miércoles, 27 de junio de 2018

"Vertical de Pasionado Cabernet Franc"



Hace algunos días tuve el placer de participar de una cata vertical donde probamos seis añadas del Pasionado Cabernet Franc de Bodega Andeluna. La misma estuvo guiada por Manuel González Bals quien se desempeña como primer enólogo de la misma.

                                   

Además de ser Pasionado una etiqueta reconocida desde hace más de una década entre los Cabernet Franc de alta gama de nuestro país la Bodega también fue pionera con la variedad en una zona tan reconocida para nosotros hoy como lo es Gualtallary, en Tupungato, Valle de Uco.


Si bien Manu hizo una excelente introducción sobre el crecimiento de la variedad en Argentina donde en los últimos años se dio un crecimiento que hizo que pasemos de 70 ha en 1990 hasta cerca de 1000 en la actualidad. Vale aclarar que el 50% del total se encuentra en el Valle de Uco


Iré más al grano y les contaré de manera resumida que me dejó esta experiencia en la que José Barale, socio accionista de la Bodega, también estuvo presente.

La cata se realizó previo a un almuerzo en el resto TreintaSillas y no contó con la totalidad de las añadas que existen de Pasionado ya que, como me comentaba la gerente de marketing y comunicación María Barale, haber tenido siempre tan bajas producciones y haber conservado tan pocas botellas en la "biblioteca" de la bodega resultó en que hoy los limita al momento de realizar este tipo de prácticas.

Incluso de la añada 2013 directamente no cuentan con ninguna botella.

De todas maneras el muestreo del que participaron las cosechas 2005, 2009, 2011, 2012, 2014 y, en anticipo, la 2015, fue más que suficiente para ver el camino que viene transitando la Bodega y hacía que dirección va.



                               


Comenzamos con el 2005 del cual la ficha técnica denotaba un considerable alcohol (15,5%), ya lo recordarán como algo muy típico en los alta gama de aquella época y el volumen en boca lo confirma, aunque evidentemente las bajas temperaturas de aquel año le aportaron a la vez buena frescura, algo fundamental para que el vino mantenga un equilibrio y se encuentre hoy bien entero y con buen potencial.

Hay que recordar la baja producción que siempre mantuvo esta etiqueta, un producto del que hasta hace poco tenían solamente una hectárea aunque recientemente injertaron dos hectáreas más que comenzarán a producir en 2020.



                                                    

Potenciando lo comentado primeramente hay que agregar que la variedad en el lugar tiende naturalmente a dar bajos rendimientos.

El segundo vino que probamos fue el 2009 no lo sentí con tanta potencia en boca como el anterior y si bien le encontré una fruta más madura, de sensación dulzona, me pareció el vino más suave, muy equilibrado y agradable. Fue un año particularmente bastante lluvioso durante noviembre, diciembre y febrero en Gualta y quizá ello haya colaborado a que esa sensación de madurez sea suave o "diluida" al mismo tiempo, esto último una conclusión mía desde mi desconocimiento. Respecto al alcohol la ficha técnica acusaba aún un grado alcohólico más alto (15,8%).

Retomando el tema suelos Manu nos cuenta que desde el año 2012 empezaron a trabajar más a fondo con la investigación de los mismos en la finca donde han encontrado gran diversidad. De todas formas por el momento siguen estudiando para entender bien qué hay en cada pequeño sector de la finca para futuras prácticas.

Vale recordar que hasta la vendimia 2011 se encontraba a cargo de la enología de la bodega Silvio Alberto y que recién es en la segunda parte de ese año que ingresa Manuel González por ello es que en el Pasionado 2012 su participación fue sólo sobre la etapa final de su elaboración.

Tiene un grado alcohólico mas bajo, 14,5%, que al degustarlo tiene claramente mayor frescura, algunos destellos florales en sus aromas, y una sutil textura en boca. Fue hasta ese momento el vino que más disfrute de la tanda.

Manu agrega que tiene un porcentaje muy bajo de un Cabernet Sauvignon que utilizó precisamente para refrescar y bajar el grado lo que fue una acertadísima decisión ya que al comparar con los anteriores tiende a tener menos peso y volumen sin resignar largo y complejidad, sumando "chupabilidad" como diría "el tano" Cipresso.

Hasta aquí probamos vinos con características diferentes y fue muy enriquecedor ver que en su mayoría encontramos relación entre las prácticas comentadas por el hacedor y las marchas climáticas de cada cosecha.

Luego llegó la añada 2012 que no fue la excepción porque en mi opinión claramente no se pareció a ninguno y si bien la ficha técnica hablaba de un excelente año por tener un clima extremadamente seco, variable ideal para la sanidad de los frutos, algunos taninos un poco marcados aún hicieron que no quedara entre mis preferidos aunque quizá el tiempo lo ponga más armonioso. No me animo a asegurarlo.

A pesar de que siempre hablamos de la misma pequeña finca y variedad los diferentes matices continúan producto del clima y las prácticas que se van ajustando.

Así la añada 2014 cuenta desde lo aromático con esa típica punta de pirazina atrevida y sutil al mismo tiempo. Siendo más concreto: una nota que recuerda a un ají verde, bien fresco, claramente menos maduro y con mayor acidez en boca. Las fichas nos remarcan que 2014 también es recordado como uno de los años más fríos y que una helada en septiembre también les provoco un 25% de perdida de producción lo cual colaboró naturalmente a concentrar más calidad.

Además se nota una considerablemente menor presencia de aromas provenientes del roble y los anfitriones nos aclaran que desde ese año comenzaron a utilizar barricas de cuarto uso.

El vino me dejó muy satisfecho y lo disfruté mucho aunque considero que tiene aún bastante para seguir desarrollando y refinándose en botella. 

Y precisamente, entre otras, la palabra "refinándose" me vuelve nuevamente a la cabeza cuando probamos en anticipó la añada 2015.

Le encuentro sus aromas con una nitidez que no había percibido en los anteriores; mucho más sutiles, delicadeza que se mantiene en boca, balance, equilibrio, de esos que bebés un sorbo e inmediatamente te invitan al siguiente.

Me reconozco entre esos consumidores que valoran y disfrutan de aquellos vinos que van en busca de dejar al desnudo la calidad de la fruta y la expresión de un lugar.

Resumiendo, si defino los primeros años de esta etiqueta sigo pensando en muy buenos vinos, producto de la intensidad que nos brinda la altura, los suelos y la amplitud térmica del Valle de Uco.

En cambio, sobre los últimos vinos degustados, se pueden percibir con mayor precisión esas notas que recuerdan más a un lugar tan distintivo como es Gualtallary y que hacen que cuando los ubico a ciegas con un vecino de Paraje Altamira, Los Chacayes o La Consulta, para mencionar solo algunas zonas vecinas, lo podamos distinguir claramente.

Por lo tanto creo que ese es el camino que deben seguir para diferenciarse cada día más cada uno de los productores que elaboran en esas regiones.

Que las características de un lugar prevalezcan siempre sobre el estilo de una bodega o productor; y si la influencia del clima se hace notar, francamente me alegra, porque ello quiere decir que el productor dejó que el vino se expresara de manera franca respecto a lo que fue ese año en su sitio.

Respetar el terroir siempre y no tratar de enmascararlo bajo ninguna circunstancia.

Resignar concentración, potencia, carga, en busca de sutilezas, elegancia, complejidad, pudiéndose beber más temprano pero sin resignar potencial de guarda, manteniendo el carácter pero mucho más fino; con firme paso por boca, tan firme como cada paso que da Manu y su equipo hoy para el futuro de esta etiqueta tan emblemática para la bodega, la zona y la variedad.

viernes, 8 de junio de 2018

"Blancos de corte, cada día más protagonistas"



Recientemente, en sociedad con mi amigo sommelier Roberto Romano, decidimos convocar a una degustación exclusiva de vinos blancos de corte debido a que su presencia en la góndola de hace algunos años a esta parte viene en marcado crecimiento.

Enmarcamos la cata en el formato de Vinos Con Sentido (VCS), evento anual que organiza Romano para profesionales del vino pero en este caso lo adaptamos a nuestro espacio para consumidores que suelen visitar la vinoteca.

En total se seleccionaron veinte vinos que se presentaron, para degustar a ciegas, en tres tandas separadas por segmento de precio.El panel de degustadores consistió en 15 consumidores acostumbrados a éste tipo de catas.

Más allá de ser parte de la organización pude degustar a ciegas al igual que el resto y pude elegir mis preferidos sin saber de que etiqueta se estaba tratando.

En líneas generales la gran mayoría de los vinos me gustaron. Con esto quiero decir que a casi todos los compraría con mucho gusto. Lamentablemente una de las etiquetas que probamos tenía cierta evolución provocada seguramente por el corcho natural que le jugó una mala pasada, con otro sistema de cierre seguramente no hubiera sucedido. Aquí se podría disparar otro debate que da para largo aunque prefiero evitarlo y pasar al detalle de cada tanda.


Primera tanda ($200 /$290)

En los vinos de la primera tanda la mayoría contaba, entre sus componentes, con Sauvignon Blanc (SB) de la que quiero destacar que su presencia se percibió claramente en todos los casos, no es queme molestara pero me hace pensar que si eran blends blancos compuestos por diferentes variedades, el SB siempre resultó muy protagonista.Creo que habría que tomar los mayores cuidados para que el aporte sea lo más sutil, dicho de otra manera, sentir acentuada la variedad dejaba la sensación de que se parecían entre sí en algún punto, y saben que cuando de vinos se trata, valoro todo aquello que ayude a la no estandarización.

En mi caso premié al vino que creo tuvo más personalidad y carácter en boca y ese vino fue el Verdes Cobardes de Matías Michelini. 
Además de fruta(blanca) y cítricos contaba con esos típicos destellos minerales que acentúan su carácter de manera especial.

Otro de los vinos que me gustaron fue Las Criollas de Don Graciano de los muchachos de Paso a Paso. Me encantó toparme con un blanco de características únicas, sobre todo, teniendo en cuenta el nivel de precio.Sabores “amoscatelados” y de buena intensidad. Me atrae cuando un vino me desconcierta con nuevos matices aromáticos y difíciles de definir.

En ésta tanda uno de los que fue muy aplaudido, sobre todo cuando se descubrió y comunicó su precio, fue el Kaiken Estate, que bien podría destacarse como campeón de la relación precio – calidad (RPC) además seguramente dentro de la tanda es uno de los de mayor volumen y por ende más fácil de conseguir.


Kaiken Estate (SB/Semillón 2017- Agrelo) $200
Salvaje Blend de Blancs 2017 (SB/Torrontés/Chardonnay - Los Chacayes) $270
Montesco Verdes 2017 (SB, Semillón, Viognier, Chardonnay- Tupungato) $280
Blanchard & Lurton Les Fous Corte Bordeles(SB/Semillón - Los Chacayes) $290
Bienconvino 2017 (SB/CH/Gewurz - ) $270
Manos Negras Stone Soil 2016 (Gewurz/Semillón/CH - Los Chacayes) $275
Las Criollas de Don Graciano 2017(Criolla Chica/Moscatel Rosado/Torrontes Sanjuanino - Montecaseros)$290






Segunda tanda ($300 / $440)

Para algunos de los presentes entre la tanda uno y dos no hubo un destacado salto cualitativo por ello corresponde mencionarlo y agregar que no pienso igual.
La intensidad que se resaltaba en la primera tanda, sobre todo a través del aporte del Sauvignon Blanc, disminuyó pero para empezar a traducirse en nuevas sutilezas.

No sé si por falta de experiencia pero al degustar cada uno de esos vinos, los cuales disfrute a pleno, casi en ningún momento vinieron a mi cabeza las variedades.

Algo así como si estuvieran tan ensambladas en todos los casos que ni siquiera el Torrontés se atrevió a sobresalir demasiado en donde participaba como componente.

Un punto para destacar fue la performance de los tres vinos provenientes de Salta independientemente de que a ciegas tampoco logré identificar su procedencia. No sé si destacarlo como positivo o no pero en definitiva lo más importante es que me gustaron mucho.

Desde hace un par de años a esta parte encuentro en general un claro crecimiento cualitativo en los vinos de la región, responsabilidad de una camada de jóvenes profesionales inquietos que están en la permanente búsqueda. Sé de lo que hablo porque hace varios años que los visito y sigo de cerca.

Y claro que resalté uno de ellos, el Blanc de Blancs de Bodega El Esteco. Un penta varietal que me ofreció la sensación de un vino completo, íntegro, tanto desde lo aromático como en su firme paso por boca, y con clara capacidad para seguir creciendo. Un dato no menor para tener en cuenta es que se ubicaba al límite máximo del precio de la tanda.

Otro punto que me atrevo a destacar es que a la mayoría de los vinos, a pesar de que no sean de alto precio, los imagino creciendo en botella. Hablo de una guarda corta que puede ir de dos a cinco años según el caso.

Bacán 2015 (CH/SB/Torrontés) $380
Yeta 2017 (Sauvignonasse /Torrontes/SB - Valle de Cafayate) $320
Encubierto Blend de Blancas 2016 (Marssane/Roussanne - Tupungato- La Arboleda) $320Mazzotta
Impulsivo 2016 (SB-CH-Torrontés) $320
Lejanamente Juntos Semillón - SB 2016 $450
El Esteco Blanc de Blancs 2017 (Marsanne/Rousanne/Viognier/CH/Torrontés - Valles Calchaquíes) $440
Tordos Blanc de Blancs 2017 (Chenin/Riesling/Chardonnay-Valle de Cafayate) $450



Tercera tanda ($450 / $750)

En la tanda que incluía los vinos de mayor precio la mesa efectivamente reconoció claramente el salto en la calidad. En lo personal siento que, sumado a ello, los matices que se resaltaron fueron más definidos y entre los vinos se notaron claras diferencias que podían provocar preferencias en función del gusto o la situación de consumo.

Entre tantas propuestas excelentes la Geisha de Jade se despegó claramente por sus aromas. Estimo que fue más producto del estilo (vinificación, crianza) y no tanto por los componentes ya que el 
Encubierto que probamos en la tanda anterior, que aclaro que también me gustó, nada tiene que ver con el perfil particular del blanco de VerSacrum.

La mayoría de los vinos seguramente poseen o combinan partes con crianza en barrica lo cual claramente sumó complejidad en todos y por suerte en ninguno resultó protagonista.Contrariamente a lo que ocurría hace algunos años cuando un blanco de alta gama era sinónimo de un caldo untuoso, con tostados y notables notas mantecosas, que siempre terminaba girando hacía el mismo perfil de vino.

Fue una tanda que verdaderamente me resultó muy entretenida porque me llevó claramente hacia diferentes estilos o búsquedas y, que en el 100 por ciento de los casos, me tientan a continuar guardándolos en una cava confiando que tendrán una buena evolución.

Ver Sacrum Geisha De Jade 2016 (Roussanne/Marssanne- Los Chacayes) $550
Blanchard & Lurton Grand Vin 2016 (Tocai/Viognier/Pinot Gris/Chardonnay-Los Chacayes) $580
Zenith Nadir 2015 (Chardonnay/Fiano/ SB) $570
Bodega Alandes Paradoux Blend Semillón/SB $680
Susana Balbo Signature White Blend 2016 (Semillón-SB-Torrontés) $860
Clos Ultralocal Les Brûlées (Chardonnay/pinot Gris/Roussanne- Los Chacayes) $750


                     





En la tanda uno y tres, más allá si los elogios recibidos fueron muchos o no, hay dos vinos que se destacaron por diferentes. Ellos fueron Las Criollas y la Geisha y para mi es 100 por ciento positivo que ello ocurra porque necesitamos vinos que se diferencien más allá de que seguramente también corran el riesgo que no le gusten a todo el mundo. Para mi suman diversidad y ello es muy positivo porque además de expandir el gusto en algunos consumidores es fuente de inspiración para otros productores.Siempre digo que es un efecto contagioso que viene ocurriendo y precisamente nace en los más pequeños que por lo general suelen ser los más atrevidos.

A continuación algunas preguntas que me surgen:

Será que no tenemos tan incorporadas las características de las variedades blancas y por tal motivo a uno le cueste más identificarlas en el blend? O será que por privilegiar la frescura, lo cual no me parece mal, se genera que algunas variedades no se muestren en su máxima expresión varietal y ello colabore a que no se diferencien tan fácilmente?

Mientras en los tintos puedo distinguir fácilmente cuando un vino proviene del NOA, en esta oportunidad muy lejos estuve de identificarlo, tendrá algo que ver que la búsqueda por el blanco bien fresco me termine alejando también de las marcadas características que nos puede aportar el lugar?

Que quede claro que soy un defensor de los vinos de buena acidez porque me encantan! pero si algún técnico, que sabe mucho más que yo, puede responder a estos interrogantes bienvenido sea.

Cuando decidimos la convocatoria para probar vinos blancos muy rápidamente se ocuparon los lugares, esta situación, hace algunos años atrás, hubiera sido poco imaginada. De hecho el 100 por ciento de los participantes quedaron muy conformes de haber vivido la experiencia y con ganas de repetirla en otras temáticas similares.

Cuando seleccionamos los blancos de corte para la cata también llevó muy poco tiempo agruparlos ya que no tuvimos que pensar demasiado ni salir a buscarlos porque son moneda corriente entre la mayoría de nosotros. No hay que olvidar que gran parte de los mismos provienen de proyectos chicos o medianos que fueron rápidamente recogidos de la góndola de una pequeña vinoteca, no de una gran tienda o supermercado.

Hace algunos años también era impensado que alguien pagara tanto o más por un blanco que por un tinto.Los precios de los vinos de la tercera tanda no eran bajos y como comercial les aseguro que tienen muchos seguidores que no dudan en pagar por ellos. De hecho fue la tanda que más elogios disparó y donde la gente se dedico a disfrutar, catando entretenida sin detenerse en el tema costos.
En general todos los blancos, independientemente del segmento de precios, se mostraron con buena acidez. Luego se sumaron diversos atributos que justificaron que un vino se ubicara en una tanda u otra y creo que en la mayoría de los casos hubo una relación lógica entre la calidad y los precios.

Queda abierta una nueva ventana que es la de ver cómo a estos cortes blancos le puede sumar complejidad la crianza en botella. Un mundo nuevo que necesita tiempo y sobre todo confianza por partida doble: por un lado la de los consumidores, que además de comprar y probar, deben apostar a la guarda, y la de los productores que no deben detener la búsqueda, sino todo lo contrario, alimentarla cada día más.

Hablo puramente por mi cuando pienso que a los vinos blancos cada vez los tengo más presentes cuando quizá en otros momentos sólo los tenía en cuenta para una entrada, lo que se llama poner primera para luego continuar con tintos.

Realmente cada día los siento más protagonistas y mucho tiene que ver que en los últimos años aparecieron nuevas propuestas de mayor calidad. Clara calidad que vemos en crecimiento pero que sobre todo siempre debe ir a la par de la diversidad. Ésta última palabra es la clave para el consumidor más inquieto que se despidió tan contento luego de la cata.
Igualmente creo que hay mucho para crecer pero lo importante es que la búsqueda ya empezó y sobre todo que hay consumidores a la espera, ansiosos por reconocer, entender los lugares, las diferentes elaboraciones, las variedades, cómo deben combinarse o de qué manera se deben criar para extraer lo mejor de cada una de ellas y hasta empezar a evaluar cuanto es lo que puede sumar la guarda. 




A continuación les acerco los 11 vinos más votados por el grupo.




martes, 29 de mayo de 2018

"Creador de nuevos momentos"

Durante muchos años cuando alguien se preparaba para recibir visitas en su casa y agasajarlas con algún rico menú era habitual, y casi obligatorio, que desde el comienzo y hasta el final de esa reunión se sirviera vino y que se estilara tener sólo una etiqueta para acompañar todo el convite.

Hasta tal punto que el anfitrión precavido siempre solía comprar algunas botellas extra para no correr el riesgo de tener que cambiar de marca durante el encuentro ya que era algo que pareciera no ser bien visto en aquel entonces.

El mismo "tinto reserva" que había sido seleccionado para las carnes asadas era el que se utilizaba tanto para recibir a la visita, la "picadita" de entrada y nos acompañaba hasta después del postre o el café.

Los hábitos del consumidor, poco a poco, fueron cambiando producto de que se fue educando como tal a la par que crecía la cantidad de propuestas y diversidad en tipos y estilos de vinos.

Esa misma persona que se acercaba hasta un local de venta de vinos para adquirir una caja cerrada de seis botellas pensando en aquella reunión hoy sale a comprar y seguramente, sin resignar cantidad, ni la necesidad de escaparse del presupuesto asignado, elige los vinos pero teniendo en cuenta nuevos criterios para que esa reunión tenga más brillo y, de alguna manera, se pueda disfrutar mucho más.

Quiero aclarar que lo último que me gustaría es complicarle la vida a alguien al momento de la elección con los siguientes consejos. Más bien todo lo contrario.

De igual manera que elegimos ir de menor a mayor con la intensidad de sabores en los diferentes platos que podamos presentar sería ideal también utilizar un criterio similar para elegir los vinos, esto inclusive, más allá de la cantidad de platos que tengamos.

La idea es reemplazar esas cuatro botellas iguales que se descorcharían por otras que sean marcadamente diferentes entre sí ya que seguramente estaremos creando cuatro nuevas experiencias para disfrutar en nuestra reunión.

"Más allá del vino como bebida en sí para acompañar, la idea en el fondo es crear nuevos momentos, los cuales nunca hubieran existido de solo haberse decidido por una etiqueta"

Así como estoy seguro de que en ese encuentro del que hablamos no será el mismo plato para la entrada, el principal y el postre, también imagino que tampoco se charlará de un único tema durante todo el tiempo. No faltará el momento divertido ó el de compartir planes futuros, algún recuerdo, sueños, silencios y, quien dice, que no falte también algo emotivo.

Así suelen ser esas conversaciones que a pesar de ir de un lado para otro resultan ser siempre muy entretenidas porque son entre seres queridos que, además de preparar algo especial para recibirnos, también pensaron en más de una etiqueta de vino para que aquel encuentro se potenciara con nuevas experiencias que podrían llegar a ser especiales.
Todo tiene que ver con todo pero quiero mantenerme lejos de hablar de maridajes o acuerdos gastronómicos ya que tiene que ser algo más simple, con voluntad, imaginación y, si es necesario, un poco de asesoramiento.

Imaginate aquella despedida luego del encuentro: al dar gracias por la invitación, comentar qué lindo la pasamos y qué buena estuvo toda la comida se le sumaría qué buena selección de vinos que elegiste!

Me encanto éste o aquel más! Dónde los puedo comprar? La próxima que nos veamos me gustaría hacerte probar tal o cual! Qué buena idea tuviste! Cuándo nos juntamos de nuevo? me gustaría hacerte probar mi preferido!

Para algunos el acto de seleccionar una tanda de vinos puede resultar poco simple pero nada mejor para este caso que acercarse a una vinoteca seria y pedir asesoramiento, explicando al detalle cuál será la situación de consumo y el presupuesto con el que se cuenta.

Ante ese escenario el vinotequero debe ofrecer más de una solución acorde a nuestra necesidad porque precisamente esa es su función, seleccionar y ofrecer lo mejor de lo que está a su alcance.

Si de servir diferentes tipos de vinos (blancos, tintos, rosados, espumosos, naranjos, dulces) se trata y no caer en la situación de poner una copa especial para cada uno, sugiero contar con un modelo de copa de cristal que se pueda adaptar fácilmente a todos.

Creo ideal alguna tipo syrah o malbec y con una capacidad de 450/480 ml; es muy importante no resignar calidad en la misma. Recuerden que el mismo vino puede lucirse de manera muy diferente según la calidad del cristal.

Lógicamente si cada comensal cuenta con una sola de estas copas, entre vino y vino, deberían ser bien enjuagadas y secadas.

Si hay intensiones de profundizar un poco más en esta experiencia, al momento de seleccionar los vinos, se puede pensar que más allá de acompañar correctamente cada momento en el fondo exista también un mensaje educativo.

Así aprovecharemos, al mismo tiempo, la posibilidad que nos da probar, comparar y compartir apreciaciones sobre los vinos. Algo que para la mayoría de los consumidores no es una práctica habitual.

Siempre recuerden que la única forma de crecer en el conocimiento del vino es la experiencia que nos da probar siempre diferentes vinos. En lo personal suelo no repetir etiquetas precisamente para no perder la oportunidad de probar una que no conozco.

Algunos ejemplos de posibles criterios al momento de la elección:

Seleccionar diferentes tipos de vinos (Blancos, Rosados, Naranjos, Tintos, Espumosos, etc).

Seleccionar vinos en diferentes estilos (con diferente concentración, más o menos maduros, más o menos frescos).

Seleccionar vinos con diferentes tipos de elaboración (Vinificados en huevo de concreto, tanques de acero, barrica de roble, etc).

Seleccionar vinos con diferentes tipo de crianza (barrica de 225l, foudre, huevo de concreto, tonel, etc).

Seleccionar vinos de diferentes regiones (Valles Calchaquíes, Patagonia, Luján de Cuyo, Valle de Uco, etc).

Seleccionar vinos de diferentes sub-regiones (Altamira, Gualtallary, Los Chacayes, del Valle de Uco; otra podría ser Agrelo, Lunlunta o Las Compuertas en Luján de Cuyo).

Seleccionar vinos con diferentes tiempos de crianza (más jóvenes o más añejos).

Seleccionar vinos de diferentes segmento de precios.

Revisen cuántas variables pudimos enumerar sin la necesidad de hablar de varietales o vinos de corte. Imaginen que si multiplicamos las mismas por la cantidad de posibles cepas que encontramos en nuestro mercado las alternativas serían interminables y así aquella reunión que nació para comer rico y pasar un rato ameno con amigos, podría funcionar indirectamente muy educativa desde el punto de vista de los vinos.

En las fotos que están a continuación, les acerco algunas etiquetas que me resultan atractivas para combinar a mí, pero más me gustaría saber cuales son sus elegidas!!






jueves, 3 de mayo de 2018

"Historias simpáticas detrás del momento justo"


Quienes somos amantes del vino, además de disfrutar de beberlo joven, también solemos comprar alguna que otra botella para guardarla ya que una de las cosas más lindas para un enófilo es ver la evolución, en el transcurso del tiempo, que va teniendo ese vino que tanto vamos atesorando.



Si a esta costumbre, cada vez es más habitual entre los fanáticos, le sumamos que cada día nuestro mercado ofrece más variedad de etiquetas a través de diversos tipos de proyectos, que van desde una pequeña partida de 300 botellas que hace un productor de garaje, hasta las decenas de miles que puede tener una bodega de las grandes en cada una de sus líneas, la cava o el espacio destinado para guardar el vino tendrá que ampliarse al ritmo de las oportunidades de compra, l
ógicamente siempre que la billetera lo permita.

Hace cerca de veinte años que transito este mundo tan lindo del vino, de hecho buena parte de mis amigos y relaciones están dentro de él, y hay cientos de historias de catas, momentos, viajes, los cuales muchas veces trato de compartir en alguna nota en el blog o personalmente con quien ya tengo oportunidad de recibir en la cueva. 

Pero hay otras historias que muchos de quienes estamos tan enganchados con el vino tenemos en común pero por pudor, o vaya a saber que, muchas veces evitamos contar. 

Estas historias tienen más que ver con el momento o la forma en que adquirimos nuestros vinos y cuánto es lo que realmente blanqueamos entre nuestros seres más cercanos (se entiende por blanquear cuánto pagamos por ellos). 

Pensando en esta nota compilé diferentes anécdotas aportadas por los propios protagonistas.

Imaginen que para lograr esos testimonios necesité garantizar que los mismos no irían acompañados de los nombres reales ya que, lógicamente, muchas historias comienzan en la vinoteca.

“cuando mi señora me acompaña a la vinoteca - e intenta bajar del auto -suelo sugerirle que me espere allí: mirá que hago rápido, en la vinoteca te aburrís, yo regreso enseguida - le digo mientras tomo la chequera y la guardo en la campera”.

Esta es una de las escenas que me comenta "Sergio" cuyo colmo mayor es que viaja 50 Km para ir hasta ésa vinoteca especializada y en algunos de esos viajes, para que se le haga más ameno el trayecto, su pareja lo suele acompañar.

Pero hay otros que si bien fueron solos y sólo para hacer una compra regular, llegaron justo al comienzo de una degustación y se metieron en un temita familiar.

Por ejemplo Javier que cuenta que un sábado temprano salió de su casa para buscar solamente una botella de vino, ya que su mujer prepararía especialmente unos ravioles con estofado para el almuerzo y quería alguna etiqueta para acompañarlos, y terminó llegando cuando las raciones de pasta ya se habían terminado. No quiso detallar los reclamos al momento de ingresar a su casa pero eso sí, fue precavido en comprar botellas para toda la semana.



También está Miguel que en una situación similar se había olvidado que tenía reserva junto a su familia en una de las mejores parrillas de Buenos Aires. Todavía recuerdo a su esposa e hijas, que algo asustadas porque que no respondía las llamadas al celular, se acercaron hasta el local en medio de una concurrida cata - pobre - bien colorado se puso cuando su familia interrumpió la misma, en la que tan compenetrado estaba.

Hasta un niño es participe de una historia ya que le hizo un interesante planteo a su padre Marcelo quien me cuenta: “luego de una visita junto a mi familia a la bodega de Carmelo Patti, donde entre otros vinos me compré una caja de Assemblage, antes de retirarme le pedí que me firmara una botella. Ya de regreso y en el auto, mi hijo que en ese momento tenía 5 años, me pregunta porque le había pedido a ese señor que me firme una botella; le aclaro que - ese señor es un productor de vinos muy reconocido, y para un coleccionista esa botella en 20 años podría llegar a valer mucho dinero - muy interesado el niño, pero con mucho más énfasis le vuelve a preguntar: y si es así porque no lo hiciste firmar las seis?”.

Para los que evitan la vinoteca eligiendo el servicio de entrega a domicilio tampoco se les hace tan simple ya que recuerdo a alguien que en el momento de una entrega, en el hall de un moderno edificio en la zona de Recoleta,  me recibe con gestos, murmullos al oído y guiños indescifrables, claro, resulta que intentaba decirme que me ubicara en otro ángulo ya que no quería que su mujer pudiera ver cuánto dinero le daba a través de la cámara del edificio.

Mucho más paranoico aún fue aquel que dividía su pedido mensual en tres canales de comunicación diferentes, repartido entre mail, whatsapp y llamada telefónica, obviamente sin aclarar precios, sólo le faltaba pedir que hablara en clave por miedo a que el teléfono estuviera pinchado.

Pero también ocurren historias jugosas en cada casa y estas tienen que ver cuando se empieza a ocupar más espacio extra para asegurar la guarda de las botellas, las cuales en un principio se evitan blanquear, hasta que llega un momento en el que se hace insostenible disimular las cantidades y allí también hay algunos relatos interesantes.

Por ejemplo está ese que reconoce que no gasta tanto pero sí que su departamento es muy pequeño y el día que la conservadora quedó chica empezó a guardar vinos debajo de la cama en esas cajas planas de seis botellas. No faltó mucho para que, al momento de limpiar, su pareja descubriera el botín y pasara a contar entre el stock blanqueado.

Otro, con mayor ventaja ya que vive en una casa, me comentó que sigue manteniendo el sistema "doble cava", es decir, una declarada y otra en negro, esta última la ubica en una pieza que está en el fondo de su casa.

Y amplía: “Utilizo la técnica de contrabando hormiga para ingresar las botellas al fondo ya que no siempre es sencillo; he llegado a introducirlas mezcladas entre la ropa de fútbol cuando volvía de los partidos. O alguna vez también aprovechar la compra de algún electrodoméstico y utilizar su caja al mejor estilo Caballo de Troya".  

Roberto, serio y más preciso, desarrolla su caso: “cuando uno va creciendo como consumidor empieza a buscar vinos con otras características y que lógicamente tienen valores cada vez mayores, aunque nunca necesité aclarar demasiado ese tema con mi mujer, sí se me complicó el día que empecé a ocupar diferentes rincones de la casa porque en la cava ya no entraba más una botella; y lo que me quedaba pendiente era en un mueble debajo del televisor, hasta que se rompió una botella de tinto salteño, de esos bien concentrados, en el living y manchó toda la alfombra de piel blanca (…)”

“empecé a blanquear más en serio esto de guardar y, sobre todo, explicándole a mi pareja la importancia que tiene la misma para determinado tipo de vinos”.

Otro profesional del buen beber y obviamente de la compra amplió y profundizó más en su respuesta: “comprar vinos no es una cosa simple ya que lleva mucho tiempo el entender el propio paladar para saber qué comprar y más tiempo aún cuesta el encontrar al vendedor que te recomiende lo que te hace feliz a vos y no a su bolsillo, pero más difícil aún es el poder ingresar la compra a casa sin que eso signifique un divorcio por la suma gastada mes tras mes”. 

La ingeniería dista de ser simple o una ligera mentira. Es una operatoria digna de agente secreto en película de acción. Compras con cuentas paralelas o dinero en negro (no me refiero a la AFIP, si no al conocimiento hogareño), amigos que te guardan los vinos en su casa hasta el día que tu mujer sale con las amigas y llegás con el auto cargado cual flete, arrastrando el culo para meter las cajas en la cava y que pasen desapercibidas, o llegar con una caja que se supone que es para tu amigo y al otro día te la llevás, vacía, para que quede en claro que esa caja no era tuya.

Claro que la mejor manera de ingreso siempre fueron los asados multitudinarios, esos donde te traen los vinos que estuviste comprando por semanas y entran mezclados con los tubos que serán ajusticiados en la reunión.

Siempre puede fallar pero suele ser la opción más sincera. El vino es nuestra bebida nacional, pero el comprarlo es un deporte de riesgo que hace de nuestros vinos una aventura maravillosa de ser vivida.

No faltaron los que me dijeron que no tienen la necesidad de dar explicaciones pero si reconocen que les terminaron complicando la vida a algunos amigos. Ahí me acordé de un vecino y amigo que metí al mundo del vino. 

Él no solía tomar vino cotidianamente y compraba siempre en los chinos, se tomaba un Trumpeter o un Luigi Bosca Reserva y los disfrutaba de sobremanera e incluso sabía explicar las diferencias, entonces me di cuenta que paladar tenía y sólo le faltaba instrucción.

La primera vez le regalé un Amauta Malbec, y le dije "voy a hacer que te guste el vino de verdad, pero andá pidiendo un aumento de sueldo porque es un camino de ida". Desde ahí que nunca más paró, y dentro de sus posibilidades, hoy toma buenos vinos de forma cotidiana. 

En los primeros momentos del cambio, cuando yo le llevaba las botellas, le decía a la señora que se las regalaba porque estaba promocionando unos vinos que mi hermano vendía. Con el tiempo le fue diciendo que empezó a comprar algunos, lógicamente sin hacer demasiada mención a los precios, y actualmente además de llevar todo bien blanqueado se lo ve muy feliz compartiendo junto a su esposa el nuevo mundo que descubrió. 

Las reuniones también son testigo de algunos momentos se zozobra.

Así Jorge tiene siempre a mano una respuesta preparada para el momento social y le da buenos resultados: “muchos amigos, familiares o conocidos que no están en el tema vinos venían a casa, descorchábamos alguna botella y después del "que rico vino" preguntaban indefectiblemente “Cuánto cuesta?” a lo que yo respondía honestamente su precio. Lamentablemente para los que no tienen "el bichito del vino" como tiene uno, es realmente incomprensible que uno pueda gastar $500, $1000 o más en un tubo. Te miran con cara de "estas loco"?! o lo que es peor: de que te la das?? y nada más lejos de esto último.

Por eso con el tiempo aprendí que cuando abro botellas determinadas, ante este tipo de personas, y viene la pregunta de rigor, mi respuesta es "No tengo idea, es un regalo"

“En una caja de Cheval 2005 escribí una frase que todo enófilo casado debería firmar al pie:

"Amor: No vendas mis vinos por el precio que yo te dije que los pagué"
Con ese mensaje para sus pares Jorge concluye su relato.


También en situación social similar Charly confiesa otra operatoria: “en todas las reuniones los vinos siempre los elijo yo, y no importa que seamos 4 o 20 y tomemos 1 o 15 botellas, siempre el costo por persona es de 200 pesos. Todos saben que les miento, pero prefiero absorber la diferencia del gasto ya que si les dijera cuanto deben poner cada uno me dejarían de invitar o lo que es peor permitirme elegirlos. Para mi es imposible disfrutar un vino a solas, y tampoco me parece lógico que el resto deba pagar el costo de mi gusto, por eso desde hace un tiempo decidí hacer así, y a pesar de que muchas veces se ríen y me cargan por mi fanatismo, no me importa, me da mucho placer compartir mis elegidos con ellos”.

Necesité mostrar estas historias simpáticas para llegar a lo que creo es la parte de la nota que más me interesa.
Seguramente la mayoría tenemos algún hobbie; coleccionar y/o invertir en lo que pocos o nadie estaría dispuesto a hacerlo, con el único justificativo que simplemente es porque es el gusto de uno, aquello que nos llena verdaderamente.

Ahora volviendo al nuestro, que claramente es el vino, que es ese que compramos especialmente siempre pensando en compartir, porque nadie que adquiera aquella botella tan preciada lo hará para descorcharla sólo, y eso lo garantizo. 

Quizá sin saberlo, y qué suerte que tenés vos, capaz todavía no te pico ese bichito del vino que comentaba Jorge, pero tal vez algunos de los protagonistas de los relatos anteriores te hizo recordar a algún amigo, ser querido o alguien bien cercano. Te voy a contar algo que estoy seguro que no sabés. El mayor deseo de esa persona es que vos disfrutes de los vinos tanto o más que él; ese fanático, loco, enófilo, que podes llamar como quieras, bebe, se emociona, disfruta frente a una copa, pero mucho más fuerte que ese disfrute es cuando la botella que eligió para descorchar cautiva, encanta y enamora a las personas con quienes la comparte.

Si bebés vino pero el vino todavía no es tan importante en tu vida quedate tranquilo, porque él es tan generoso que siempre estará allí dejándose disfrutar, en el momento y de la manera que vos elijas, como te sientas más cómodo, sin cuestionarte nada y seguro, mientras pasan los años, vas a ir aprendiendo a descubrirlo sorbo a sorbo. Mientras que habrá alguien, no muy lejos, que siempre estará atento y ocupándose de juntar esas botellas tan especiales para mimarlas y, algunas veces, hasta utilizando algún "Caballo de Troya" para que lleguen su cava y así esperar con mucha paciencia que coincida el momento justo de esa botella con el momento justo, ideal, para que mejor la disfrutes vos, y así nada podrá fallar.

(*)Las imágenes son compilados de fotos precisamente de las cavas de algunos de los amigos que nos brindaron testimonio.




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