domingo, 23 de agosto de 2020

"Descubrir y seguir cada jugada"



Dicen que hay personas que se encargan de ver los partidos de fútbol en las categorías inferiores de los clubes para descubrir a los jugadores que tienen un talento especial, y entonces contratarlos tempranamente porque ven en ellos una condición que los destaca, un futuro.

Salvando las distancias, en este camino de vinotequero, en el que trato de especializarme en jóvenes y pequeños proyectos, uno también va adquiriendo esa habilidad para después de un encuentro, charla o degustación, entender hacia donde está eligiendo ir cada productor que uno tiene en frente.

Pero, a diferencia del fútbol donde además de actitud debe haber una cuota natural de habilidad en el joven jugador, creo que en el vino a este último atributo prefiero reemplazarlo por la palabra sensibilidad, o ambición por entender, por profundizar.

Cada vez que menciono la palabra sensibilidad, saben que no me refiero al momento de catar, sino a esa capacidad para poder sentir o entender con claridad hacia donde se pretende ir. Estar convencido de tal o cual búsqueda, no dejarse llevar por "modas" pero si por lo que uno siente y, sobre todo, por lo que lo hace feliz.

No hace tanto que conozco a Pablo Marino, en realidad nos habíamos cruzado hace algunos años cuando se estaba armando Casa Petrini y Pablo acompañaba en esa tarea a Ariel Angelini, pero nada sabía yo en aquel momento de su carrera.

Hasta que no hace más de tres años, cuando tuve oportunidad de probar sus primeras elaboraciones, estas me motivaron para conocerlo más, invitarlo a la cueva y precisamente confirmar cuánto esas charlas tenían que ver con los vinos que íbamos degustando, reconocer aquella sensibilidad o sana ambición que les mencionaba.

Ahí es el momento en que uno percibe que todo se condice. Creo que esa es la palabra exacta.

Uno logra sentirse como aquel buscador de promesas futbolísticas, pero en este caso no fue una gambeta que lo enamoró, sino esa capacidad para intentar interpretar un terroir y de la manera más franca; y digo intentar porque apenas es su comienzo y nada se construye con apenas unas vendimias, eso ya lo sabemos todos.

Fue Oid Mortal Malbec aquel primer vino que me abrió la puerta a probar otro proyecto donde también participa Pablo que se llama "Somos Berracos". Empecé a seguir más de cerca su carrera que, en la actualidad, se distribuye entre los dos que mencioné, su bodega familiar que se llama "Anchayuyo" y la bodega en donde se desarrolla como su primer enólogo que es "SoloContigo Wines", esta última ubicada en pleno corazón de Los Chacayes, dentro de "The Vines".
Si bien podría hablar sobre la actualidad de los vinos de cada una de esas marcas, no quiero dejar de repasar la carrera de Pablo, que pese a su juventud, desde pequeño siempre estuvo muy relacionado al mundo de las bodegas y de la finca a través de su familia.

Su padre es enólogo, los abuelos paternos han sido encargados de fincas en la "Zona Este" cuando él era pequeño, aunque más tarde se mudaron a Valle de Uco, más precisamente a Tupungato. De esa misma zona son sus abuelos maternos, quienes también en alguna época habían tenido viñedos, es decir, sus raíces son innegables desde ambas partes.

Y el hecho de conocer las bodegas desde chico, cuando acompañaba a su padre, siempre lo tuvo viviendo con la intriga de conocer con más detalle todo lo que acompañaba aquella transformación del mosto en vino; y fue por ello que cuando terminó el secundario, donde estaba entre estudiar enología o música, decidió empezar por la primera para entender más a fondo de qué se trataba. Continuó con la música pero más como un hobbie.

Después de tomar la decisión en el 2005 comienza la carrera en la UTN, hace la técnicatura, y sus primeras pasantías en el año 2008 las realiza junto a su padre en la bodega Estancia Mendoza en Tupungato.

Aquella primera vendimia la recuerda por haber sido intensa, pesada, aunque a pesar de ello lo incentivó a seguir estudiando. Continuó con la licenciatura, a la par que en el 2009 ingresaba a la bodega Jean Bousquet, de donde conserva muy lindos recuerdos - “la bodega era nueva, eramos pocos y aprendí mucho, siempre trabajando con libertad, ideal para curtirnos y poder aplicar toda esa teoría que habíamos visto en la facultad”.

En el 2010, mientras rendía las últimas materias y le daba una mano a su viejo, logró viajar a Napa Valley para trabajar en una bodega a la que había enviado su CV.

Aquella vendimia en Napa le abrió mucho la cabeza, recuerda, ya que a pesar de haberlo tenido tanto tiempo fuera de su casa, lejos de su familia y amigos, el estar cuatro meses abocado 100%, junto a varios profesionales, a la elaboración, siguiendo de cerca centenares de micro vinificaciones con diferentes protocolos, todo en una bodega que elaboraba para terceros, lo hizo enamorar aún más del vino.

Haber elaborado cantidad, pero a volúmenes tan pequeños, le despertó la idea que ni bien regresara a la Argentina podría encarar su primera pequeña vendimia, y así se concreta en el 2011, junto a su compañera Amparo March y en el garage de la casa de su padre.

Durante el día vendimiaban para su nuevo emprendimiento, mientras que a la noche trabajaban en la bodega Masi Tupungato.

Destaca que allí conoció otras tecnologías, empezó a entender de qué se trataba lo orgánico y conocer variedades no tradicionales como rondinella, corvina o ancellota.

A la par de esos trabajos, ahí por el 2012, nacía Anchayuyo, vendimia en casa, pero con algo más de producción; mientras comenzaba con el armado de los viñedos en Casa Petrini.

En paralelo a su desempeño en Petrini, continuaba creciendo Anchayuyo, no solamente llegando a las 25000 botellas y con la necesidad de vinificar en una bodega de terceros, sino también en cantidad de etiquetas, cinco en aquel momento.

Junto a una pareja de amigos en el 2016 nace "Somos Berracos" y en el 2017 "Oid Mortal", solamente junto a Amparo. Para diciembre del 2017 se desvincula de Casa Petrini.

Es a fines de la vendimia 2018 que se suma al equipo de trabajo SoloContigo, en esa época asesorada por Juampi Michelini.

Conozco esa bella bodega de Los Chacayes desde sus comienzos, pero es en estos últimos años, gracias a la llegada de un nuevo equipo técnico, sus vinos me empiezan a cautivar cada día más.

Luego volveré sobre SoloContigo y algunos vinos. Comenzaré contando un poco sobre cada uno de sus proyectos personales y qué identifica a cada uno de ellos.

El primero que mencionamos fue Anchachuyo, varietales que muestran identidad del lugar, sobre todo de zonas de Tupungato y de las que no se hablan mucho, como La Arboleda, Villa Bastías, El Zampal o Cordon del Plata; resumiendo, viñedos antiguos, de Tupungato en general y de baja producción.

El Anchayuyo Cabernet Sauvignon 2019 me parece un imbatible de relación precio/calidad, expresivo, de entrada amigable, sabroso y en un segmento de precio súper amigo, hoy apenas llegando a los $400 la botella, recomendable para aquellas personas que no se le animan al cabernet porque dicen que es "muy fuerte".

Mostrar únicamente un viñedo, de eso se trata "Somos Berracos", además de Amparo es el proyecto que comparte junto a Martin Gabrieli y Liza Videla, y es elaborado con la fruta que proviene de una finca centenaria en Villa Bastías; viñedo bajo, con muy poca producción y variedades como malbec, bonarda, sangiovese y semillón.

Y si bien hay un blend que combina todas las tintas plantadas, es el blanco el que siempre me gustó destacar; una vino más de boca, directo, sutil, seco, fresco; haber sido fermentado con pieles y criado con finas borras durante seis meses le aportó cierto volumen en boca, y sus aromas se comparten entre algo meloso, suave frutal y el típico mineral; estará llegando en breve a las vinotecas el Somos Berracos Semillón 2019, a estar atentos.

Oid Mortal es básicamente con uva proveniente de El Peral, y como les comentaba al principio el que comparte junto a su compañera Ampi, así la llama él, desde que se conocieron cuando eran adolescentes, y se pusieron de novios en el 2006; a pesar de la diferencia de edad entre ambos, porque Pablo es tres años mayor, cursaron la misma carrera, se casaron hace 5 años, y tienen una niña que se llama Nina.

Si bien hay varios varietales y buenos como un pinot noir y un merlot en la línea, y que suelen tener mucha aceptación entre quienes lo prueben, en lo personal me encanta lo que logra con el malbec; esa sensación de jugosidad, frescura, pureza, es ahí cuando meto el termino "vino desnudo", que algunos suelen criticar y para mi es uno de los más bellos atributos.

Pablo considera que forman un buen equipo; él algo más volador, soñador, y ella quien le ayuda a que esos sueños se vayan concretando, y encargándose más de la parte administrativa; obviamente a la hora de armar cortes y tomar decisiones sobre los vinos, siempre lo hacen juntos; dos o tres veces por semana suelen probar sus elaboraciones, y si bien comparten bastante el gusto del vino, considera que tienen diferentes puntos de vista al momento de tomar una decisión y buscarle el punto final.

También valorizan viñedos viejos, que si bien en su mayoría son de El Peral, no quita que pueda haber algo de Gualtallary o San José, dos regiones que también los entusiasman mucho; si bien hasta ahora Oid Mortal nos mostró siempre vinos jóvenes me adelanta que están trabajando en líneas de alta gama.

Quizás alguno ya había tenido oportunidad de conocer los proyectos de Pablo que mencionamos a través del grupo de "Los Productores Amigos" donde él es miembro desde su comienzo. Me destaca Pablo lo mucho que les aportó el grupo porque les ayudó, a través de ferias o diversos eventos, a llegar a nuevo público, cosa que de intentar hacerlo solos les hubiera sido casi imposible.

Además destaca la buena camaradería que se vive entre todos los pequeños productores que lo integran, y que el hecho de estar en constante contacto, pudiendo mostrar sus elaboraciones y compartiendo opiniones, es mucho lo que les aporta para seguir mejorando y creciendo.

Vuelvo a las bodegas. La cuarta sería SoloContigo, el único proyecto fuera de Tupungato, porque es 100% finca propia de Los Chacayes.

Además de trabajar en la búsqueda del malbec más puro de la región, así me dice Pablo, la bodega cuenta con algunas variedades mediterráneas plantadas que están dando muy buenos resultados.

Todo lo nuevo que tuve oportunidad de probar me resultó genial; de tener que destacar uno, hoy les recomiendo el Develado Syrah-Garnacha 2019, esta línea que se la reconoce por co-fermentar en tanque de acero; en este caso al ser dos variedades con diferentes puntos de madurez, colaboran a que el vino tengo algo más de profundidad y complejidad en boca; el racimo entero durante la fermentación, a los especiados de la variedad le suma un toque herbáceo, pero todo sutil, moderado, integrado; este corte se lo puedo recomendar a un abanico grande de consumidores y a pesar de ser variedades no tradicionales, igualmente les caerá muy cómodo.
Hay una renovación importante en el portfolio de la bodega, en lo personal estaré atento a cada nueva etiqueta que vaya apareciendo.

Vuelvo a Pablo y Ampi, con una noticia creo que tan linda como cuando nació Nina porque están armando su propia bodeguita, que estará ubicada en El Peral, pensada exclusivamente para hacer micro vinificaciones, con una capacidad máxima de 20000 botellas.

Cada vez que escuché hablar a los chicos sobre Tupungato pude percibir que uno de sus sueños era poder embotellar de la manera más pura posible, cada uno de esos lugares que mencionábamos al principio, en algunos casos con antiguas fincas, y con mucha historia para rescatar; hablaban de viñedos de 50/60 años en El Zampal, o de 30/40 en El Peral y Cordón del Plata entre otros; para ello pensaron en una bodega con vasijas más pequeñas y no solo vinificar parcelas. Si lo amerita, es también tener la posibilidad de elaborar por separado pequeñas partes dentro de las mismas; para ello las vasijas proyectadas para la bodeguita se reparten entre 3/4 piletas de 2000/3000 litros, tanques de acero entre 500/2500 litros, y aproximadamente 10 barricas de 225 y 15 de 500l.

Y aquí vemos como van naciendo y afirmándose cada proyecto con una clara identidad propia; seguramente un cazador de talentos en el fútbol sienta que su trabajo es exitoso una vez concretados resultados, fama o buenos contratos.

Pero yo me siento mucho más afortunado que éstos buscadores de futuros cracks porque ya gané en el momento que empecé a caminar y a seguir bien de cerca cada una de las etiquetas de Pablo, aunque sea jugando para diferentes equipos, y el hecho de ver con claridad las jugadas que está haciendo y las que están por venir es lo que más me llena, y lo digo como ferviente hincha del vino, mucho antes que vinotequero.

miércoles, 18 de marzo de 2020

“El lugar lo hacen las personas"(el otro terroir)



Hace justo quince años, mientras tenía a una de mis niñas bien chiquita y la otra en la panza de mi señora, embalábamos en su totalidad el departamento donde vivíamos en Caballito con la idea de irnos a vivir a Florentino Ameghino; un pueblo de no más de 12000 habitantes ubicado a 420 km de la Ciudad de Buenos Aires.

La búsqueda de mayor calidad de vida era el motivo, sobre todo para que las niñas tuvieran una infancia más al aire libre, lejos de los miedos constantes de la gran ciudad, más tranquilidad para todos en definitiva.

Si bien en ese momento mi berretín por el vino ya se había despertado, era consciente que en pos de la paz y tranquilidad, estaba resignando todo aquello que me regalaba a diario el mundo del vino. Además, estaba seguro que sería imposible, en el año 2005, pretender vivir de comercializar vinos de marcas que eran nada conocidas, en un lugar con muy pocos habitantes y siendo yo un recién llegado.

Seguramente por la necesidad económica lógica de vivir, hubiera aprendido sobre otra actividad, animándome a confirmar que nunca hubiera desarrollado nada de lo que hice en Buenos Aires durante los últimos 15 años.

Por un motivo ajeno a mi pareja y a mi, ese destino nunca se cumplió, nos llevo bastante tiempo desarmar aquellas, cajas que realmente eran muchas, mientras algunos sueños se empezaban a derrumbar. Que sea como Dios quiera pensamos y aquí seguimos. En la ciudad de la furia.

En lo personal, como ustedes ya saben, desde hace largo rato haciéndome un pequeño lugar y un camino a través del vino.

Arranco un poco con mi historia, cuando en realidad lo que pretendo es hacer una intro para contar la de otros, probablemente la que en el 2005 me hubiera gustado empezar a mi, pero como dije creo que no hubiera sido posible.

Pero hay gente que sí la está haciendo, y seguramente haya muchos; hoy les quiero contar sobre dos de ellos, a los cuales ya conozco bastante pero quiero que ustedes también los conozcan, ya que pueden llegar a ser inspiración para otros que se encuentren en escenarios parecidos.

Al oeste de la provincia de Buenos Aires, cercano al Partido de General Villegas, se encuentra la ciudad de América, justamente no está tan lejos de Ameghino porque casualmente se encuentran a apenas 100kms de distancia entre sí, y en ambos casos la cantidad de habitantes no es tan lejana, porque la primera debe contar con no mucho más de 14000.


Y fue más o menos para la misma época en que con Nancy teníamos planeado emigrar, que Javier armaba su primer comercio, una despensa polirubro, de esas que hasta maxikiosco tienen, ubicada en el centro de la ciudad de América, y si bien el local no era tan grande, en la misma siempre tuvo vinos, los que el espacio acotado le permitió. Vale destacar que le interesaba mucho tenerlos y ofrecerlos a sus clientes.
Pero fue exactamente hace tres años que Javier hizo un cambio importante en su negocio ya que observaba que mientras alguien se detenía para elegir un vino en la despensa, el comentario o broma de algún vecino presente lo retraía a no comprar y fue ahí cuando pensó que era necesario tener un espacio donde el cliente que llegara con intensiones de llevarse alguna "botellita" pudiera relajarse y disfrutar de ese momento tan especial como es la elección.

El espacio elegido para ello fue un depósito pegado a la despensa, que gracias a la ayuda de seres queridos en poco tiempo se transformó en el nuevo "Wine Shop", o "la covacha" como le gusta llamarlo a él. Conservó el antiguo piso de pinotea, el escritorio del abuelo, y no hay día en que no piensa en detalle para mejorarlo, temperatura ambiente, luces y música que no puede faltar me aclara.

Un amigo cercano a la covacha lo contacta con algunos productores que no conocía hasta el momento, y un panorama que se empieza a despejar cada día más, notaba esa sensación de que la cosa puede ir por otro lado, al abrir el espacio para nuevos y pequeños productores; mientras la covacha empezaba a ser testigo de como aquellos "compradores de vinos" se iban transformando cada vez más interesados en informarse, aprender, conocer con más profundidad que es lo que van a descorchar antes de hacerlo.


 

“Poder traer otros vinos a mi ciudad y el momento en que la gente descubre la vinoteca al final de la despensa, son las dos cosas que más me llenan de alegría” dice.

Me aclara que además de tener una enorme variedad de etiquetas de vinos, más de 550 seguro, y donde la mayoría son poco masivas, tiene un rincón para fina cristalería, habanos y buena selección de destilados.

Javier se muestra muy agradecido con los clientes, amigos, seres queridos que estuvieron siempre cerca de él, y le ayudaron a llegar hoy a tener el negocio que soñaba, para poder trabajar día tras día en lo que más le gusta.


A pesar de todo ello, creo que él aún no sabe que lo mejor está por venir, porque junto a la vinoteca en un espacio de 42m2 , el cual antiguamente utilizaba como deposito, esta armando una sala de cata.

Agrandar el espacio para arrimar más gente al vino, público que quizás nunca se hubiera acercado sino fuera por cada una de las nuevas iniciativas de Javier. Imaginen si continuaba con la despensa original? Cuánta gente habría perdido la posibilidad de conocer nuevos vinos y de aprender más sobre ellos?

En los vinos solemos hablar de terroir, que las personas forman parte importante y decisiva en el mismo. Entonces, ¿por qué en nuestro terreno de las vinotecas a veces las personas no aprovechan para sumarle la impronta que lo pueden hacer especial?


Recién les presenté un caso, pero ahora quisiera contarles sobre otro, y es en la ciudad de Olavarría, lugar mucho más grande que el anterior, porque la cantidad de habitantes supera los 110000, pero al mismo tiempo también bastante alejado de Buenos Aires y sobre todo de su realidad. Esta última, para muchos, pareciera que fuera única, y me lo hacen sentir cada vez que me repiten la frase "Dios atiende en Buenos Aires".
Pero de vuelta, sin embargo, creo que son las personas que pueden cambiar ésto, al menos un poco, lo que si estoy seguro que no debería decirse nada si al menos no se hace el intento.


Obvio que se necesita tiempo, pero sobre todo trabajo, imaginación, ganas y más trabajo. No digo que sea fácil, así como tampoco es fácil cuando un productor se va a hacer un vino a mas de 2000 metros de altura para lograr algo con una personalidad especial, que si fuera por comodidad o seguridad nunca asumiría tanto riesgo, paciencia, o la gran inversión que ello requiere, innumerable cantidad de horas de camioneta seguramente tendrá que meterle hasta que llegue su primera buena cosecha.


Y si bien tiene todo tanto que ver para mi, vuelvo al plano original, que son estas "vinotecas especiales", que precisamente existen porque hay personas que se ocupan de hacerlas especiales.



Hablando de infinidad de horas, “muy difícil fue el arranque” - son las primeras palabras que salen de Luciano Starface el creador del "Club del Corcho" de Olavarria, a quien a partir de ahora lo empiezo a llamar "el corcho" aunque sus seguidores más fieles le digan "el pela"



Sigue: “partiendo de un alquiler muy caro, la intención de vender vinos nada conocidos para la mayoría de los consumidores y yo que al tener otra actividad era muy poco el tiempo que le podía dedicar; transcurrieron dos años y medio, que a pesar de hacer diversos eventos y en algunos casos tuvimos hasta visitas de lujo, no solamente no estaba claro el destino, sino que la venta de vinos seguía sin levantar. Tuvimos que parar la pelota, analizar la situación y replantearnos las cosas”.

Y continúa “si bien para mi socio de aquel momento la solución o alternativa era volcarse a las marcas comerciales, yo no estaba dispuesto a eso; estaba convencido que lo que faltaba era otra cosa, y una se llamaba comunicación, y que esa era la primera llave”, me afirma con seguridad.



Aumentó considerablemente la frecuencia de las degustaciones, dándole más protagonismo al vino, pero siempre comunicándolo desde bien abajo, mejor dicho en el mismo nivel donde la gente se sintiera cómoda, jamás desde arriba. Otro punto importante fue ver como acercar al productor más a la gente, si en una presentación no pudiera estar presente el mismo, buscar la forma de tenerlo cerca, así sea con una llamada telefónica, videollamada o audio de Whatsapp.


El proceso de trabajo terminó triunfando pero después de por lo menos cuatro años. Logró que aquella "chispita" que en un principio prendió en una decena de personas, poco a poco se fuera multiplicando, porque la gente a la vez también fue cambiando, involucrándose mucho más, sintiéndose parte y con el boca en boca acercando a nuevos amigos al Club del Corcho (CdC).


Vuelvo a comparar con la elaboración de vinos porque los hay muy buenos y de todo tipo pero cuando encontramos alguno que se destaca, y uno se empieza a interiorizar con el hacedor, empieza a comprender el porque de las diferencias. En el caso anterior las personas interpretando al lugar, en el nuestro, el de las vinotecas, construyéndolo cada uno a su manera. Digo esto porque también existen aquellos que se quedan sobre la comodidad de un mostrador, una vidriera iluminada, o una contundente promoción. Es decir que nunca intentaron construir nada, mucho menos tratar de diferenciarse.

Quería conocer más sobre el CdC y primero le consulte a Luis Scipioni, un "corchense" de la primera hora, de esa manera les gusta que los llamen a los seguidores del Club.

“El Club del Corcho para Olavarría es una propuesta muy distinta, aquí no hay el movimiento de otras ciudades más grandes. Uno estaba acostumbrado a las vinotecas más clásicas, en donde se encontraban marcas comerciales y en donde el dialogo con el vendedor solía ser bastante acotado. Pero con "el pela", haciendo referencia a Luciano, apareció una propuesta distinta; con vinos no convencionales, de proyectos más chicos, y siempre con la posibilidad de conocer o al menos escuchar a los enólogos o hacedores que están detrás de cada uno de ellos”
Conocer a esas personas te contagian pasión, probar nuevos y distintos vinos te cuestiona constantemente lo que uno toma, te mueve la vara, te corre los limites, el CdC le ha dado otra dinámica a aquellos que nos gusta mucho el vino y ha cambiado un poco la forma en que nos entendemos con esta bebida.


Fue Mónica, otra corchense, la que se expreso sobre quizás una cara más social del Club: “El CdC es un gran hallazgo en mi vida, un lugar donde la paso genial, al que espero cada semana saber cual será la próxima degustación para poder anotarme”. Y confiesa que “muchas veces nos corremos carrera para ver quién se anota primero, porque lógicamente las degustaciones tienen un cupo limitado”.



Continúa diciendo “somos desconocidos que nos hicimos amigos a través de una copa de vino, es un lugar de disfrute ante todo, mientras vamos aprendiendo de a poco sobre vinos, y en donde me hice amigos que no hubiera pensado hacerlos fuera de ese lugar. Compartimos viajes y momentos únicos, para mi es muy importante porque el club tiene una energía muy especial”.

De una de esas charlas resaltó lo siguiente "en el CdC se genera una situación muy copada para compartir y opinar sobre el vino sin ser un experto", es un buen punto éste, para que nueva gente se vaya sumando sin temor por poco conocer.


Si hubiera visto yo con anterioridad el trabajo que realizan emprendedores como Javi o Luciano en sus respectivos sitios, me hubiera inspirado a que me animara a encarar mi sueño relacionado al vino pero en Ameghino. Es cierto que aquello ya pasó hace rato para mi, pero lo más importante hoy es que estas experiencias puedan sumar a aquellos que necesitan dar ese paso y que no saben exactamente como hacerlo.


"El lugar lo hacen las personas" era el título de la nota, estoy seguro que la mayoría esperaba leer sobre algo que no fue, pero esto no es menos importante, precisamente se necesitan de muchos lugares como estos para vender aquellos "vinos especiales, diferentes o de terroir" con los que los enganché en el titulo.
Si dejamos, como dicen algunos, que Dios atienda sólo en Buenos Aires es  responsabilidad nuestra que pueda atender en todos lados.


miércoles, 12 de febrero de 2020

"Livverá, intuición y evolución"

“Vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo”, esas palabras me repitió en más de una oportunidad Germán Masera cada vez que intercambiamos audios de Whatsapp para consultarle sobre su proyecto personal Escala Humana Wines (EHW), el cual desde sus primeras etiquetas, bajo la marca Livverá, seguí siempre bastante de cerca.

Charlamos de sus comienzos, de algunos momentos que marcaron su carrera y, si bien sobre el final de esa charla podría haber adelantado que vendría en su futuro, no lo hizo.
Durante la conversación me dejó siempre esa sensación de sin prisa, pero sin pausa, como dice el dicho, y es muy coherente ello cuando reveo como fue creciendo su porfolio, sumando etiquetas paso a paso, y claramente no por la necesidad de tener completo un set de seis varietales para salir a vender, sino por encontrar vinos que tuvieran motivos por los cuales hacerlo.

Tantos ida y vuelta que tuvimos en el chat me ayudaron a comprender la necesidad de aquella razón para Germán; viajar siempre por diversas regiones o lugares del mundo para conocer productores, es una herramienta que ayuda a mejorar, aprender - me aclara; y no solamente en los vinos, sino en la manera que se lo vive, se lo comunica; inspirarse con la experiencia de otros hacedores, compartir filosofías, búsquedas, descubrir la calidez humana y cuantos puntos en común hay; esa apertura que le da conocer gente alrededor del vino y poder pensar en hacer vinos para que gusten al mundo; y no conformarse nunca, siempre buscar.
Voy a esperar para la reseña de los vinos porque a pesar de ser muy joven, es grande la experiencia con la que cuenta Germán, y se las quiero compartir.

En el año 2004 comenzó a estudiar enología en la Universidad Maza, y a pesar que su carrera se extendió a casi 10 años, el doble de lo que marca el programa, producto de siempre necesitar trabajar mientras estudiaba, para él fue algo bueno ya que que pudo ir practicando, leasé haciendo vendimia, a medida que cursaba.
De hecho su primera cosecha fue en el 2004, en ese momento trabajando para Viña Cobos donde estuvo hasta el año 2008, y en donde la relación con Paul Hobbs le permitió hacer vendimia en Estados Unidos. En busca de seguir haciendo experiencia tuvo un paso corto por Terrazas - Chandon el cual le abrió una puerta importante cuando la Bodega Santa Carolina de Chile, comenzaba un nuevo proyecto en Argentina que se llamaría Finca El Origen, y allí sus responsabilidades al frente de otras áreas dentro de esa nueva bodega eran mayores. Lo esperaría un nuevo desafío, tanto en lo comercial como en de campo, y la posibilidad de trabajar junto a consultores chilenos también la consideró como un importante aporte para su profesión, ello fue entre el 2008 al 2012.
Hasta ahí Germán me detallaba todo lo que había aprendido en el plano profesional, y creo que son todos esos items indispensables para completar un buen curriculum; pero es en el año 2012 que se va al Valle de Rio Negro a trabajar junto a Hans Vinding-Diers en Bodega Noemia. Fue muy curioso como percibí que a través de sus audios le cambiaba el tono cuando tuvo que contarme sobre esa etapa de su vida en Patagonia. Les copio textual una parte de esa charla:
“Admiro la manera en que Hans entiende, siente y como vive el vino; pasar el tiempo con él fue entender y amar mucho más aún el vino; desde como trataba un racimo de uva, o una botella de vino ya abierta. Un ejemplo de ello, nunca ví que dejara una botella a medias y sin ponerle el corcho”.
Ese respeto, esa manera de vivirlo, evidentemente para Germán fue una experiencia que también lo marcó.
Hans nunca había tenido un enólogo trabajando con él, Germán fue el primero y a pesar de reconocer que les llevó un tiempo que la relación entre ellos se amoldara, hoy no deja de reconocerlo como un amigo que le regaló el vino y con quien más allá de aprender mucho, descubrió como vivirlo. Destacó además que gracias a Hans empezó a conocer más sobre vinos del mundo; sabemos lo mucho que al conocimiento ello aporta, y más aún imaginando ser guiado a través de la experiencia de alguien como Hans.
Una etapa por demás especial fue la del sur, ya que la vivió junto a Ayelen, su actual esposa, a quien conoce desde el 2008; pero el llevar ya un tiempo alejado de la montaña, de su querido Tupungato, coincide con que Rogelio Rabino deja su puesto en Finca Sophenia y nace la posibilidad que Germán lo reemplace. Corría el año 2014.
Y fue así como volver al origen -me dice- pero con un nuevo desafío, porque no sólo era para encargarse de la parte agrícola, sino también de la operativa; 120 hectáreas, más de un millón de botellas y de veinte y tantos mercados abiertos en el mundo, era la chance para entender el negocio desde otro ángulo.

Mientras vivía en una casa dentro del "Cuartel II de cabernet sauvignon" en Gualtallary, resalta la importancia de pasar mucho tiempo en el lugar donde uno hace el vino.
"Poder vivir a diario esos pequeños grandes cambios que en la naturaleza van pasando"

A pesar que estoy desgrabando un audio de whatsapp puedo percibir que esa última parte salió de un rincón especial de su corazón.
Y volver a su lugar seguramente fue la clave para que despertara la idea de su proyecto personal, algo así como que el momento te llega, se me ocurre el instante de inspiración para un compositor de música no es cualquiera, y cuando llega hay que aprovecharlo, no dejarlo pasar.
Ese momento coincide con la elaboración del primer Anti Synthesis en Finca Sophenia, una etiqueta rupturista estilísticamente dentro del amplio porfolio que tenia la bodega y, por lo visto, también importante esa creación para el nuevo desafío que estaría por comenzar.
Es a fines del 2016 cuando Matías Michelini(MM) se instala en su nuevo espacio, la Bodega del Mono en Tupungato, para continuar con Passionate Wine y otros proyectos que MM seguía, ahí lo tienta la idea de acompañarlo en esta nueva etapa para la familia Michelini. Momento ideal si los había para comenzar a darle forma a EHW; en pleno Tupungato, viviendo el vino a diario y más que nunca rodeado de familia.
Antes de empezar con los vinos, les comparto una pequeña parte de lo mucho y bueno que me contó sobre MM.

"Matías tiene esa intuición de ir siempre para adelante, es un gran formador de equipo, puede leer en las personas un poco su perspectiva, su proyección, su futuro, sus inquietudes y ahí trata de ayudar, de abastecer las necesidades que va leyendo. Así fue conmigo, desde el principio, cuando aún poco me conocía ya que apenas era el novio de su sobrina, y siempre me brindó todo su apoyo y confianza, conté con su ayuda moral y financiera desde el comienzo de mi proyecto"Entre sus primeros vinos estuvieron el Livverá Malbec de Gualtallary y el naranjo de Malvasía, si bien uno de sus sueños originales para cuando tenga su proyecto personal era hacer el mejor malbec de Argentina, el hecho de ir descubriendo antiguas viñas lo hizo sentir que tenían mucho más que ver con el sentido del Valle de Uco, ello lo motivó cuando descubrió, aún trabajando en Sophenia, una finca de más de 90 años en El Zampal, con apenas 19 hileras de malvasía que había conservado su dueño por el hecho que había sido plantada por su bisabuelo. Señalo esto a diferencia que el malbec en la región es mucho más reciente.

Rescatar variedades viejas que vinieron de la mano de aquellos inmigrantes. El inicio de su proyecto siente que tiene que tener relación directa con el del Valle de Uco, la malvasía, el bequignol o la elección del sangiovese para su último rosado tienen mucho que ver con ello.

Si bien sigo de cerca los vinos de EHW desde sus comienzos, necesitaba para acompañar como corresponde a esta nota probar todos los que se encuentran a la venta actualmente, sumados a algunas añadas anteriores que conservaba.
Siguiendo la filosofía de "el vino nunca sólo ni a solas", un grupo de cueveros me acompañó para probarlos, y de paso intercambiar opiniones.Comenzamos con el Livverá Rosé 2019, primer añada de este rosado que ya es especial, en primer lugar porque es elaborado a partir de uva sangiovese - en nariz se muestra algo tímido, pero en boca es donde muestra todo su carácter; columna vertebral apoyada en una equilibrada acidez; sutil desde lo aromático, pero el primer sorbo alcanza para no pasar desapercibido, e invitar rápidamente al segundo; bajo alcohol, pero sin embargo linda estructura.
Proviene de un antiguo parral que queda en un lugar que se llama el Campo Vidal en Tupungato, muy cuidado por una familia, sin herbicidas con una agricultura prácticamente orgánica.
Musu el día que vi esa uva y la probé supe que era lo que buscaba - me dice. Contrariamente a la mayoría de los sangiovese muy poco color, además de muy buen perfume y acidez; sabía que iba a hacer el rosado que siempre soñé - remata
Cuando me describe su elaboración detalla: “muy simple, despalillo, medio día de maceración con las pieles en la prensa para sumar estructura, siempre con hielo seco para generar un ambiente bien reductivo y evitar la oxidación, prensa y fermentación del jugo sin desborrar en huevo de cemento; cuando termina la misma, enfriamos para que precipiten las borras, y algunos trasiegos, no mucho más”.
Continuamos la noche con el Livverá Bequignol, segundo año de este varietal de origen francés, no solamente poco difundido en Argentina sino también en el mundo, y que francamente no sabía que existía hasta que en el marco del #MrWinesTour 2017 lo probamos cuando visitamos la Bodega del Mono.
En esta oportunidad probamos la 2019, añada actual, con una carga colorante media, rápidamente se lo percibe un vino fresco, de buena fluidez, con particular paleta aromática que se mueve entre los especiados y algunos herbales, sumamente interesante.
Nada sabemos sobre esta variedad, pero gracias a pequeños productores como Germán la podemos empezar a conocer.

Considero que el momento que esta pasando la 2019 es el ideal, al menos a éste no creo que le sume la guarda en botella.
Y llegó el turno del tercero, el Livverá Bonarda 2018, cuerpo medio, jugosidad, elevada acidez, y repartidas las opiniones en la mesa de cata.
La idea de buscar siempre que sea bien representativo del lugar, lo llevó a inclinarse por buscar una versión fresca y jugosa para esta variedad; "Blendeó" 50% de uva despalillada y 50% de racimo entero, algo de carbónica por un lado y estructura por el otro, considera la mejor formula teniendo en cuenta nuestro contexto de clima de sol, la palabra fórmula la ubiqué yo, y se que a un hacedor como Germán seguramente no le guste nada, por ello lo aclaro.

Al momento de la degustación buena parte de los asistentes destacaron la elevada acidez, y Germán me confirma que fue el vino que buscó, un dato para tener en cuenta al momento de la elección, comercializo vinos, trato de conocer el gusto de quienes vienen a mi cueva, ya sé a quienes se lo voy a recomendar y a quien no.
Luego fue momento de Livverá Malbec 2017, y cuánto tiene que ver este vino con esos de los que tanto disfrutamos en estos últimos tiempos!
Vertical, con la impronta que le aporta Gualta, todo en equilibrio, armónico, mejor la hago mucho más fácil y digo que rico, rico!

Por suerte aún conservaba una botella de su primer vino, un malbec 2015, que descorché en otra situación reciente y la encontré en un gran momento; algo más maduro que el anterior, con una evolución lógica, me confirma que el 2017 se puede disfrutar hoy o seguir guardando, ambas decisiones pueden ser buenas.
Cuando le consulto a Germán sobre el 2017 me dice que lo componen varias fincas, con diferentes suelos y todas cosechadas el mismo día. Una foto donde evidentemente busca combinar todos los paisajes de Gualtallary en una sola captura, con seguridad me recomienda que sería como una buena puerta de entrada a la región.
Le llegó el turno a uno de los que personalmente más presente tenía y es el Livverá Cabernet Sauvignon, lo primero que me sale es invitar a todos aquellos que evitan esta cepa imaginando que es fuerte, tánica, áspera, que no dejen de entregarse ciegamente al 2018 de Livverá.
Frescura, fluidez, especias, textura y buena madurez, fue el que más gustó entre los cueveros, aclaran que lo sienten diferente a otros cabernet.
También proviene de un parral muy antiguo, más precisamente de 76 años en El Peral; zona fría pero no extrema, lo suficiente para una lenta maduración y que entregue un grano bien chico, con muy poca pulpa y gran concentración en la piel.
No me molestó que Germán me spoilee como viene la 2019, hago lo mismo con ustedes, me dijo que está mejor que la 2018.
Se transformó el naranjo de Malvasia en un clásico reconocido entre el resto de los Livverá? Esas cosas puede lograr solo un pequeño productor, al que muchas veces el consumidor lo descubre y lo empieza a reconocer a partir de un varietal poco y nada difundido por este pago, y encima vinificado de una manera muy poco habitual. Y agrego algo más, cuando llegó este al mercado eran muchas menos las etiquetas presentes con este tipo de elaboración, con lo cual el desafío era más atrevido.

Cuando me encontré esa malvasía, originalmente no había intenciones de que sea una naranjo pero sí lo prensaba y vinificaba como un blanco tradicional, aunque sabía que perdería todo aquello que precisamente deseaba conservar. Son textuales palabras de Germán.
Por ello decidió cosecharlo, despalillarlo y fermentarlo en un huevo de cemento con pieles, maloláctica, 60 días más con pieles, para ganar textura y estructura, luego prensa, 10 meses de barrica usada, levaduras y bacterias lácticas lógicamente del lugar, y a embotellar sin filtrar. Es por ello que encontramos turbidez, borras finas al agitar la botella. Es porque su hacedor consideró fundamental conservarlas en este vino.
Tenemos en nuestra mesa de cata la cuarta añada de este naranjo, si bien siempre lo probé, nunca la cantidad suficiente para seguir su evolución durante el año este nuevo me deja esa sensación de encontrarlo algo más sutil, más fino que los anteriores, los otros eran más salvajes y cargados en boca. Germán confirma mi apreciación, reconoce su búsqueda de evitar la exuberancia y ganar precisamente en elegancia, aunque también reconoce como el factor añada suele aportar lo suyo.
Quiero mostrar la variedad en su estado más puro y que no te canses de beberlo, me dice Germán, y se condice sobre todo con esta última versión que probamos.
En lo personal creo que en general a los naranjos les hace muy bien la crianza en botella. Así que no sean "chinwenwenchas" en tomarse todo y guarden alguna botellita para dentro de algunos años.

Livverá, libertad, tomar decisiones intuitivamente, buscando siempre la evolución, algo difícil sobre todo cuando no hay referencias ni puntos de comparación, aplica a esas variedades tan poco conocidas, que vamos descubriendo, y siguiendo apenas unos pasitos atrás de su hacedor.
Desde el otro lado viñas que tal vez fueron medias olvidadas, pero que mientras puedan estarán siempre esperando a un tipo como Germán, que llegará para brindarles un cariño especial y a cambio tan solo le pedirá que le entreguen un vino que pueda ser el reflejo más fiel de su terroir.

Livverá sería como el primer capitulo de mis vinos personales, me dice en el último audio de Whatsapp, y si bien no me agrega mucho más, conociendo al director, el escenario, los actores, puedo empezar a imaginar lo emocionante y atrapante que será la próxima temporada.

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