carrera y, si bien sobre el final de esa charla podría haber adelantado que vendría en su futuro, no lo hizo.
Durante la conversación me dejó siempre esa sensación de sin prisa, pero sin pausa, como dice el dicho, y es muy coherente ello cuando reveo como fue creciendo su porfolio, sumando etiquetas paso a paso, y claramente no por la necesidad de tener completo un set de seis varietales para salir a vender, sino por encontrar vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo.

Tantos ida y vuelta que tuvimos en el chat me ayudaron a comprender la necesidad de aquella razón para Germán; viajar siempre por diversas regiones o lugares del mundo para conocer productores, es una herramienta que ayuda a mejorar, aprender - me aclara; y no solamente en los vinos, sino en la manera que se lo vive, se lo comunica; inspirarse con la experiencia de otros hacedores, compartir filosofías, búsquedas, descubrir la calidez humana y cuantos puntos en común hay; esa apertura que le da conocer gente alrededor del vino y poder pensar en hacer vinos para que gusten al mundo; y no conformarse nunca, siempre buscar.
Voy a esperar para la reseña de los vinos porque a pesar de ser muy joven, es grande la experiencia con la que cuenta Germán, y se las quiero compartir.

En el año 2004 comenzó a estudiar enología en la Universidad Maza, y a pesar que su carrera se extendió a casi 10 años, el doble de lo que marca el programa, producto de siempre necesitar trabajar mientras estudiaba, para él fue algo bueno ya que que pudo ir practicando, leasé haciendo vendimia, a medida que cursaba.
De hecho su primera cosecha fue en el 2004, en ese momento trabajando para Viña Cobos donde estuvo hasta el año 2008, y en donde la relación con Paul Hobbs le permitió hacer vendimia en Estados Unidos. En busca de seguir haciendo experiencia tuvo un paso corto por Terrazas - Chandon el cual le abrió una puerta importante cuando la Bodega Santa Carolina de Chile, comenzaba un nuevo proyecto en Argentina que se llamaría Finca El Origen, y allí sus responsabilidades al frente de otras áreas dentro de esa nueva bodega eran mayores. Lo esperaría un nuevo desafío, tanto en lo comercial como en de campo, y la posibilidad de trabajar junto a consultores chilenos también la consideró como un importante aporte para su profesión, ello fue entre el 2008 al 2012.
Hasta ahí Germán me detallaba todo lo que había aprendido en el plano profesional, y creo que son todos esos items indispensables para completar un buen curriculum; pero es en el año 2012 que se va al Valle de Rio Negro a trabajar junto a Hans Vinding-Diers en Bodega Noemia. Fue muy curioso como percibí que a través de sus audios le cambiaba el tono cuando tuvo que contarme sobre esa etapa de su vida en Patagonia. Les copio textual una parte de esa charla:
“Admiro la manera en que Hans entiende, siente y como vive el vino; pasar el tiempo con él fue entender y amar mucho más aún el vino; desde como trataba un racimo de uva, o una botella de vino ya abierta. Un ejemplo de ello, nunca ví que dejara una botella a medias y sin ponerle el corcho”.
Ese respeto, esa manera de vivirlo, evidentemente para Germán fue una experiencia que también lo marcó.
Hans nunca había tenido un enólogo trabajando con él, Germán fue el primero y a pesar de reconocer que les llevó un tiempo que la relación entre ellos se amoldara, hoy no deja de reconocerlo como un amigo que le regaló el vino y con quien más allá de aprender mucho, descubrió como vivirlo. Destacó además que gracias a Hans empezó a conocer más sobre vinos del mundo; sabemos lo mucho que al conocimiento ello aporta, y más aún imaginando ser guiado a través de la experiencia de alguien como Hans.
Una etapa por demás especial fue la del sur, ya que la vivió junto a Ayelen, su actual esposa, a quien conoce desde el 2008; pero el llevar ya un tiempo alejado de la montaña, de su querido Tupungato, coincide con que Rogelio Rabino deja su puesto en Finca Sophenia y nace la posibilidad que Germán lo reemplace. Corría el año 2014.
Y fue así como volver al origen -me dice- pero con un nuevo desafío, porque no sólo era para encargarse de la parte agrícola, sino también de la operativa; 120 hectáreas, más de un millón de botellas y de veinte y tantos mercados abiertos en el mundo, era la chance para entender el negocio desde otro ángulo.

Mientras vivía en una casa dentro del "Cuartel II de cabernet sauvignon" en Gualtallary, resalta la importancia de pasar mucho tiempo en el lugar donde uno hace el vino.
"Poder vivir a diario esos pequeños grandes cambios que en la naturaleza van pasando"

A pesar que estoy desgrabando un audio de whatsapp puedo percibir que esa última parte salió de un rincón especial de su corazón.
Y volver a su lugar seguramente fue la clave para que despertara la idea de su proyecto personal, algo así como que el momento te llega, se me ocurre el instante de inspiración para un compositor de música no es cualquiera, y cuando llega hay que aprovecharlo, no dejarlo pasar.
Ese momento coincide con la elaboración del primer Anti Synthesis en Finca Sophenia, una etiqueta rupturista estilísticamente dentro del amplio porfolio que tenia la bodega y, por lo visto, también importante esa creación para el nuevo desafío que estaría por comenzar.
Es a fines del 2016 cuando Matías Michelini(MM) se instala en su nuevo espacio, la Bodega del Mono en Tupungato, para continuar con Passionate Wine y otros proyectos que MM seguía, ahí lo tienta la idea de acompañarlo en esta nueva etapa para la familia Michelini. Momento ideal si los había para comenzar a darle forma a EHW; en pleno Tupungato, viviendo el vino a diario y más que nunca rodeado de familia.
Antes de empezar con los vinos, les comparto una pequeña parte de lo mucho y bueno que me contó sobre MM.

"Matías tiene esa intuición de ir siempre para adelante, es un gran formador de equipo, puede leer en las personas un poco su perspectiva, su proyección, su futuro, sus inquietudes y ahí trata de ayudar, de abastecer las necesidades que va leyendo. Así fue conmigo, desde el principio, cuando aún poco me conocía ya que apenas era el novio de su sobrina, y siempre me brindó todo su apoyo y confianza, conté con su ayuda moral y financiera desde el comienzo de mi proyecto"Entre sus primeros vinos estuvieron el Livverá Malbec de Gualtallary y el naranjo de Malvasía, si bien uno de sus sueños originales para cuando tenga su proyecto personal era hacer el mejor malbec de Argentina, el hecho de ir descubriendo antiguas viñas lo hizo sentir que tenían mucho más que ver con el sentido del Valle de Uco, ello lo motivó cuando descubrió, aún trabajando en Sophenia, una finca de más de 90 años en El Zampal, con apenas 19 hileras de malvasía que había conservado su dueño por el hecho que había sido plantada por su bisabuelo. Señalo esto a diferencia que el malbec en la región es mucho más reciente.

Rescatar variedades viejas que vinieron de la mano de aquellos inmigrantes. El inicio de su proyecto siente que tiene que tener relación directa con el del Valle de Uco, la malvasía, el bequignol o la elección del sangiovese para su último rosado tienen mucho que ver con ello.

Si bien sigo de cerca los vinos de EHW desde sus comienzos, necesitaba para acompañar como corresponde a esta nota probar todos los que se encuentran a la venta actualmente, sumados a algunas añadas anteriores que conservaba.
Siguiendo la filosofía de "el vino nunca sólo ni a solas", un grupo de cueveros me acompañó para probarlos, y de paso intercambiar opiniones.Comenzamos con el Livverá Rosé 2019, primer añada de este rosado que ya es especial, en primer lugar porque es elaborado a partir de uva sangiovese - en nariz se muestra algo tímido, pero en boca es donde muestra todo su carácter; columna vertebral apoyada en una equilibrada acidez; sutil desde lo aromático, pero el primer sorbo alcanza para no pasar desapercibido, e invitar rápidamente al segundo; bajo alcohol, pero sin embargo linda estructura.
Proviene de un antiguo parral que queda en un lugar que se llama el Campo Vidal en Tupungato, muy cuidado por una familia, sin herbicidas con una agricultura prácticamente orgánica.
Musu el día que vi esa uva y la probé supe que era lo que buscaba - me dice. Contrariamente a la mayoría de los sangiovese muy poco color, además de muy buen perfume y acidez; sabía que iba a hacer el rosado que siempre soñé - remata
Cuando me describe su elaboración detalla: “muy simple, despalillo, medio día de maceración con las pieles en la prensa para sumar estructura, siempre con hielo seco para generar un ambiente bien reductivo y evitar la oxidación, prensa y fermentación del jugo sin desborrar en huevo de cemento; cuando termina la misma, enfriamos para que precipiten las borras, y algunos trasiegos, no mucho más”.
Continuamos la noche con el Livverá Bequignol, segundo año de este varietal de origen francés, no solamente poco difundido en Argentina sino también en el mundo, y que francamente no sabía que existía hasta que en el marco del #MrWinesTour 2017 lo probamos cuando visitamos la Bodega del Mono.
En esta oportunidad probamos la 2019, añada actual, con una carga colorante media, rápidamente se lo percibe un vino fresco, de buena fluidez, con particular paleta aromática que se mueve entre los especiados y algunos herbales, sumamente interesante.
Nada sabemos sobre esta variedad, pero gracias a pequeños productores como Germán la podemos empezar a conocer.

Considero que el momento que esta pasando la 2019 es el ideal, al menos a éste no creo que le sume la guarda en botella.
Y llegó el turno del tercero, el Livverá Bonarda 2018, cuerpo medio, jugosidad, elevada acidez, y repartidas las opiniones en la mesa de cata.
La idea de buscar siempre que sea bien representativo del lugar, lo llevó a inclinarse por buscar una versión fresca y jugosa para esta variedad; "Blendeó" 50% de uva despalillada y 50% de racimo entero, algo de carbónica por un lado y estructura por el otro, considera la mejor formula teniendo en cuenta nuestro contexto de clima de sol, la palabra fórmula la ubiqué yo, y se que a un hacedor como Germán seguramente no le guste nada, por ello lo aclaro.

Al momento de la degustación buena parte de los asistentes destacaron la elevada acidez, y Germán me confirma que fue el vino que buscó, un dato para tener en cuenta al momento de la elección, comercializo vinos, trato de conocer el gusto de quienes vienen a mi cueva, ya sé a quienes se lo voy a recomendar y a quien no.
Luego fue momento de Livverá Malbec 2017, y cuánto tiene que ver este vino con esos de los que tanto disfrutamos en estos últimos tiempos!
Vertical, con la impronta que le aporta Gualta, todo en equilibrio, armónico, mejor la hago mucho más fácil y digo que rico, rico!

Por suerte aún conservaba una botella de su primer vino, un malbec 2015, que descorché en otra situación reciente y la encontré en un gran momento; algo más maduro que el anterior, con una evolución lógica, me confirma que el 2017 se puede disfrutar hoy o seguir guardando, ambas decisiones pueden ser buenas.
Cuando le consulto a Germán sobre el 2017 me dice que lo componen varias fincas, con diferentes suelos y todas cosechadas el mismo día. Una foto donde evidentemente busca combinar todos los paisajes de Gualtallary en una sola captura, con seguridad me recomienda que sería como una buena puerta de entrada a la región.
Le llegó el turno a uno de los que personalmente más presente tenía y es el Livverá Cabernet Sauvignon, lo primero que me sale es invitar a todos aquellos que evitan esta cepa imaginando que es fuerte, tánica, áspera, que no dejen de entregarse ciegamente al 2018 de Livverá.
Frescura, fluidez, especias, textura y buena madurez, fue el que más gustó entre los cueveros, aclaran que lo sienten diferente a otros cabernet.
También proviene de un parral muy antiguo, más precisamente de 76 años en El Peral; zona fría pero no extrema, lo suficiente para una lenta maduración y que entregue un grano bien chico, con muy poca pulpa y gran concentración en la piel.
No me molestó que Germán me spoilee como viene la 2019, hago lo mismo con ustedes, me dijo que está mejor que la 2018.
Se transformó el naranjo de Malvasia en un clásico reconocido entre el resto de los Livverá? Esas cosas puede lograr solo un pequeño productor, al que muchas veces el consumidor lo descubre y lo empieza a reconocer a partir de un varietal poco y nada difundido por este pago, y encima vinificado de una manera muy poco habitual. Y agrego algo más, cuando llegó este al mercado eran muchas menos las etiquetas presentes con este tipo de elaboración, con lo cual el desafío era más atrevido.

Cuando me encontré esa malvasía, originalmente no había intenciones de que sea una naranjo pero sí lo prensaba y vinificaba como un blanco tradicional, aunque sabía que perdería todo aquello que precisamente deseaba conservar. Son textuales palabras de Germán.
Por ello decidió cosecharlo, despalillarlo y fermentarlo en un huevo de cemento con pieles, maloláctica, 60 días más con pieles, para ganar textura y estructura, luego prensa, 10 meses de barrica usada, levaduras y bacterias lácticas lógicamente del lugar, y a embotellar sin filtrar. Es por ello que encontramos turbidez, borras finas al agitar la botella. Es porque su hacedor consideró fundamental conservarlas en este vino.
Tenemos en nuestra mesa de cata la cuarta añada de este naranjo, si bien siempre lo probé, nunca la cantidad suficiente para seguir su evolución durante el año este nuevo me deja esa sensación de encontrarlo algo más sutil, más fino que los anteriores, los otros eran más salvajes y cargados en boca. Germán confirma mi apreciación, reconoce su búsqueda de evitar la exuberancia y ganar precisamente en elegancia, aunque también reconoce como el factor añada suele aportar lo suyo.
Quiero mostrar la variedad en su estado más puro y que no te canses de beberlo, me dice Germán, y se condice sobre todo con esta última versión que probamos.
En lo personal creo que en general a los naranjos les hace muy bien la crianza en botella. Así que no sean "chinwenwenchas" en tomarse todo y guarden alguna botellita para dentro de algunos años.

Livverá, libertad, tomar decisiones intuitivamente, buscando siempre la evolución, algo difícil sobre todo cuando no hay referencias ni puntos de comparación, aplica a esas variedades tan poco conocidas, que vamos descubriendo, y siguiendo apenas unos pasitos atrás de su hacedor.
Desde el otro lado viñas que tal vez fueron medias olvidadas, pero que mientras puedan estarán siempre esperando a un tipo como Germán, que llegará para brindarles un cariño especial y a cambio tan solo le pedirá que le entreguen un vino que pueda ser el reflejo más fiel de su terroir.

Livverá sería como el primer capitulo de mis vinos personales, me dice en el último audio de Whatsapp, y si bien no me agrega mucho más, conociendo al director, el escenario, los actores, puedo empezar a imaginar lo emocionante y atrapante que será la próxima temporada.

viernes, 15 de noviembre de 2019

“Un colectivo llamado chardonnay"


Reconocer lugares e interpretaciones es una de las cosas de las que más disfruto cuando me encuentro frente a un vino.
Vinos ricos que caen bien o aspiran a sabores ya conocidos hay muchísimos, pero en lo personal cada vez menos puedo abstraerme de la necesidad de distinguir el aporte que le pueda imprimir un lugar, una cosecha o una persona y, sobre todo, para que lo hagan único.
Voy rápidamente a un cuarteto de vinos que hace muy poquito me permitieron vivir una enriquecedora experiencia. Fueron todos chardonnay que en primicia nos mostraron Alejandro "Colo" Sejanovich y Jeff Mausbach, los mismos pertenecen a la linea "Buscado Vivo o Muerto" que en breve saldrán al mercado.


Muchos conocerán los tintos del mismo proyecto, los cuales ya van por su tercera añada, todas co-fermentaciones a base de malbec de antiguos viñedos del Valle de Uco, que por lo visto "el Colo" conocía muy bien y en su última añada 2015 los dejó plasmados en seis etiquetas.


Pero vuelvo a los blancos, porque siempre suelen ser los malbec los que me ayudan a distinguir con un poco más de claridad los lugares, y en esta oportunidad ese transporte termina siendo "la reina de las blancas", como también se la suele reconocer a la chardonnay.
Recuerdo que no hace mucho más de cinco años evitaba los chardo de alta gama ya que no me sorprendían porque la mayoría solían perseguir un mismo estilo, tenían algo que me aburrían.
Totalmente lo contrario a lo que me pasó hace algunas semanas cuando Mayita, la sommelier que trabaja junto al "Colo", me servía cada uno de éstos cuatro blancos, que si bien además de la cepa tenían varios puntos en común, me llevaron a recorrer un entretenido paseo.
Todos cosechas 2017 y de partidas limitadas, de entre 18 y 20 mil botellas, provenientes de diferentes zonas del Valle de Uco, todos son "cortes de campo" donde predomina el chardonnay, pero como en su mayoría son fincas que ya cargan algunos años, entre 15 y 35, no quita que pueda estar mezcladas con otras variedades como tocai, chenin, semillón y demás.
Sospecho que el “Colo" le resta importancia a esos porcentajes minoritarios, porque creo que todo su foco lo pone en resaltar los lugares, lo que menciono al principio, la interpretación del hacedor.
Interpretación que lo lleva a efectuar diferentes trabajos en la vinificación y crianza, porque al momento de cosecha hay otro punto en común y tiene que ver con evitar maduraciones avanzadas, aquellas que solían llevar fácilmente a los chardos a perfiles más maduros, golosos, a ese manojo de reconocidas frutas tropicales que distinguíamos tan fácilmente una década atrás, que no voy a negar que muchos consumidores lo disfrutaban, pero que como bien sabemos ese estilo poco colabora en diferenciar lo que pueden aportar los diversos terroir, como es en este caso dentro del Valle de Uco.



Vuelvo a los cuatro "Buscado VOM Chardonnay", y les comentaré de qué sitio provienen y cuáles fueron las prácticas que persiguió el “Colo" para que se resalten ciertos perfiles y que yo los pudiera reconocer y disfrutar, y a pesar de mis limitaciones como catador me permitieran que desde la mesa de un restó en Palermo, durante 60 minutos de un miércoles al medio día, me pueda transportar a diversos terroir del Valle de Uco.
Es en esa región donde al extremo sur se encuentra "Las Pareditas", zona de clima muy frío, donde a la fruta muchas veces le cuesta alcanzar una buena madurez, de clima extremo podríamos decir, la cual precisamente por su ubicación lleva como nombre "El Limite".
Correctamente elegido para comenzar este viaje, y a pesar que el calificativo de austero le caería justo, me gustaría combinarlo con sutilezas y excelente balance entre fruta, frescura y algunas notas salinas.
Si pretendés un blanco que rápidamente te impacte con potencia o volumen claramente no es éste, pero si buscas uno de esos para disfrutar con tiempo, por botella entera, con muy pocos hielos en la frappera para que la temperatura intencionalmente vaya subiendo a la par que crecerá su expresión y seguramente a medida que el nivel del vino vaya descendiendo, así de igual manera que muchas veces nos pasa con los tintos, estoy seguro que el último sorbo será el mejor de todos.
Tanque de acero, nada de madera ni cemento, y sobre todo evitar la fermentación maloláctica, ya que cualquiera de esos últimos le encubriría el carácter afirma Jeff, y le doy la derecha.
Arrancamos bien, porque el anterior ya me llevó a sabores que me dejaron pensando, y con las ganas de terminarme la botella como les dije, pero fueron dos copas solamente hasta que Mayita nos presenta el siguiente vino y es el proveniente de "Los Arboles", ahí bien cerquita del río Las Tunas, por tal motivo en la etiqueta se lo identifica con ese nombre.
Desde hace un tiempo cada vez que pruebo vinos de "Los Arboles" encuentro una amabilidad especial en boca, redondez que posiblemente tenga que ver con el producto de un suelo más profundo, donde predomina la arena, y el calcáreo poca presencia tiene.
El recipiente elegido para su vinificación y crianza fue el huevo de concreto, el cual colaborará al redondeo, también a ganar graso en boca sin riesgos, porque la buena acidez con la que nació este vino lo equilibra evitando que tienda hacia lo untuoso o mantecoso, esos dos últimos descriptores, recuerdo, que tanto me aburrían hace una década atrás.
Para resumir, poseedor de una fruta que facilmente la puedo relacionar a la variedad y esa amabilidad en el paso por boca que suelo distinguir en Los Árboles y creo que es bueno tenerlo en cuenta al momento de recomendar un vino, sobre todo si es a un paladar más clásico o que simpatiza con lo más tradicional.
Qué bien que venimos, fuimos para un lado, para el otro, y ahora es ansiedad por continuar probando, y sobre todo cuando me enteré que seguía en el turno Gualtallary, posiblemente el que más fácil distingamos por su carácter salvaje, atrevido, y un “Colo” que le da una acertada vuelta de rosca a mi humilde parecer.
Si había uno de los chardonnay que por su intensidad podía tolerar más la crianza en barrica y un inicio de maloláctica, sin que éstos opacaran su carácter era éste, que es identificado con el nombre de "El Cerro" y proviene de una finca relativamente joven (15 años) también de un suelo arenoso pero con mucha más calcáreo en la piedra, de una finca ubicada en Tupungato Winelands.
Claramente es el que mayor potencia tiene, el más amplio en boca, el que la llena. La fermentación en barrica de 500 litros colaboran a una madera súper bien integrada, que pareciera que haya domado al vino permitiendo igualmente en todo momento dejar translucir su origen, aquel consumidor que busca un vino con más cuerpo, intensidad, tonos de crianza, seguramente éste será el indicado.
El orden hasta aquí el perfecto, imagino que estos tres chardonnay podrían haber resultado ideales para acompañar un menú por pasos.
Sin saber su origen me pregunto ¿cómo será el cuarto?
Y cuánto me hubiera equivocado si pensaba que lo lógico hubiera sido seguir creciendo en potencia o volumen.
Me dejé llevar, pero cuando Mayita me dice que se trataría del proveniente de San Pablo, juro que me lo empecé a imaginar. Las veces que me tocaron probar exponentes de malbec bien representativos de esta región coincidieron en frescura, soltura, vinos que recorren la boca a lo largo, que cuando ingresan fluyen con facilidad, con algunos tonos aromáticos que me recuerdan a hierbas frescas y en el caso de este chardo además algunos destellos cítricos también, sensación refrescante que me encanta.
Una crianza que si bien combina barrica, huevo y apenas un poco de maloláctica nada empaña la personalidad que tiene este vino, otro que me vuelve a dejar pensando, que quisiera tomar por botella, sacarle la ficha a cada grado mientras asciende su temperatura, "La Verdad" se llama la finca, y la verdad que este paseo para seguir conociendo los diferentes lugares del Valle de Uco, pero esta vez a través del chardonnay, estuvo de maravillas.
En lo personal disfruto mucho de aquellos blancos que se pueden beber algunos grados de temperatura más arriba, "El Limite" y "La Verdad" creo que son los que mejor se adaptan a mi gusto, eso no quiere decir que haya otros consumidores que precisamente sean "El Cerro" o "Las Tunas" el tipo de chardonnay que más vayan a disfrutar.
Hace algunos años hubiéramos hablado de un chardonnay de alta gama de Valle de Uco, hoy a través de un productor podemos hablar de cuatro y realmente diferentes.
¿Hasta donde podremos llegar con este ritmo? si pensamos en la riqueza, diversidad de nuestro país e inquietud siempre en ascenso de nuestros productores.
Hoy el colectivo que me llevo de paseo le tocó ser "chardonnay", quien lo supo conducir el “Colo", un chofer con innegable experiencia, sobre todo cuando de reconocer lugares se trata.
Gracias Javo de vinoteca Belmondo por las fotos.

martes, 5 de noviembre de 2019

#AWBFincas "Alto Los Cuises"




Finca Alto los Cuises es una de las fincas más bonitas y especiales que conocí en mi vida, por ello es la que elegí para la nueva movida organizada junto a Argentina Wine Bloggers, que se llama #AWBFincas donde cada uno de los miembros del grupo se ocupará de elegir una para profundizar sobre ella y relacionarla con los vinos que nacen en la misma.

Hace poco tuve oportunidad de recibir en "La Cueva" a Lucía Romero, directora de la bodega El Porvenir de Cafayate, con el objetivo de hacer una degustación completa de "Laborum de Parcela"; una línea relativamente nueva y que podemos decir que se la distingue por reflejar en sus vinos una viticultura que se enfoca precisamente en resaltar lugares. La misma actualmente la componen siete etiquetas, dentro de las cuales hay un chardonnay y un malbec, justamente ambos provenientes de esta finca sobre la que les quiero contar.

Y fue también Lucía quien confirmó, ni bien se presentó y comenzó aquella charla, que es una de las fincas preferidas de su familia.


Ubicada sobre la Ruta 40, a la altura del Km 4335, a 7 Km de Cafayate; si uno se dirige hacia el sur, se encuentra sobre la margen oeste, metido en la quebrada del Río Seco y a una altura de 1850 msnm. 



Con una superficie de no mucho más de 2 hectáreas, que la familia descubrió luego de haber adquirido una extensión amplia de terrenos, es un verdadero oasis ya que al estar rodeado por las paredes de los cerros se concentró un micro-clima muy especial, que colaboró al desarrollo de una vegetación atípica, no autóctona, ya que fue plantada por los antiguos propietarios, entre la que podemos encontrar sauces, palmeras, higueras, ceibos y otros árboles que han prosperado, generando un escenario increíble además de tener  una privilegiada vista al Valle Calchaquí.

El viñedo está ubicado sobre terrazas, seguramente construidas por los Diaguitas, uno de los pueblos originarios que habitaron el noroeste argentino hace más de 400 años, y conservando aún rastros de la agricultura de aquella época, porque se pueden encontrar pircas, empedrados, morteros y canales de riego, todo utilizado por los originarios para su propio cultivo de subsistencia.

Sobre esas pequeñas terrazas, plantadas en vaso, hoy podemos encontrar malbec, chardonnay y petit verdot; sobre un suelo mayormente de roca combinada con una parte mucho más pequeña de arena y limo,  y con mucha presencia de piedra entre cada planta.

El cuidado de la finca es de manera artesanal, y está a cargo de Santos Canavides, quien es el que poda, desmaleza, y conduce a través de piedras el agua para alimentar las terrazas, la cual baja desde la montaña por las acequias.




Ya sobre la base del cerro, pero a una altura de 1700 msnm se encuentra la finca Alto Río Seco y es en donde nace otro de los malbec que componen la misma línea.

Quisiera no desaprovechar la oportunidad que nos brindó la cata para comentarles las diferencias entre los vinos provenientes de cada uno de los lugares.

Los vinos que probamos fueron Laborum de Parcela Alto Río Seco Malbec 2016, Laborum de Parcela Alto Los Cuises Malbec 2017 y Laborum de Parcela Alto los Cuises Chardonnay 2018.




En ambas fincas hay alto porcentaje de roca, en Los Cuises al estar más arriba (1850 msnm), los tamaños de las mismas son algo mayores y tienden a ser de aristas más afiladas, mientras que en Alto Rio Seco al estar a menor altura además de ser más chicas sus cantos son más rodados.
Esas diferencias de tamaño y forma en la piedra no son relevantes al momento del producto final, pero sí lo son los sistemas de conducción en cada finca y sobre todo el micro-clima especial que reina en Alto los Cuises, con una uva que madura más lentamente producto de tener más tiempo de sombra por estar rodeada de cerros y de noches más frescas resultado de la mayor pendiente, siempre en el marco de una terruño único como detallábamos al comienzo.

Pero fue Daniel Guillen, ingeniero agrónomo encargado de la finca, quien hizo hincapié en el sistema de conducción - en Alto Rio Seco es espaldero, mientras que en Alto Los Cuises es en vaso (gobelet), plantado en alta densidad, el cual por la gran competencia que se genera entre las plantas da naturalmente una muy baja producción por hectárea, produciendo un grano de piel mucha más fina, que luego se traducirá en un vino más delicado y elegante, mientras que en la finca que está más cercana a la ruta, al tener más exposición y suelos con un poco más de componente de calcáreo, el grano es algo más pequeño y de piel bastante más gruesa, la cual luego otorgará un vino más robusto y corpulento.

En Los Cuises, al estar tan pegado a la montaña, la sombra impacta diferente sobre dos sectores del viñedo de malbec, uno por tener más exposición al norte y otro al sur. Paco Puga, enólogo principal de la bodega, aprovecha y los vinifica por separados en huevos de concreto para luego blendearlos y llevar una parte de ellos a crianza en barrica de 500 litros. 




Cuando en la degustación junto a Lucía comparo ambos malbec, encuentro al de mayor altura más fresco, algo más fluido y con algunos atractivos tonos aromáticos herbales que me recuerdan a un perfil más salvaje, mientras que el proveniente de Alto Rio Seco a diferencia, lo percibo algo más maduro, más cercano a la concentración que uno espera en los vinos del NOA. Fue lindo percibir con tanta claridad este contra punto entre ambos vinos. 

No hay mucho chardonnay en Salta, pero es justamente en Los Cuises donde nace uno de ellos, su primera añada fue en el 2015, normalmente se cosecha a principios de febrero, es elaborado en tanque de acero y mientras el que probamos se crió en barrica de 225 litros, nos anticipa Lucía que las nuevas añadas se fermenta y cría en barricas de 500 litros para que la madera impacte menos.

El cierre de esta nota coincidió con la llegada al mercado de la nueva añada de Parcela Alto Los Cuises Malbec 2018 y un viaje a Cafayate junto al grupo del "Mr.Wines Tour" con motivo de la edición N°13 del CoProVi, evento que se organiza todos los años para la misma época en la región.

Con lo cual me gustaría compartirles algunas impresiones sobre la 2018.

Las mismas me confirman la dirección hacia donde eligió su hacedor, frescura, fineza, nitidez, elegancia, pero ante todo identidad.

Porque si bien Los Cuises y Alto Rio Seco están a muy pocos metros, de hecho recientemente cuando aprovechamos para visitar ambas fincas, fue tener que caminar menos de 20 minutos entre una y otra, se nota que hay un intérprete que respeta lo que dice cada lugar, en este caso a través del malbec, y es sumamente enriquecedor no solamente para nuestro paladar, sino también para nuestra cultura del vino.

Paisajes, aromas, clima, la sensibilidad de las personas, aquellos mismos que se pueden percibir cuando se visita una finca, que gran placer cuando también se los encuentra al momento de descorchar una botella.

lunes, 30 de septiembre de 2019

"La foto de la película y algunos vinos como medida del tiempo"


Mis pibas eran bastante chicas, habíamos viajado al sur de vacaciones y entre tantas postales de aquel lindo paseo en familia recuerdo una, almorzando sobre Bahía Manzano con Nancy, sobre un jardín muy amplio rodeado de árboles en un pequeño restó donde nos había llevado mi amiga Lourdes, sommelier, quien en aquel momento trabajaba en Bariloche.
Obviamente no recuerdo qué pedimos para almorzar, ni siquiera de qué año o mes estamos hablando, pero sí me acuerdo del momento en que nos encontrábamos frente a la laguna al sol, mientras las niñas jugueteaban con un pequeño perro y se nos escurría rápidamente la primer botella de San Pedro de Yacochuya Torrontés, y digo primera porque hubo más pero tampoco puedo recordar de qué etiquetas se trataron. Es una foto que permanece, bien nítida, en mi mente.
Pero cuando empiezo a repasar ese álbum en mi marote, donde tengo guardadas un pilón de fotografías, y vaya a saber porque, especialmente, hay una parte importante donde el vino tiene cierto protagonismo.
Antes que alguien piense que lo voy a aburrir enumerando vinos de alta gama, de nombres poco conocidos o palabras raras, tengo también una de aquellas imágenes tomadas en Cemento junto a Juanse de los Ratones Paranoicos y mi amigo "el cabezón" Vázquez bebiendo Etchart Torrontés en vaso de plástico.
Los tres sentados en esas tarimas que se encontraban ni bien ingresabas al boliche de la calle Estados Unidos, sobre el costado izquierdo, en la previa de un show de Los Ratones.
No recuerdo el año tampoco, pero debería ser fines de los 80, principios de los 90, porque Juanse se movía con un coche bastante viejo y había aceptado rápidamente mi invitación.
Y si bien esa foto está entre las más rockeras, tengo ya casi en otro pilón un centenar de buenas capturas más, todas muy parecidas entre ellas, porque fueron siempre tomadas en el mismo escenario.
Rankean entre mis preferidas y son las que fueron tomadas en el fondo de la casa de mis viejos en San Martín, comiendo asado junto a toda mi familia bajo un árbol de laurel de más de 100 años, y en ellas no necesariamente el vino era demasiado top para que los encuentros resultaran especiales, e inclusive muchas veces me permití que el vino hasta salga sodeado, pero indudablemente se encuentran entre las fotos más bellas, porque mis sobrinos o mis hijas aparecen siempre retratados y en diversos momentos de sus vidas.
Imaginen que en las más viejitas lo veo a Fede sentado sobre su abuela (mi vieja) dándole un vaso de chocolatada con biscochuelo casero, y hoy, el mismo pibe, ahora grandote, me espera prendiendo la parrilla con disimulo y atento a qué voy a descorchar. Sospecho que en cualquier momento también le picará el bichito del vino.
Y puedo seguir enumerando fotos, vuelvo a las del mundo del vino, tengo una épica, dirían los pibes hoy. Estábamos por Mendoza de viaje enófilo con los muchachos del grupo FLT, habíamos ido a recorrer la Pirámide en Agrelo, y recuerdo el final de aquella visita maratónica, mientras bajaba el sol, todos sentados sobre el jardín que se encuentra previo a ingresar a la bodega sobre el costado derecho, el grupo entero rodeando a Vigil en una charla que no fue solo de vinos y que para mi fue la primera de tantas que luego nos regaló alguien tan importante para nosotros en este mundillo que amamos. No faltaban botellas en esa foto, como se imaginarán, sin exagerar creo que la cantidad duplicaba cómodamente el número de los presentes.
Pero cuando me nace escribir este relato en realidad no quería hablar de fotos, sino de películas. No fue hace mucho donde les compartía en una entrada del blog que cuando mi hija mayor Morena cumplió 15 años abrimos una botella de Colomé Reserva 2004 que había guardado por ser el año de su nacimiento, aquella experiencia me trajo nuevamente a la mente un montón de recuerdos, los cuales los compartí en esa oportunidad con una nota que la llame "Vidas paralelas", todos muy emotivos para mi, de hecho por parte de quienes la leyeron también recibí muy lindas palabras, ya que muchos me dijeron que se habían sentidos muy identificados al hacerlo.
Y ahí va la diferencia, porque el descorchar aquel Colomé 2004 mientras preparábamos la torta del cumple de More, no fue una foto la que me invadió, sino una película perfectamente resumida de todas las cosas por las que pasamos en esos quince años. Y precisamente fue también hace poco cuando el haber descorchado un Patrón Santiago Cabernet Sauvignon 1999, que nunca hubiera imaginado que volvería a probar, algo muy similar me volvió a ocurrir.
En realidad debo contar como nació todo para que se entienda mejor. Fue hace algo más de cuatro años en una nota que me hizo Diego Migliaro en su Blog Mi Lado V, donde yo le cuento cuál fue uno de los vinos que hizo que mi cabeza se me diera vuelta y empezará mi amor por esta tan noble bebida.

Recuerdo que le comenté con mucha precisión como había sido ese momento, y le cabe perfectamente esa etiqueta de foto que les hablaba al principio: Cafe Concert del Club del Vino de la calle Cabrera, selección especial presentada por su hacedor Manuel López López, vino con buena concentración y mucho potencial, notas que me recuerdan a jalea, especias, confituras, y mi paladar diciéndole por primera vez a mi cabeza que deje de pretender regular mi bolsillo, porque estaba empezando a descubrir y disfrutar de nuevos sabores y por nada del mundo se los quería perder.

Fue hace poco tiempo que recibo una llamada de Andrés Santamaría, quien en nombre del señor Manuel López López, quería agradecerme aquella mención que yo había hecho de su vino hacía algo más de cuatro años, y deseaba regalarme una botella de la misma añada que había disfrutado aquella noche que detallé en la nota de Mi Lado V.
Mientras escuchaba a Andrés debo confesar que casi me emocioné, por un lado el hermoso gesto de Manuel, y por el otro ver cuánto ha pasado en estos últimos 18 años, porque aquella cata del Club del Vino fue justamente en Octubre del 2001, y es ahí cuando la foto deja de ser foto para transformarse en película, obvio que en un resumen del resumen, una verdadera selección de cosas importantes, momentos claves, discutidas decisiones, pensamientos, sueños.
Recuerdo mi admiración por cuanto conocían sobre vino Pablo Cabello, Dereck Foster y Martin Cuccorese, ellos eran quienes moderaban aquellas presentaciones en el Club, escucharlos en cada presentación junto a los productores, estando siempre un poco a la vanguardia, "deschavando secretos", compartiendo anécdotas, admiraba su actividad y cuanto disfrutaba yo de todo ello.
Puedo decir que eran las dos horas que más esperaba durante toda la semana ya que en ese entonces mi actividad laboral nada tenía que ver con el mundo del vino, de hecho era poco el tiempo que me dejaba la misma para disfrutarlo a fondo como me gustaría, y los primeros años solo lograba encontrarlo en aquel caserón de la calle Cabrera, pero aprendí a que sea suficiente, me alcanzara, porque verdaderamente me llenaba.
Al final, por querer hablarles de la película, me estaba olvidando de la botella del cabernet 1999 que recibí hace poco en la Cueva, enviada por Manuel y que con mucha amabilidad me acerco Valeria, otra enamorada de la bodega. Algún romántico la hubiera guardado, creo que pasaron horas para que la descorchara, y coincidió una tarde en la Cueva, en la que vinieron una pareja de jóvenes de Uruguay que si bien no los conocía, supe que era el momento para descorcharla. Eran ambos amantes del vino, recuerdo el nombre del muchacho que se llamaba Federico y además era aficionado a elaborar panes caseros con masa madre. Hablamos de todo mientras abríamos esa joya, que si bien uno podría llegar a dudar de su estado por el tiempo, una intuición especial me llevaba a confiar que estaría de puta madre, y así fue; sedoso, vivo, impecable, ante los primeros sorbos nos miramos los cuatro alegres y ahí fue la segunda foto que me saque con el Patrón Santiago 1999, 18 años después y acompañados por esos chicos uruguayos.
Me olvidé de comentarles, el cuarto era "Pico de Luchi" otro "gomia" que me regaló el vino y por suerte esa tarde también estaba en la Cueva. Compartir con gente querida potencia todo.
Y mientras tanto, en el medio de ambas fotos, que tienen la mayoría de edad como diferencia, nace una nueva película que juro que nunca la hubiera imaginado.
Hoy, hablando de vinos frente a los cueveros, ahora mucho más del otro lado y casi sintiéndome como Pablo Cabello, cada vez con más pasión, al igual que las ganas de aprender y crecer. Sueños cumplidos? no sé.. porque ahora tengo muchos otros, y como tampoco sé qué película me espera, solo pienso en vivir una buena próxima foto.
Algunos vinos como medida del tiempo. Parece un disparate? Para mis películas al menos no lo son.

lunes, 23 de septiembre de 2019

"Riesling, vertical y el valor agregado del tiempo"



Hace algunos años, podríamos decir fines de los 90 principios del 2000, al menos la época en que yo comenzaba a dar mis primeros pasos como "amante del vino", recuerdo que los vinos blancos tenían bastante poco protagonismo entre la media de los consumidores.


Mucho menos aun estaba en los planes guardarlos y ver su evolución en el tiempo, como efectivamente podíamos hacer con algún tinto reserva, crianza o alta gama.


Cuando elegíamos comprar un blanco tenía que ver exclusivamente con alguna situación especial de verano o la clásica para acompañar un plato de carnes blancas, mariscos, sushi, pero tampoco era siempre. Y sin importar si fuera joven o de más alta gama, seguro la consigna principal era dejarlo esperar poco tiempo en la cava, por regla o temor a que sus aromas se apagaran, oxidaran, perdiera frescura o expresión en boca.

Pero gracias a que mucho han evolucionado nuestros vinos en los último diez años no paramos de llevarnos buenas sorpresas.

El ir cambiando nuestros hábitos de consumo, a la par que muchos productores se fueron adaptando, atendiendo a lo que esperan algunos consumidores, y reformulando así continuamente su búsquedas; viajar, compartir junto a sus colegas, inspirarse en lo que prueban del mundo, y continuamente volver a intentar.


Probar alimenta, nos expande los límites, nos permite imaginar quizás aquello que nunca hubiéramos pensado, me suma a mi como consumidor, mucho más a un elaborador, que esa inspiración la puede dejar reflejada dentro de una botella.

Conozco poco y nada sobre el riesling, no mucho más que saber que es una variedad blanca de clima frío, originaria del Rin (Alemania) que se da muy bien en reconocidas regiones de Francia como Alsacia y  Mosela (Alemania/Francia), y que generalmente se la vinifica como varietal.


En nuestro país son contados los exponentes con este varietal, además de algunos provenientes de Mendoza, recuerdo también en Patagonia, otros por el NOA, en éstos más utilizados en cortes, inclusive también se está dando muy bien pero en poca cantidad en una zona costera y bastante nueva para nosotros como es la de Chapadmalal, en la provincia de Buenos Aires.


Pero hace un par de meses fue el técnico de una reconocida bodega de Mendoza que me llamó con la buena noticia y me dijo: “Qué te parece Musu si hacemos la primera vertical de siete años de nuestro riesling?”.
Rápidamente me inundó una gran ansiedad por pasar esa experiencia de viajar en apenas algunos minutos al pasado a través de un vino, conducido por su hacedor y encima de una variedad poco familiar para nosotros.



Y si bien uno podría llegar a imaginar que características tienden a adquirir vinos que estuvieron durante algunos años guardados, el hecho de degustarlos todos a la par nos brinda un panorama mucho más amplio, además de lo que influye el clima en cada añada o el trabajo del productor en particular, podríamos hablar también sobre la tendencia en una región, consumidores, gustos.

El técnico amigo era Marcos Fernández, quien desde el 2014 es primer enólogo en bodega Doña Paula, un profesional que conozco desde algunos años antes cuando se desempeñaba en otras bodegas y con el que siempre tuve bastante comunicación.

El vino en cuestión sería el riesling de la línea Doña Paula Estate y seria en "la cueva" la primera vez que se haría la vertical completa de esa etiqueta.
Podríamos decir que "Doña Paula Estate" es una línea medianamente masiva, ya que entre los blend y varietales que la componen se elaboran 1,2 millones de litros al año en la que una de esas variedades es precisamente el riesling, del que hoy se elaboran apenas 12000 botellas, de las cuales solo el 25% queda en el mercado local, y que debido a la capacidad de viñedo hay un techo máximo de elaboración de 20000 botellas. Si bien tampoco son tantas, pero evidentemente está muy lejos de los más elegidos por el consumidor, y a pesar de ser una variedad de partida limitada, pero con precio muy competitivo acorde al de una línea de semejante producción.



Si bien la bodega se encuentra en Luján de Cuyo, más precisamente en la zona de Ugarteche, los riesling probamos son todos provenientes de la zona de Gualtallary, a pesar que hay plantado en Ugarteche algo de la variedad, pero fue el del Valle de Uco el que la bodega eligió para que saliera al mercado.


Las condiciones climáticas de Gualtallary dan un balance perfecto, comienza la cata explicando Marcos, porque en otras zonas frías del viejo mundo por ejemplo muchas veces para hacer que la variedad sea bien disfrutable hay que agregarle mosto concentrado o azúcar (chaptalizar) para balancear la acidez y que no resulte tan punzante. Pero en el caso de los nuestros, los días al ser más cálidos, logran un balance ideal entre la maduración y la buena acidez.
Agregando sobre los suelos en Gualtallary, aclara que son bastantes heterogéneos, algunas partes bien pedregosas y en el sector donde se encuentra la finca particularmente es con muy bajo contenido de carbonato de calcio.
Las añadas que probamos fueron 2012,13,14,15,16,17 y 18, esta última de reciente salida al mercado.
Arrancamos catando por los más jóvenes y lo positivo que resultó haber elegido ese orden ya que hubo un momento, promediando la degustación, donde se diferenciaban claramente la complejidad aromática ganada en las tres añadas más antiguas por sobre las más jóvenes.
Al ser una de las variedades blancas que tienen más taninos, son los mismos que favorecen a su capacidad de guarda, sensación de estructura en el paladar y bien balanceada con la acidez mencionada producto suelo y clima de la zona.
Cuando hablábamos de complejidad aromática tiene que ver que con el tiempo se acentúan los "típicos aromas empetrolados" recuerdos a diesel, kerosene; mientras que en los más jóvenes predominaban más las notas a flores blancas, con clara tendencia a las notas que recuerdan a miel a medida que empiezan a pasar los años.
Si bien los alcoholes habituales son entre 12,5 y 13°, nos adelantaba que en el 2019, al ser un poco más cálido, llegaron al 13,5.
Arrancamos la degustación probando la 2018, también un año con muy buena maduración y se mostró muy intenso en aromas, con un perfil más bien floral.
La 2017 también fue una añada seca y de calidad como la anterior, resultó uno de los vinos más elogiados por la mesa, amplitud en boca, sensación de volumen, el rendimiento naturalmente bajo en esa añada por lo visto también favoreció.
La 2016 también a pesar de tener rendimiento bajo, ya sabemos que fue un año especial, con un alcohol considerablemente más bajo 11,3°, aparecen más las notas cítricas, como cáscara de mandarina, y se destaca una buena persistencia en boca, sobre todo a lo largo, algo más herbal, más recuerdos cítricos como el pomelo blanco, y al ser menor su alcohol por ende se percibe una boca con menor volumen.
Recordemos que en ninguno de los vinos se hace la fermentación maloláctica, hasta aquí más similitud entre el 2017 y 18, mientras el 2016 es bastante diferente.


A partir de la 2015 el grado de complejidad aromática crece notablemente en el resto, los colores van más hacia el dorado, pero en todos los casos bien brillantes.
Como adelantábamos una 2015 que ganó en aromas, potencia, redondez, frutas blancas, algo meloso, la 2014 algo más maduro, aromas que vuelven a recordar a miel pero más espesa, más volumen, menor acidez y mayor sensación de redondez, con respecto a la 2013, que sabemos que fue un muy buen año, por lo seco y la sanidad, ya aparecen aquellas notas a frutos secos combinado con algo láctico, todo muy sutil, una paleta bien compleja.
La 2012 siguiendo la línea aromática y perfil del anterior, y dejando en este caso esa sensación que la botella no le seguirá sumando, aunque se encontraba entera y bien disfrutable, porque nos permitió completar una gran experiencia a través de siete años, con un vino casi entrada de gama, de un precio muy amigable y que generalmente cuando sale al mercado es pensado para beberse a corto plazo, pero evidentemente guardarlo bien le suma un importante valor agregado.
Esta experiencia, sumada a muchas que vengo teniendo en los últimos años, me hace pensar que guardar en condiciones ideales determinados blancos, sin ser precisamente de altísima gama, los años lo pueden acomplejar de manera muy interesante, lógicamente que ello sea posible, tiene que ver con una buena añada, fundamentalmente bien fresca, variedades con más taninos para la guarda como podría ser semillón, chardonnay, y un productor que lo elabore de una manera bien cuidada y más reductiva.


Mientras, esperamos una nueva versión del riesling que nos adelantó Marcos, pensado más en alta gama, porque fue cosechado más tarde, trabajado con lías y criado en barrica, así como un curador de blancos jóvenes seguiré probando y seleccionando para guardar, cada vez más convencido que son muchos de ellos los que pueden seguir sumando con el tiempo, todo cambia, ahora toca aprender a esperar blancos también.

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