jueves, 27 de junio de 2019

" Vertical de La Primera Revancha con Roberto en la cueva"




Hace unos días en la cueva tuvimos el placer de recibir a Roberto de la Mota y nuevamente en el marco de una cata vertical.

En esta oportunidad lo que probamos fueron cinco añadas de La Primera Revancha Malbec: 2013, 2014, 2015, 2016 (actualmente a la venta) y 2017 que saldrá en pocas semanas al mercado.

Conocemos la trayectoria de Roberto y en cada oportunidad que tenemos la posibilidad de seguir una degustación guiada por él es increíble la capacidad que tiene para brindarnos toda su experiencia con generosidad, simpleza, compartiendo historias y lógicamente mucho conocimiento.

Recordemos que Revancha es el proyecto propio de Roberto junto a su hijo Rodrigo, con cuatro vinos por el momento en el porfolio, y La Primera Revancha es un malbec elaborado con fruta de Paraje Altamira.

El mismo siempre cuenta con un pequeño porcentaje de cabernet franc proveniente de la reconocida Finca Remota, también ubicada en Altamira. Cada año el aporte del mismo puede variar entre un 5 y 7% dentro de la composición en función de las características que tenga la cosecha. Utiliza esta variedad para compensar con la estructura, taninos, o las notas más piracínicas que suele aportar la misma.

Degustar los vinos con los datos que nos brinda Roberto, ir, volver, comparar, percibir esas sutiles diferencias, registrarlas y comprobar cómo se condice todo con la marcha climática de cada año, junto a sus continuos aportes, nos suma muchísimo.



Podríamos hablar de vinos con muy buena intensidad, tanto en nariz como en boca, de taninos firmes, frutales y con ciertos tonos herbales que aportan la pizca de franc y todo aquello que tiene que ver con la crianza en madera, distinguiéndose la elegancia y redondez hacia donde siempre apuntan los vinos de Roberto.

Mientras el 2013 se mostraba particularmente aún con muy buena concentración y una linda frescura, en el 2014 se percibía una fruta algo más madura y un paso no tan sostenido como el anterior. Me animo a decir no tan armado en boca. Mientras, a la añada 2015 le encontré también muy linda concentración a la par de muy buena fluidez, lo cual me hizo colocarlo entre mis preferidos junto al 2017 que está a punto de salir a la cancha y al que también le encuentro una gran firmeza en el paso por boca con respecto al 2016, donde a pesar del año más frío y algo lluvioso entregó en general vinos más livianos, el caso de éste a pesar de tender claramente hacia ello, se encuentra todo sumamente armónico y en equilibrio, lo cual me parece que es fundamental.


A las añadas más recientes les encuentro con más vuelo en boca, una fruta más nítida, definida; seguramente las jóvenes plantas también aportaran lo suyo a medida que con los años se van equilibrando.

Algo que no les comenté es que al evento lo abrimos con el Revancha Chenín 2017, hoy transitando un gran momento ya que el vino con esos dos años ganó complejidad, peso en boca, lo que me hace recordar a la buena evolución que también suelen tener los Mendel Semillón que elabora Rober, ambos sin ser vinos de alto precio, claramente una buena guarda les agrega un plus que vale la pena esperar.

Precisamente cerramos el evento con dos primicias, pero de bodega Mendel, el otro proyecto que conduce Roberto pero en sociedad con con la familia Sielecki.

Probamos el corte de la segunda añada del Rosadía 2019, el rosé de alta gama, de partida muy limitada, el cual considero finísimo y que en este año lo componen 50% pinot noir, 25% cabernet franc y 25% merlot; faltando menos para que vea el mercado también degustamos el nuevo Mendel Cabernet Franc 2017, también de Altamira y que posee un año de crianza del 100% en barrica, pero combinando tres tercios con diferentes cantidad de usos (1°, 2° y 3°uso) una práctica que suele aplicar Roberto en busca de mayor complejidad aromática.

Esta cepa que solía utilizar para cortes, pero que la excelente expresión y equilibrio logrado en este 2017 lo motivó a vinificarlo como varietal, tiene elegancia, moderados aromas especiados y mucho hacia adelante para seguir afinándose.

Otro caso de gran expresión en un 2017.

Ya en la vertical de Primera Revancha también había resultado uno de mis preferidos y recuerdo de todo lo que vengo tomando últimamente de otros productores también me viene sorprendiendo; evidentemente fue un año donde la fruta alcanzó muy buena maduración, temperaturas más elevadas que en el 2016, entre la brotación y la cosecha lluvias que superaron las medias anuales, y rendimientos naturales más acotados que en el 2018, algunos de las condiciones que impactaron favorablemente en la calidad de la fruta.

Vale comentar una sugerencia de Roberto que tiene que ver con que en esta instancia es favorable darle buena aireación a los vinos ya que puede que necesiten abrirse.

Más allá de la composición varietal en sí, los lugares de donde proviene la uva y el estilo del productor, son tres variables importantes que nos hacen pensar en el tipo de vino con que nos vamos a encontrar, estoy seguro que ir incorporando las características que van imprimiendo cada añada es el siguiente paso.

Hacer catas verticales, distinguir como influyen las diferentes marchas climáticas anuales en cada vino, como benefició en mayor o menor medida a su potencial de guarda, aromas, frescura o comportamiento general en boca.

Sólo necesitamos tiempo para más experiencias como ésta, y productores que además de trabajar con mucha seriedad en la elaboración, también tengan voluntad de compartirlas con consumidores interesados en aprender como nosotros, la única forma para entender es probando, y Roberto por quinta vez nos regaló a los cueveros esta oportunidad de seguir aprendiendo, pero a través de los años. 

lunes, 29 de abril de 2019

"Vidas paralelas"



¿Alguna vez guardaron algo pensándolo para disfrutar exactamente luego de 11 años? 
Recuerdo muy bien aquel instante, y más allá del espacio o el lugar en sí, esa sensación de ser consciente de la cantidad de tiempo que estaba faltando para que ese momento tan esperado llegara. Algo contradictorio ya que era muy esperado y al mismo tiempo resultaba lejano y sobre todo en el medio de eso estaba la incógnita de cuánto podía pasar.

Mi hija mayor apenas tenía algo más de tres años y yo soñaba con su cara cuando llegara ese día y le contara esta historia, de la cual apenas podía imaginar sólo su comienzo y que sería algo así como que su padre, un simple aficionado a los vinos, guardaría especialmente una botella de un vino con un año de cosecha que coincidiera con el de su nacimiento. Todo ello para descorchar el día en que ella apagara las velitas de la torta del festejo de su cumpleaños número 15.

Les aseguro que eso era lo único que tenía planeado para Marzo del 2019 cuando llegara el momento, porque el resto solo podrían ser apenas sueños y ninguno demasiado claro.

Hace unos días mientras me ocupaba de buscar, en aquel sótano de la calle Díaz Vélez donde conservo algunas etiquetas pensadas para larga guarda, esa botella de Colomé Gran Reserva 2004 para acompañar el sushi que había pedido mi quinceañera, lo primero y único que me salía era agradecer. 
Si bien el estado en que se encontraba el vino a esta altura ya podría ser solo una anécdota, al momento de descorcharlo y servirlo parecía no sólo que se había conservado de manera intacta sino que también aquel puñado de sueños se habían cumplido, y mucho mejor de lo que podría haber imaginado. 

La emoción me está llevando a compartirles algunas sensaciones, pero de las otras, las que se perciben en el corazón, esas que a medida que nos pasan los años nos empiezan a mover mucho más todavía que las que sentimos cuando acercamos la primera nariz sobre el fino cristal de la copa.

Comencé con intensiones de hablarles de un vino y no puedo hacerlo sin que la vida atraviese todo ello para desnudar algunos sentimientos propios. 

En esos momentos me pregunté también sobre la vida de ese vino, de las personas que en marzo del 2004, mientras junto a Nancy visitábamos al obstetra ansiosos por el momento más esperado de nuestras vidas, un técnico a más de 1400 km de distancia y a más de 2000 msnm recorría las antiguas fincas que tenía Bodega Colomé adquiridas no hacía mucho tiempo a la familia Davalos, para probar esos granos de uva, decidir con precisión el momento ideal de cosecha, imaginar la vida que podría llegar a tener ese vino, todo seguramente con la misma intensidad e incertidumbre y cálculos que junto a mi pareja vivíamos esos mismos días cuando entre otras cosas preparábamos el bolsito del bebé y tratábamos de que ningún detalle pudiera quedar librado al azar para el momento de tener que salir bien rápido al sanatorio para nuestra "primer cosecha".

Nunca elaboré vinos pero los productores suelen decir que cada uno de sus vinos es como un hijo y que si bien entre cada una de sus etiquetas, lógicamente suelen tener diferencias, siempre les cuesta mucho elegir solamente una a pesar de que para los consumidores los habrá con características que los diferencien y hagan de su preferencia. 

En cambio para el hacedor todos fueron importantes, siempre detrás de cada uno hay una historia, un sentimiento especial vivido. 

A quienes son papás, les suena familiar todo esto? Ahora entienden cómo me cuesta despegar el vino de la vida? Y si a eso le sumo que el vino en todos estos años pasó a ser mi estilo de vida? 

Porque a diferencia del 2004, cuando repartía mi actividad entre mi trabajo en una lavandería y un hobby que era tratar de entender sobre vinos, algo que cada día me enganchaba más. 

Hoy no pasa un instante en que deje de pensar en mi actividad 100% vino, la que me tiene enamorado, mientras además me permite vivir y quienes me conocen saben que es tal cual así.

Pero quiero seguir hablando del vino, porque seguramente es lo que esperan desde que arrancaron esta lectura.


El hecho de que el vino se haya conservado tan bien y se encontrara tan rico no creo que sea por casualidad ya que hay una seguidilla de variables que conducen los destinos, algunas muy finas, que pueden parecer poco relevantes, pero que en el conjunto son las que hacen la diferencia. Cuántas veces en la vida encontramos el resultado de algo que hicimos hace muchos años, y que quizás imaginamos que podrían ser intrascendentes, pero un día nos dimos cuenta que no?
Pucha! no lo puedo evitar, volví a no cumplir con lo prometido. Ahora sí! Cuánto habrá influenciado que este corte de 85% malbec y 15% de cabernet sauvignon y del cual se hicieron una partida muy limitada de apenas 3600 botellas provenga de antiguos parrales biodinámicos pre-filoxera que poseen entre 60 y 150 años a 2300msnm; uvas seleccionadas manualmente, fermentación lenta, 100% maloláctica y 24 meses de crianza en barrica francesa de 1er uso.

Cuantas cosas podría compartirles sobre mi hija, imposible de resumir en una ficha, su vida, sentimientos, deseos, y más sueños. ¿Cuánto tendrá Steve Galván, el técnico americano del Grupo Hess encargado en aquel entonces de las primeras vinificaciones de la bodega para contarnos? época en que aún ni siquiera estaba construida la bodega museo, y elaboraban provisoriamente en la pequeña y antigua bodega Colomé, y que precisamente fueron los buenos resultados de estas primeras vinificaciones que impulsaron a la construcción de la que conocemos actualmente. 
O Rande Johnson, el enólogo asesor que venía en momentos clave del año para decidir los cortes, además de colaborar en la investigación y conocimiento de lo que para ellos era una nueva región.


Sabrán que ese hijo que se cosechó en Abril del 2004 hoy es un señor vino? Que con elegancia y fineza acompañó un centenar de seleccionadas piezas de sushi? Los libros tranquilamente hubieran dicho que un potente blend salteño nunca podría haber sido el indicado, pero la frescura y fineza que adquirió ese tinto fue capaz de derrumbar cualquier teoría, la quinceañera sin saber, ni beber vino, pareció casi una experta en la elección de su menú; "vidas paralelas" que se juntan en un instante, momento único para mi familia y especialmente para mi, sólo me faltaría que los otros papás, Steve y Randle, supieran cuánto creció su hijo calchaquí y se sientan orgullosos por lo bien que los hizo quedar en un festejo especial de cumpleaños en la ciudad de Buenos Aires la noche del 26 de Marzo
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martes, 23 de abril de 2019

"Gaudeo, disfrutar y alegrarse"


Bodega Trivento presentó su nueva línea Gaudeo Single Vineyard que consiste en tres malbec, todos cosecha 2015 y provenientes de diversas regiones del Valle de Uco: Paraje Altamira(San Carlos), Gualtallary(Tupungato) y San Pablo(Tunuyán).


Sinceramente estaba esperando el lanzamiento de esta línea con mucha ansiedad ya que vengo siguiendo de cerca el trabajo que esta haciendo la bodega ya sea en alguna oportunidad en que los visité en Mendoza y varias otras a través de presentaciones en Buenos Aires.Más allá de todo ello, en lo personal, cada vez que descorcho un vino estoy siempre esperando que me diga cosas que le aporten una personalidad, que lo hagan único.
Esa característica puede tener que ver con la interpretación de cada hacedor, cuánto puede haber influenciado la marcha climática en ese año, o las características propias que imprimen el lugar de donde provienen sus uvas y es justamente por ahí que va la búsqueda del equipo de Trivento, que como bien aclaraba su enólogo Germán Di Césare al momento de presentar esta nueva linea - pretenden que la gente pueda conocer sobre estos lugares a través de Gaudeo.

Para ello su trabajo es tomar las decisiones correctas para que todo lo que hagan potencie al máximo la identidad de cada uno de ellos.En líneas generales, cuando se buscan vinos representativos del terroir, al menos en los casos que me toca conocer y que casualmente tienen que ver con los del Valle de Uco, creo que la diferencia está sobre todo en cómo los vinos se desarrollan en boca. 
Me pasó ahora con los Gaudeo, pero es lo que también percibí en otros proyectos que eligieron ir por este camino, el de vinos que quizás hayan tenido que resignar intensidad aromática y potencia para dejar translucir ciertas sutilezas que tienen que ver con sus orígenes.


Pensemos que si bien en el caso de las tres regiones mencionadas tienen cosas en común, porque las distancias, alturas y tipos de suelo, en varios puntos son cercanos, también hay algunas características que distinguen a cada uno de ellos y quedan reflejadas en los vinos cuando se busca que así sea, sobre las mismas trataré de contarles de la manera más clara luego de mi experiencia en la degustación.
Cuando pruebo el Gaudeo SV Paraje Altamira lo encuentro particularmente elegante en nariz, expresivo pero sutil, además de la fruta de Uco esperable quizás posee también algo floral. Cuando va a la boca encuentro cierta textura, como un entrelazado entre una rica fruta y "crujiente" acidez, sensaciones que cada vez distinguimos más en vinos de la zona y confío en que pueden gustar a un amplio espectro de consumidores, dejando en el recuerdo esa sensación de que el último sorbo siempre te invita a uno nuevo. La IG Paraje Altamira está en la parte sur de Valle de Uco, a 1070 metros de altura sobre el nivel del mar, donde prevalecen suelos pobres y con buen drenaje.

Gualtallary es la localidad más al norte de las tres, su suelo también es pobre, pedregoso, heterogéneo, calcáreo (con abundante carbonato) y a diferencia de Altamira tiene más arena sobre la superficie lo cual provoca refracción del sol y adelanta el momento de cosecha, según lo explicaba Geri. Curioso ya que si bien Altamira se encuentra a menor altura que Gualtallary (1300 msnm), en este último la cosecha se adelanta entre 10 y 15 días, algo que ya le escuche decir a varios productores - no te podes relajar porque te demoraste un día y la fruta se puede pasar fácilmente, la ventana óptima de cosecha es muy chica -  de hecho cuando el de Gualta va a la boca tiene una frutuosidad mucho más intensa, como que diera la sensación de tener más de volumen, es más directo, con cierta rusticidad o salvajismo ya reconocible. A ciegas, cuando nos empezamos a familiarizar con Gualta, creo que es el que más fácil se distingue y qué importante es que esto ocurra cada vez más seguido porque habla de una destacada personalidad.


Durante la degustación Geri quiso resumir a cada uno de los vinos con un concepto, por eso para el de Altamira utilizo la palabra "textura", para Gualta la palabra "jugoso" y en el de San Pablo la palabra fue "tensión". Claramente él también recomienda poner el foco en las sensaciones en boca.



San Pablo, comparado con las anteriores, es la que menos conocemos pero yo tengo el antecedente de que muchas veces me gustaron vinos provenientes de este lugar, que a diferencia de las otras zonas, tiene un promedio de temperaturas medias más bajas en general a lo largo de todo el año, el ciclo en las plantas tiende a comenzar bastante más tarde y por ende el momento de cosecha demora más en llegar; la planta tiene una maduración más lenta, concentrando más naturalmente, todo debido a tener una altura mayor (1480 msnm). Al servirlo ya a la vista se percibe con  mayor profundidad en su color, en nariz es donde siento como un "mar de fruta" más fresca que los anteriores y con destellos de hierbas silvestres, pero es en la boca donde encuentro que su paso amplio, plano y sostenido marca una nueva diferencia respecto a sus pares, pareciera que fluye con energía, y la palabra "tensión" que nos anticipaba Geri, encaja mejor que nunca para describirlo. 
San Pablo se encuentra cercano al río Las Tunas y tiene suelo aluvial con alta presencia de carbonatos.
En todos los casos la elaboración siempre fue con levaduras indígenas, y con respecto a la crianza la misma fue bastante similar para los tres vinos.Utilizaron fudres de 5000 litros, combinando de 1er y 2do uso, entre 14 y 16 meses en los primeros, y de 1er uso únicamente en el de San Pablo. Geri agrega que a iguales condiciones los vinos de San Pablo siempre necesitan más tiempo en botella para redondearse, ya que poseen gran contenido de ácido málico y concentración polifenólica.
Luego de probar, disfrutar y volver a probar los tres vinos para distinguir sus diferencias, los imagino que pueden tener una buena evolución en botella, 5, 10 años cómodamente y me nace una nueva pregunta: ¿Esas diferencias que destacábamos con los años se notarán más? ¿Ó menos?. Qué lindo ejercicio será repetirlo en el futuro! Claramente nos falta historia pero por suerte cada vez son más los que se están ocupando de construirla.
En esta cosecha se hicieron aproximadamente 2000 botellas de cada etiqueta que para una bodega de las dimensiones de Trivento es una cantidad muy baja pero lo importante va mucho más de fondo, y al menos para mi como consumidor, comerciante y comunicador, vinos así me ayudan a entender mejor cuál es el potencial de cada región.
Malbec del Valle de Uco hace una decena de años podíamos pensar que se trataba de un sólo tipo y hoy, gracias a la búsqueda, el trabajo, la investigación, comunicación de productores, técnicos , bodegas y el día a día, resulta y nos motiva a un continuo descubrimiento. Aprender, sorprenderse, "disfrutar", al igual que Geri que cuando comenzaba la charla e intentaba explicar el significado del nombre Gaudeo, proveniente del latín gaudere, que precisamente también significa "disfrutar, alegrarse", porque es lo que le pasa a él cada vez que le toca a ir a cada uno de esos lugares para hacer el seguimiento de las fincas, y justamente lo que me pasa también a mi cada vez que descorcho un vino y me sorprende porque cuenta con una personalidad que lo hace único y especial.

miércoles, 30 de enero de 2019

"Probando en anticipo los vinos de un amigo"


Si bien aún faltan tres meses para que salgan al mercado recientemente en la Cueva tuve la oportunidad de probar los nuevos vinos añada 2017 de la línea Rompecabezas de Finca Beth, el proyecto de mi amigo Enrique Sack que nació hace 8 años.

Dicho emprendimiento al principio fue puramente vitícola para la producción de uvas de alta calidad en Paraje Altamira pero, al poco tiempo, desarrolló dos marcas de vinos que me encantan. Hoy les contaré sobre una de ellas que se llama "Rompecabezas" y es la que cuenta con la conducción enológica del joven Felipe Stahlschmidt.

Una de las novedades es que en ésta cosecha se consolidaron algunas etiquetas en la línea, porque el blend de malbec con cabernet franc que debutó medio de casualidad la cosecha anterior se mantiene, mientras que al mismo tiempo ambos varietales también se podrán disfrutar por separado, y para completar se le suma un cuarto que es un debutante cabernet sauvignon.

Recordemos que el cabernet franc es la segunda vez que se hace, la primera fue en el 2013 y la partida fue tan limitada que pocos lo pudieron probar, en ésta 2017 habrá apenas más y contará con 700 botellas de cabernet franc, 850 de cabernet sauvignon, 1200 de malbec y 4000 del blend, éste último, de entre los presentes en la cata, fue de los más elogiados ya que se destacó por ser algo más contundente en boca.

Los vinos de Rompecabezas podríamos decir que son un contrapunto a 2Km, el otro proyecto de Quique, ya que suelen destacarse por ser vinos con buen volumen en boca, que con los años van ganando en redondés y elegancia, y donde la crianza en madera juega un papel importante en el perfil de los mismos.

Hoy, probando los cuatro vinos juntos, claramente hay un hilo conductor que no se escapa del estilo que nos tiene acostumbrado la línea año a año. Creo que el trabajo con la madera, al ser cada vez más afinado, permite que los cuatro vinos nos lleven a sensaciones bien diferentes, permitiendo expresar bien el varietal y dejando apreciar, por ejemplo en el corte, lo bien que se potencian ambas variedades, o en el caso del cabernet sauvignon las típicas notas especiadas que cuando va a la boca se destaca por su amplitud, amabilidad, frescura y las notas de crianza bien detrás de todo ello acompañando excelentemente integrada.

Al igual que muchos otros vinos del mercado, estos 2017 me mostraron gran potencial, buena madurez, una añada que sabemos que fue muy buena en calidad, aunque Quique suele comentar que mucho de ello en su caso fue potenciado por rendimientos muy bajos, producto de una helada temprana que hizo que perdiera naturalmente más del 50 % de la producción habitual. 

En definitiva, Finca Beth es un pequeño y hermoso proyecto que dentro de su estilo además de ser un fiel representante de Paraje Altamira va creciendo en calidad a paso sólido. No les conté pero Quique mucho antes de ser productor de uvas es un gran amante del vino y seguramente esa pasión y fanatismo fueron fundamentales para los resultados que venimos encontrando en relativamente corto plazo.

Elegir un lugar especial, rodearse de los profesionales indicados, trabajar con precisión sin dejar nada librado al azar, y escuchar siempre antes al corazón que a la cabeza, seguramente sean algunos de los secretos.

martes, 29 de enero de 2019

Mi "10yearchallenge como degustador"


Fue hace aproximadamente 10 años que en el quincho de la casa de un amigo se organizaba una degustación de esas semanales que, como era costumbre, siempre se hacían a ciegas. La temática de aquella noche era "malbec de alta gama".

Llegué al evento cuando ya estaba algo avanzado pero igualmente pude probar cada una de las botellas que ya se encontraban correctamente envueltas.

Tomar notas para destacar características, elegir las que más me habían gustado, compartir con el resto de los compañeros de mesa, armar un podio, sacar conclusiones, en definitiva pasar un buen rato.

Hoy aún recuerdo mi sensación luego de terminar de probar esa docena de vinos. Fue pura desilusión y no por la calidad de los vinos, si no más bien por no poder distinguir características significativas entre cada uno de ellos.

Todos cumplían perfectamente con los atributos que para mi en aquel momento eran importantes que un vino de alta gama tuviera: color oscuro y aspecto de concentración a la vista, en nariz gran intensidad de aromas, fruta madura, la mayor paleta aromática posible producto de la crianza en madera, peso en boca, volumen, etc.

En resumen algo así como que cuanto más cantidad de todo era, resultaba mucho mejor y por ende el puntaje sería más alto para lograr el podio.

Al descubrir las etiquetas estaban las más renombradas de la góndola, distribuidas entre las principales zonas, Valle de Uco, Luján de Cuyo y seguramente alguna del NOA. Creo que aquella noche recién caí o me cuestioné si realmente me gustaba tomar vino y si era algo que disfrutaba de verdad.

Si hoy, luego de una década, tuviera que repetir una cata con una docena de malbec de entre los $400 y los $1000, les puedo asegurar que sería mucho y bien diferente lo que podría describir sobre cada uno de esos vinos. Lo hago habitualmente y la mayoría de las veces resulta así.

Sólo por nombrar algunos cambios, en las etiquetas se empezó a reemplazar la palabra Valle de Uco por el de cada una de las sub-regiones que la componen: Gualtallary, Los Chacayes, La Consulta, Paraje Altamira, por mencionar algunas. Y cuánta felicidad me da hoy poder comprobar las características que le imprimen cada uno de esos lugares a los vinos y poder relacionarlos directamente con el sitio de donde salen las uvas.

Pero a este ajuste en el enfoque que vienen logrando algunos productores para lograr dejar al descubierto las características de cada región, se le suma otra variable, y es la interpretación de cada uno de ellos. Hace diez años parecía que la mayoría utilizaban el mismo "librito" al momento de elaborar y hoy estamos, más que nunca, lejos de aquello.

Porque ese "librito" no sólo supo adaptarse a cada lugar, sino también a cada búsqueda personal.

La frase “el vino nace en el viñedo” seguramente sea el camino más seguro para la diversidad y evitar caer en películas que ni bien arrancan ya sabemos el final o tenemos la impresión de ya haberla visto.

Y aprovechando esta última analogía diría que, casi como un debutante director, que en el mismo escenario y sin cambiar escenografía ni actores, en poco tiempo logró montar obras diferentes es "el Juanfa" Suarez.


A Juanfa lo conocí no hace más de cuatro años cuando se acercó para mostrarme los vinos de Finca Suárez, el proyecto que lleva adelante con su familia. Transcurrió poco tiempo para que luego nos presente Traslapiedra, proyecto que comparte junto a un grupo de amigos y fue en los últimos meses que tuve la oportunidad de probar su nuevo Rocamadre, proyecto que inició él solito.

Todas las etiquetas cuentan al menos con un malbec entre sus líneas, en diferentes segmentos de precios, y todos elaborados con uvas provenientes de la finca que la famila posee en Paraje Altamira, Valle de Uco.

Si me remonto al principio de esta nota, cuando me costaba diferenciar malbec de diversos productores y lugares, podría imaginar que las chances del Juanfa para entretenerme luego de los tres descorches serían nulas pero, cuando fuimos a la práctica, nada estuvo más lejos de ello.

El lugar podrá ser el mismo pero cuando hay inquietud las búsquedas pueden ser infinitas.

Casualmente antes que le mencione al Juanfa sobre esta nota él me contaba lo importante le resultaba poder mostrar todas las posibilidades de interpretaciones que puede lograr a través del malbec de su lugar, Paraje Altamira.
Así que no nos sorprenda que en algún tiempo se sigan sumando nuevos malbec en alguna de sus marcas de las que hasta el momento posee cuatro.

Antes de descorchar los tres vinos le consulté al Juanfa sobre qué buscó en cada una de las etiquetas y convoqué a dos amigos para compartirlos, charlarlos, y sacar algunas conclusiones en conjunto ya que siempre es mucho mejor.

Los vinos fueron Traslapiedra Malbec 2016 ($550), Finca Suárez Gran Malbec 2015 ($800) y Rocamadre Malbec 2017 ($600).


De los tres vinos el Traslapiedra resultó ser el más ligero, más fluido en boca, con una fruta roja bien fresca, directo, sin complejidad especial, pero muy sabroso en boca y que a pesar de que no tiene gran peso persiste en su paso. Lo imagino como un tinto de verano o de esos para poner primera, uno de mis compañeros de mesa acotaba que estaría ideal para acompañar algunas pizzas a la parrilla.
Lo serviría algo refrescado, el envase "XL" de 1250ml que lo contiene es fundamental, porque es de esos vinos que seguro tenderán a beberse rápido.

Continuamos con el Gran Malbec, ya con una vinificación y un estilo más tradicional, elaborado en pileta de concreto y criado en barricas usadas. La influencia de éstas últimas se percibe en una nariz muy bien integrada y en la medida justa, con una fruta bien presente las notas de la crianza es como que la redondean, tanto en la nariz como en boca, gran amabilidad y armonía.
Un malbec que podría caerle muy bien a un amplio espectro de consumidores: tengo invitados en casa, quiero ir a la segura, no correr riesgos, el Gran Malbec es el indicado. Ideal para detenerse en copa, sutil, elegante, para servir el día que cocinamos algo especial.


Y acá llega una parte interesante que deseaba compartirles porque de la misma parcela y en el mismo momento que el Juanfa cosecha la fruta para el Gran Malbec, lo hace también para su vino personal Rocamadre, más allá que en el presente caso el mismo es una añada más reciente pero con claras diferencias en la enología lo que hace que nos entregue un vino muy diferente al anterior, y no por ello menos atractivo.

Como si fuera otra versión es un vino también muy expresivo, con una nariz más salvaje, una agradable sensación de vino casero, natural, quizá aquella nota de la crianza que destacaba en el vino anterior ahora es reemplazada por una "herbal sutil" producto de una fermentación con un 30% de raspón. Otro detalle es que fue elaborado en bines de 500kg en un galpón cercano al viñedo , con las propias levaduras indígenas y a la temperatura ambiente, que lógicamente al ser más elevada que la de la pileta de concreto, le provoca una mayor extracción entregando un vino más abierto que tiende a ofrecer mucho de entrada y que claramente va para otro estilo.

Qué bien que funcionaría con algún corte de carne jugoso a la parrilla, también lo imagino para un perfil de consumidor especial, de esos a los que siempre necesitamos sorprender, que son bien dispuestos a probar, y que disfrutan de tener otras sensaciones.

Las añadas que probamos son las que actualmente están en el mercado y no son un dato menor ya que sabemos que cada una fue marcada con diferentes características.

Por un lado la 2016 que entregó vinos con menor volumen y concentración, por otro la 2015 donde se logró buena maduración y que claramente fue algo más fresca que la 2017, ésta última también con buena intensidad y concentración. Recordemos que en todas las etiquetas siempre se ha trabajado sin sangrías y que las maceraciones nunca superaron mucho más que los 20 días.

Hasta aquí poco hablamos de las características que imprime Paraje Altamira en cada uno de estos vinos que a su vez detallamos que son tan diferentes entre sí. Podríamos destacar en común esa frescura natural en boca, un tanino fino, textura, esa sensación vibrante, algo mineral en el recuerdo.

Si bien lo que detallo sobre la añada y el lugar en cierta medida se transluce tampoco es algo tan obvio que debamos reconocer, no se asusten. A medida que el consumidor vaya adquiriendo experiencia y el productor haga un trabajo cada vez más genuino, el transcurso del tiempo hará que se encuentren cada vez más fácil.

Y así es como degustador, y casi sin querer, terminé haciendo mi #10yearchallenge.

Qué diferente era lo que esperábamos cada vez que no servíamos un vino cuando les comentaba al principio y cuan lejos estoy hoy de todo aquello, claramente espero otras cosas que me sorprendan, que sea original, con carácter, que me invite a buscar sutilezas, a imaginar lugares, a entender la personalidad de un productor, la composición de un suelo, si es de montaña, desierto, la influencia de la marcha climática del año, si proviene de una zona más o menos fría, infinidad de variables que tienen que ver con lo que la naturaleza nos brinda y la sensibilidad de quien la interpreta, nada de recetas hechas, ni para lograr satisfacer el gusto de un critico.

¿Qué me deparará mi próximo #10yearchallenge en el 2029?

No lo sé exactamente pero seguro que no me aburriré en el camino porque las películas de finales parecidos por suerte cada vez son menos.

Pero en este desafío, tan importante como ello, es que yo como consumidor también continúe evolucionando, ahora sí, más seguro que nunca, no me quedan dudas de que el vino sí me gusta mucho, aunque mejor digamos: ¡cada día más!



martes, 8 de enero de 2019

"Pequeños productores, enormes sueños"

Luego de varias semanas haciendo llamados para coordinar visitas y diagramar un itinerario, finalmente el día llegó.
Sólo le faltaba cargar su pequeño vehículo con la mayor cantidad de cajas de su vino que pudieran entrar y bien temprano arrancar porque la primera parada la esperaba a 450km y era en la provincia de Córdoba.

El objetivo no era sólo visitar clientes para mostrar sus nuevos vinos sino también hacerse conocer para generar nuevos en el futuro.
Córdoba Capital, Río Cuarto, más de media docena de encuentros, culminando los mismos casi siempre con degustaciones, en varios casos ante más de 30 personas. No se podía desaprovechar ningún minuto para cumplir con aquella misión, la de comunicar, por ello tampoco falto la visita a un programa de radio local.
La gira no terminaba ahí, era sólo la primera parada porque el domingo la esperaba Rosario y ni la fuerte lluvia sobre la ruta demoraría la partida temprana. Allí un sommelier amigo la esperaba y prometía quizás la agenda más apretada de todo el viaje.

Con decir que en una sola tarde visitó cinco vinotecas, y que en vez de una resultaron tres las degustaciones, ya que dos de ellas se colaron del programa original y muy bienvenidas fueron. La cantidad de cajas disminuía más rápido de lo programado y fue momento de empezar a regular las botellas que se descorcharían y venderían, ya que aún faltaba la última parte del viaje.
La etapa final del tour la llevaría a hacer base en el barrio de Palermo en Buenos Aires, no serían sólo las vinotecas de Capital, sino también una presentación en Don Torcuato y otra en La Plata, ambas localidades bastantes alejadas entre sí y al mismo tiempo bien retiradas de la ciudad.
En la primera la presentación fue acompañada de un almuerzo y en la segunda de una cata nuevamente para más de treinta personas.
Cada vez más cerca del final de la gira, que culminaría con dos presentaciones en la ciudad, donde fui parte de la segunda porque se realizó en mi "cueva", puedo asegurar que ella llegó con una energía, pasión y entusiasmo único.
En Buenos Aires le tocó dejar las últimas 8 cajas de las 50 que había cargado en el kilómetro cero de este recorrido, en su Mendoza natal.
Si fuera un debutante jugador de fútbol diría que es de esos pibes que quieren comerse la cancha.
Lo que les cuento fue el itinerario que realizó Macarena para presentar los vinos del joven proyecto que lleva adelante junto a Rogelio, su pareja.




Ella es sommelier, tiene 25 años, y "Roge" con no muchos años más que ella, es un reconocido enólogo para nosotros, encargado de conducir la elaboración de sus vinos, pero que no fue parte de ese viaje ya que no podía descuidar la bodega en la que se desempeña como primer enólogo y donde es responsable de cuatro millones de litros anuales. Y a quien, conociéndole un poco su personalidad, imagino cuánto habrá ansiado poder compartir ese maratón junto a su compañera.


Voy a ser algo injusto con ellos porque no voy a hablar de la marca de sus vinos, ni profundizar en las características de los mismos, pero quiero mostrarlos como ejemplo de lo que es el trabajo de un pequeño productor, algo que regularmente me toca vivir bien de cerca, y que muchas veces pasa desapercibido para la mayoría de los consumidores.
Esos 3200 km recorridos por Maca en poco más de una semana, si bien cuando lo cuento es mucho, es solamente una pequeña parte entre la infinidad de tareas que un pequeño productor tiene que hacer durante un año de trabajo.
Deben recorrer las fincas, ocuparse de su cuidado, de la cosecha, la elaboración, la crianza, el seguimiento, la elección y compra de insumos, la venta, la logística, la cobranza, y en este viaje de Macarena una comunicación más personalizada que nadie.
No imagino ni al CEO, ni al dueño de una gran bodega haciendo nada parecido.

¿Y qué mejor que comunicar su vino cara a cara? Contar cada detalle en primera persona durante esos ocho días fueron quizás 200 personas las que escucharon de su propia voz la historia de sus vinos.
Exactamente de igual manera que ella hace este trabajo único y personal, seguramente su pareja hace el seguimiento en la finca durante el año, los cuidados en bodega durante la elaboración; algo que no veo porque resido a más de 1000km de Mendoza pero que percibo cuando pruebo los vinos y los encuentro únicos. No dije ni mejores, ni peores, dije únicos, especiales, porque además de ser ricos tienen personalidad, esa misma que tiene Maca cada vez que se planta ante 20 o 30 desconocidos, seguramente todos con bastante más edad que ella, y con firmeza y orgullo en la voz, cuenta sus comienzos, su historia de amor y cómo se plasma en este proyecto al que desde hace no mucho tiempo empezaron a darle forma. Es tan grande el sueño que tiene que cuando se despide me adelanta que no faltara mucho para que nos vuelva a visitar en Buenos Aires, que será con muchas novedades y que sumará la provincia de San Luis en su próximo tour. Y le creo todo porque la última vez que me había visitado fue hace siete meses y en aquella oportunidad sólo había venido con dos botellas debajo del brazo.

Esto último me da pie para recordar y comparar. En esa primera visita en abril probamos un cabernet franc 2017, y en esta última las versiones 2018 del mismo más un nuevo cabernet sauvignon, y se confirma nuevamente mi teoría, más allá de la marcha climática de cada año que es importante y muchas veces se hace notar, los productores que trabajan con constante dedicación, año tras año siempre logran una mejoría en los vinos que elaboran.
Podría describirlo como algo que se va afinando, imagino a un ilustrador que va creciendo en su profesión y cuyos dibujos cada vez cuentan con trazos más definidos, como que nos cuentan más detalles, no nos abruman con exceso de colores, pero si con sutiles detalles.
La actitud de Maca me llegó y me inspiró a compartirla aquí, no lo puedo disimular, tengo debilidad por la gente de laburo, por lo artesanal, por lo personalizado, por los que te dan su tiempo, por los que por las dudas dejan todo sin esperar algo del otro, por los que piensan a largo plazo, por los que eligieron el camino más difícil.
Con los años aprendí que esos son los que se diferencian y que todo tiene que ver con todo, se los aseguro. La sumatoria de los mínimos detalles hacen la diferencia cuando hay un pelotón de buenos vinos.
No quisiera que suene soberbio pero a esta altura entiendo un poco de lo que hablo. Me gusta mucho el vino, tengo la suerte de probar bastante, y así como estoy seguro de no ser un gran catador, sí creo tener una sensibilidad cuando las cosas están hechas con cuidado, dedicación y amor. No es mi intensión que suene cursi, pero con amor le cocinamos a alguien y se nota, también con amor atendemos y dedicamos el tiempo que sea necesario a quien más queremos, el otro lo percibe y lógicamente lo hacemos sentir muy bien.
Son productores que de pequeños solo tienen la cantidad de botellas que elaboran ya que el resto se ocupan de hacerlo todo bien a lo grande. Qué suerte que tengo en estar en una parte de su camino, ser testigo y, sobre todo, cómplice de esos enormes sueños


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