martes, 8 de enero de 2019

"Pequeños productores, enormes sueños"

Luego de varias semanas haciendo llamados para coordinar visitas y diagramar un itinerario, finalmente el día llegó.
Sólo le faltaba cargar su pequeño vehículo con la mayor cantidad de cajas de su vino que pudieran entrar y bien temprano arrancar porque la primera parada la esperaba a 450km y era en la provincia de Córdoba.

El objetivo no era sólo visitar clientes para mostrar sus nuevos vinos sino también hacerse conocer para generar nuevos en el futuro.
Córdoba Capital, Río Cuarto, más de media docena de encuentros, culminando los mismos casi siempre con degustaciones, en varios casos ante más de 30 personas. No se podía desaprovechar ningún minuto para cumplir con aquella misión, la de comunicar, por ello tampoco falto la visita a un programa de radio local.
La gira no terminaba ahí, era sólo la primera parada porque el domingo la esperaba Rosario y ni la fuerte lluvia sobre la ruta demoraría la partida temprana. Allí un sommelier amigo la esperaba y prometía quizás la agenda más apretada de todo el viaje.

Con decir que en una sola tarde visitó cinco vinotecas, y que en vez de una resultaron tres las degustaciones, ya que dos de ellas se colaron del programa original y muy bienvenidas fueron. La cantidad de cajas disminuía más rápido de lo programado y fue momento de empezar a regular las botellas que se descorcharían y venderían, ya que aún faltaba la última parte del viaje.
La etapa final del tour la llevaría a hacer base en el barrio de Palermo en Buenos Aires, no serían sólo las vinotecas de Capital, sino también una presentación en Don Torcuato y otra en La Plata, ambas localidades bastantes alejadas entre sí y al mismo tiempo bien retiradas de la ciudad.
En la primera la presentación fue acompañada de un almuerzo y en la segunda de una cata nuevamente para más de treinta personas.
Cada vez más cerca del final de la gira, que culminaría con dos presentaciones en la ciudad, donde fui parte de la segunda porque se realizó en mi "cueva", puedo asegurar que ella llegó con una energía, pasión y entusiasmo único.
En Buenos Aires le tocó dejar las últimas 8 cajas de las 50 que había cargado en el kilómetro cero de este recorrido, en su Mendoza natal.
Si fuera un debutante jugador de fútbol diría que es de esos pibes que quieren comerse la cancha.
Lo que les cuento fue el itinerario que realizó Macarena para presentar los vinos del joven proyecto que lleva adelante junto a Rogelio, su pareja.




Ella es sommelier, tiene 25 años, y "Roge" con no muchos años más que ella, es un reconocido enólogo para nosotros, encargado de conducir la elaboración de sus vinos, pero que no fue parte de ese viaje ya que no podía descuidar la bodega en la que se desempeña como primer enólogo y donde es responsable de cuatro millones de litros anuales. Y a quien, conociéndole un poco su personalidad, imagino cuánto habrá ansiado poder compartir ese maratón junto a su compañera.


Voy a ser algo injusto con ellos porque no voy a hablar de la marca de sus vinos, ni profundizar en las características de los mismos, pero quiero mostrarlos como ejemplo de lo que es el trabajo de un pequeño productor, algo que regularmente me toca vivir bien de cerca, y que muchas veces pasa desapercibido para la mayoría de los consumidores.
Esos 3200 km recorridos por Maca en poco más de una semana, si bien cuando lo cuento es mucho, es solamente una pequeña parte entre la infinidad de tareas que un pequeño productor tiene que hacer durante un año de trabajo.
Deben recorrer las fincas, ocuparse de su cuidado, de la cosecha, la elaboración, la crianza, el seguimiento, la elección y compra de insumos, la venta, la logística, la cobranza, y en este viaje de Macarena una comunicación más personalizada que nadie.
No imagino ni al CEO, ni al dueño de una gran bodega haciendo nada parecido.

¿Y qué mejor que comunicar su vino cara a cara? Contar cada detalle en primera persona durante esos ocho días fueron quizás 200 personas las que escucharon de su propia voz la historia de sus vinos.
Exactamente de igual manera que ella hace este trabajo único y personal, seguramente su pareja hace el seguimiento en la finca durante el año, los cuidados en bodega durante la elaboración; algo que no veo porque resido a más de 1000km de Mendoza pero que percibo cuando pruebo los vinos y los encuentro únicos. No dije ni mejores, ni peores, dije únicos, especiales, porque además de ser ricos tienen personalidad, esa misma que tiene Maca cada vez que se planta ante 20 o 30 desconocidos, seguramente todos con bastante más edad que ella, y con firmeza y orgullo en la voz, cuenta sus comienzos, su historia de amor y cómo se plasma en este proyecto al que desde hace no mucho tiempo empezaron a darle forma. Es tan grande el sueño que tiene que cuando se despide me adelanta que no faltara mucho para que nos vuelva a visitar en Buenos Aires, que será con muchas novedades y que sumará la provincia de San Luis en su próximo tour. Y le creo todo porque la última vez que me había visitado fue hace siete meses y en aquella oportunidad sólo había venido con dos botellas debajo del brazo.

Esto último me da pie para recordar y comparar. En esa primera visita en abril probamos un cabernet franc 2017, y en esta última las versiones 2018 del mismo más un nuevo cabernet sauvignon, y se confirma nuevamente mi teoría, más allá de la marcha climática de cada año que es importante y muchas veces se hace notar, los productores que trabajan con constante dedicación, año tras año siempre logran una mejoría en los vinos que elaboran.
Podría describirlo como algo que se va afinando, imagino a un ilustrador que va creciendo en su profesión y cuyos dibujos cada vez cuentan con trazos más definidos, como que nos cuentan más detalles, no nos abruman con exceso de colores, pero si con sutiles detalles.
La actitud de Maca me llegó y me inspiró a compartirla aquí, no lo puedo disimular, tengo debilidad por la gente de laburo, por lo artesanal, por lo personalizado, por los que te dan su tiempo, por los que por las dudas dejan todo sin esperar algo del otro, por los que piensan a largo plazo, por los que eligieron el camino más difícil.
Con los años aprendí que esos son los que se diferencian y que todo tiene que ver con todo, se los aseguro. La sumatoria de los mínimos detalles hacen la diferencia cuando hay un pelotón de buenos vinos.
No quisiera que suene soberbio pero a esta altura entiendo un poco de lo que hablo. Me gusta mucho el vino, tengo la suerte de probar bastante, y así como estoy seguro de no ser un gran catador, sí creo tener una sensibilidad cuando las cosas están hechas con cuidado, dedicación y amor. No es mi intensión que suene cursi, pero con amor le cocinamos a alguien y se nota, también con amor atendemos y dedicamos el tiempo que sea necesario a quien más queremos, el otro lo percibe y lógicamente lo hacemos sentir muy bien.
Son productores que de pequeños solo tienen la cantidad de botellas que elaboran ya que el resto se ocupan de hacerlo todo bien a lo grande. Qué suerte que tengo en estar en una parte de su camino, ser testigo y, sobre todo, cómplice de esos enormes sueños


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