sábado, 19 de noviembre de 2016

#EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016 (1ª Parte)


Quienes somos fanáticos del vino solemos caracterizarnos por esa constante inquietud de conocer e interiorizarnos cada vez más acerca de lo que bebemos. Cuando compramos y probamos un vino, nos gusta imaginarnos cómo será su vida en el tiempo, si debemos seguir guardándolo o no, su potencial, entre otras cuestiones. Adelantarnos a lo nuevo y tener la posibilidad de probar en anticipo aquello que aún no salió nos lleva a imaginar lo que vendrá; a la vez que alimenta nuestras expectativas, también le suma experiencia a nuestro conocimiento. Para crecer como consumidores de vinos, las “horas de vuelo” que pasamos degustando son tan o más importantes que la teoría.
Por ello mismo, con las intenciones de ver qué nos ofrecerán los vinos de la cosecha 2016, hace algunas semanas realizamos #EnPrimeurEnMrWines, una mini-feria donde diferentes productores de nuestro país acercaron más de cuarenta muestras de vinos, de los cuales, excepto uno, ninguno estaba a la venta aún. Lógicamente, todos se encontraban en diferentes instancias de su elaboración o crianza: mientras algunos estaban ya casi listos, a buena parte le faltaba al menos un año

Fusionando mi rol de organizador del #EnPrimeurEnMrWines, y otro poco como uno de los más de ochenta degustadores que se acercaron durante el transcurso de todo un sábado a probar cada una de esas primicias, trataré de compartirles mi experiencia del evento junto a algunas conclusiones personales. En una segunda parte de la nota, estarán los resultados de una encuesta realizada con multiple choise, que respondieron el 35% de los participantes, y cuál fue el impacto en Twitter, la red social que utilizo para comunicar buena parte de mis actividades relacionadas al vino.
A pesar de que los productores suelen ser algo reacios a mostrar los productos sin terminar, fueron dieciocho los que aceptaron la propuesta. Al mismo tiempo, los consumidores que participaron de la degustación también eran conscientes de que se encontrarían con vinos que, en su mayoría, estarían –como suele decirse– “crudos”. Sin embargo, creo que las expectativas de los consumidores fueron superadas, porque hubo bastante, bueno y, sobre todo, bien variado.



Mi pedido original a los productores fue que, además de vinos del año, aprovecharan esta oportunidad si tenían algo nuevo o diferente para compartir. La respuesta fue excelente: no faltaron las zonas nuevas, las cepas no tradicionales, los vinos base para espumoso, blends poco habituales, jóvenes “a punto de salir a la cancha”, alta gama que verá la góndola no antes de los dos años, futuros componentes de etiquetas sin definir; hasta tuvimos la oportunidad de conocer un proyecto nuevo que aprovechó el evento para mostrarse en exclusiva.
Algunas impresiones propias
En líneas generales, todos los vinos me dejaron muy conforme con respecto a su calidad. La variedad que les detallé colaboró a que el evento sea sumamente entretenido en cuanto a diversidad.
Cada vez más productores apuestan a otras cepas: nebbiolo, garnacha, roussanne, marsanne, chenin. Lo más llamativo fue que, además, los concurrentes las estaban esperando de una manera especial. Cada vez se genera mayor expectativa ante lo nuevo o poco conocido.



Poco a poco más productores “le ponen fichas” al petit verdot como varietal. Casualmente –o no–, los tres que tuvimos oportunidad de probar fueron con muy buenos resultados. De cosechas anteriores ya conocidos, eran el de Gauchezco y el Natal de Alpamanta. Ahora se sumó uno de Calamaco, aún con destino incierto; por su carga, lo imagino componente de algún alta gama, aunque podría salir así “puro” tranquilamente; personalmente me gustó.
Cada vez más productores se entusiasman con la parte alta de San Pablo(1.450 msnm), aportando otros matices a lo que ya conocemos que nos entregan los vinos de las diferentes regiones del Valle de Uco  (Mendoza). Seba Zuccardi y Ariel Angelini, dos enamorados de esa zona, nos acercaron sus respectivos malbec: perfumados y sutiles en nariz, filosos en boca, y sumamente representativos del frío extremo del lugar, del cual ambos hacen hincapié en su potencial.
En un escenario de consumidores inquietos, los blancos siguen ganando protagonismo. Fueron muchos los enófilos que se acercaron al evento para probar primicias como Geisha de Jade, Revancha Chenin o el nuevo semillon de “Juanfa” Suarez. No fueron menores las ganas de probar las nuevas añadas de los ya conocidos Mendel Semillon, El Relator SB o el Bacán Reserva SB. Efectivamente, los buenos resultados a los que nos tienen acostumbrados sus añadas anteriores generaron expectativas extras en esta 2016. 

Otras de las sorpresas fue la base de chardonnay que presentó para un futuro espumante la gente de Tajungapul, de haber estado embotellada para la venta, nunca llegaría a convertirse en “burbuja”, ya que para la mayoría resultó una delicia tal como se encontraba; sutilezas, frescura, tensión, de menor ancho y más lineales en boca, mayor proyección o capacidad de guarda, fueron algunos de los atributos destacados en la mayoría de los mencionados.


Gualtallary participó con varios exponentes en el #EnPrimeurEnMrWines. Algunas de las vinificaciones fueron aportadas por el “Japo” Mauricio Vegetti; quien presentó, entre otros, diversos malbec, un “chardo” y un cabernet sauvignon, mientras destacaba que para él este año la zona fue de lo mejor, y sus muestras lo confirmaban. Del mismo lugar, también participó un Appellation Malbec de Las Hormigas, que claramente sigue profundizando cada vez más en la búsqueda del terroir. Es en la boca donde más habla el vino, y más allá de los aromas, lo expresa a través de sus texturas en el paso. En lo personal, vuelvo a confirmar a Gualtallary como una de esas zonas que tienen un extra para entregar y muchas veces marcar la diferencia. En este sentido, el productor no debe desaprovechar la oportunidad de dejarlo expuesto; el “Japo” y “Leo” Erazo, cada uno a su manera, evidentemente trabajan para ello.
Los blends siguen ofreciendo su atractivo. Los hubo en diferentes categorías, y supieron salirse de lo tradicional, además de gustar: co-fermentación syrah/ancellota de Los Toneles, por Pablo Bassin; y un Sy/CS/CF/PV también co-fermentado pero esta vez en barrica y por  Juan Ubaldini para El Equilibrista Wines, también anduvo muy bien.
Desde hace algunos años los vinos del Valle de Uco parecieran ser siempre los que se llevan más elogios. En una opinión personal, creo que algunos vinos de otras zonas cuando más los disfruto es cuanto más desnudos los encuentro. En este evento me ocurrió eso con los de la línea Natal de Alpamanta, con el bonarda de Agrelo que aportó Rogelio Rabino (Kaiken), con el malbec de Mayor Drummond, de Roberto de la Mota. Estos últimos tuvieron el plus de ser viejas viñas orgánicas, un valor agregado que se percibe, y está bueno dejarlo al descubierto para que se aprecie mejor.
Fue grato descubrir el potencial de nuevos lugares como Uspallata, donde el “Colo” Sejanovich sacó su primer malbec, con unos tonos aromáticos bastantes diferentes a cualquier par de altura mendocino. Seguramente hará mucho ruido cuando salga al mercado, porque lo hizo la tarde del evento. Si la primera añada es así, me imagino dentro de 10 años a esta nueva zona figurando entre las más mimadas. Además, me confirma lo bien recibidos que son los vinos cuando tienen un diferencial que los caracterice.
Resalto los fines educativos de algunas presentaciones. Entre ellas, las de los tres malbec de Gualtallary que nos acercó el “Gato” Martín Kaiser (Doña Paula). El “Gato” nos mostró las diferencias entre tres vinos vinificados bajo idéntico protocolo de elaboración, con uva de la misma zona, pero proveniente de diversos sectores del suelo con diferente composición (arenoso profundo, pedregoso c/calcáreo, pedregoso s/calcáreo). Resultó interesante apreciar esas diferencias, más en boca que en nariz, sobre todo a través de los diferentes tamaños de “granos de taninos” en cada uno de los casos.



Por su parte, el “Japo” también mostró la diferencia en un vino que proviene de una selección de parcela de Gualtallary, y uno que no, pero de la misma zona. Allí se ve claramente cómo un trabajo sobre un sector seleccionado y enfocado puede lograr resultados muchos más ambiciosos, y también se ratifica que los saltos cualitativos se deben gestar desde el trabajo en la viña.



Tampoco faltaron los vinos de bajo precio, que no dejaron de sorprendernos. Hago referencia a los
Impaciente de los hermanos Battilana, sobre todo al cabernet sauvignon; si yo no lo informaba, ninguno de los presentes hubiera imaginado que su costo sería inferior a $ 100 al público. Parecería que en este segmento sólo pueden competir los grandes con volumen; pues bien, acá hay uno que rompe la regla y sin necesidad de “maquillaje”.
“Edy” del Popolo (Susana Balbo Wines) fue quien acercó dos de los vinos más ambiciosos de la tarde. Ambos son blend que posiblemente necesitarán más tiempo en bodega antes de salir al mercado, pero ya dejan esa sensación de “lógica potencia”, integrada de tal manera que parecen “alfombrarte el paladar” cuando pasan por boca. Esta virtud de potencia, aunque dentro de un guante de seda, es algo que comienzo a percibir en algunas bodegas más frecuentemente: todo es producto del trabajo en viña y de las prácticas en la elaboración. Esto termina de confirmar que los alta gama nacen allí, y no como exclusivo producto de la crianza en barrica, como ocurría hace algunos años atrás.
El cabernet franc cada vez suma más seguidores. Fue una etiqueta debutante la encargada de cosechar más elogios; se trató de un proyecto nuevo llamado Tordos, un franc que proviene de los Valles Calchaquíes y se elaboró bajo la mirada de “Paco” Puga (ex Amalaya, actual El Porvenir). Tordos es un proyecto del cual ya conozco la mayoría de sus vinos y confío que les va a ir muy bien. A esto se suma que los fanáticos de la variedad van en crecimiento, y esto ya no es una moda. Además, el atractivo que sea proveniente de los Valles Calchaquíes le agrega un plus.



Viendo un poco la experiencia del #EnPrimeurEnMrWines #Cosecha2016, todo me asegura que de aquí en adelante siempre será crecimiento en todo aspecto; y lo digo más allá de la marcha climática o el escenario económico que pueda haber cada año. De hecho, sabemos que las condiciones estuvieron lejos de ser las ideales. Sin embargo, este pequeño muestreo nos indica que con trabajo, tiempo, más trabajo y experiencia, vamos a llevar al vino argentino al lugar que merece y tanto soñamos.




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