viernes, 15 de noviembre de 2019

“Un colectivo llamado chardonnay"


Reconocer lugares e interpretaciones es una de las cosas de las que más disfruto cuando me encuentro frente a un vino.
Vinos ricos que caen bien o aspiran a sabores ya conocidos hay muchísimos, pero en lo personal cada vez menos puedo abstraerme de la necesidad de distinguir el aporte que le pueda imprimir un lugar, una cosecha o una persona y, sobre todo, para que lo hagan único.
Voy rápidamente a un cuarteto de vinos que hace muy poquito me permitieron vivir una enriquecedora experiencia. Fueron todos chardonnay que en primicia nos mostraron Alejandro "Colo" Sejanovich y Jeff Mausbach, los mismos pertenecen a la linea "Buscado Vivo o Muerto" que en breve saldrán al mercado.


Muchos conocerán los tintos del mismo proyecto, los cuales ya van por su tercera añada, todas co-fermentaciones a base de malbec de antiguos viñedos del Valle de Uco, que por lo visto "el Colo" conocía muy bien y en su última añada 2015 los dejó plasmados en seis etiquetas.


Pero vuelvo a los blancos, porque siempre suelen ser los malbec los que me ayudan a distinguir con un poco más de claridad los lugares, y en esta oportunidad ese transporte termina siendo "la reina de las blancas", como también se la suele reconocer a la chardonnay.
Recuerdo que no hace mucho más de cinco años evitaba los chardo de alta gama ya que no me sorprendían porque la mayoría solían perseguir un mismo estilo, tenían algo que me aburrían.
Totalmente lo contrario a lo que me pasó hace algunas semanas cuando Mayita, la sommelier que trabaja junto al "Colo", me servía cada uno de éstos cuatro blancos, que si bien además de la cepa tenían varios puntos en común, me llevaron a recorrer un entretenido paseo.
Todos cosechas 2017 y de partidas limitadas, de entre 18 y 20 mil botellas, provenientes de diferentes zonas del Valle de Uco, todos son "cortes de campo" donde predomina el chardonnay, pero como en su mayoría son fincas que ya cargan algunos años, entre 15 y 35, no quita que pueda estar mezcladas con otras variedades como tocai, chenin, semillón y demás.
Sospecho que el “Colo" le resta importancia a esos porcentajes minoritarios, porque creo que todo su foco lo pone en resaltar los lugares, lo que menciono al principio, la interpretación del hacedor.
Interpretación que lo lleva a efectuar diferentes trabajos en la vinificación y crianza, porque al momento de cosecha hay otro punto en común y tiene que ver con evitar maduraciones avanzadas, aquellas que solían llevar fácilmente a los chardos a perfiles más maduros, golosos, a ese manojo de reconocidas frutas tropicales que distinguíamos tan fácilmente una década atrás, que no voy a negar que muchos consumidores lo disfrutaban, pero que como bien sabemos ese estilo poco colabora en diferenciar lo que pueden aportar los diversos terroir, como es en este caso dentro del Valle de Uco.



Vuelvo a los cuatro "Buscado VOM Chardonnay", y les comentaré de qué sitio provienen y cuáles fueron las prácticas que persiguió el “Colo" para que se resalten ciertos perfiles y que yo los pudiera reconocer y disfrutar, y a pesar de mis limitaciones como catador me permitieran que desde la mesa de un restó en Palermo, durante 60 minutos de un miércoles al medio día, me pueda transportar a diversos terroir del Valle de Uco.
Es en esa región donde al extremo sur se encuentra "Las Pareditas", zona de clima muy frío, donde a la fruta muchas veces le cuesta alcanzar una buena madurez, de clima extremo podríamos decir, la cual precisamente por su ubicación lleva como nombre "El Limite".
Correctamente elegido para comenzar este viaje, y a pesar que el calificativo de austero le caería justo, me gustaría combinarlo con sutilezas y excelente balance entre fruta, frescura y algunas notas salinas.
Si pretendés un blanco que rápidamente te impacte con potencia o volumen claramente no es éste, pero si buscas uno de esos para disfrutar con tiempo, por botella entera, con muy pocos hielos en la frappera para que la temperatura intencionalmente vaya subiendo a la par que crecerá su expresión y seguramente a medida que el nivel del vino vaya descendiendo, así de igual manera que muchas veces nos pasa con los tintos, estoy seguro que el último sorbo será el mejor de todos.
Tanque de acero, nada de madera ni cemento, y sobre todo evitar la fermentación maloláctica, ya que cualquiera de esos últimos le encubriría el carácter afirma Jeff, y le doy la derecha.
Arrancamos bien, porque el anterior ya me llevó a sabores que me dejaron pensando, y con las ganas de terminarme la botella como les dije, pero fueron dos copas solamente hasta que Mayita nos presenta el siguiente vino y es el proveniente de "Los Arboles", ahí bien cerquita del río Las Tunas, por tal motivo en la etiqueta se lo identifica con ese nombre.
Desde hace un tiempo cada vez que pruebo vinos de "Los Arboles" encuentro una amabilidad especial en boca, redondez que posiblemente tenga que ver con el producto de un suelo más profundo, donde predomina la arena, y el calcáreo poca presencia tiene.
El recipiente elegido para su vinificación y crianza fue el huevo de concreto, el cual colaborará al redondeo, también a ganar graso en boca sin riesgos, porque la buena acidez con la que nació este vino lo equilibra evitando que tienda hacia lo untuoso o mantecoso, esos dos últimos descriptores, recuerdo, que tanto me aburrían hace una década atrás.
Para resumir, poseedor de una fruta que facilmente la puedo relacionar a la variedad y esa amabilidad en el paso por boca que suelo distinguir en Los Árboles y creo que es bueno tenerlo en cuenta al momento de recomendar un vino, sobre todo si es a un paladar más clásico o que simpatiza con lo más tradicional.
Qué bien que venimos, fuimos para un lado, para el otro, y ahora es ansiedad por continuar probando, y sobre todo cuando me enteré que seguía en el turno Gualtallary, posiblemente el que más fácil distingamos por su carácter salvaje, atrevido, y un “Colo” que le da una acertada vuelta de rosca a mi humilde parecer.
Si había uno de los chardonnay que por su intensidad podía tolerar más la crianza en barrica y un inicio de maloláctica, sin que éstos opacaran su carácter era éste, que es identificado con el nombre de "El Cerro" y proviene de una finca relativamente joven (15 años) también de un suelo arenoso pero con mucha más calcáreo en la piedra, de una finca ubicada en Tupungato Winelands.
Claramente es el que mayor potencia tiene, el más amplio en boca, el que la llena. La fermentación en barrica de 500 litros colaboran a una madera súper bien integrada, que pareciera que haya domado al vino permitiendo igualmente en todo momento dejar translucir su origen, aquel consumidor que busca un vino con más cuerpo, intensidad, tonos de crianza, seguramente éste será el indicado.
El orden hasta aquí el perfecto, imagino que estos tres chardonnay podrían haber resultado ideales para acompañar un menú por pasos.
Sin saber su origen me pregunto ¿cómo será el cuarto?
Y cuánto me hubiera equivocado si pensaba que lo lógico hubiera sido seguir creciendo en potencia o volumen.
Me dejé llevar, pero cuando Mayita me dice que se trataría del proveniente de San Pablo, juro que me lo empecé a imaginar. Las veces que me tocaron probar exponentes de malbec bien representativos de esta región coincidieron en frescura, soltura, vinos que recorren la boca a lo largo, que cuando ingresan fluyen con facilidad, con algunos tonos aromáticos que me recuerdan a hierbas frescas y en el caso de este chardo además algunos destellos cítricos también, sensación refrescante que me encanta.
Una crianza que si bien combina barrica, huevo y apenas un poco de maloláctica nada empaña la personalidad que tiene este vino, otro que me vuelve a dejar pensando, que quisiera tomar por botella, sacarle la ficha a cada grado mientras asciende su temperatura, "La Verdad" se llama la finca, y la verdad que este paseo para seguir conociendo los diferentes lugares del Valle de Uco, pero esta vez a través del chardonnay, estuvo de maravillas.
En lo personal disfruto mucho de aquellos blancos que se pueden beber algunos grados de temperatura más arriba, "El Limite" y "La Verdad" creo que son los que mejor se adaptan a mi gusto, eso no quiere decir que haya otros consumidores que precisamente sean "El Cerro" o "Las Tunas" el tipo de chardonnay que más vayan a disfrutar.
Hace algunos años hubiéramos hablado de un chardonnay de alta gama de Valle de Uco, hoy a través de un productor podemos hablar de cuatro y realmente diferentes.
¿Hasta donde podremos llegar con este ritmo? si pensamos en la riqueza, diversidad de nuestro país e inquietud siempre en ascenso de nuestros productores.
Hoy el colectivo que me llevo de paseo le tocó ser "chardonnay", quien lo supo conducir el “Colo", un chofer con innegable experiencia, sobre todo cuando de reconocer lugares se trata.
Gracias Javo de vinoteca Belmondo por las fotos.

martes, 5 de noviembre de 2019

#AWBFincas "Alto Los Cuises"




Finca Alto los Cuises es una de las fincas más bonitas y especiales que conocí en mi vida, por ello es la que elegí para la nueva movida organizada junto a Argentina Wine Bloggers, que se llama #AWBFincas donde cada uno de los miembros del grupo se ocupará de elegir una para profundizar sobre ella y relacionarla con los vinos que nacen en la misma.

Hace poco tuve oportunidad de recibir en "La Cueva" a Lucía Romero, directora de la bodega El Porvenir de Cafayate, con el objetivo de hacer una degustación completa de "Laborum de Parcela"; una línea relativamente nueva y que podemos decir que se la distingue por reflejar en sus vinos una viticultura que se enfoca precisamente en resaltar lugares. La misma actualmente la componen siete etiquetas, dentro de las cuales hay un chardonnay y un malbec, justamente ambos provenientes de esta finca sobre la que les quiero contar.

Y fue también Lucía quien confirmó, ni bien se presentó y comenzó aquella charla, que es una de las fincas preferidas de su familia.


Ubicada sobre la Ruta 40, a la altura del Km 4335, a 7 Km de Cafayate; si uno se dirige hacia el sur, se encuentra sobre la margen oeste, metido en la quebrada del Río Seco y a una altura de 1850 msnm. 



Con una superficie de no mucho más de 2 hectáreas, que la familia descubrió luego de haber adquirido una extensión amplia de terrenos, es un verdadero oasis ya que al estar rodeado por las paredes de los cerros se concentró un micro-clima muy especial, que colaboró al desarrollo de una vegetación atípica, no autóctona, ya que fue plantada por los antiguos propietarios, entre la que podemos encontrar sauces, palmeras, higueras, ceibos y otros árboles que han prosperado, generando un escenario increíble además de tener  una privilegiada vista al Valle Calchaquí.

El viñedo está ubicado sobre terrazas, seguramente construidas por los Diaguitas, uno de los pueblos originarios que habitaron el noroeste argentino hace más de 400 años, y conservando aún rastros de la agricultura de aquella época, porque se pueden encontrar pircas, empedrados, morteros y canales de riego, todo utilizado por los originarios para su propio cultivo de subsistencia.

Sobre esas pequeñas terrazas, plantadas en vaso, hoy podemos encontrar malbec, chardonnay y petit verdot; sobre un suelo mayormente de roca combinada con una parte mucho más pequeña de arena y limo,  y con mucha presencia de piedra entre cada planta.

El cuidado de la finca es de manera artesanal, y está a cargo de Santos Canavides, quien es el que poda, desmaleza, y conduce a través de piedras el agua para alimentar las terrazas, la cual baja desde la montaña por las acequias.




Ya sobre la base del cerro, pero a una altura de 1700 msnm se encuentra la finca Alto Río Seco y es en donde nace otro de los malbec que componen la misma línea.

Quisiera no desaprovechar la oportunidad que nos brindó la cata para comentarles las diferencias entre los vinos provenientes de cada uno de los lugares.

Los vinos que probamos fueron Laborum de Parcela Alto Río Seco Malbec 2016, Laborum de Parcela Alto Los Cuises Malbec 2017 y Laborum de Parcela Alto los Cuises Chardonnay 2018.




En ambas fincas hay alto porcentaje de roca, en Los Cuises al estar más arriba (1850 msnm), los tamaños de las mismas son algo mayores y tienden a ser de aristas más afiladas, mientras que en Alto Rio Seco al estar a menor altura además de ser más chicas sus cantos son más rodados.
Esas diferencias de tamaño y forma en la piedra no son relevantes al momento del producto final, pero sí lo son los sistemas de conducción en cada finca y sobre todo el micro-clima especial que reina en Alto los Cuises, con una uva que madura más lentamente producto de tener más tiempo de sombra por estar rodeada de cerros y de noches más frescas resultado de la mayor pendiente, siempre en el marco de una terruño único como detallábamos al comienzo.

Pero fue Daniel Guillen, ingeniero agrónomo encargado de la finca, quien hizo hincapié en el sistema de conducción - en Alto Rio Seco es espaldero, mientras que en Alto Los Cuises es en vaso (gobelet), plantado en alta densidad, el cual por la gran competencia que se genera entre las plantas da naturalmente una muy baja producción por hectárea, produciendo un grano de piel mucha más fina, que luego se traducirá en un vino más delicado y elegante, mientras que en la finca que está más cercana a la ruta, al tener más exposición y suelos con un poco más de componente de calcáreo, el grano es algo más pequeño y de piel bastante más gruesa, la cual luego otorgará un vino más robusto y corpulento.

En Los Cuises, al estar tan pegado a la montaña, la sombra impacta diferente sobre dos sectores del viñedo de malbec, uno por tener más exposición al norte y otro al sur. Paco Puga, enólogo principal de la bodega, aprovecha y los vinifica por separados en huevos de concreto para luego blendearlos y llevar una parte de ellos a crianza en barrica de 500 litros. 




Cuando en la degustación junto a Lucía comparo ambos malbec, encuentro al de mayor altura más fresco, algo más fluido y con algunos atractivos tonos aromáticos herbales que me recuerdan a un perfil más salvaje, mientras que el proveniente de Alto Rio Seco a diferencia, lo percibo algo más maduro, más cercano a la concentración que uno espera en los vinos del NOA. Fue lindo percibir con tanta claridad este contra punto entre ambos vinos. 

No hay mucho chardonnay en Salta, pero es justamente en Los Cuises donde nace uno de ellos, su primera añada fue en el 2015, normalmente se cosecha a principios de febrero, es elaborado en tanque de acero y mientras el que probamos se crió en barrica de 225 litros, nos anticipa Lucía que las nuevas añadas se fermenta y cría en barricas de 500 litros para que la madera impacte menos.

El cierre de esta nota coincidió con la llegada al mercado de la nueva añada de Parcela Alto Los Cuises Malbec 2018 y un viaje a Cafayate junto al grupo del "Mr.Wines Tour" con motivo de la edición N°13 del CoProVi, evento que se organiza todos los años para la misma época en la región.

Con lo cual me gustaría compartirles algunas impresiones sobre la 2018.

Las mismas me confirman la dirección hacia donde eligió su hacedor, frescura, fineza, nitidez, elegancia, pero ante todo identidad.

Porque si bien Los Cuises y Alto Rio Seco están a muy pocos metros, de hecho recientemente cuando aprovechamos para visitar ambas fincas, fue tener que caminar menos de 20 minutos entre una y otra, se nota que hay un intérprete que respeta lo que dice cada lugar, en este caso a través del malbec, y es sumamente enriquecedor no solamente para nuestro paladar, sino también para nuestra cultura del vino.

Paisajes, aromas, clima, la sensibilidad de las personas, aquellos mismos que se pueden percibir cuando se visita una finca, que gran placer cuando también se los encuentra al momento de descorchar una botella.

lunes, 30 de septiembre de 2019

"La foto de la película y algunos vinos como medida del tiempo"


Mis pibas eran bastante chicas, habíamos viajado al sur de vacaciones y entre tantas postales de aquel lindo paseo en familia recuerdo una, almorzando sobre Bahía Manzano con Nancy, sobre un jardín muy amplio rodeado de árboles en un pequeño restó donde nos había llevado mi amiga Lourdes, sommelier, quien en aquel momento trabajaba en Bariloche.
Obviamente no recuerdo qué pedimos para almorzar, ni siquiera de qué año o mes estamos hablando, pero sí me acuerdo del momento en que nos encontrábamos frente a la laguna al sol, mientras las niñas jugueteaban con un pequeño perro y se nos escurría rápidamente la primer botella de San Pedro de Yacochuya Torrontés, y digo primera porque hubo más pero tampoco puedo recordar de qué etiquetas se trataron. Es una foto que permanece, bien nítida, en mi mente.
Pero cuando empiezo a repasar ese álbum en mi marote, donde tengo guardadas un pilón de fotografías, y vaya a saber porque, especialmente, hay una parte importante donde el vino tiene cierto protagonismo.
Antes que alguien piense que lo voy a aburrir enumerando vinos de alta gama, de nombres poco conocidos o palabras raras, tengo también una de aquellas imágenes tomadas en Cemento junto a Juanse de los Ratones Paranoicos y mi amigo "el cabezón" Vázquez bebiendo Etchart Torrontés en vaso de plástico.
Los tres sentados en esas tarimas que se encontraban ni bien ingresabas al boliche de la calle Estados Unidos, sobre el costado izquierdo, en la previa de un show de Los Ratones.
No recuerdo el año tampoco, pero debería ser fines de los 80, principios de los 90, porque Juanse se movía con un coche bastante viejo y había aceptado rápidamente mi invitación.
Y si bien esa foto está entre las más rockeras, tengo ya casi en otro pilón un centenar de buenas capturas más, todas muy parecidas entre ellas, porque fueron siempre tomadas en el mismo escenario.
Rankean entre mis preferidas y son las que fueron tomadas en el fondo de la casa de mis viejos en San Martín, comiendo asado junto a toda mi familia bajo un árbol de laurel de más de 100 años, y en ellas no necesariamente el vino era demasiado top para que los encuentros resultaran especiales, e inclusive muchas veces me permití que el vino hasta salga sodeado, pero indudablemente se encuentran entre las fotos más bellas, porque mis sobrinos o mis hijas aparecen siempre retratados y en diversos momentos de sus vidas.
Imaginen que en las más viejitas lo veo a Fede sentado sobre su abuela (mi vieja) dándole un vaso de chocolatada con biscochuelo casero, y hoy, el mismo pibe, ahora grandote, me espera prendiendo la parrilla con disimulo y atento a qué voy a descorchar. Sospecho que en cualquier momento también le picará el bichito del vino.
Y puedo seguir enumerando fotos, vuelvo a las del mundo del vino, tengo una épica, dirían los pibes hoy. Estábamos por Mendoza de viaje enófilo con los muchachos del grupo FLT, habíamos ido a recorrer la Pirámide en Agrelo, y recuerdo el final de aquella visita maratónica, mientras bajaba el sol, todos sentados sobre el jardín que se encuentra previo a ingresar a la bodega sobre el costado derecho, el grupo entero rodeando a Vigil en una charla que no fue solo de vinos y que para mi fue la primera de tantas que luego nos regaló alguien tan importante para nosotros en este mundillo que amamos. No faltaban botellas en esa foto, como se imaginarán, sin exagerar creo que la cantidad duplicaba cómodamente el número de los presentes.
Pero cuando me nace escribir este relato en realidad no quería hablar de fotos, sino de películas. No fue hace mucho donde les compartía en una entrada del blog que cuando mi hija mayor Morena cumplió 15 años abrimos una botella de Colomé Reserva 2004 que había guardado por ser el año de su nacimiento, aquella experiencia me trajo nuevamente a la mente un montón de recuerdos, los cuales los compartí en esa oportunidad con una nota que la llame "Vidas paralelas", todos muy emotivos para mi, de hecho por parte de quienes la leyeron también recibí muy lindas palabras, ya que muchos me dijeron que se habían sentidos muy identificados al hacerlo.
Y ahí va la diferencia, porque el descorchar aquel Colomé 2004 mientras preparábamos la torta del cumple de More, no fue una foto la que me invadió, sino una película perfectamente resumida de todas las cosas por las que pasamos en esos quince años. Y precisamente fue también hace poco cuando el haber descorchado un Patrón Santiago Cabernet Sauvignon 1999, que nunca hubiera imaginado que volvería a probar, algo muy similar me volvió a ocurrir.
En realidad debo contar como nació todo para que se entienda mejor. Fue hace algo más de cuatro años en una nota que me hizo Diego Migliaro en su Blog Mi Lado V, donde yo le cuento cuál fue uno de los vinos que hizo que mi cabeza se me diera vuelta y empezará mi amor por esta tan noble bebida.

Recuerdo que le comenté con mucha precisión como había sido ese momento, y le cabe perfectamente esa etiqueta de foto que les hablaba al principio: Cafe Concert del Club del Vino de la calle Cabrera, selección especial presentada por su hacedor Manuel López López, vino con buena concentración y mucho potencial, notas que me recuerdan a jalea, especias, confituras, y mi paladar diciéndole por primera vez a mi cabeza que deje de pretender regular mi bolsillo, porque estaba empezando a descubrir y disfrutar de nuevos sabores y por nada del mundo se los quería perder.

Fue hace poco tiempo que recibo una llamada de Andrés Santamaría, quien en nombre del señor Manuel López López, quería agradecerme aquella mención que yo había hecho de su vino hacía algo más de cuatro años, y deseaba regalarme una botella de la misma añada que había disfrutado aquella noche que detallé en la nota de Mi Lado V.
Mientras escuchaba a Andrés debo confesar que casi me emocioné, por un lado el hermoso gesto de Manuel, y por el otro ver cuánto ha pasado en estos últimos 18 años, porque aquella cata del Club del Vino fue justamente en Octubre del 2001, y es ahí cuando la foto deja de ser foto para transformarse en película, obvio que en un resumen del resumen, una verdadera selección de cosas importantes, momentos claves, discutidas decisiones, pensamientos, sueños.
Recuerdo mi admiración por cuanto conocían sobre vino Pablo Cabello, Dereck Foster y Martin Cuccorese, ellos eran quienes moderaban aquellas presentaciones en el Club, escucharlos en cada presentación junto a los productores, estando siempre un poco a la vanguardia, "deschavando secretos", compartiendo anécdotas, admiraba su actividad y cuanto disfrutaba yo de todo ello.
Puedo decir que eran las dos horas que más esperaba durante toda la semana ya que en ese entonces mi actividad laboral nada tenía que ver con el mundo del vino, de hecho era poco el tiempo que me dejaba la misma para disfrutarlo a fondo como me gustaría, y los primeros años solo lograba encontrarlo en aquel caserón de la calle Cabrera, pero aprendí a que sea suficiente, me alcanzara, porque verdaderamente me llenaba.
Al final, por querer hablarles de la película, me estaba olvidando de la botella del cabernet 1999 que recibí hace poco en la Cueva, enviada por Manuel y que con mucha amabilidad me acerco Valeria, otra enamorada de la bodega. Algún romántico la hubiera guardado, creo que pasaron horas para que la descorchara, y coincidió una tarde en la Cueva, en la que vinieron una pareja de jóvenes de Uruguay que si bien no los conocía, supe que era el momento para descorcharla. Eran ambos amantes del vino, recuerdo el nombre del muchacho que se llamaba Federico y además era aficionado a elaborar panes caseros con masa madre. Hablamos de todo mientras abríamos esa joya, que si bien uno podría llegar a dudar de su estado por el tiempo, una intuición especial me llevaba a confiar que estaría de puta madre, y así fue; sedoso, vivo, impecable, ante los primeros sorbos nos miramos los cuatro alegres y ahí fue la segunda foto que me saque con el Patrón Santiago 1999, 18 años después y acompañados por esos chicos uruguayos.
Me olvidé de comentarles, el cuarto era "Pico de Luchi" otro "gomia" que me regaló el vino y por suerte esa tarde también estaba en la Cueva. Compartir con gente querida potencia todo.
Y mientras tanto, en el medio de ambas fotos, que tienen la mayoría de edad como diferencia, nace una nueva película que juro que nunca la hubiera imaginado.
Hoy, hablando de vinos frente a los cueveros, ahora mucho más del otro lado y casi sintiéndome como Pablo Cabello, cada vez con más pasión, al igual que las ganas de aprender y crecer. Sueños cumplidos? no sé.. porque ahora tengo muchos otros, y como tampoco sé qué película me espera, solo pienso en vivir una buena próxima foto.
Algunos vinos como medida del tiempo. Parece un disparate? Para mis películas al menos no lo son.

lunes, 23 de septiembre de 2019

"Riesling, vertical y el valor agregado del tiempo"



Hace algunos años, podríamos decir fines de los 90 principios del 2000, al menos la época en que yo comenzaba a dar mis primeros pasos como "amante del vino", recuerdo que los vinos blancos tenían bastante poco protagonismo entre la media de los consumidores.


Mucho menos aun estaba en los planes guardarlos y ver su evolución en el tiempo, como efectivamente podíamos hacer con algún tinto reserva, crianza o alta gama.


Cuando elegíamos comprar un blanco tenía que ver exclusivamente con alguna situación especial de verano o la clásica para acompañar un plato de carnes blancas, mariscos, sushi, pero tampoco era siempre. Y sin importar si fuera joven o de más alta gama, seguro la consigna principal era dejarlo esperar poco tiempo en la cava, por regla o temor a que sus aromas se apagaran, oxidaran, perdiera frescura o expresión en boca.

Pero gracias a que mucho han evolucionado nuestros vinos en los último diez años no paramos de llevarnos buenas sorpresas.

El ir cambiando nuestros hábitos de consumo, a la par que muchos productores se fueron adaptando, atendiendo a lo que esperan algunos consumidores, y reformulando así continuamente su búsquedas; viajar, compartir junto a sus colegas, inspirarse en lo que prueban del mundo, y continuamente volver a intentar.


Probar alimenta, nos expande los límites, nos permite imaginar quizás aquello que nunca hubiéramos pensado, me suma a mi como consumidor, mucho más a un elaborador, que esa inspiración la puede dejar reflejada dentro de una botella.

Conozco poco y nada sobre el riesling, no mucho más que saber que es una variedad blanca de clima frío, originaria del Rin (Alemania) que se da muy bien en reconocidas regiones de Francia como Alsacia y  Mosela (Alemania/Francia), y que generalmente se la vinifica como varietal.


En nuestro país son contados los exponentes con este varietal, además de algunos provenientes de Mendoza, recuerdo también en Patagonia, otros por el NOA, en éstos más utilizados en cortes, inclusive también se está dando muy bien pero en poca cantidad en una zona costera y bastante nueva para nosotros como es la de Chapadmalal, en la provincia de Buenos Aires.


Pero hace un par de meses fue el técnico de una reconocida bodega de Mendoza que me llamó con la buena noticia y me dijo: “Qué te parece Musu si hacemos la primera vertical de siete años de nuestro riesling?”.
Rápidamente me inundó una gran ansiedad por pasar esa experiencia de viajar en apenas algunos minutos al pasado a través de un vino, conducido por su hacedor y encima de una variedad poco familiar para nosotros.



Y si bien uno podría llegar a imaginar que características tienden a adquirir vinos que estuvieron durante algunos años guardados, el hecho de degustarlos todos a la par nos brinda un panorama mucho más amplio, además de lo que influye el clima en cada añada o el trabajo del productor en particular, podríamos hablar también sobre la tendencia en una región, consumidores, gustos.

El técnico amigo era Marcos Fernández, quien desde el 2014 es primer enólogo en bodega Doña Paula, un profesional que conozco desde algunos años antes cuando se desempeñaba en otras bodegas y con el que siempre tuve bastante comunicación.

El vino en cuestión sería el riesling de la línea Doña Paula Estate y seria en "la cueva" la primera vez que se haría la vertical completa de esa etiqueta.
Podríamos decir que "Doña Paula Estate" es una línea medianamente masiva, ya que entre los blend y varietales que la componen se elaboran 1,2 millones de litros al año en la que una de esas variedades es precisamente el riesling, del que hoy se elaboran apenas 12000 botellas, de las cuales solo el 25% queda en el mercado local, y que debido a la capacidad de viñedo hay un techo máximo de elaboración de 20000 botellas. Si bien tampoco son tantas, pero evidentemente está muy lejos de los más elegidos por el consumidor, y a pesar de ser una variedad de partida limitada, pero con precio muy competitivo acorde al de una línea de semejante producción.



Si bien la bodega se encuentra en Luján de Cuyo, más precisamente en la zona de Ugarteche, los riesling probamos son todos provenientes de la zona de Gualtallary, a pesar que hay plantado en Ugarteche algo de la variedad, pero fue el del Valle de Uco el que la bodega eligió para que saliera al mercado.


Las condiciones climáticas de Gualtallary dan un balance perfecto, comienza la cata explicando Marcos, porque en otras zonas frías del viejo mundo por ejemplo muchas veces para hacer que la variedad sea bien disfrutable hay que agregarle mosto concentrado o azúcar (chaptalizar) para balancear la acidez y que no resulte tan punzante. Pero en el caso de los nuestros, los días al ser más cálidos, logran un balance ideal entre la maduración y la buena acidez.
Agregando sobre los suelos en Gualtallary, aclara que son bastantes heterogéneos, algunas partes bien pedregosas y en el sector donde se encuentra la finca particularmente es con muy bajo contenido de carbonato de calcio.
Las añadas que probamos fueron 2012,13,14,15,16,17 y 18, esta última de reciente salida al mercado.
Arrancamos catando por los más jóvenes y lo positivo que resultó haber elegido ese orden ya que hubo un momento, promediando la degustación, donde se diferenciaban claramente la complejidad aromática ganada en las tres añadas más antiguas por sobre las más jóvenes.
Al ser una de las variedades blancas que tienen más taninos, son los mismos que favorecen a su capacidad de guarda, sensación de estructura en el paladar y bien balanceada con la acidez mencionada producto suelo y clima de la zona.
Cuando hablábamos de complejidad aromática tiene que ver que con el tiempo se acentúan los "típicos aromas empetrolados" recuerdos a diesel, kerosene; mientras que en los más jóvenes predominaban más las notas a flores blancas, con clara tendencia a las notas que recuerdan a miel a medida que empiezan a pasar los años.
Si bien los alcoholes habituales son entre 12,5 y 13°, nos adelantaba que en el 2019, al ser un poco más cálido, llegaron al 13,5.
Arrancamos la degustación probando la 2018, también un año con muy buena maduración y se mostró muy intenso en aromas, con un perfil más bien floral.
La 2017 también fue una añada seca y de calidad como la anterior, resultó uno de los vinos más elogiados por la mesa, amplitud en boca, sensación de volumen, el rendimiento naturalmente bajo en esa añada por lo visto también favoreció.
La 2016 también a pesar de tener rendimiento bajo, ya sabemos que fue un año especial, con un alcohol considerablemente más bajo 11,3°, aparecen más las notas cítricas, como cáscara de mandarina, y se destaca una buena persistencia en boca, sobre todo a lo largo, algo más herbal, más recuerdos cítricos como el pomelo blanco, y al ser menor su alcohol por ende se percibe una boca con menor volumen.
Recordemos que en ninguno de los vinos se hace la fermentación maloláctica, hasta aquí más similitud entre el 2017 y 18, mientras el 2016 es bastante diferente.


A partir de la 2015 el grado de complejidad aromática crece notablemente en el resto, los colores van más hacia el dorado, pero en todos los casos bien brillantes.
Como adelantábamos una 2015 que ganó en aromas, potencia, redondez, frutas blancas, algo meloso, la 2014 algo más maduro, aromas que vuelven a recordar a miel pero más espesa, más volumen, menor acidez y mayor sensación de redondez, con respecto a la 2013, que sabemos que fue un muy buen año, por lo seco y la sanidad, ya aparecen aquellas notas a frutos secos combinado con algo láctico, todo muy sutil, una paleta bien compleja.
La 2012 siguiendo la línea aromática y perfil del anterior, y dejando en este caso esa sensación que la botella no le seguirá sumando, aunque se encontraba entera y bien disfrutable, porque nos permitió completar una gran experiencia a través de siete años, con un vino casi entrada de gama, de un precio muy amigable y que generalmente cuando sale al mercado es pensado para beberse a corto plazo, pero evidentemente guardarlo bien le suma un importante valor agregado.
Esta experiencia, sumada a muchas que vengo teniendo en los últimos años, me hace pensar que guardar en condiciones ideales determinados blancos, sin ser precisamente de altísima gama, los años lo pueden acomplejar de manera muy interesante, lógicamente que ello sea posible, tiene que ver con una buena añada, fundamentalmente bien fresca, variedades con más taninos para la guarda como podría ser semillón, chardonnay, y un productor que lo elabore de una manera bien cuidada y más reductiva.


Mientras, esperamos una nueva versión del riesling que nos adelantó Marcos, pensado más en alta gama, porque fue cosechado más tarde, trabajado con lías y criado en barrica, así como un curador de blancos jóvenes seguiré probando y seleccionando para guardar, cada vez más convencido que son muchos de ellos los que pueden seguir sumando con el tiempo, todo cambia, ahora toca aprender a esperar blancos también.

viernes, 30 de agosto de 2019

"Premium Tasting: el mayor evento del vino argentino"




Hace algunas semanas atrás asistí a una nueva edición del Premium Tasting, evento realizado desde hace nueve años en la Ciudad de Mendoza, ideado y organizado por Nicolás Alemán, un joven licenciado en Comunicación y Marketing, que desde temprana edad construyó su carrera enfocada al mundo del vino desempeñándose en empresas como Bodega Zuccardi, Ernesto Catena y GoBar.

Pensado para promover el vino argentino, el Premium Tasting nace en el año 2011 para probar los vinos de nuestro país que resultan mejor puntuados por los críticos internacionales más reconocidos, mientras son presentados por sus productores.


El Premium Tasting es un evento que al seguirlo año tras años puedo decir que fue creciendo con el mismo ritmo de precisión como muchas veces me gusta decir que lo vienen haciendo nuestros vinos.

Cuando abordo algún tema relacionado al vino, suelo siempre comparar con algunos años hacia atrás y no paro de sorprenderme, por un lado el desempeño de los técnicos, sus búsquedas, investigación y ajustes constantes; y por el otro el de muchos consumidores, tratando de no perder pisada a todo lo nuevo, buscando o generando nuevas situaciones para probar, descubrir, capacitarse; esto último también demanda mucho tiempo si no es que uno trabaja específicamente de probar vinos todos los días de su vida, como puede ser el caso de un vinotequero, un bloguero del vino o un periodista especializado.

El Premium Tasting es como esa oportunidad para que en dos jornadas, tanto gente que se desempeña en la industria, como consumidores interesados en la actualidad de nuestros vinos, tengan un detallado resumen de los temas que nos rodean, digamos los de mayor interés; y además la posibilidad de probar un muestreo considerable de las etiquetas más importantes que se están elaborando en la actualidad.

La primera jornada se dividió en cinco seminarios que duraron aproximadamente 8 horas, y la segunda, la de la cata principal que se desarrolló en tres y donde se probaron 42 vinos agrupados en diversas tandas.

Las clínicas del primer día fueron pensadas para ir abordando diferentes temas, muy bien seleccionados por Nico ya que son aquellos que nos tocan de cerca; y que lógicamente como todo evoluciona, año tras años se van renovando o justamente ante la constante transformación van naciendo nuevos. 

Cada vez hablamos más sobre la importancia de como influyen los lugares sobre los vinos que bebemos y pueden mostrar claras diferencias al momento de degustarlos; precisamente a raíz de ello no faltó en una de las exposiciones el aporte del geofísico Guillermo Corona, autor del reciente libro "La Geografía del Vino", hablando sobre las características geológicas y geográficas de cada uno de los lugares a la par que productores de diversas provincias de nuestro país hacían sus respectivas presentaciones relacionándolas junto al aporte de Corona.


Quienes cada vez ganan más protagonismo entre los vinos que elegimos son los "pequeños productores", Nico los agrupó en dos tandas de siete productores cada una para que presenten sus vinos, relaten su historia, y tuvieran esa posibilidad de mostrarse ante una tan interesada audiencia; nunca mejor el nombre de esa clínica que se llamó "Pequeños productores, grandes historias"


Muy interesante en estas tandas es la gran diversidad que uno encuentra entre estas propuestas, producto de la originalidad en las miradas sobre los diversos lugares donde elaboran, productores que en algunos casos son generadores de vanguardia, muchas ideas o tendencias suelen nacer precisamente en este tipo de pequeños proyectos.



Hablando de pequeñas producciones y partidas limitadas, una de las charlas que más me aportó debido a que nada conocía fue "VIGNO, una mirada al Carignan", un pequeño grupo de elaboradores chilenos, más precisamente del Maule, que tratan de recuperar antiguas plantas de carignan en una delimitada zona de secano, persiguiendo antiguas prácticas de elaboración con el fin de lograr los sabores más puros de esta cepa que si bien no se la suele reconocer masivamente, ni regularmente entre las de mayor calidad enológica, en mi opinión fue sumamente atractivo el "profundo sabor" de la variedad potenciado lógicamente por el valor histórico aportado por la antigüedad de las viñas.


Poner en valor antiguos viñedos es una tendencia que estamos encontrando cada vez más también en nuestro país. Me pareció admirable como esta "Asociación de Vignateros de Carignan" en sus etiquetas priorizaran el nombre que los identifica, la variedad y la región por sobre la marca del vino o nombre del productor que lo elabora. Es fácil reconocerlos, porque la palabra "Vigno" es lo primero que uno puede leer cuando se enfrenta a alguna de ellas.


Precisamente otra de las tandas también tuvo que ver con la historia, pero con la que vienen construyendo nuestros vinos, y le tocó a Andrés Rosberg, el Presidente de la Asociación de la Sommellerie Internacional (ASI), quien bajo la temática "20 años no es nada", seleccionó y presentó vinos argentinos, todos con más de 20 años de guarda.


Fueron doce vinos en total comenzando con un Rutini Traminer 1999, y culminando con un Trapiche Fond de Cave 1971, que más allá que se encontraba vivo sin haber sido un vino pensado para la guarda, generó un momento muy emotivo en la sala, y en lo personal más aún ya que coincide con el año de mi nacimiento. No es la primera vez que me encuentro con vinos de los 70, y elaborados con una enología que nada tenía que ver con la de los últimos 20 años, e hicieron un buen papel. 


Será que habrá que tener más presentes algunas prácticas de aquella época? Mucho aprendimos y evolucionamos en estos últimos años, pero evidentemente es importante también no olvidar los orígenes.

La importancia de la historia sirve para ver de dónde y cómo venimos, el presente para no perder detalle sobre qué estamos haciendo hoy e ir previendo el futuro, empezar a familiarizarnos con nuevos temas.

Algunos, lejos de ser masivos, cercanos o estar bien visualizados hoy, sin embargo son fundamentales para el cuidado y el compromiso con el medio ambiente y de eso trató la charla que moderó la sommelier Valeria Mortara sobre el tema sustentabilidad donde fueron productores de diferentes regiones vitivinícolas del mundo como Chile, Argentina, Estados Unidos e Italia, que detallaron el manejo de la sustentabilidad en cada una de sus bodegas. Buena idea la de Nico al convocar y mostrar como el tema también es considerado en los diversos países, tan importante este punto que claramente nos debe involucrar a todos.

Hasta allí un resumen de la primera jornada, extensa, bien diversa, con muchos temas que nos quedaron a flor de piel, y que nos hacían entrar bien en calor para lo que sería la cata principal del día siguiente.

La misma se desarrolló repartida en nueve tandas donde se probaron un total de 42 vinos a ciegas, que ocupó aproximadamente 3 horas y convocó a 550 personas en el Salón del Hotel Intercontinental.

Imagino que al igual que yo habrán intentado hacer la cuenta para calcular la cantidad de botellas descorchadas o copas utilizadas en un servicio que fue impecable, a pesar de semejante magnitud. Creo que no les comenté, pero un porcentaje importante de los presentes no eran residentes de Mendoza, es decir público de los más diversos lugares (Buenos Aires, Salta, Chile, Brasil, Perú entre otros) que viajaron expresamente para asistir al Premium Tasting. 

El "gran tasting" fue conducido por la sommelier Valeria Mortara, vice-presidente de la Asociación Argentina de Sommelier y una gran profesional que queremos y conocemos bien por desempeñarse especialmente en alta gastronomía, Michael Schachner, periodista especializado en vinos reconocido por sus artículos en la publicación Wine Enthusiast, y el periodista chileno Patricio Tapia, también cercano a nosotros porque desde hace varios años lo seguimos a través de su Guía Descorchados Argentina, y además ya es la tercera vez que participa en el Premium Tasting Mendoza.


Siempre es muy positiva la combinación de diversos profesionales para este panel porque cada uno aporta su mirada en el momento de la cata y son ellos mismos los encargados de presentar los vinos e invitar a los representantes de cada uno al momento de ir descubriendo las muestras. No olvidemos que las catas son a ciegas y que se conocen los vinos una vez terminado cada flight.


Destacar también el buen nivel que están teniendo nuestros vinos, siempre lo hacemos, mencionar mis elegidos a ciegas no creo que en este momento aporte demasiado ya que hay una cuota importante de gusto personal y que tiene que ver con lo estilístico. De hecho en muchos casos mis compañeros de mesa elegían sus podios bastantes diferentes a los míos. 

Creo que lo importante es que cada uno de los flights los agrupaba una temática, previo a cada degustación Nico aclaraba sobre cuáles eran los puntos en común entre los vinos de cada tanda: suelos con más presencia de piedra, vinos de altura de diversas regiones, diferentes variedades en zonas clásicas, el malbec en Gualtallary, cabernet franc, el malbec combinado en cortes, zonas vitivinícolas históricas.
Y en una de ellas, ante la pregunta del conductor sobre si los vinos servidos podrían ser de Altamira o Gualtallary, más allá que entre tanta gente casi nadie quiso arriesgar, yo que bastante acostumbrado estoy a este tipo de prácticas, creí que eran de la primera de las mencionadas, y la realidad fue que la mayoría provenían de Gualta.

Es ahí uno se vuelve a replantear cuanto nos falta aprender y poder estar mas familiarizado con las características de cada lugar.

Pero como siempre digo, todos estamos aprendiendo, recorriendo un camino tan largo que nunca va a terminar porque en la medida que lo vamos transitando es como que el destino cada vez esta más lejos pero poco nos importa porque lo disfrutamos, y en ese camino desde hace nueve años tenemos una parada bien placentera y que es ya obligada, al menos para mi, fundamental para quienes amamos el vino, se llama Premium Tasting y queda en la ciudad de Mendoza.

(Las fotos que ilustran fueron aportadas por la organización del evento)

jueves, 27 de junio de 2019

" Vertical de La Primera Revancha con Roberto en la cueva"




Hace unos días en la cueva tuvimos el placer de recibir a Roberto de la Mota y nuevamente en el marco de una cata vertical.

En esta oportunidad lo que probamos fueron cinco añadas de La Primera Revancha Malbec: 2013, 2014, 2015, 2016 (actualmente a la venta) y 2017 que saldrá en pocas semanas al mercado.

Conocemos la trayectoria de Roberto y en cada oportunidad que tenemos la posibilidad de seguir una degustación guiada por él es increíble la capacidad que tiene para brindarnos toda su experiencia con generosidad, simpleza, compartiendo historias y lógicamente mucho conocimiento.

Recordemos que Revancha es el proyecto propio de Roberto junto a su hijo Rodrigo, con cuatro vinos por el momento en el porfolio, y La Primera Revancha es un malbec elaborado con fruta de Paraje Altamira.

El mismo siempre cuenta con un pequeño porcentaje de cabernet franc proveniente de la reconocida Finca Remota, también ubicada en Altamira. Cada año el aporte del mismo puede variar entre un 5 y 7% dentro de la composición en función de las características que tenga la cosecha. Utiliza esta variedad para compensar con la estructura, taninos, o las notas más piracínicas que suele aportar la misma.

Degustar los vinos con los datos que nos brinda Roberto, ir, volver, comparar, percibir esas sutiles diferencias, registrarlas y comprobar cómo se condice todo con la marcha climática de cada año, junto a sus continuos aportes, nos suma muchísimo.



Podríamos hablar de vinos con muy buena intensidad, tanto en nariz como en boca, de taninos firmes, frutales y con ciertos tonos herbales que aportan la pizca de franc y todo aquello que tiene que ver con la crianza en madera, distinguiéndose la elegancia y redondez hacia donde siempre apuntan los vinos de Roberto.

Mientras el 2013 se mostraba particularmente aún con muy buena concentración y una linda frescura, en el 2014 se percibía una fruta algo más madura y un paso no tan sostenido como el anterior. Me animo a decir no tan armado en boca. Mientras, a la añada 2015 le encontré también muy linda concentración a la par de muy buena fluidez, lo cual me hizo colocarlo entre mis preferidos junto al 2017 que está a punto de salir a la cancha y al que también le encuentro una gran firmeza en el paso por boca con respecto al 2016, donde a pesar del año más frío y algo lluvioso entregó en general vinos más livianos, el caso de éste a pesar de tender claramente hacia ello, se encuentra todo sumamente armónico y en equilibrio, lo cual me parece que es fundamental.


A las añadas más recientes les encuentro con más vuelo en boca, una fruta más nítida, definida; seguramente las jóvenes plantas también aportaran lo suyo a medida que con los años se van equilibrando.

Algo que no les comenté es que al evento lo abrimos con el Revancha Chenín 2017, hoy transitando un gran momento ya que el vino con esos dos años ganó complejidad, peso en boca, lo que me hace recordar a la buena evolución que también suelen tener los Mendel Semillón que elabora Rober, ambos sin ser vinos de alto precio, claramente una buena guarda les agrega un plus que vale la pena esperar.

Precisamente cerramos el evento con dos primicias, pero de bodega Mendel, el otro proyecto que conduce Roberto pero en sociedad con con la familia Sielecki.

Probamos el corte de la segunda añada del Rosadía 2019, el rosé de alta gama, de partida muy limitada, el cual considero finísimo y que en este año lo componen 50% pinot noir, 25% cabernet franc y 25% merlot; faltando menos para que vea el mercado también degustamos el nuevo Mendel Cabernet Franc 2017, también de Altamira y que posee un año de crianza del 100% en barrica, pero combinando tres tercios con diferentes cantidad de usos (1°, 2° y 3°uso) una práctica que suele aplicar Roberto en busca de mayor complejidad aromática.

Esta cepa que solía utilizar para cortes, pero que la excelente expresión y equilibrio logrado en este 2017 lo motivó a vinificarlo como varietal, tiene elegancia, moderados aromas especiados y mucho hacia adelante para seguir afinándose.

Otro caso de gran expresión en un 2017.

Ya en la vertical de Primera Revancha también había resultado uno de mis preferidos y recuerdo de todo lo que vengo tomando últimamente de otros productores también me viene sorprendiendo; evidentemente fue un año donde la fruta alcanzó muy buena maduración, temperaturas más elevadas que en el 2016, entre la brotación y la cosecha lluvias que superaron las medias anuales, y rendimientos naturales más acotados que en el 2018, algunos de las condiciones que impactaron favorablemente en la calidad de la fruta.

Vale comentar una sugerencia de Roberto que tiene que ver con que en esta instancia es favorable darle buena aireación a los vinos ya que puede que necesiten abrirse.

Más allá de la composición varietal en sí, los lugares de donde proviene la uva y el estilo del productor, son tres variables importantes que nos hacen pensar en el tipo de vino con que nos vamos a encontrar, estoy seguro que ir incorporando las características que van imprimiendo cada añada es el siguiente paso.

Hacer catas verticales, distinguir como influyen las diferentes marchas climáticas anuales en cada vino, como benefició en mayor o menor medida a su potencial de guarda, aromas, frescura o comportamiento general en boca.

Sólo necesitamos tiempo para más experiencias como ésta, y productores que además de trabajar con mucha seriedad en la elaboración, también tengan voluntad de compartirlas con consumidores interesados en aprender como nosotros, la única forma para entender es probando, y Roberto por quinta vez nos regaló a los cueveros esta oportunidad de seguir aprendiendo, pero a través de los años. 

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