martes, 23 de agosto de 2016

Sólo quiero tu sensibilidad, Polaco


El próximo 27 de agosto se cumplen 12 años de la muerte del cantor de tango Roberto “el Polaco” Goyeneche. Precisamente gracias a sus interpretaciones, La música y la poesía del tango llegaron a mi vida desde bastante joven, allá por principios de los 90. Ir buceando dentro de sus casi cincuenta años de carrera colaboraron a que el tango me conquistara día a día cada vez más, porque además me motivó a acercarme a otros cantores, orquestas o escritores de este género que tanto nos representa, que muchas veces no valoramos como tal, o quizás nos lleva varias décadas.
No soy especialista en música, pero desde mi humilde conocimiento creo que el tango no es un género musical más: sus letras hay que entenderlas y saberlas “decir”, no alcanza con buena entonación e impostar una voz gruesa. Comprender el mensaje que quiso plasmar cada autor, desmenuzarlo renglón a renglón, y transmitirlo de manera única y transparente, como hacía “el Polaco”, de manera que quien lo escuche lo sienta en lo más profundo, parece simple pero no lo es. Inclusive, en la última parte de su carrera, aunque Goyeneche ya no contaba con el “lustroso caudal” de su juventud, eso no le impedía mantener la agudeza y sensibilidad en el momento de la interpretación.
Puedo trazar cierto paralelismo entre la letra y la música del tango con algunos vinos actuales, que por suerte en los tiempos que corren son cada vez más. El enólogo o productor, un “artista” que deja transparentar mucho dentro de cada botella: el lugar, un instante, una historia. Posiblemente, de entre todos aquellos que beban ese vino, algunos podrán disfrutar quizás más que otros, y seguro que ello tendrá que ver con la experiencia o el nivel de interés de cada consumidor.
Creo que cada una de las personas que se encuentra en la cadena que une al productor que elabora un vino con el consumidor que lo adquiere y lo bebe tiene que tener la misma sensibilidad que tenía “el Polaco” para entender esas sutilezas y poder comunicarlas con la suficiente claridad y pasión que, a quien reciba el mensaje, además de apreciarlo con sus sentidos, lo impulse a comprender y disfrutar de algo más profundo. Desde luego, ese producto tendrá un matiz para diferenciarse y deberá otorgar eso más profundo.
Suelto mi pensamiento al aire para que sea escuchado o leído por un comercial, un responsable de marketing, un vendedor, un comunicador —profesional o no—. Al menos así lo siento yo, desde mi pequeño lugar que ocupo dentro de esta cadena. Sólo deseo, al igual que “el Polaco”, llegar a viejo, sin importar todo lo que pueda perder porque ello ocurra, pero sí contar con la sabiduría para fortalecer y agudizar mi sensibilidad, y poder comunicar de la manera más pura posible, para así acercar y colaborar a que más gente disfrute del tango... perdón, quise decir de la “poesía del vino”.



martes, 19 de julio de 2016

"Caelum, blancos preparados para crecer"


                         


Son muy pocos los consumidores que, al momento de definir la compra de un vino blanco, lo piensan para guardar. Uno de los “mandamientos del vino” parece indicar que los blancos deben beberse al poco tiempo que se los adquiere y que, cuanto más baja su temperatura para el servicio, mucho mejor. Esto ha llevado a que muchos únicamente lo tengan en cuenta para consumir en verano; casi que, si no se tiene un freezer cerca, está prohibido pensar en ellos. Algunos aplican una regla bastante similar también para los vinos espumantes. 


Cuando acerco la lupa a la góndola, encuentro que el porcentaje de gama media y alta es bastante menor respecto al total de las alternativas de blancos. También es cierto que el mayor precio no me garantiza que pueda poseer potencial de guarda. En definitiva, dependemos de las intenciones del productor en hacer un vino que a mediano o largo plazo pueda crecer en complejidad, y por supuesto nosotros tenemos que ser capaces de identificar esa cualidad para tomar la decisión de guardarlo o no. Durante muchos años —creo que equivocadamente— otro mandamiento asociado a esta cuestión era que debían cumplir con una notoria crianza en madera, en boca debían ser pesados, y en la mayoría de las veces elaborados con uvas chardonnay. 


El crecimiento en la calidad, diversidad y búsquedas de nuestros vinos en los últimos años es muy significativo, al punto que a veces, si los compradores no estamos bien informados, nos cuesta estar al tanto de todo. De la amplia paleta de consumidores, la mayoría adquiere sus vinos en canales como supermercados o plataformas de ventas online, que seguramente están lejos de brindar el asesoramiento o información necesarios; por lo tanto, si el consumidor no dedica tiempo extra a investigar, seguramente empiece a perderse buena parte de la película que nuestra industria nos ofrece año a año.



                           



No quería dejar de ubicarlos dentro de este escenario, antes de compartir la nutritiva experiencia que tuvimos recientemente cuando hicimos dos catas verticales con blancos de la línea reserva de Bodega Caelum, guiados a través de una comunicación vía Skype por Giuseppe Franceschini y Hernán Pimentel, enólogo y propietario de la bodega, respectivamente. Según mi opinión, “el tano” Giuseppe Franceschini es uno de los elaboradores que mejor entiende esto de hacer blancos para guardar. Hace años que lo sigo, no solamente por sus elaboraciones en Caelum sino también por su proyecto personal Bacán y por muchos otros que asesora.


Bodega Caelum está ubicada en Agrelo, Luján de Cuyo, y es un proyecto familiar que nació en 2009; posee 30 hectáreas plantadas en la región, en parte minoritaria utilizadas para sus propios vinos y en parte mayoritaria para abastecer a otros productores. De las etiquetas que degustamos y pasaré a detallar a continuación, hasta la cosecha 2011 fueron elaborados con uvas provenientes de fincas de terceros, en el Valle de Uco; del 2012 en adelante, de las propias en Agrelo, recién mencionadas.


                        

Los vinos se degustaron en dos tandas, tres copas servidas al mismo tiempo, con intenciones de que la comparación entre las diferentes cosechas pudiera ser más efectiva. Se probó, en la primera tanda, Caelum Chardonnay Reserva 2009, 2010 y 2011; y en la segunda, Caelum Fiano Reserva 2012, 2013 y 2014.



Algunas apreciaciones


— En ambas mini verticales los vinos más interesante por complejidad y estado fueron los más añejos, es decir, el Chardonnay 2009 y el Fiano 2012.


— Otro punto interesante es que en todos los vinos se podía encontrar una fruta con buena maduración, digamos “dulce”, pero excelentemente equilibrada con una atractiva y presente acidez. Atención a este tema: fruta madura/dulce en vinos que a su vez son bien secos, sin azúcar residual, de PH muy bajo. “El tano” comentó que la clave de este equilibrio entre densidad, dulzor y acidez obedece a la composición de los suelos de Agrelo, junto con el trabajo del viticultor, desde luego. 


— Si bien todos los vinos poseían crianza en barrica de roble (nueva, de primer, segundo o tercer uso, o una combinación entre éstas), en ningún caso la madera opacaba la fruta; al contrario, aportaba complejidad desde lo aromático, pero sin anularla.


— La vivacidad y entereza de todos los vinos me sugieren que, obviamente bien guardados, podrían seguir creciendo. Para ser franco, mi falta de experiencia no me permite precisar cuánto tiempo más. Según “el tano”, pueden tener una buena vida entre 7 y 15 años, algo lógico teniendo el cuenta que el chardonnay 2009 ya con siete encima llegó muy bien. Imagino que cada caso será particular y tendrá que ver con las condiciones del año: por ejemplo, mientras el “chardo” 2010 se destacaba por un plus de frescura extra y el 2011 por ser algo más potente; en el caso de los Fiano, si bien el 2013 sobresalía por lo expresivo, la experiencia de Giuseppe afirma que el 2014 será, en el futuro, el mejor de todos. Algo para agregar: el Fiano 2012 comenzaba a tener aromas que, además de minerales, me recordaron a los típicos hidrocarburos que solemos encontrar en los riesling con cierta evolución.


— Un punto no menor: tan importante como una buena copa, es la temperatura del servicio. Uno piensa en la temperatura de un blanco quizás entre 6 °C y 10 °C, pero creo que el mejor punto en éstos es entre 10 °C y 12 °C, dado que la mayor temperatura colabora a una mejor expresión aromática de las sutilezas producto de la crianza. Cabe aclarar que la frescura natural en boca ayuda al desplazamiento suelto del vino.
Con respecto a la elaboración, Hernán comentó que para mantener la identidad de los vinos, excepto en la 2016 que por cuestiones climáticas tuvo una maduración muy diferente a la habitual, siempre eligieron crear las condiciones necesarias para evitar la fermentación maloláctica (FML); vale destacar que, como la fermentación alcohólica (FA) suele hacerse en barrica, tiene que utilizar enfriadores para que la FML no se dispare espontáneamente. Giuseppe agregó que la FA en barrica integra todo mucho mejor, haciendo referencia a la parte tánica y aromática. 


Hablando de roble, nos adelantó que comenzarán a utilizar toneles de 600 litros —más volumen, menos impacto desde lo aromático—, y que los eligió en función de los bosques de donde provienen. Giuseppe no habló de tonelerías ni de tostados, hizo hincapié en los bosques de origen; evidentemente es una variable fundamental y que por lo visto conoce bastante, no sólo porque lo escuché disertar en varias oportunidades sobre este tema, sino porque sus vinos lo confirman. Tal como les comenté al principio, sigo sus elaboraciones en todos los proyectos, y el uso de este recurso suele reflejarse siempre con mucho equilibrio.
El fiano es un capítulo aparte. Poco y nada sabemos de esta variedad típica de Sicilia (Sur de Italia). Franceschini les sugirió a los Pimentel que la plantaran aquí, ya que creía que se adaptaría muy bien, y día a día confirmamos que no se equivocó. Caelum tiene plantada sólo una hectárea y media de fiano en Agrelo; hasta donde mi memoria alcanza, sólo recuerdo que los Zuccardi también tienen plantado para la línea Innovación de Santa Julia, pero en el Este mendocino (recuerdo haberlo probado, y era un buen vino, pero bajo otro concepto, pensado para beberse joven, diferente a las intenciones de hacer algo de guarda como en el caso de Caelum). 


Otra característica de la variedad es que no se destaca precisamente por la intensidad aromática (quizás por ello nunca otros productores la tuvieron demasiado en cuenta), pero sí se destaca por tener buena estructura en boca, profundidad, y acidez natural. Dichos atributos son los pilares fundamentales para la guarda, y seguramente los que motivaron a Franceschini al momento de tomar la decisión de plantarla.


Algo que me llama la atención es que las dos blancas que “el tano” planta en Agrelo son la clásica chardonnay, reina de las blancas, de fácil adaptación al clima de Mendoza, y fiano, por los motivos detallados anteriormente. Sin dudas, Giuseppe, quien aún no era gran conocedor de nuestro terroir, no confiaba en el potencial del sauvignon blanc: necesitó pocos años para descubrirlo, entenderlo y ubicarse hoy entre los que mejor la saben interpretar en nuestro país; me refiero al Bacán, la etiqueta de su proyecto personal.


En marzo pasado escribí una pequeña nota que aquí les vuelvo a compartir, la cual surgió luego de probar diversas añadas de los Espumantes Eclat, también pertenecientes a bodega Caelum. Además de encontrar muchos puntos en común entre ambas catas y conclusiones, se refuerza mi admiración por las familias productoras como la Pimentel, que, fiel a su gusto, principios o “filosofía”, optan por elegir un camino más complejo para sus elaboraciones, sin importar que sea el más difícil, o el que necesite de más tiempo o atención para ser valorado. Así evitan caer en estándares obvios, muchas veces más fáciles de comprender y, por ende, de vender.


                                    


viernes, 3 de junio de 2016

#ElVinoEnVinotecas: Pain et Vin


En un mercado de vinos que en los últimos años fue creciendo vertiginosamente en variedad, calidad y volumen, como consumidor interesado en conocer y aprender, cada día valoro más la función de las vinotecas especializadas. Estos lugares suelen ser el primer punto donde, a partir de la degustación o recomendación, se puede concretar el acercamiento a las novedades. A ello también me gustaría sumar la relación que se va consolidando entre el vendedor y el cliente: el primero comienza a entender las preferencias y el gusto del segundo, y por eso puede sugerir y colaborar siempre a compras más inteligentes, disminuyendo el margen de error.




En el marco de la movida #ElVinoEnVinotecas, llevada adelante por #BloguerosEnSuTinto, quiero contarles sobre una de las vinotecas que suelo visitar. Se llama Pain et Vin; está ubicada en el corazón del Barrio de Palermo y cuenta con una variada selección de vinos, en su mayoría provenientes de pequeñas bodegas y partidas limitadas, lejos de las etiquetas masivas que pueden encontrarse en supermercados o en las típicas cadenas de vinotecas. Tan o más importante que su selección, es su conductora, Eleonora Jezzi Riglos, dueña y sommelier, una persona muy empapada en el tema. Si bien Paint et Vin abrió sus puertas hace tres años, desde el 2008 que “Ele” —como me gusta decirle— se desenvuelve en diferentes áreas de bodegas, restaurants y vinotecas, en donde adquirió nutrida experiencia, que hoy está a la vista en su proyecto propio.
Para que conozcan algo más a “Ele” y a Pain et Vin, me acerqué a su vinoteca y ella en persona me respondió algunas preguntas:
Yo conozco más a fondo Paint et Vin Vinoteca, pero ¿con qué se pueden deleitar quienes se acerquen y deseen quedarse en el salón, además de ricos vinos?
Abrimos un lugar en el que tuviéramos ganas de quedarnos y de volver. Los vinos que ofrecemos por copa no son producto de tratos con bodegas; abrimos varias gamas y varios tipos de vino por día, seleccionados por nosotros y siempre diferentes. Tenemos la convicción de que la única manera de comunicar estos vinos es descorchando y compartiendo. Podés comprar una botella, tomar la mitad y llevarla. Podes hacer flights (tres medias copas siguiendo diversos criterios, por ej., tres malbec de diferente región o subzona). Esto lo acompañamos con tablas de quesos (individual, para compartir y grande) o variedad de sándwiches y ensaladas, en las que claramente otra vez el pan es el protagonista de la carta.




Por la ubicación, imagino que deben visitarlos un alto porcentaje de turismo
El 75% es turista o “expat”, es decir, personas que son del exterior, pero viven y trabajan en Buenos Aires. Vale destacar que gran parte de ese público llegó por el pan que elaboramos, que es de fermento natural y a leña, único en Buenos Aires.


¿Hacen degustaciones y con qué frecuencia?
Hacemos degustaciones privadas con reserva generalmente a personas del extranjero que están viajando y quieren probar un poco de nosotros a través del vino. También, eventualmente, por alguna reunión de amigos, cumpleaños, etcétera. En cuanto a las degustaciones al público, la mayoría son presentaciones de bodegas cada dos semanas, sin día fijo. Otras veces armamos catas más reducidas; por ejemplo, algo especial como puede ser una vertical, no se puede abrir a todo el mundo, y nos gusta llamarla “la mesa chica”. También hacemos la “Escuela de Vinos”, que es a ciegas y por cuatro encuentros, tanto en castellano como en inglés, nivel 1 y nivel 2.


¿Qué figuras del mundo del vino pasaron por tu vinoteca?
Muchos. Enólogos, gerentes de bodegas, sommeliers. ¿Hay que nombrar? (risas). No quiero. Entre otros, Matías Michelini, Juanma de De Ángeles, Thibault de Lurton, los Rolland, Ernesto Catena...
¿Cómo definís la selección de etiquetas que comercializás?
Vendemos los vinos que nos gustan. Se nota fuerte la mano en la selección. Creo que la sommellerie es en cierto modo una curaduría. Claro que queremos vender, pero no cualquier cosa. Nos gustan los proyectos por sus vinos, claramente, pero también por la gente que los hace, por sus historias, sus anécdotas, porque son auténticos, porque representan el lugar en el que nacen, etcétera. Mantenemos una góndola pequeña donde quien se acerca puede comprar y beber a precio vinoteca, con un mínimo descorche (que no cobramos a los locales), donde el consejo o asesoramiento es bienvenido y hasta necesario. No tenemos vinos que haya en un supermercado.
Entiendo que es una pregunta difícil, Pero ¿podrías elegir cuatro o cinco productores de vinos y darme un motivo por el cual elegiste a cada uno?
De Ángeles, primero; por todo lo que enumeré anteriormente referido a historia, apuesta y, sobre todo, nobleza. También reivindico a Michel Rolland, “a muerte”, por haber apostado y traído a los franceses, y armar esa locura que es el Clos. A los “Miche”, por su audacia y por refundar Tupungato. A Bonomi, porque me emociona todo lo que dice y hace. A los Zuccardi, por creer en el país, y a sus hijos, que están revolucionando nuestra historia del vino.

Vinoteca Pain et Vin
Responsables: Ohad Weiner cheff // Eleonora Jezzi y Pablo Mayaud Maisonneuve somms.
Dirección: Gorriti 5132 (Palermo/CABA)
Teléfono: 4832-5654
Horarios: martes a sábado de 12 a 22 hs / domingo de 12 a 19 hs
Mail: info@pain-et-vin.com
Redes sociales:@painetvin // Instagram ídem // Facebook Pain et Vin Buenos Aires





lunes, 25 de abril de 2016

Cara Sur, la belleza del lugar y las personas



Desde que conocí hace tres años los vinos Cara Sur, la historia de sus hacedores y el lugar de donde provenían sus uvas (Barreal) —hasta ese momento desconocido para mí—, enseguida comencé a tener referencias de su belleza. Por eso, en la primera oportunidad que tuve no dudé en acercarme a esa localidad ubicada más precisamente dentro del Departamento de Calingasta, Provincia de San Juan. Cara Sur es un proyecto pequeño: en la actualidad cuenta con apenas tres etiquetas. En el 2016 promete varias más y alcanzar una producción total de 7.000 botellas.
Coordiné con anticipación una visita a Francisco “Pancho” Bugallo, uno de los cuatro pilares del proyecto y seguramente la cara más visible. El encuentro fue en su casa, ubicada a pocas cuadras del centro de la pequeña localidad. Ni bien llegué tuve esa sensación de que Pancho tenía mucho para contarme. Con una fuerza tranquila similar a la de sus vinos, le dio prioridad a la charla describiéndome las características del lugar y presentando al Valle casi como si fuera el principal protagonista del proyecto: “El Valle es angosto y bien longitudinal, entre punta y punta hay 85 km, y sobre su costado siempre está la cordillera; 1.750 msnm es el punto más alto, y 1.350 msnm es el más bajo; en el centro se unen un río que viene del Norte y otro del Sur, y que juntos y hacia el Este conforman el Río San Juan”.
Barreal es una localidad de apenas 4.500 habitantes. Además de esos ríos que la atraviesan, posee un fondo de montañas único. Si bien el motivo de mi viaje fue “puramente vitivinícola”, con ese marco tranquilamente podría haber sido turístico (quedará pendiente para la próxima).
La “bodeguita” se encuentra en el mismo terreno de su vivienda, la cual comparte con su esposa Nuria, quien también participa del proyecto. A pesar de no contar con una gran superficie, no falta un pequeño viñedo con franc, malbec y cabernet. Desde ese punto admiré el cordón montañoso como si lo tuviera al lado. Pancho me comentó que detrás se encuentra el principal, precisamente donde se ubica el Aconcagua. A la par de Pancho, el lugar también me hablaba.

Uno de los primeros espacios que recorrí fue una pequeña habitación sobre un costado de la casa, lugar donde hizo su primera vinificación en el año 2011 junto a su hermano Santiago; quien al poco tiempo comenzó a desempeñarse como agrónomo en Bodega El Porvenir de Cafayate. Desde ese entonces Sebastián Zuccardi y su esposa Marcela se sumaron al proyecto Cara Sur. De hecho, fue de la mano de Sebastián que en el año 2013 probé la primera botella de Cara Sur Bonarda 2013, en ese momento el único vino de la bodega.
Con los años, a medida que la producción fue creciendo, Pancho fue ampliando su pequeña bodega con otras habitaciones ubicadas de manera independiente sobre el mismo lote donde se encuentra su vivienda. Mientras que en la primera había microvinificaciones en bins plásticos, vinos conservándose en damajuanas (20, 25 y 50 litros) y algunas barricas de varios usos; en la segunda que visitamos había cuatro huevos de concreto, tres de 1.800 litros y uno de 1.000 litros. Estos son los principales responsables de contener el bonarda y la criolla, variedades de las cuales vinifica mayor volumen.


Pacho me contó: “Quiero conservar todo en huevos. Éste influye menos sobre el vino. El vinificar en huevo te hace pensar el vino desde la cosecha; a diferencia de la barrica, por ejemplo, que si tenés diez, podés tener diez vinos diferentes y de pronto la posibilidad de armar cortes”. Claramente ésta es su idea para que el vino sea más representativo del lugar: prefiere la elección de un solo momento de cosecha, un solo vino: “este año trataré de utilizar los huevos dos veces, y así duplicar el volumen de producción; por ejemplo, la bonarda 2015 fue un huevo, era todo lo que había, no hubo corte”.
Pero este año, también para la vinificación en huevo, hay un nuevo miembro en la familia Cara Sur: Invernal. Hicieron una primera prueba en el 2015, apenas 150 botellas hoy embotelladas en magnum. Aún no saben cuándo saldrá a la venta. Haber probado en primicia el Invernal 2015 en origen junto a su hacedor me llevó a comprender mejor la búsqueda de estos muchachos. De la misma cosecha de bonarda con la que habían elaborado el Cara Sur 2015, ahora hicieron este nuevo vino, pero con una importante “vuelta de rosca”. El nombre que le eligieron me indica que la historia como alpinistas de los hermanos Bugallo siempre jugará un papel importante en el proyecto. Si bien el recipiente en ambos vinos son los huevos de concreto, en el Invernal el trabajo de racimo entero y sin pisar me entrega un bonarda con más boca, con un carácter particular, más tenso y vertical. Sospecho que el tiempo lo seguirá redondeando, porque tiene atributos para ello. Vale recordar que en el primer Cara Sur, el original que ya no luce más en su etiqueta la palabra “bonarda”, solo el 40% del volumen era racimo entero al momento de la vinificación.
Pancho me confesó que Invernal es el camino que busca para Cara Sur. Habló de “camino” como si aún estuviera lejos de lograr su vino ideal: “quizás nuestro mejor vino sea cuando encontremos ese lugar en el valle, y que estemos convencidos de su potencial”. Después hizo hincapié en el lugar y remarcó la importancia de conocerlo a fondo: “hay que tener un vínculo muy cercano con la finca, no digo que tengas que ser agrónomo; es fundamental el trabajo del viticultor, trabajar la tierra, viendo la uva, interactuando con la tierra de una manera bien cercana”. Además reconoció que el valor agregado está ahí: “es un condimento vitivinícola extra, no podés hacer vino si no trabajas la uva. Somos viticultores, no somos enólogos. La idea en Cara Sur es hacer más vino con viticultura que con enología. Me vuelvo loco buscando el punto de cosecha. El tema es ‘pegarle’ a la uva, y luego ‘simplemente’ acompañar el proceso de fermentación y crianza”. Por si el concepto no queda claro: “el mejor vino que hagamos será más simple enológicamente, y con una complejidad aportada puramente por la uva que encontremos”.
A nuestra charla le llegó el turno a la criolla, segunda etiqueta que salió a la cancha de Cara Sur. Un verdadero redescubrimiento. No recuerdo otra igual entre miles de etiquetas finas que inundan el mercado. La cosechó de una finca de 20 has, pero este año descubrió un nuevo parral cercano y pudo vinificar 10.000 kg más. Si bien los diferentes sectores suelen tener distintos puntos de maduración, en este 2016 tendió a ser bastante pareja. Pacho me contó que “La criolla naturalmente tiende a tener la acidez volátil más alta que las variedades finas que normalmente vinificamos; si la dejás madurar, lo hace sin deshidratarse con un alcohol potencial de 18°, pero nuestra búsqueda es cosecharla en otro punto que no tiene nada que ver: debemos cosechar más temprano y elaborar en un medio cerrado para proteger lo más posible de la volátil; pero a su vez tiene otros beneficios al momento de la elaboración, porque el hollejo y la semilla suelen separarse fácilmente del liquido, es cómoda para trabajar. Seguramente a nuestros abuelos les facilitaba en el momento de la elaboración artesanal. Además rinde bastante más que las variedades finas en fermentación: por ejemplo, de 800 kg de criolla, puedo llegar a sacar 600 l de vino; mientras que de otras variedades obtengo 500 l”.


Mientras me contaba todo esto, Pancho agregó que todo lo descubrió con la experiencia del trabajo año a año. “En este 2016 la criolla tendrá aproximadamente 13°, casi un grado menos que en la cosecha anterior. Tendremos un vino más fresco que el pasado; esto tiene que ver con el clima, que fue bien fresco al final de la maduración, lo cual colabora con una maduración más lenta”.

No pude evitar consultar si en la región sufrieron las mismas cantidades de lluvias que azotaron recientemente a buena parte de Mendoza. Y él me contestó: “A pesar de estar relativamente cerca, Barreal es bastante diferente a San Juan y Mendoza; aquí no hubo lluvias”.
Cuando le confesé mi sorpresa acerca de que recién ahora empecemos a tener conocimiento de un lugar de altura en el que desde hace muchos años se cultiva uva, él me dijo, casi con bronca, que “San Juan castigó a este lugar, desde los caminos para llegar, hasta el punto de publicar en medios locales que por las heladas Calingasta no es zona apta para la vitivinicultura”.
Con estos vinos, las pruebas de que esto no es así están a la vista. Probé bastante más dentro de la bodeguita: había vinificaciones de malbec de diferentes parajes, syrah, moscatel y rosados —hasta donde recuerdo—. Está confirmado que el syrah 2016 saldrá al mercado este año. Me traje una muestra de malbec 2015 de La Puntilla, que nunca salió a la venta, y que me encantó, lo cual me confirma el potencial de la región. Con respecto al moscatel, el año pasado ya habíamos tenido una partida muy limitada de uno negro que por sus características lo ubico como un “fuera de serie”, el cual creo que repetirá. En la 2016 Pancho también apunta a un moscatel blanco con intenciones de hacer uno macerado (naranja), y otro no; tarea difícil en una bodega tan artesanal: evitar las oxidaciones, sobre todo cuando en el proyecto es esencial hacer vinos naturales, con la mínima intervención: “vino de uva y nada más”, dijo con orgullo Pancho.
Paralelamente al crecimiento de Cara Sur, está empezando a resurgir la parte vitivinícola en la región. Hay gente plantando viñedos, y cada vez más inversiones: “sería bueno que en el tiempo esta actividad siga creciendo. No será tan rentable como otras actividades, pero es sustentable; eso sí, a diferencia de otras, requiere mucha mano de obra”, me comentó Pancho.
Según me contó, dentro del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) Pancho está llevando adelante un proyecto junto a otros productores vecinos, con intenciones de hacer un trabajo que tiene que ver más con lo social: “la idea es que la gente tome más vino del lugar, que acompañe desde la producción el trabajo de finca, que se involucre, que lo sienta propio”.
Además, en los últimos años asesora cada vez más proyectos en la región, algunos grandes, pero nunca pierde el foco para tenerlos alineados con los más pequeños o con el propio. Incluso, supongo que al conocer a fondo más lugares, tendrá cada vez más precisión sobre qué puede ofrecer cada uno de ellos. Recordemos que en la región son aproximadamente 160 las hectáreas plantadas, de las cuales las más antiguas son 30 y están en parrales. Precisamente allí Cara Sur concentra el 80% del proyecto.
Mi visita a Barreal coincidió con el Domingo de Pascua y duró apenas un día. Fui desde Potrerillos (Mendoza), desde donde viajé 168 km de ruta, de los cuales 30 fueron de ripio. Cerca del mediodía, comencé mi jornada visitando a Andrea y a Juan Pablo, un matrimonio de productores artesanales de la región que hacen un vino llamado Constelaciones, a quienes les presentaré más adelante. El encuentro con Francisco “Pancho” Bugallo fue ni bien entrada la tarde y terminó cerca de la medianoche. No se extendió más porque a la mañana siguiente, muy temprano, debía emprender mi regreso hacia Buenos Aires, que duraría entre ruta y autopistas cerca de 14 horas. Tiempo suficiente para procesar a fondo todo lo vivido, que tan “fresquito” llevaba en mi memoria, y que desde mi humilde experiencia me permite llegar a algunas conclusiones.
Cuando uno charla con productores y comparte sus vinos, puede o no encontrar un hilo conductor: el lugar, las personas, sus historias o filosofía de vida. Cuanto más nítido se percibe ese hilo conductor, más personalidad tienen sus vinos o el proyecto en sí. Así como Pancho decía que la diferencia está en el valor agregado, “en el trabajo de viticultor”, en el eslabón de esta cadena que me toca estar, y que me da la posibilidad de probar gran variedad de vinos, la coherencia entre el vino, su hacedor y el lugar es lo que hace que un proyecto sea único y pueda traspasar la vara del muy bueno, a la que por suerte ya muchos vinos de nuestro mercado han llegado. Ese es el valor agregado que destaco cuando pruebo los vinos de Cara Sur, y descubro absoluta coherencia entre ellos, las personas que lo hacen y el bello lugar que es Barreal.




viernes, 4 de marzo de 2016

Eclat: otra manera de disfrutar del vino espumante


¿Cuántas veces pensamos en la guarda de los vinos espumantes? Después de degustarlos, ¿los imaginamos en el tiempo de igual manera que cuando nos cruzamos con un tinto que promete, de esos que nos terminan tentando a comprar una o dos cajas para no perdernos su evolución en el tiempo? Percibo que tocaré un tema que gran parte de los consumidores de “vinos espumantes” no se había cuestionado hasta el momento.

En su reciente visita a Buenos Aires tuve la oportunidad de conocer a Alexander Penet,
enólogo y propietario de La Maison Penet, una casa con más de cuatrocientos años de
historia en la elaboración de champagnes en Francia, y que desde hace algunos años lleva
adelante un proyecto en conjunto con Bodega Caelum. Esta última, ubicada en Luján de
Cuyo, es propiedad de la familia Pimentel y está conducida enológicamente por Giuseppe
Franceschini. 




Ambas elaboran en sociedad los espumantes Eclat siguiendo las técnicas francesas. Por el
momento, hay dos líneas: un  Eclat Extra Brut  y un  Eclat Extra Brut Reserva  (48 meses
sobre lías). A partir de ahora creo que no puedo obviar los años de cosecha de cada uno,
porque fue precisamente el hecho de degustar a la par el Extra Brut 2010 y 2011 lo que me
motivó a compartir esta nota. Además de percibir las diferencias y los puntos en común
entre ambos, logré entender el potencial que tienen estos productos. Considero que ése fue
el punto más importante: la impresión similar a la que nos regalan algunos buenos vinos, la
de poder imaginarlos en el tiempo y –por qué no– la de empezar a soñar con una vertical de 5, 10 o 15 años.


¿Cuál es la garantía de que estos productos tendrán larga vida por delante? Si bien la ficha
técnica me asegura un mínimo de 36 meses sobre lías, y todos conocemos la importancia de su aporte –no sólo desde lo aromático sino también en cuanto a la estructura que le brinda al producto–, en mi humilde opinión, al igual que con cualquier vino, la degustación es la que más habla. La acidez, la tensión y el largo de boca que presentaron me lo dicen todo. El 2011 es de una frescura exuberante y amigablemente descontrolada, quizá lejana al gusto preferido de un consumidor promedio. Ahora bien, cuando lo comparo con el 2010 y veo cuánto   ganó   este   último   con   sólo   un   año   de   guarda,   además   de   crecer en   boca   y notoriamente   en   expresión   y   complejidad,   noto   que   aquella   acidez   comienza   a transformarse en el aliado perfecto para ese crecimiento. Nada me da para pensar que con una cuidada guarda, en los sucesivos años, esa sociedad corra algún riesgo.


Empiezo a tomar conciencia de la importancia de conocer el año de cosecha, al menos en
este tipo de productos. Alex aclaró que en las contraetiquetas de los champagnes de La
Maison   Penet,   además   del   año   de   cosecha,   también   figura   la   fecha   del   degüelle y embotellado, ya que los considera datos importantes para que cada comprador los conozca y pueda elegir con mayor precisión el momento de su consumo.
Aquí las góndolas están inundadas de vinos espumantes. Buena parte de las bodegas tienen alguno en su porfolio. No digo que es imprescindible que todos anuncien en el frente su año de cosecha, ya que la mayoría fueron pensados para el consumo inmediato y, al mismo tiempo, el   consumidor los  compra sabiendo que va a beberlos en un corto plazo.

Sin 
embargo, por lo visto, en nuestro país empiezan a asomar otros productores, más inquietos, que son conscientes del atractivo resultado que pueden aportarle los años de guarda a los buenos vinos, en este caso espumantes. Si bien en algún punto puede tocarles pagar el costo de ser diferentes, pienso que será el tiempo, sinónimo de crecimiento y complejidad, quien les dé finalmente la razón.

Me compro una caja de 2011, descorcho una botella y brindo por 
estos productores. Las otras botellas me las guardo pensando en la vertical del 2025

viernes, 8 de enero de 2016

"El Señor de los Vinos" Por Diego Migliaro

Estimados, a continuación les comparto parte de una nota que se titula "El Señor de los Vinos" y que escribió Diego Migliaro en su blog Mi Lado V-  Para leer la nota completa en su sitio AQUI.


Para leer  la parte de la entrevista a continuación:

DM: Musu, ¿Cómo nació Mr. Wines?

FM: Comercializo vinos a través de la web desde principios del 2007, y desde el 1 de octubre del 2014 tengo mi local para recibir al público, el cual ya muchos conocen, con exposición para vinos y espacio para degustación. Desde siempre mi criterio en la elección de etiquetas privilegió ante todo la calidad, en especial de las poco masivas, enfocándome más en vinos de enólogo, proyectos boutique o de partida limitada.

Si hago un viaje más hacia atrás en el tiempo, veo que todo comenzó muchos años antes. De no haber recorrido ese camino de “consumidor inquieto” y apasionado por conocer, viajar, relacionarme con productores, involucrarme para entender mejor el mensaje de cada uno de ellos, y a su vez disfrutar comunicándolo, nada hubiera resultado como se desarrolló.

Descubrir que existen otros vinos, desconocidos para una media de consumidores, disfrutar de compartir esos hallazgos y estar tan convencido de ellos fue lo que me motivó a empezar a comercializarlos.

Contestando a tu pregunta, así nació Mr. Wines. Lo más lindo de todo es tener absoluta libertad al momento de seleccionarlos, pero con un único compromiso hacia quien pague para llevar esa botella, que cuando la descorche viva la misma buena experiencia que me hubiera gustado vivir a mí. Como te dije, primero fui consumidor, así que conozco mejor que nadie ese instante al degustar, que puede variar entre emocionante, divertido, de felicidad o de desilusión.

DM: Consumidor inquieto, comunicador, “curador” en términos de arte. Pero más allá de cómo te parás frente a él, más allá de representar tu fuente de trabajo, ¿qué es el vino para vos?

FM: En mi caso el vino reúne muchas cosas maravillosas que posiblemente otra persona también pueda disfrutarlas en diversos ámbitos de su vida, como podría ser un evento social, la pasión por un hobby, la dedicación al trabajo o la necesidad de crecer en conocimiento sobre un tema que te interesa mucho. Imaginate que todo eso para mí confluye en el vino. A su vez, esa fusión es como que intensifica el resultado y el disfrute. Llevándolo al terreno de la enología, y en términos que algunos conocemos, sería como una “cofermentación de diversas variedades de uva”, que si se hace con las condiciones ideales, todo se potencia y por supuesto para bien. Mencionaste “fuente de trabajo” en la pregunta; en mi caso se funde con un estilo de vida que está estrechamente relacionado al vino, y el que no puedo imaginar de otra manera.

DM: Tus inicios comerciales fueron en el 2007, pero como muchos, tu relación con el vino trae más historia. Si tuvieras que nombrar sólo uno que te haya marcado en ese recorrido, ¿cuál sería esa etiqueta? ¿Por qué?

FM: Por suerte sobran vinos maravillosos y momentos únicos para enumerar. Esta actividad suele “malcriarnos” con ellos, y a veces hasta con el hecho de compartirlos con sus hacedores mano a mano.
Pero quisiera rescatar uno y, precisamente, fue la primera vez que ante una copa de vino descubrí que verdaderamente se trataba de una bebida especial.
Encontré en ese vino aromas, sabores y placer que hasta ese momento no había percibido nunca en los diez años que ya llevaba como consumidor. Fue como una puerta desconocida que se abrió y que inmediatamente me tentó a entrar y a empezar un camino del que nunca me quise bajar ni detener, y en el cual ya llevo alrededor de quince años.
El vino en cuestión era un Patrón Santiago Cabernet Sauvignon 1999, de Bodega López López, y lo probé en el Café Concert del Club del Vino de la calle Cabrera, en la presentación de la Selección Especial del Mes del Club. Aún tengo grabados aquellos aromas que recordaban a jalea, especias, confituras, y una persistencia en boca que superaba ampliamente cualquier registro de lo bebido que llevaba hasta el momento. Desde allí nada volvió a ser igual: necesitaba probar más vinos, así que la única manera era armar un grupo de cata, iniciativa que me llevó a conectarme con mucha gente con el mismo interés que yo. Esto surgió sobre todo para crecer como consumidor, algo que te comenté al respecto en la primera pregunta.

DM: ¡El Club del Vino! Creo que todos guardamos algún recuerdo como el tuyo de aquellas épocas. Pero volvamos a 2015 y te propongo que miremos hacia adelante… Desde tu perspectiva, ¿cómo ves el mundo del vino argentino a futuro?

FM: Fue muy clara la evolución que hubo, en diferentes aspectos, en el nivel de los vinos argentinos, la cual (tal como me tocó vivirla), dividiría en dos etapas. Pero como me consultás sobre el futuro, te detallaré sólo la segunda, que comenzó hace algunos pocos años, cuyos resultados positivos, por suerte, se van viendo gradualmente.

A pesar de haber logrado un nivel de calidad muy bueno, cada día son más los productores que abren el juego, corriéndose del modelo estándar de vino, el que buscamos y privilegiemos durante una década, y que de alguna manera terminaron unificando el estilo, y por ende, el gusto del consumidor promedio.

A continuación, te comento algunos cambios que se fueron desarrollando. Estoy seguro de que, en la medida que se intensifiquen, colaborarán a que la industria, los consumidores y nuestros vinos crezcamos a la par:

-Como principal observación, una tendencia a hacer vinos más frescos. Esta virtud se encuentra también presente en los vinos más concentrados y con crianza; por supuesto que dicho atributo también colaborará en la longevidad de los vinos, y además permitirá, si el consumidor lo prefiere, no tener que esperarlos demasiado tiempo en botella para que se “redondeen”, y así poder empezar antes a disfrutarlos. Es decir, que la “ventana para el descorche” será claramente más amplia.
- Otra destacada tendencia es la de menor uso de la madera; y en los productores que la siguen usando con consideración, suele estar siempre en equilibrio y bien integrada. Ya no existen más esos vinos “flacos” aplastados por el roble.
- Si bien durante mucho tiempo pensamos sólo en malbec, cada vez son más los productores que se inclinan por elaborar otras cepas, y no necesariamente tienden a ser las de mayor calidad enológica. Esta búsqueda continuará en alza.
- Cada vez hay más vinos “de corte” (blends), tanto tintos como blancos; se jugará cada vez más con la combinación de cepas, con el claro fin de lograr nuevos matices.
- Poco a poco se va abriendo más la cancha a rosados y blancos. Creo que los productores deben ponerle la misma energía y creatividad que le ponen a los tintos, dado que hay un nicho de consumidores que cada vez los buscan y valoran más.
-  A los tanques de acero y barricas de 225 litros, se sumaron nuevos tipos de vasijas para la elaboración y la crianza: huevos de concreto, piletas sin revestimiento de variadas formas, ánforas, toneles, barricas de 500 litros, roble sin tostar. Todas estas variables impactarán de alguna forma en el resultado final de un vino. No debe sorprendernos que se sigan sumando alternativas; si aún no existe, por curiosidad no faltará uno que la invente.
- Trabajar y entender cada vez mejor la finca genera una confianza que inspira al productor en optar por utilizar las propias levaduras indígenas de la uva en el momento de la fermentación. Esto, desde luego, aportará un distintivo al vino. Ante tanta competencia, pequeñas cosas que puedan marcar una diferencia serán cada vez más necesarias para distinguirse.
- Día a día más productores se atreven a jugar con diferentes prácticas en las fincas, durante las vinificaciones y en la crianza, coqueteando con lo extremo en algunos casos. Si bien los resultados muchas veces no terminan siendo del agrado de los consumidores más conservadores, a pesar de ello, considero que tan valiosos como sus vinos es que su coraje y convencimiento pueden terminar resultando disparadores de ideas para otros colegas.
- Si bien nuestra historia haciendo vinos de alta calidad es corta, hay grandes vinos que hoy ya pueden “plantarse”, hacer una cata vertical de 10/12 años y quedar todos muy bien parados a la fecha. Esa historia que esos vinos están dispuestos a escribir se potenciará dentro de una botella magnum (1,5 l). Los consumidores que conocen cada vez valoran más guardar para ver cómo envejece un vino; por ende, esta medida de envases, ideal para la guarda, cada vez será más buscada en los vinos que lo merecen.
- Si bien en los últimos años las alternativas de etiquetas de espumosos y tardíos aumentaron considerablemente en la góndola, creo que en este tipo de vinos aún estamos “en pañales”; ni hablar si intentáramos pensarlos para la guarda. ¿Será que el primer paso debería ser trabajar en hacer blancos que puedan crecer en botella? Lo cierto es que el consumidor está lejos aún de pensar en blancos para la mediana/larga guarda. Quizás sea el momento para que las dos partes empecemos a bucear en la búsqueda de ese mundo. Sospecho que ese momento está comenzando ahora.
- En el último año hice al menos cinco verticales completas de grandes vinos con al menos diez añadas. En la mayoría de ellas se vio claramente un cambio gradual a vinos más frescos, un cambio que se produce promediando el 2010. Ahí la división de etapas que hice al comienzo, promediando el 2010, año más año menos, empieza la segunda etapa. Esto se verá claramente cuando, dentro de una década, hagamos verticales de 20 años, y se notará cierta diferencia entre los estilos de los primeros en comparación con los últimos.
- Si se intensifican la mayoría de los puntos anteriores, se acentuará sin dudas la diversidad en nuestros vinos, entre ellos y con respecto a los del mundo. Muchos de esos puntos también colaborarán a que se exprese de la manera más genuina el terroir, o como quieran llamar al lugar de donde provienen. Esto llevará años, décadas, pero lo importante es que ya se comenzó a trabajar seriamente allí, y que este entusiasmo por tratar de mostrarlo también se contagiará entre los productores. Algunos que durante años elaboraron vinos siguiendo el modelo exitoso que sigue la mayoría, ahora tratarán de acentuar aquello que lo diferencia hasta del que tiene más cerca.

 - Queda claro que cuando enumero los puntos anteriores, lo hago pensando en vinos de alto nivel, vinos que llegan a un nicho del mercado, y que posiblemente sean los que terminen mostrando hasta dónde puede llegar nuestra industria en calidad. Esas relativamente pocas etiquetas, que terminarán siendo para un núcleo acotado de público, creo que se tienden a comunicar diferente; porque son vinos especiales, y hay que llegar a quien tiene curiosidad por éstos. El contacto directo y espontáneo que brindan las redes sociales, sobre todo Facebook y Twitter, colabora mucho a que ello ocurra, y creo que con el transcurrir de los años cada vez estas redes serán más necesarias. Algunos ya lo entendieron, pero a quienes creen que sólo alcanza en concentrase en el producto que está dentro de la botella, les cuento que este valor agregado de la cercanía entre el productor y el consumidor también es importante al momento de la venta. Además, es en la web donde, paralelamente, la opinión de comunicadores amateurs, bloggeros o consumidores bien calificados en aplicaciones y foros especializados tienen cada vez más relevancia cuando los consumidores buscan una opinión genuina.

Algunas conclusiones

Todos los puntos que enumero ayudarán a que más consumidores se acerquen al vino y de una manera fiel, duradera (no de moda); porque, contrariamente a lo que ocurrió en la década de los ‘90, ahora los vinos que tienden a ser más bebibles y amigables serán mejor recibidos por los nuevos consumidores. A los más experimentados, les seguirán “lloviendo” las nuevas etiquetas, dado que cada vez hay más variedad en las propuestas que nos llegan. Somos, sin dudas, el sector más beneficiado: es imposible aburrirse.

Ahora llega la parte más complicada: no hay lugar en el mercado local para tanta cantidad de marcas de vino. Por lo tanto, con los años sólo quedarán quienes hayan cumplido con buena parte de lo que enumeré más arriba, y quienes tengan al día la variable relación precio/calidad, al menos de correcta para arriba.




martes, 8 de diciembre de 2015

CoProVi: “La cosecha del año en los Valles Calchaquíes”




CoProVi, Consejo de Profesionales Vitivinícolas del NOA, con el objetivo de mostrar los vinos de la cosecha en los Valles Calchaquíes, organiza desde hace nueve años una degustación con los que para ellos son los más representativos de la “región” año a año. Es la segunda vez que participo de este evento. La primera había sido en el 2013. La que voy a detallarles a continuación fue la reciente edición, que se realizó el 14 de noviembre pasado, en Patios de Cafayate, el pintoresco hotel perteneciente a Bodega El Esteco.

                                         


Para que tengan una idea sobre esta cata, asistieron alrededor de 250 invitados, entre agrónomos, productores, comunicadores, sommeliers, comerciales y aficionados al vino, quienes llegaron especialmente desde diferentes puntos: Salta Capital, Tucumán, Mar del Plata, Córdoba, Buenos Aires, Bolivia. Una vez terminado el evento, me dejó una feliz sensación: además de cumplir muy bien con su objetivo inicial, sospecho que a futuro podría ser un buen disparador para que otros productores de diversas regiones de nuestro país lo tomen como modelo; sobre todo hoy en día, en que al momento de elaborar un vino se busca dejar bien al descubierto el lugar o “terroir” de donde provienen sus uvas.





El evento fue organizado y conducido por sus propios protagonistas; es decir, los mismos encargados de elaborar cosecha a cosecha los vinos fueron quienes convocaron y estuvieron al frente de la cata. Además de hacerla bien descontracturada, entretenida e instructiva, hicieron participar todo el tiempo a los presentes. Como detalle de color, hubo espacio hasta para el momento emotivo con el reconocimiento a Néstor Valentín Ramírez, viñatero más antiguo de la zona.


A continuación detallaré mis impresiones sobre los vinos. Cada muestra fue preparada por los organizadores especialmente para la ocasión, con vinos 2015 de las diversas bodegas de los Valles como componentes. Resalto que no se mencionó en ningún momento los nombres de las bodegas. Simplemente, cuando se hacía referencia a cada variedad, siempre se presentó como “lo más representativo del lugar”.




Los vinos


En cada edición los organizadores siempre aprovecharon la ocasión para mostrar el desarrollo de diferentes cepas. Mientras en la 2014 hubo bonarda y cabernet franc, en esta oportunidad les tocó el turno al merlot y al pinot noir; ambos muy buenos exponentes a pesar de ser variedades poco habituales por esos pagos. Creo haberlos puntuado entre 88/90 pts. Dejaron en claro que se puede y que seguramente con trabajo se seguirá creciendo con la calidad de estas cepas. 


¿Qué más decir del cabernet y del tannat? Es indiscutida la expresión que logran estas variedades en los Valles. Creo que año a año, gracias a la búsqueda por los vinos más frescos, éstos irán ganando en afinamiento con el transcurso del tiempo de crianza en botella. Ya no son más los vinos pesados, un tanto sobremaduros, piracínicos o con esa nota de morrón asado exacerbado, que necesitaban de años de botella para redondearse y ponerse amigables. Hoy sus aromas especiados son mucho más refrescantes y se muestran de manera más moderada, como salvajismo que se fue educando en búsqueda de elegancia. Además, opino que el hecho de que sean más bebibles colabora para que la “ventana” para su consumo sea mucho más amplia. Por un lado, es posible comenzar a beberlos más pronto; por el otro, la columna que aporta la mayor acidez colaborará a que se sostengan mejor en el tiempo, en caso de guarda.


Al momento de las cepas más representativas de nuestro país —el torrontés y el malbec— los muchachos tuvieron una buena idea, porque consideraron que para mostrar su versatilidad serían necesarias tres vinificaciones de cada una, y con estilos muy diferentes entre sí. 


De las tres versiones de “torro”, una fue la más cercana a la ya conocida, pero con una vivacidad extra seguramente producto de un grado alcohólico más bajo, algo no muy habitual sobre todo algunos años atrás. En esa época los vinos de esta variedad, si bien solían ser bien sabrosos de jóvenes, en boca tendían a ser un tanto planos y por ende a caer rápido por carecer de acidez. Otra de las versiones presentadas ya era más compleja desde lo aromático, porque poseía crianza en roble, sumamente bien integrado, el cual no opacaba en lo más mínimo el carácter varietal; podríamos resumirla en todo lo exótico del “torro”, pero dentro de un estilo más internacional. La última de las muestras fue uno criado en huevo de concreto, con levaduras indígenas y una elaboración que podríamos definirla más natural o con menor intervención. Aquí encontré un atractivo volumen en boca, y se destacaron ciertos tonos más minerales, de piedra, quizás cal; éstos tal vez tengan que ver con el material del recipiente donde fue vinificado y criado. 

En resumen, me encantaron los tres. Todos se mostraron equilibrados, y claramente cada uno lo combinaría con diferentes platos u ocasiones. Disfruto de la diversidad, confío en que si siguen buscando podrán encontrar buenas y nuevas variables.


Históricamente los malbec de la zona, a mi gusto, siempre los ubiqué por detrás de sus vecinos cabernet y tannat, pero creo que en estos últimos años la expresión de nuestra cepa insignia está nivelando para arriba y acercándose a la expresión casi naturalmente lograda por los ya mencionados. Para el malbec también fueron tres las muestras, sin olvidar que eran todos 2015. Se mostraron con diferentes grados de carga en boca, intensidad; claramente, tres destinos u objetivos diferentes, pero todos muy buenos. Otra vez el denominador común clave fue que todos tenían muy buena acidez, inclusive el último que, a pesar de ser una “bomba” cuya fermentación se había realizado en barrica hacía unos poquitos meses, en su paso por boca era “agradablemente arrollador”. Si la memoria no me falla, lo puntué con 95 pts.; por su potencia y profundidad en el color, imagino que podía provenir de las zonas de mayor altura de los Valles. Las otras versiones, si bien no tenían crianza en madera, eso no impedía que tuvieran un carácter especial, sobre todo la segunda muestra, a mi gusto uno de los vinos de la noche.

Hablando de altura, me estaba olvidando de comentarles el sauvignon blanc, que valga la redundancia lo hizo “bien arriba”. Esta variedad, que hace una década nos costaba imaginarla por el NOA, desde las últimas cosechas lentamente se viene consolidando y ofreciendo exponentes. Lo que más rescato, más allá de su calidad, es que la altura le aporta una personalidad única, la cual lo diferencia de los cientos de buenos exponentes del resto de nuestro país. Estimo que a ciegas se reconoce fácilmente un sauvignon blanc de los puntos más altos de los Valles, por su volumen y sus notas que tienden a los herbales, o vegetales que pueden recordar al espárrago, arvejas, etc. Qué valioso es ello cuando estamos hablando de que queremos encontrar el terroir en la copa. Otro punto interesante es que creo que estos vinos pueden tener una buena crianza en botella: podrán evolucionar, ponerse complejos; el tiempo dirá, pero confío que así será.




Reviso mi nota luego de aquella visita a CoProVi 2013, y compruebo que se repiten muchos puntos positivos, como por ejemplo el de la búsqueda por los vinos más frescos y bebibles. Aprovecho para destacar algunos que, en mi humilde opinión, creo que mejoraron: los malbec me dejan cada vez más satisfecho; las cepas alternativas muestran una mejor adaptación, como si fuera más natural. Ningún vino parece forzado a ser algo que no es. En general, me pareció lo mismo en todos. Como consumidor es algo que valoro mucho y creo que es un punto importante a respetar si lo que desea el productor es mostrar el lugar. 

A nivel evento, vale destacar que el número de invitados creció, de 180 en el 2013 a 250 en la 2015. Con respecto a los jóvenes organizadores, quiero destacar que los encontré mucho más sueltos y cómodos desde la conducción, disfrutando plenamente a la par del público. Lo mismo sucedió con los vinos, que fueron “ellos” y no intentaron fingir ni mostrar algo que no son. Imaginen que, aprovechando mi visita a Cafayate, también recorrí algunas bodegas para ver las nuevas vinificaciones y comprobar que mucho de lo que encontré en ellas fue coherente con el estilo de vinos y búsqueda de los que encontré en el tasting de CoProVi.


Los invitados

Fue un lujo que entre los invitados se hayan encontrado Roberto de la Mota y Daniel Pi, ya que desde el asesoramiento o dirección ambos están relacionados a varias de las bodegas de la región. Fueron muy generosos al momento de participar desde el micrófono, compartir experiencias, brindar data y opinión. 
Por otro lado, una pena que no hayan estado presentes otros profesionales de los Valles, muy reconocidos por sus vinos y porque ya llevan bastantes años en el lugar, y son sinónimo de Cafayate y del torrontés. Creo que sería muy valioso para todos que la próxima también se sumasen a esta iniciativa pensada de manera genuina para el crecimiento de la región.




Conclusiones

Creo que este evento debería tener más repercusión en los medios. Quizás por la distancia y por el hecho de que se hace tan a pulmón, no logre cobrar la trascendencia que merece, no sólo pensando en todo lo que aporta al NOA en sí, sino imaginando lo que puede aportar a nivel país. Suele pasar muchas veces con los vinos, con la innovación o con aquellos que se atreven a más, que cuando son exitosos generan en pares nuevas ideas y así, sucesivamente, se va contagiando al resto. Hay que poner foco en la idea de CoProVi, un evento 100% representativo del terroir y de lo que se está gestando en los Valles, que, de haber contratado al mejor conductor profesional de Salta para el evento, hubiera perdido la esencia que le dieron esos muchachos al momento de pararse al frente de la concurrencia para mostrar el presente de los Valles Calchaquíes. Por si no queda claro: además del clima, el suelo y todos los etcéteras, el hombre también es parte del terroir.

En ningún momento lo comenté, pero debería decirles que los principales responsables de que el evento de CoProVi venga creciendo con intensidad en estos últimos años son Paco, Marianito, “el Rafa”, Ale y Claudio. Creo que ellos son los que menos se molestarán si no menciono sus apellidos, ni los nombres de las importantes bodegas para las cuales elaboran reconocidas y excelentes etiquetas. Hoy el único protagonista es el vino de los Valles. Felicitaciones, muchachos, por entender que la unión, el compartir y el “tirar para el mismo lado” es el único camino para seguir creciendo, y por ende para que crezca nuestra vitivinicultura a nivel país. ¡Aguante CoProVi!


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