viernes, 8 de junio de 2018

"Blancos de corte, cada día más protagonistas"



Recientemente, en sociedad con mi amigo sommelier Roberto Romano, decidimos convocar a una degustación exclusiva de vinos blancos de corte debido a que su presencia en la góndola de hace algunos años a esta parte viene en marcado crecimiento.

Enmarcamos la cata en el formato de Vinos Con Sentido (VCS), evento anual que organiza Romano para profesionales del vino pero en este caso lo adaptamos a nuestro espacio para consumidores que suelen visitar la vinoteca.

En total se seleccionaron veinte vinos que se presentaron, para degustar a ciegas, en tres tandas separadas por segmento de precio.El panel de degustadores consistió en 15 consumidores acostumbrados a éste tipo de catas.

Más allá de ser parte de la organización pude degustar a ciegas al igual que el resto y pude elegir mis preferidos sin saber de que etiqueta se estaba tratando.

En líneas generales la gran mayoría de los vinos me gustaron. Con esto quiero decir que a casi todos los compraría con mucho gusto. Lamentablemente una de las etiquetas que probamos tenía cierta evolución provocada seguramente por el corcho natural que le jugó una mala pasada, con otro sistema de cierre seguramente no hubiera sucedido. Aquí se podría disparar otro debate que da para largo aunque prefiero evitarlo y pasar al detalle de cada tanda.


Primera tanda ($200 /$290)

En los vinos de la primera tanda la mayoría contaba, entre sus componentes, con Sauvignon Blanc (SB) de la que quiero destacar que su presencia se percibió claramente en todos los casos, no es queme molestara pero me hace pensar que si eran blends blancos compuestos por diferentes variedades, el SB siempre resultó muy protagonista.Creo que habría que tomar los mayores cuidados para que el aporte sea lo más sutil, dicho de otra manera, sentir acentuada la variedad dejaba la sensación de que se parecían entre sí en algún punto, y saben que cuando de vinos se trata, valoro todo aquello que ayude a la no estandarización.

En mi caso premié al vino que creo tuvo más personalidad y carácter en boca y ese vino fue el Verdes Cobardes de Matías Michelini. 
Además de fruta(blanca) y cítricos contaba con esos típicos destellos minerales que acentúan su carácter de manera especial.

Otro de los vinos que me gustaron fue Las Criollas de Don Graciano de los muchachos de Paso a Paso. Me encantó toparme con un blanco de características únicas, sobre todo, teniendo en cuenta el nivel de precio.Sabores “amoscatelados” y de buena intensidad. Me atrae cuando un vino me desconcierta con nuevos matices aromáticos y difíciles de definir.

En ésta tanda uno de los que fue muy aplaudido, sobre todo cuando se descubrió y comunicó su precio, fue el Kaiken Estate, que bien podría destacarse como campeón de la relación precio – calidad (RPC) además seguramente dentro de la tanda es uno de los de mayor volumen y por ende más fácil de conseguir.


Kaiken Estate (SB/Semillón 2017- Agrelo) $200
Salvaje Blend de Blancs 2017 (SB/Torrontés/Chardonnay - Los Chacayes) $270
Montesco Verdes 2017 (SB, Semillón, Viognier, Chardonnay- Tupungato) $280
Blanchard & Lurton Les Fous Corte Bordeles(SB/Semillón - Los Chacayes) $290
Bienconvino 2017 (SB/CH/Gewurz - ) $270
Manos Negras Stone Soil 2016 (Gewurz/Semillón/CH - Los Chacayes) $275
Las Criollas de Don Graciano 2017(Criolla Chica/Moscatel Rosado/Torrontes Sanjuanino - Montecaseros)$290






Segunda tanda ($300 / $440)

Para algunos de los presentes entre la tanda uno y dos no hubo un destacado salto cualitativo por ello corresponde mencionarlo y agregar que no pienso igual.
La intensidad que se resaltaba en la primera tanda, sobre todo a través del aporte del Sauvignon Blanc, disminuyó pero para empezar a traducirse en nuevas sutilezas.

No sé si por falta de experiencia pero al degustar cada uno de esos vinos, los cuales disfrute a pleno, casi en ningún momento vinieron a mi cabeza las variedades.

Algo así como si estuvieran tan ensambladas en todos los casos que ni siquiera el Torrontés se atrevió a sobresalir demasiado en donde participaba como componente.

Un punto para destacar fue la performance de los tres vinos provenientes de Salta independientemente de que a ciegas tampoco logré identificar su procedencia. No sé si destacarlo como positivo o no pero en definitiva lo más importante es que me gustaron mucho.

Desde hace un par de años a esta parte encuentro en general un claro crecimiento cualitativo en los vinos de la región, responsabilidad de una camada de jóvenes profesionales inquietos que están en la permanente búsqueda. Sé de lo que hablo porque hace varios años que los visito y sigo de cerca.

Y claro que resalté uno de ellos, el Blanc de Blancs de Bodega El Esteco. Un penta varietal que me ofreció la sensación de un vino completo, íntegro, tanto desde lo aromático como en su firme paso por boca, y con clara capacidad para seguir creciendo. Un dato no menor para tener en cuenta es que se ubicaba al límite máximo del precio de la tanda.

Otro punto que me atrevo a destacar es que a la mayoría de los vinos, a pesar de que no sean de alto precio, los imagino creciendo en botella. Hablo de una guarda corta que puede ir de dos a cinco años según el caso.

Bacán 2015 (CH/SB/Torrontés) $380
Yeta 2017 (Sauvignonasse /Torrontes/SB - Valle de Cafayate) $320
Encubierto Blend de Blancas 2016 (Marssane/Roussanne - Tupungato- La Arboleda) $320Mazzotta
Impulsivo 2016 (SB-CH-Torrontés) $320
Lejanamente Juntos Semillón - SB 2016 $450
El Esteco Blanc de Blancs 2017 (Marsanne/Rousanne/Viognier/CH/Torrontés - Valles Calchaquíes) $440
Tordos Blanc de Blancs 2017 (Chenin/Riesling/Chardonnay-Valle de Cafayate) $450



Tercera tanda ($450 / $750)

En la tanda que incluía los vinos de mayor precio la mesa efectivamente reconoció claramente el salto en la calidad. En lo personal siento que, sumado a ello, los matices que se resaltaron fueron más definidos y entre los vinos se notaron claras diferencias que podían provocar preferencias en función del gusto o la situación de consumo.

Entre tantas propuestas excelentes la Geisha de Jade se despegó claramente por sus aromas. Estimo que fue más producto del estilo (vinificación, crianza) y no tanto por los componentes ya que el 
Encubierto que probamos en la tanda anterior, que aclaro que también me gustó, nada tiene que ver con el perfil particular del blanco de VerSacrum.

La mayoría de los vinos seguramente poseen o combinan partes con crianza en barrica lo cual claramente sumó complejidad en todos y por suerte en ninguno resultó protagonista.Contrariamente a lo que ocurría hace algunos años cuando un blanco de alta gama era sinónimo de un caldo untuoso, con tostados y notables notas mantecosas, que siempre terminaba girando hacía el mismo perfil de vino.

Fue una tanda que verdaderamente me resultó muy entretenida porque me llevó claramente hacia diferentes estilos o búsquedas y, que en el 100 por ciento de los casos, me tientan a continuar guardándolos en una cava confiando que tendrán una buena evolución.

Ver Sacrum Geisha De Jade 2016 (Roussanne/Marssanne- Los Chacayes) $550
Blanchard & Lurton Grand Vin 2016 (Tocai/Viognier/Pinot Gris/Chardonnay-Los Chacayes) $580
Zenith Nadir 2015 (Chardonnay/Fiano/ SB) $570
Bodega Alandes Paradoux Blend Semillón/SB $680
Susana Balbo Signature White Blend 2016 (Semillón-SB-Torrontés) $860
Clos Ultralocal Les Brûlées (Chardonnay/pinot Gris/Roussanne- Los Chacayes) $750


                     





En la tanda uno y tres, más allá si los elogios recibidos fueron muchos o no, hay dos vinos que se destacaron por diferentes. Ellos fueron Las Criollas y la Geisha y para mi es 100 por ciento positivo que ello ocurra porque necesitamos vinos que se diferencien más allá de que seguramente también corran el riesgo que no le gusten a todo el mundo. Para mi suman diversidad y ello es muy positivo porque además de expandir el gusto en algunos consumidores es fuente de inspiración para otros productores.Siempre digo que es un efecto contagioso que viene ocurriendo y precisamente nace en los más pequeños que por lo general suelen ser los más atrevidos.

A continuación algunas preguntas que me surgen:

Será que no tenemos tan incorporadas las características de las variedades blancas y por tal motivo a uno le cueste más identificarlas en el blend? O será que por privilegiar la frescura, lo cual no me parece mal, se genera que algunas variedades no se muestren en su máxima expresión varietal y ello colabore a que no se diferencien tan fácilmente?

Mientras en los tintos puedo distinguir fácilmente cuando un vino proviene del NOA, en esta oportunidad muy lejos estuve de identificarlo, tendrá algo que ver que la búsqueda por el blanco bien fresco me termine alejando también de las marcadas características que nos puede aportar el lugar?

Que quede claro que soy un defensor de los vinos de buena acidez porque me encantan! pero si algún técnico, que sabe mucho más que yo, puede responder a estos interrogantes bienvenido sea.

Cuando decidimos la convocatoria para probar vinos blancos muy rápidamente se ocuparon los lugares, esta situación, hace algunos años atrás, hubiera sido poco imaginada. De hecho el 100 por ciento de los participantes quedaron muy conformes de haber vivido la experiencia y con ganas de repetirla en otras temáticas similares.

Cuando seleccionamos los blancos de corte para la cata también llevó muy poco tiempo agruparlos ya que no tuvimos que pensar demasiado ni salir a buscarlos porque son moneda corriente entre la mayoría de nosotros. No hay que olvidar que gran parte de los mismos provienen de proyectos chicos o medianos que fueron rápidamente recogidos de la góndola de una pequeña vinoteca, no de una gran tienda o supermercado.

Hace algunos años también era impensado que alguien pagara tanto o más por un blanco que por un tinto.Los precios de los vinos de la tercera tanda no eran bajos y como comercial les aseguro que tienen muchos seguidores que no dudan en pagar por ellos. De hecho fue la tanda que más elogios disparó y donde la gente se dedico a disfrutar, catando entretenida sin detenerse en el tema costos.
En general todos los blancos, independientemente del segmento de precios, se mostraron con buena acidez. Luego se sumaron diversos atributos que justificaron que un vino se ubicara en una tanda u otra y creo que en la mayoría de los casos hubo una relación lógica entre la calidad y los precios.

Queda abierta una nueva ventana que es la de ver cómo a estos cortes blancos le puede sumar complejidad la crianza en botella. Un mundo nuevo que necesita tiempo y sobre todo confianza por partida doble: por un lado la de los consumidores, que además de comprar y probar, deben apostar a la guarda, y la de los productores que no deben detener la búsqueda, sino todo lo contrario, alimentarla cada día más.

Hablo puramente por mi cuando pienso que a los vinos blancos cada vez los tengo más presentes cuando quizá en otros momentos sólo los tenía en cuenta para una entrada, lo que se llama poner primera para luego continuar con tintos.

Realmente cada día los siento más protagonistas y mucho tiene que ver que en los últimos años aparecieron nuevas propuestas de mayor calidad. Clara calidad que vemos en crecimiento pero que sobre todo siempre debe ir a la par de la diversidad. Ésta última palabra es la clave para el consumidor más inquieto que se despidió tan contento luego de la cata.
Igualmente creo que hay mucho para crecer pero lo importante es que la búsqueda ya empezó y sobre todo que hay consumidores a la espera, ansiosos por reconocer, entender los lugares, las diferentes elaboraciones, las variedades, cómo deben combinarse o de qué manera se deben criar para extraer lo mejor de cada una de ellas y hasta empezar a evaluar cuanto es lo que puede sumar la guarda. 




A continuación les acerco los 11 vinos más votados por el grupo.




martes, 29 de mayo de 2018

"Creador de nuevos momentos"

Durante muchos años cuando alguien se preparaba para recibir visitas en su casa y agasajarlas con algún rico menú era habitual, y casi obligatorio, que desde el comienzo y hasta el final de esa reunión se sirviera vino y que se estilara tener sólo una etiqueta para acompañar todo el convite.

Hasta tal punto que el anfitrión precavido siempre solía comprar algunas botellas extra para no correr el riesgo de tener que cambiar de marca durante el encuentro ya que era algo que pareciera no ser bien visto en aquel entonces.

El mismo "tinto reserva" que había sido seleccionado para las carnes asadas era el que se utilizaba tanto para recibir a la visita, la "picadita" de entrada y nos acompañaba hasta después del postre o el café.

Los hábitos del consumidor, poco a poco, fueron cambiando producto de que se fue educando como tal a la par que crecía la cantidad de propuestas y diversidad en tipos y estilos de vinos.

Esa misma persona que se acercaba hasta un local de venta de vinos para adquirir una caja cerrada de seis botellas pensando en aquella reunión hoy sale a comprar y seguramente, sin resignar cantidad, ni la necesidad de escaparse del presupuesto asignado, elige los vinos pero teniendo en cuenta nuevos criterios para que esa reunión tenga más brillo y, de alguna manera, se pueda disfrutar mucho más.

Quiero aclarar que lo último que me gustaría es complicarle la vida a alguien al momento de la elección con los siguientes consejos. Más bien todo lo contrario.

De igual manera que elegimos ir de menor a mayor con la intensidad de sabores en los diferentes platos que podamos presentar sería ideal también utilizar un criterio similar para elegir los vinos, esto inclusive, más allá de la cantidad de platos que tengamos.

La idea es reemplazar esas cuatro botellas iguales que se descorcharían por otras que sean marcadamente diferentes entre sí ya que seguramente estaremos creando cuatro nuevas experiencias para disfrutar en nuestra reunión.

"Más allá del vino como bebida en sí para acompañar, la idea en el fondo es crear nuevos momentos, los cuales nunca hubieran existido de solo haberse decidido por una etiqueta"

Así como estoy seguro de que en ese encuentro del que hablamos no será el mismo plato para la entrada, el principal y el postre, también imagino que tampoco se charlará de un único tema durante todo el tiempo. No faltará el momento divertido ó el de compartir planes futuros, algún recuerdo, sueños, silencios y, quien dice, que no falte también algo emotivo.

Así suelen ser esas conversaciones que a pesar de ir de un lado para otro resultan ser siempre muy entretenidas porque son entre seres queridos que, además de preparar algo especial para recibirnos, también pensaron en más de una etiqueta de vino para que aquel encuentro se potenciara con nuevas experiencias que podrían llegar a ser especiales.
Todo tiene que ver con todo pero quiero mantenerme lejos de hablar de maridajes o acuerdos gastronómicos ya que tiene que ser algo más simple, con voluntad, imaginación y, si es necesario, un poco de asesoramiento.

Imaginate aquella despedida luego del encuentro: al dar gracias por la invitación, comentar qué lindo la pasamos y qué buena estuvo toda la comida se le sumaría qué buena selección de vinos que elegiste!

Me encanto éste o aquel más! Dónde los puedo comprar? La próxima que nos veamos me gustaría hacerte probar tal o cual! Qué buena idea tuviste! Cuándo nos juntamos de nuevo? me gustaría hacerte probar mi preferido!

Para algunos el acto de seleccionar una tanda de vinos puede resultar poco simple pero nada mejor para este caso que acercarse a una vinoteca seria y pedir asesoramiento, explicando al detalle cuál será la situación de consumo y el presupuesto con el que se cuenta.

Ante ese escenario el vinotequero debe ofrecer más de una solución acorde a nuestra necesidad porque precisamente esa es su función, seleccionar y ofrecer lo mejor de lo que está a su alcance.

Si de servir diferentes tipos de vinos (blancos, tintos, rosados, espumosos, naranjos, dulces) se trata y no caer en la situación de poner una copa especial para cada uno, sugiero contar con un modelo de copa de cristal que se pueda adaptar fácilmente a todos.

Creo ideal alguna tipo syrah o malbec y con una capacidad de 450/480 ml; es muy importante no resignar calidad en la misma. Recuerden que el mismo vino puede lucirse de manera muy diferente según la calidad del cristal.

Lógicamente si cada comensal cuenta con una sola de estas copas, entre vino y vino, deberían ser bien enjuagadas y secadas.

Si hay intensiones de profundizar un poco más en esta experiencia, al momento de seleccionar los vinos, se puede pensar que más allá de acompañar correctamente cada momento en el fondo exista también un mensaje educativo.

Así aprovecharemos, al mismo tiempo, la posibilidad que nos da probar, comparar y compartir apreciaciones sobre los vinos. Algo que para la mayoría de los consumidores no es una práctica habitual.

Siempre recuerden que la única forma de crecer en el conocimiento del vino es la experiencia que nos da probar siempre diferentes vinos. En lo personal suelo no repetir etiquetas precisamente para no perder la oportunidad de probar una que no conozco.

Algunos ejemplos de posibles criterios al momento de la elección:

Seleccionar diferentes tipos de vinos (Blancos, Rosados, Naranjos, Tintos, Espumosos, etc).

Seleccionar vinos en diferentes estilos (con diferente concentración, más o menos maduros, más o menos frescos).

Seleccionar vinos con diferentes tipos de elaboración (Vinificados en huevo de concreto, tanques de acero, barrica de roble, etc).

Seleccionar vinos con diferentes tipo de crianza (barrica de 225l, foudre, huevo de concreto, tonel, etc).

Seleccionar vinos de diferentes regiones (Valles Calchaquíes, Patagonia, Luján de Cuyo, Valle de Uco, etc).

Seleccionar vinos de diferentes sub-regiones (Altamira, Gualtallary, Los Chacayes, del Valle de Uco; otra podría ser Agrelo, Lunlunta o Las Compuertas en Luján de Cuyo).

Seleccionar vinos con diferentes tiempos de crianza (más jóvenes o más añejos).

Seleccionar vinos de diferentes segmento de precios.

Revisen cuántas variables pudimos enumerar sin la necesidad de hablar de varietales o vinos de corte. Imaginen que si multiplicamos las mismas por la cantidad de posibles cepas que encontramos en nuestro mercado las alternativas serían interminables y así aquella reunión que nació para comer rico y pasar un rato ameno con amigos, podría funcionar indirectamente muy educativa desde el punto de vista de los vinos.

En las fotos que están a continuación, les acerco algunas etiquetas que me resultan atractivas para combinar a mí, pero más me gustaría saber cuales son sus elegidas!!






jueves, 3 de mayo de 2018

"Historias simpáticas detrás del momento justo"


Quienes somos amantes del vino, además de disfrutar de beberlo joven, también solemos comprar alguna que otra botella para guardarla ya que una de las cosas más lindas para un enófilo es ver la evolución, en el transcurso del tiempo, que va teniendo ese vino que tanto vamos atesorando.



Si a esta costumbre, cada vez es más habitual entre los fanáticos, le sumamos que cada día nuestro mercado ofrece más variedad de etiquetas a través de diversos tipos de proyectos, que van desde una pequeña partida de 300 botellas que hace un productor de garaje, hasta las decenas de miles que puede tener una bodega de las grandes en cada una de sus líneas, la cava o el espacio destinado para guardar el vino tendrá que ampliarse al ritmo de las oportunidades de compra, l
ógicamente siempre que la billetera lo permita.

Hace cerca de veinte años que transito este mundo tan lindo del vino, de hecho buena parte de mis amigos y relaciones están dentro de él, y hay cientos de historias de catas, momentos, viajes, los cuales muchas veces trato de compartir en alguna nota en el blog o personalmente con quien ya tengo oportunidad de recibir en la cueva. 

Pero hay otras historias que muchos de quienes estamos tan enganchados con el vino tenemos en común pero por pudor, o vaya a saber que, muchas veces evitamos contar. 

Estas historias tienen más que ver con el momento o la forma en que adquirimos nuestros vinos y cuánto es lo que realmente blanqueamos entre nuestros seres más cercanos (se entiende por blanquear cuánto pagamos por ellos). 

Pensando en esta nota compilé diferentes anécdotas aportadas por los propios protagonistas.

Imaginen que para lograr esos testimonios necesité garantizar que los mismos no irían acompañados de los nombres reales ya que, lógicamente, muchas historias comienzan en la vinoteca.

“cuando mi señora me acompaña a la vinoteca - e intenta bajar del auto -suelo sugerirle que me espere allí: mirá que hago rápido, en la vinoteca te aburrís, yo regreso enseguida - le digo mientras tomo la chequera y la guardo en la campera”.

Esta es una de las escenas que me comenta "Sergio" cuyo colmo mayor es que viaja 50 Km para ir hasta ésa vinoteca especializada y en algunos de esos viajes, para que se le haga más ameno el trayecto, su pareja lo suele acompañar.

Pero hay otros que si bien fueron solos y sólo para hacer una compra regular, llegaron justo al comienzo de una degustación y se metieron en un temita familiar.

Por ejemplo Javier que cuenta que un sábado temprano salió de su casa para buscar solamente una botella de vino, ya que su mujer prepararía especialmente unos ravioles con estofado para el almuerzo y quería alguna etiqueta para acompañarlos, y terminó llegando cuando las raciones de pasta ya se habían terminado. No quiso detallar los reclamos al momento de ingresar a su casa pero eso sí, fue precavido en comprar botellas para toda la semana.



También está Miguel que en una situación similar se había olvidado que tenía reserva junto a su familia en una de las mejores parrillas de Buenos Aires. Todavía recuerdo a su esposa e hijas, que algo asustadas porque que no respondía las llamadas al celular, se acercaron hasta el local en medio de una concurrida cata - pobre - bien colorado se puso cuando su familia interrumpió la misma, en la que tan compenetrado estaba.

Hasta un niño es participe de una historia ya que le hizo un interesante planteo a su padre Marcelo quien me cuenta: “luego de una visita junto a mi familia a la bodega de Carmelo Patti, donde entre otros vinos me compré una caja de Assemblage, antes de retirarme le pedí que me firmara una botella. Ya de regreso y en el auto, mi hijo que en ese momento tenía 5 años, me pregunta porque le había pedido a ese señor que me firme una botella; le aclaro que - ese señor es un productor de vinos muy reconocido, y para un coleccionista esa botella en 20 años podría llegar a valer mucho dinero - muy interesado el niño, pero con mucho más énfasis le vuelve a preguntar: y si es así porque no lo hiciste firmar las seis?”.

Para los que evitan la vinoteca eligiendo el servicio de entrega a domicilio tampoco se les hace tan simple ya que recuerdo a alguien que en el momento de una entrega, en el hall de un moderno edificio en la zona de Recoleta,  me recibe con gestos, murmullos al oído y guiños indescifrables, claro, resulta que intentaba decirme que me ubicara en otro ángulo ya que no quería que su mujer pudiera ver cuánto dinero le daba a través de la cámara del edificio.

Mucho más paranoico aún fue aquel que dividía su pedido mensual en tres canales de comunicación diferentes, repartido entre mail, whatsapp y llamada telefónica, obviamente sin aclarar precios, sólo le faltaba pedir que hablara en clave por miedo a que el teléfono estuviera pinchado.

Pero también ocurren historias jugosas en cada casa y estas tienen que ver cuando se empieza a ocupar más espacio extra para asegurar la guarda de las botellas, las cuales en un principio se evitan blanquear, hasta que llega un momento en el que se hace insostenible disimular las cantidades y allí también hay algunos relatos interesantes.

Por ejemplo está ese que reconoce que no gasta tanto pero sí que su departamento es muy pequeño y el día que la conservadora quedó chica empezó a guardar vinos debajo de la cama en esas cajas planas de seis botellas. No faltó mucho para que, al momento de limpiar, su pareja descubriera el botín y pasara a contar entre el stock blanqueado.

Otro, con mayor ventaja ya que vive en una casa, me comentó que sigue manteniendo el sistema "doble cava", es decir, una declarada y otra en negro, esta última la ubica en una pieza que está en el fondo de su casa.

Y amplía: “Utilizo la técnica de contrabando hormiga para ingresar las botellas al fondo ya que no siempre es sencillo; he llegado a introducirlas mezcladas entre la ropa de fútbol cuando volvía de los partidos. O alguna vez también aprovechar la compra de algún electrodoméstico y utilizar su caja al mejor estilo Caballo de Troya".  

Roberto, serio y más preciso, desarrolla su caso: “cuando uno va creciendo como consumidor empieza a buscar vinos con otras características y que lógicamente tienen valores cada vez mayores, aunque nunca necesité aclarar demasiado ese tema con mi mujer, sí se me complicó el día que empecé a ocupar diferentes rincones de la casa porque en la cava ya no entraba más una botella; y lo que me quedaba pendiente era en un mueble debajo del televisor, hasta que se rompió una botella de tinto salteño, de esos bien concentrados, en el living y manchó toda la alfombra de piel blanca (…)”

“empecé a blanquear más en serio esto de guardar y, sobre todo, explicándole a mi pareja la importancia que tiene la misma para determinado tipo de vinos”.

Otro profesional del buen beber y obviamente de la compra amplió y profundizó más en su respuesta: “comprar vinos no es una cosa simple ya que lleva mucho tiempo el entender el propio paladar para saber qué comprar y más tiempo aún cuesta el encontrar al vendedor que te recomiende lo que te hace feliz a vos y no a su bolsillo, pero más difícil aún es el poder ingresar la compra a casa sin que eso signifique un divorcio por la suma gastada mes tras mes”. 

La ingeniería dista de ser simple o una ligera mentira. Es una operatoria digna de agente secreto en película de acción. Compras con cuentas paralelas o dinero en negro (no me refiero a la AFIP, si no al conocimiento hogareño), amigos que te guardan los vinos en su casa hasta el día que tu mujer sale con las amigas y llegás con el auto cargado cual flete, arrastrando el culo para meter las cajas en la cava y que pasen desapercibidas, o llegar con una caja que se supone que es para tu amigo y al otro día te la llevás, vacía, para que quede en claro que esa caja no era tuya.

Claro que la mejor manera de ingreso siempre fueron los asados multitudinarios, esos donde te traen los vinos que estuviste comprando por semanas y entran mezclados con los tubos que serán ajusticiados en la reunión.

Siempre puede fallar pero suele ser la opción más sincera. El vino es nuestra bebida nacional, pero el comprarlo es un deporte de riesgo que hace de nuestros vinos una aventura maravillosa de ser vivida.

No faltaron los que me dijeron que no tienen la necesidad de dar explicaciones pero si reconocen que les terminaron complicando la vida a algunos amigos. Ahí me acordé de un vecino y amigo que metí al mundo del vino. 

Él no solía tomar vino cotidianamente y compraba siempre en los chinos, se tomaba un Trumpeter o un Luigi Bosca Reserva y los disfrutaba de sobremanera e incluso sabía explicar las diferencias, entonces me di cuenta que paladar tenía y sólo le faltaba instrucción.

La primera vez le regalé un Amauta Malbec, y le dije "voy a hacer que te guste el vino de verdad, pero andá pidiendo un aumento de sueldo porque es un camino de ida". Desde ahí que nunca más paró, y dentro de sus posibilidades, hoy toma buenos vinos de forma cotidiana. 

En los primeros momentos del cambio, cuando yo le llevaba las botellas, le decía a la señora que se las regalaba porque estaba promocionando unos vinos que mi hermano vendía. Con el tiempo le fue diciendo que empezó a comprar algunos, lógicamente sin hacer demasiada mención a los precios, y actualmente además de llevar todo bien blanqueado se lo ve muy feliz compartiendo junto a su esposa el nuevo mundo que descubrió. 

Las reuniones también son testigo de algunos momentos se zozobra.

Así Jorge tiene siempre a mano una respuesta preparada para el momento social y le da buenos resultados: “muchos amigos, familiares o conocidos que no están en el tema vinos venían a casa, descorchábamos alguna botella y después del "que rico vino" preguntaban indefectiblemente “Cuánto cuesta?” a lo que yo respondía honestamente su precio. Lamentablemente para los que no tienen "el bichito del vino" como tiene uno, es realmente incomprensible que uno pueda gastar $500, $1000 o más en un tubo. Te miran con cara de "estas loco"?! o lo que es peor: de que te la das?? y nada más lejos de esto último.

Por eso con el tiempo aprendí que cuando abro botellas determinadas, ante este tipo de personas, y viene la pregunta de rigor, mi respuesta es "No tengo idea, es un regalo"

“En una caja de Cheval 2005 escribí una frase que todo enófilo casado debería firmar al pie:

"Amor: No vendas mis vinos por el precio que yo te dije que los pagué"
Con ese mensaje para sus pares Jorge concluye su relato.


También en situación social similar Charly confiesa otra operatoria: “en todas las reuniones los vinos siempre los elijo yo, y no importa que seamos 4 o 20 y tomemos 1 o 15 botellas, siempre el costo por persona es de 200 pesos. Todos saben que les miento, pero prefiero absorber la diferencia del gasto ya que si les dijera cuanto deben poner cada uno me dejarían de invitar o lo que es peor permitirme elegirlos. Para mi es imposible disfrutar un vino a solas, y tampoco me parece lógico que el resto deba pagar el costo de mi gusto, por eso desde hace un tiempo decidí hacer así, y a pesar de que muchas veces se ríen y me cargan por mi fanatismo, no me importa, me da mucho placer compartir mis elegidos con ellos”.

Necesité mostrar estas historias simpáticas para llegar a lo que creo es la parte de la nota que más me interesa.
Seguramente la mayoría tenemos algún hobbie; coleccionar y/o invertir en lo que pocos o nadie estaría dispuesto a hacerlo, con el único justificativo que simplemente es porque es el gusto de uno, aquello que nos llena verdaderamente.

Ahora volviendo al nuestro, que claramente es el vino, que es ese que compramos especialmente siempre pensando en compartir, porque nadie que adquiera aquella botella tan preciada lo hará para descorcharla sólo, y eso lo garantizo. 

Quizá sin saberlo, y qué suerte que tenés vos, capaz todavía no te pico ese bichito del vino que comentaba Jorge, pero tal vez algunos de los protagonistas de los relatos anteriores te hizo recordar a algún amigo, ser querido o alguien bien cercano. Te voy a contar algo que estoy seguro que no sabés. El mayor deseo de esa persona es que vos disfrutes de los vinos tanto o más que él; ese fanático, loco, enófilo, que podes llamar como quieras, bebe, se emociona, disfruta frente a una copa, pero mucho más fuerte que ese disfrute es cuando la botella que eligió para descorchar cautiva, encanta y enamora a las personas con quienes la comparte.

Si bebés vino pero el vino todavía no es tan importante en tu vida quedate tranquilo, porque él es tan generoso que siempre estará allí dejándose disfrutar, en el momento y de la manera que vos elijas, como te sientas más cómodo, sin cuestionarte nada y seguro, mientras pasan los años, vas a ir aprendiendo a descubrirlo sorbo a sorbo. Mientras que habrá alguien, no muy lejos, que siempre estará atento y ocupándose de juntar esas botellas tan especiales para mimarlas y, algunas veces, hasta utilizando algún "Caballo de Troya" para que lleguen su cava y así esperar con mucha paciencia que coincida el momento justo de esa botella con el momento justo, ideal, para que mejor la disfrutes vos, y así nada podrá fallar.

(*)Las imágenes son compilados de fotos precisamente de las cavas de algunos de los amigos que nos brindaron testimonio.




jueves, 8 de febrero de 2018

"La búsqueda por el sello propio"


Una de las partes de mi trabajo que más disfruto es cuando puedo seguir bien de cerca cada uno de los proyectos que recomiendo y comercializo. Verlos nacer, ser testigo de cómo crecen a medida que pasan los años, cómo se van poniendo sólidos y empiezan a ser más reconocidos entre los consumidores, y así van definiendo un camino. Sobre todo, disfruto de confirmar cómo lo que uno charla con cada productor se condice con las sensaciones al momento de degustar sus vinos; una relación que suele ser directa y que percibo cada vez con más frecuencia.

Cada día son más los productores que, más allá de desarrollar un proyecto que lógicamente pretenderá ser sustentable desde lo económico, ante todo privilegian la búsqueda del vino que sueñan, en vez de quizás optar por la comodidad de lo que podría ser un estilo puramente comercial. Así los llamo a aquellos vinos con un gusto más estándar, esos que cuando los pruebo me dejan la impresión de una película que ya vi y sé cómo va a terminar.


Hace algunos meses tuve la posibilidad de encontrarme con dos de esos pequeños productores que sigo con mucho placer. Quizás, observándolos de lejos, por sus orígenes o estilos, parecieran tener pocas cosas en común, pero esta actividad de constantes degustaciones y, sobre todo, de largas charlas me permite percibir todo lo contrario.

Tanto a Ale Martorell de Altupalka como a Mariana Onofri de Onofri Wines los conocí hace algo más de dos años, en sus comienzos y con apenas un par de etiquetas en sus respectivos porfolios. Cada uno por su lado, con un solo día de diferencia, eligieron la “cueva” para compartir respectivamente su primera vertical de tres añadas. Si bien este tipo de prácticas sirven para mostrarme el fiel reflejo del trabajo del hacedor y de lo que pudo haber influenciado el clima en cada año, también me deja una idea de lo que vendrá o hacia dónde va cada proyecto. Algo que siempre encuentro –y acostumbro a repetir– es que con los productores que trabajan y se ocupan por mejorar, todo lo nuevo siempre tiende a superar a lo anterior. Esto es lo que siento con Ale y con Mariana.

Recuerdo que en octubre del 2014 probé el Altupalka Malbec/Malbec 2013 en la plaza de Cafayate, acompañando unas empanadas en uno de esos tours enófilos que me llevó a los Valles Calchaquíes. Eso me motivó, ni bien regresé a Buenos Aires, a armar una reunión con Martorell, para conocer su historia. Así supe que optó por la altura de Molinos como el lugar de donde proviene parte de la fruta que utiliza para sus vinos y que para el asesoramiento en su proyecto eligió nada menos que a Roberto de la Mota. También conocí el entusiasmo que se le transluce cuando le toca hablar de su región. Por todos estos motivos, desde aquel momento siempre me interesó seguir de cerca sus lanzamientos. 
El viernes 8 de diciembre de 2017 volví a tener el placer de recibirlo en la cueva, esta vez con la idea de probar todos los vinos que llegaron al mercado hasta el momento, junto a algunos que están por llegar, y así fue que degustamos las siguientes etiquetas.

De la línea Altupalka Sauvignon Blanc (SB), 2014, 2015 y 2016 (recién salido al mercado):
Los SB de esta región de altura suelen destacarse por ser exuberantes, herbales, con ciertas notas más vegetales que recuerdan a espárragos, arvejas, que los hacen muy especiales y que claramente los diferencian de cualquier otro SB de altura de nuestro país. Como dice un periodista amigo, poseen un encanto que los hacen únicos entre los SB del mundo. Esas notas las encontré algo exacerbadas en el 2014; mientras que en la 2015, si bien estaban presentes, compartían más la paleta junto a algunas notas melosas, quizás de evolución, y frutales, que lo balanceaban. El 2016 lo encontré como el más equilibrado; tales aromas se percibían un poco más moderados: un vino más sutil y claramente más fresco. En lo personal, fue el que más me entusiasmó y creo que tendrá una buena vida en botella durante los próximos años.


De la línea Altupalka Malbec-Malbec, 2013, 2014 y 2015:
Esta línea combina malbec de dos zonas que por sus diversos atributos y características se complementan de manera excelente: Cafayate y Molinos. Quizás por ello no necesitó crianza en madera para entregarnos potencia, carácter y taninos. Lo más importante para mí es que posee una atractiva buena frescura. Aunque encontré un 2013 con cierta evolución, me resultaron mucho más interesantes los momentos que están atravesando las añadas más nuevas.


De la línea Altupalka Extremo, 2011, 2013, 2014 y 2015 (aún no está a la venta):
A diferencia de la anterior, esta línea sí posee unos 14 meses de crianza en barrica de roble, combinando diferente cantidad de usos. La percibo mejor cuando carga con algunos años en botella. Hoy es la 2013 la que está pasando un gran momento. La 2015, que saldrá aproximadamente en un año, creo que tiene un potencial y un equilibrio que prometen mucho; me arriesgo a anticipar que superará a las anteriores: a estar atentos.

Aún no habían pasado 24 horas de la visita de Ale, cuando el sábado 9, bien tempranito, recibí a Mariana Onofri, a quien cuando la conocí en el 2014 me había presentado solamente dos etiquetas: un dúo especial que lo componían un Pedro Ximénez (PX) de Lavalle (Zona Norte de Mendoza) y un blend blanco de alta gama, que combina fruta de Agrelo y Valle de Uco. Recuerdo que en aquel momento los cortes blancos con potencial de guarda todavía no estaban tan en auge como en el último año y medio. Era atípico debutar con una dupla de estas características, o al menos parecía muy difícil en términos comerciales. Sin embargo, en lo personal, ese comienzo me hablaba de un proyecto más que prometedor: me anticipaba el desafío de una productora que elige no caer en la comodidad que les comentaba al principio. No pasó mucho tiempo para que se le sumaran dos tintos criados en barrica: un cabernet franc y una garnacha. 


En esta nueva ocasión, Mariana aprovechó para volver a visitar la “cueva” y ahora sí mostrar sus tres primeras añadas del PX y un nuevo bonarda, también proveniente de Lavalle, que se suma a la línea Alma Gemela. Los vinos de la degustación con Mariana fueron los Alma Gemela Pedro Ximénez, 2015, 2016 y 2017.

Sensación de pureza, frescura y –por qué no– “seductora simpleza” en su expresión. Creo que el 2016 está transitando su mejor momento. El 2015 aún posee un poco más de peso y ganó complejidad en boca, algo llamativo porque no era un vino pensado para la guarda. Mariana me recordó que sólo en esa añada tuvo un pequeño aporte de crianza en barrica y evidentemente hoy le está dando una linda complejidad. El 2017 es exquisito, con esa tensión en boca que me hace acordar más a vinos de zonas frías, y no de un desierto de constantes altas temperaturas como es Lavalle. Vale aclarar que se trata de una zona siempre asociada a vinos de volumen, al igual que el Este mendocino. Mariana contó con detalle los minuciosos trabajos en el viñedo para conservar la acidez natural en la uva. 


Una sensación similar me dejó el nuevo Alma Gemela Bonarda 2017, bien seco y fresco, de taninos firmes, aún un tanto rústicos, que se redondearán en poco tiempo. A pesar de ello, hoy también me entusiasma: es el típico tinto gastronómico que no busca protagonismo, pero que puede adaptarse a diversos tipos de platos, especialmente de esos que nos acompañan diariamente. Este bonarda nació para acompañar al PX, y creo que nunca mejor elegido ese compañero, porque son dos de las cepas más plantadas en nuestro país, que lejos están de destacarse como variedades ideales para alta gama. Sin embargo, Mariana sabe sacar lo mejor de cada uno de esos jugadores, así como cuando un DT elige el puesto ideal donde el jugador se siente más cómodo, para lograr el mejor rendimiento de cada uno.

Para sus tintos de mayor gama, eligió acertadamente fruta de una zona de mayor altura, como es Los Chacayes (Valle de Uco). Allí nacen el Alma Gemela Garnacha 2016, que se destaca por poseer mayor estructura que las que actualmente hay en el mercado, y el Alma Gemela Cabernet Franc 2014, el cual conserva una vivacidad que lo hace parecer más joven. Eso me habla de la buena evolución que va a seguir teniendo ese vino, que además percibo bien seco. Para cerrar, probamos el Zenith Nadir 2015, un blanco que posiblemente se ubique entre mis diez preferidos. Cuenta entre sus componentes con un 35% de fiano, que creo que aporta un papel importante en la evolución en botella, sumando algo graso y buen desarrollo en el paso por boca.

Mariana busca en el desierto del norte mendocino y trabaja artesanalmente junto a Adán, viticultor y “su alma gemela”, como suele presentarlo ella. Ambos cuidan de manera especial planta por planta, para protegerla del sol y así conservar la mayor acidez natural posible. Mientras, tratan de revalorizar el patrimonio acumulado por los años de esos antiguos parrales de la zona de Lavalle.


Ale desafía la altura extrema de Molinos, lugar que ya conocemos por el carácter único que imprime la región, donde se cosecha “cuando la naturaleza lo permite”, ya que es precisamente durante los meses de verano cuando el agua de deshielo baja de la montaña y resulta un obstáculo en un momento clave como es la vendimia. Hace cuatro años decidía debutar con un desafiante SB, a pesar de que también tenía plantado torrontés, pero desde su nacimiento –por lo visto– ya aspiraba a diferenciarse.

Ambos siempre están buscando y evitando la zona de confort. Precisamente es eso lo que los distinguirá de sus pares cuando probemos sus vinos y encontremos aquello que los hace especiales. Algunos suelen decir que las personas pasan y los lugares quedan, pero ¿qué pasaría si no existieran estos emprendedores de empuje, de constantes desafíos? En definitiva, ellos son los que se esfuerzan para lograr lo mejor, o al menos lo que interpretan que será lo mejor. Me pregunto cuántos, en el mismo lugar, abandonarían ante el primer tropiezo, o se les agotaría la paciencia esperando aquel vino que tampoco nadie les asegura que algún día llegará.

También me pregunto qué sería de mí, consumidor, comunicador, vendedor y entusiasta del vino, si no pudiera compartir la cantidad de horas, experiencias y copas que me regalan cada uno de estos productores. Seguramente mi trabajo sería aburrido, o tal vez tampoco hubiera llegado a elegirlo como tal, si me faltara esa “pata” que al menos para mí resulta crucial. Ni hablar de cuánto menos tendría para contarle a quien viene a mi “cueva”, que precisamente prefirió el “mano a mano” para conocer la otra parte de ese vino que tan especialmente eligió para beber.

La diferencia está en poder interpretar hasta que mis propios umbrales me lo permitan, o poder encontrar además aquello que logra conectar a otros sentidos, a un momento, al corazón. Los umbrales se pueden mejorar con la experiencia de probar y probar, pero para la conexión se necesita que siempre haya historias de personas involucradas.

Mientras tanto, me voy volviendo cada vez más fundamentalista de conocer a las personas y sus lugares. Estos últimos, por suerte, en nuestro país cada vez son más, y afortunadamente van entregando características de las más variadas. Por su parte, celebro a las personas que buscan, las del trabajo de hormiga, las de los resultados a largo plazo, las que piensan que la mejor cosecha es la que está por venir. Brindo por ellos, que trabajan para dejar una huella, por moldear un sello propio, para distinguirse. Hoy me tocó contarles sobre Mariana y Ale; por suerte estoy tranquilo, porque el grupo que más me gusta y elegí cada vez está más grande.































martes, 5 de diciembre de 2017

#EnPrimeurEnMrWines 2017



En esta nota quisiera compartirles mis impresiones sobre #EnPrimeurEnMrWines 2017, realizado el 7 de octubre pasado. La nueva edición del evento que organizamos en nuestra “cueva” tuvo, por segundo año consecutivo, el objetivo de probar los vinos de la cosecha para sacar algunas conclusiones más generales, que sobre todo tengan que ver con lo que fue su marcha durante el año.

En total se presentaron 85 muestras, lógicamente todas cosecha 2017. El 20% fueron vinos terminados, listos, que ya se encuentran en la góndola; mientras que el 80% restante se repartió entre algunos que estaban a punto de salir y otros que lo harán en un tiempo más, ya que hoy puede que estén transitando diversas fases de crianza (barrica, botella, huevo de concreto, etc.). La mayoría se mostró ya con un destino definido, aunque no faltaron también algunas muestras de investigación o posibles futuros componentes.



A diferencia de la edición 2016, casi se duplicaron el número de muestras participantes, y la cantidad de asistentes también se incrementó en un 25%. Vale destacar que la totalidad de ellos son habitúes de nuestro espacio, todos consumidores acostumbrados a asistir a ferias y degustaciones. En esta oportunidad, pudieron probar un promedio de entre 30/40 muestras cada uno, en el término de los 120 minutos.



Entre la totalidad de las muestras, el 80% fueron tintos, mientras que el resto se repartió entre blancos, rosados y espumantes. Vale señalar que disminuyó el porcentaje de este último grupo con respecto a la edición 2016. Quizás esto tenga relación con que ese año haya sido particularmente especial para aquéllos y no tan ideal para los tintos, con lo cual los productores se mostraron algo más tímidos, sobre todo para anticiparlos en aquella ocasión.




Desde temprano, en este 2017 los tintos cumplieron con un muy buen papel, que quedó demostrado en la degustación. En general, se percibieron con un gran balance entre expresión, concentración y frescura. De las 240 muestras que se descorcharon, sólo dos fueron descartadas porque no se encontraron óptimas, lo cual pudo haber tenido relación directa con un mal cierre del corcho.

Al igual que el año anterior, terminado el evento había una encuesta on line para que cada uno de los participantes respondiera. Mis conclusiones serán un resumen del resultado de esta encuesta, mi experiencia personal y, desde luego, el haber estado durante toda la jornada que superó las 14 horas, además de degustando, charlando tanto con los asistentes como con quienes se encontraban al frente mostrando los vinos que representaban. De los 35 productores que acercaron muestras para degustar, 12 lo hicieron mediante sus hacedores o bien un representante de la marca.



Uno de los puntos que me pareció interesante es cómo los concurrentes tenían el mismo interés tanto por probar un vino de un productor debutante como etiquetas ya consolidadas de reconocidas figuras de nuestra industria. Entre esos dos extremos, hubo de todo, porque si bien la cueva claramente es sinónimo de pequeños productores, no faltaron las grandes bodegas que mostraron futuros vinos de alta gama, aprovecharon la ocasión para presentar zonas no tan reconocidas, o explicar, por ejemplo, cómo pueden impactar los diferentes tipos de crianza (barrica o foudre) en el mismo vino.




A la pregunta de la encuesta de si se encontraba relación entre la información aportada por el productor y las muestras degustadas, la mayoría de las respuestas se repartieron entre “sí en general” y “en varias de las muestras”. Es llamativo que, al justificar las respuestas, muchos de los asistentes destacaron que aquellas muestras que degustaron de mano de sus representantes fueron las ideales para encontrar esa relación. Esto muestra lo relevante que es comunicar los vinos en forma directa: cuánto que ayuda a comprender mejor cuando al consumidor se lo guía. Si bien estoy de acuerdo en que el vino ante todo deba ser para disfrutar de un modo relajado, sin la necesidad de ser un experto en la materia, no me caben dudas de que ese consumidor “mejor educado” mañana priorizará su compra por conocimiento, experiencia y reconocimiento de calidad, y que no decidirá una compra sólo por la marca que lleve en su etiqueta, el tamaño de la botella o una oferta tentadora.



Cuando se trató de reconocer la zona, las respuestas ya no fueron tan claras. Sin embargo, en líneas generales estuvieron bastante cercanas a lo que podría haber imaginado. Las más reconocidas fueron Gualtallary y Paraje Altamira, sobre todo la primera. Recuerdo haber asistido, hace cinco años, a una cata a ciegas en la que participaron exclusivamente vinos de esos dos lugares, junto a profesionales del vino, y estuvimos muy lejos de percibir con tanta claridad la procedencia. Si seguimos a este ritmo de búsqueda, dentro de cinco años serán otras zonas las que también se vayan sumando a esta lista de las que podamos reconocer casi a ciegas (confío en Los Chacayes para que pueda sumarse a este grupo).



Al mismo tiempo, me alerta que haya otras zonas con destacadas particularidades y sobre todo historia, justamente en las afueras del Valle de Uco, y que directamente no nos ocupemos para identificarlas o, mejor dicho, reconocerlas por sus características mediante la degustación. Creo que tiene que haber más trabajo de comunicación de los productores locales, exponiendo los matices que nos pueden aportar diferentes lugares de Luján de Cuyo, Maipú o San Rafael. Menciono aquí sólo a las mendocinas, pero lógicamente que lo hago extensivo a todo el país. Los vinos provenientes de los Valles Calchaquíes corren, en este aspecto, con clara ventaja sobre todos, ya que a ciegas se los suelen identificar más fácilmente. Un próximo paso podría ser empezar a distinguir diferentes lugares dentro de nuestro NOA; confío en que esto ocurrirá: la camada que hoy está trabajando en la región va hacia la búsqueda de ello.




De la encuesta también extraje que para un porcentaje de los participantes es relativamente importante reconocer la zona. Me encantaría poder compartirles cada una de las justificaciones, por lo precisas que fueron en la mayoría de los casos. Ello refleja el interés de los consumidores por el reconocimiento. Quiero aclarar que la mayoría no era profesional que trabaja en la industria; eran consumidores, pero con mucha madurez como tal, por lo visto.


Por mi experiencia de conocer desde hace rato ambos lados del mostrador, me animo a decir que a veces no encuentro esa madurez en la propia gente que se desempeña en la industria. No hablo de técnicos, por supuesto. Trabajes en el puesto que trabajes dentro de la industria, así seas el CEO de una multinacional o el vendedor que camina día a día la calle, tenés que ser una persona entusiasta del vino, apasionado por él, tener una clara lectura frente a una góndola, y sobre todo capacidad para pensar siempre como un consumidor. Eso precisamente se logra comprando y probando mucho vino, y si es a ciegas, con los pares o en competencias, mucho mejor, para así comparar y analizar. En definitiva, me refiero a la importancia de capacitarse en el conocimiento del vino de igual manera, o más, que en la especialización o área en la que le toque desempeñarse.



Casi un 84% dijo que reconocería la variedad en sólo algunos casos. Como consumidor me siento identificado con ese grupo también. Increíblemente creo que estuvimos muchos años tomando vinos que no reflejaban de modo claro las variedades; perdimos años de práctica, de capacitación en ello. Cuando se puso de moda la varietabilidad en los vinos, el estilo o el perfil que perseguían los productores tuvo más peso que respetar la tipicidad varietal en sí. La concentración y la sobreextracción poco colaboraron a que pudieran percibirse diferencias marcadas entre las variedades. Es una suerte que cada día estemos más lejos de aquello, y hoy cada cepa, cada lugar y, en algunos casos hasta cada finca, sea tratada para sacar lo más puro de ella. Esa sutileza se empieza a percibir, y es todo un ejercicio, el de probar, reconocer, recordar…




Hubo dos preguntas que debían responder únicamente quienes asistieron a ambas ediciones del #EnPrimeurEnMrWines (2016 y 2017), es decir, de 44 personas que venían respondiendo, en estos casos sólo respondieron la mitad, un número considerable, de todos modos. La pregunta tenía que ver con la comparación de calidad en los blancos y en los tintos respectivamente, comparando las diversas añadas. En ambos casos fue relativamente alto el porcentaje que indicó que encontraron claras diferencias. Esta respuesta tan definida es la que, como organizador, disfruto de encontrar.

Se resaltó que los blancos de la 2016 habían sido superlativos, de frescura incomparable, quizás más austeros en aromas pero de mayor fineza y tensión en boca; en cambio, a los 2017 los encontraron más expresivos, con algo más de equilibrio, sabor y volumen en boca. En el 2017 los tintos también fueron claramente más expresivos, más intensos, más jugosos, más redondos; mientras que la edición 2016, tan especial, nos había entregado tintos algo más tímidos en aromas y notoriamente más livianos en el paso por boca.




Todo da para pensar que, en líneas generales, esta 2017 será mucho mejor en cuanto a calidad, algo que quienes estamos cerquita pudimos escuchar de los propios protagonistas desde el día 1 de la cosecha. Hoy, con el #EnPrimeurEnMrWines, empezamos a confirmar que ello fue tal cual así.
Se trata de mirar hacia atrás, observando el presente, imaginando y planificando de alguna manera el futuro, sobre todo para no repetir los errores del pasado. Así, mientras se camina, se va construyendo nuestra historia vitivinícola, algo que tanta falta nos hace, porque lugar, clima y ganas tenemos de sobra. Mientras, reconocemos cuánto crecimos en pocos años, algo que a medida que nos alejemos en el tiempo se notará más notorio. Resalto, desde luego, la fortuna de vivirlo desde este lugar privilegiado que nos tocó de consumidores. Sostengo, cada día más, que ello debe ser con la misma responsabilidad que deben tener quienes lo producen o ya son parte del mercado, porque también somos un eslabón muy importante en este crecimiento de la industria: mientras nosotros probemos y aprendamos cada día más, podremos demandar más calidad en cada uno de descorches que hagamos.




La forma de ayudar a subir la vara de la calidad es ser cada vez más exigentes. Este escenario que describimos, el #EnPrimeurEnMrWines, es simplemente esa posibilidad de brindar más horas de vuelo a nuestros paladares, que sin dudas siempre son fundamentales para seguir creciendo.


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